307 Zenbakia 2005-07-01 / 2005-07-08

Artisautza

Francisco Rebé Ramímez. Tapicero: Procesos

AGUIRRE SORONDO, Antxon

PROCESO

Es imposible abarcar la totalidad del oficio de tapicero en un artículo divulgativo como el presente, por lo que nos limitaremos a esbozar unas cuantas ideas generales sobre los procesos de trabajo del oficio y de sus herramientas.

Los jergones

Se parte de un armazón de madera y bajo él se colocan seis tablas que servirán de bastidor y sujeción de todo el conjunto. Sobre ellas van los muelles entrelazados con cuerdas. Encima, y para que tenga consistencia, se ponía la arpillera o tela saco y sobre ella crin vegetal de unos cinco centímetros de grosor (fabricado con palmito trenzado), para hacer más mullido el conjunto. Luego se forraba todo con tela, generalmente “damasco”, colocando un burlete en todo el entorno para proteger el tejido. Forrando un sillón.

Para economizar, algunos tapiceros ponían cinco tablas en lugar de seis. Así, además de ahorrar madera tenían menos trabajo.

En la actualidad, el jergón ha sido sustituido por los somieres y los colchones tipo Flex. Únicamente la gente que duerme sobre colchones de lana sigue utilizando jergones. Suelen ser personas mayores que están acostumbradas a este tipo de cama y que no quieren cambiarla.

De vez en cuando se cambiaban las telas de los jergones, momentos que también se aprovechaban para arreglar algún muelle suelto, alguna cuerda rota o similar.

Las puertas

Solían forrarse con telas, cueros o elementos simil-cuero (sintéticos) que previamente había elegido el cliente, por la calidad, el precio o el color.

Se hacían con borde de cenefas, o claveteados con tachuelas de latón o hierro, bronceadas, doradas o mates. Montando en crin.

Si eran puertas de calle generalmente había que mantener las mirillas, bien fuera las de tipo antiguo de visión directa con puertecita, o las más modernas redondas de cristal ovalado.

Forrar paredes

En algunas casas se forraban las paredes con telas. Para ello, una vez elegida la tela y aceptado por parte del cliente el oportuno presupuesto, se confeccionaba con listones un bastidor de madera a modo de gran marco que se sujetaba en la pared y en el cual iba sujeta la tela.

Entre el bastidor y la tela se ponía el muletón que hacía función de acolchado.

A veces, se colocaba como remate un borde de galón, aunque generalmente iban sin él.

Con el forrado de paredes se insonorizaba mucho la habitación, además de tener un efecto aislante, tanto del frío como del calor.

Sillones, butacas, sillas, y muebles semejantes

Grapando cinchas. Normalmente el tapicero indicaba al cliente cuánto costaría su trabajo y la cantidad de tela que necesitaría. El cliente compraba la tela a su gusto y se la entregaba al tapicero.

Generalmente eran las mujeres quienes hacían este tipo de encargo y rara vez intervenía el marido en la decisión.

Si el cliente quería, el tapicero también se ocupaba de poner la tela. Para ello nuestro artesano dispone todavía de diversos muestrarios de tela que enseña al cliente para que éste elija en función de la textura, color y precio.

Antaño a veces la gente pedía al tapicero que le quitara la tela de un mueble para lavarla y volver a usarla en un retapizado. Esto daba muchos problemas, ya que en el lavado siempre encogía algo y el tapicero se encontraba que en algunas parte “no le llegaba” la tela. No era un trabajo grato este de retapizar con la misma tela.

No podemos dejar de señalar que prácticamente no había dos sillones iguales, hay miles de formas, modelos, tipos, e incluso cientos de materiales distintos usados en su confección. El artesano tapicero es el que, con su ingenio, habilidad y el saber que le ha dado la experiencia tiene que solventar y solucionar los diversos problemas que se le van presentado en su trabajo.

Si es posible trasladar la pieza al taller, Francisco se la lleva en una furgoneta que tiene al efecto. Si no, el trabajo se lleva a cabo en casa del cliente.

Por ejemplo, el proceso de confección de una silla es el siguiente: Se ponen las cinchas, que son de yute, por la parte de abajo (culo) de la misma. Las cinchas van entrelazadas. Cuanto más juntas más consistencia tiene. Se colocan los muelles que van cosidos a las cinchas con hilo de cordelero. Se eligen los muelles adecuados, los hay de distintos tamaños y distintas potencias (más duros, más blandos). Las butacas llevan muelles más altos que las sillas, por ejemplo. Encima de los muelles se pone la arpillera, que también se cose a los muelles con cuerdas para evitar los roces y que se desgaste menos. Se coloca una carga de “crin” de vegetal (palmito). El nombre de “crin” viene de que antaño se hacía con crin de caballo, pero a veces salían pelos al exterior que llegaban a pinchar en las piernas y resultaba muy desagradable. Encima se coloca nueva arpillera y se le da la forma a base de “bastearlo” y hacer el burlete. Se le vuelve a poner encima “crin” vegetal para lograr el bombeo deseado. Se forra con una tela de color crudo, por lo que se llamaba a esta operación “forrar en blanco”. Se coloca la tela elegida por el cliente.

A veces había que forrar el respaldo con tela, a juego con el asiento. Hay sillas que daban menos trabajo en su tapizado, en las que la parte del asiento se podía quitar y poner. El proceso era semejante pero se efectuaba en el bastidor que luego se encastraba en la silla.