792 Zenbakia 2026-02-04 / 2026-04-10

Gaiak

En busca de espacios compartidos: El edadismo como reto multigeneracional

DEL BARRIO, Elena

El envejecimiento demográfico es una tendencia mundial que supone el aumento del peso de la población de más edad, gracias al aumento de la esperanza de vida, respecto a la población infantil y joven, causado por el descenso de la fecundidad. En Euskadi este proceso se observa en los datos. En la actualidad las personas mayores de 65 años superan las 500.000 y son el 24% del total, mientras que las personas de menos de 20 años, que son un 17.7% (Eustat, 2024). Además, el aumento de la población mayor será especialmente intenso 2035, cuando todas las cohortes del babyboom hayan sobre pasado los 65 años. Estos cambios en la estructura demográfica tienen implicaciones significativas no solo para los sistemas de salud y cuidados, sino también en los modelos de financiación y en el diseño de comunidades, viviendas e infraestructuras que fomenten el bienestar y la conexión en todas las etapas de la vida (WHO, 2025).

Una sociedad más longeva supone también un cambio en la estructura social, donde hoy en día conviven hasta 7 generaciones. En la actualidad hay más generaciones conviviendo que nunca antes en la historia. Desde las denominadas como la generación grandiosa, que serían las personas hoy ya centenarias; la silenciosa, con personas rondan los 90 años; los y las baby boomers, que estarían en los 70 años; la generación X que ronda los 50; la generación de millenials, que se sitúa en una media de edad de 37 años; la generación Z, que es la generación joven alrededor de los 20; y la nueva generación alfa, que son los niños y niñas que están en primeros años de edad. Por este motivo la convivencia entre generaciones preocupa cada vez más en el diseño de políticas y se posiciona como uno de los retos sociales más relevantes de este siglo.

Aunque el concepto de generación tiene múltiples significados según la concepción desde la que se esté utilizando. Por un lado, está una concepción que podríamos denominar “estática”, porque permanece, y se define por el momento en el que naces. En este caso, el concepto de generación se asocia al grupo de personas que comparten características distintivas, diferenciándolas de otros grupos etarios. Estas categorizaciones dependen de factores como el momento histórico, los acontecimientos vividos, el contexto geográfico, los valores y la época cultural y educacional en la que nacieron (Ojeda y López, 2017). Por ejemplo, cuando hablamos de la generación boomer o millenial siempre estamos hablando de un grupo determinado de personas que se definen por haber nacido en una determinada época, contexto histórico, político, social, económico, cultural y tecnológico y con unas características comunes que comparten, aunque, por supuesto, las personas de una misma generación puedan ser también muy diversas unas de otras.

La concepción de generación que podríamos denominar “dinámica” es aquella que va cambiando con el paso del tiempo y se asocia con la cohorte de edad a la que perteneces según vas pasando por las diferentes etapas vitales. Una persona pasa por la niñez, juventud, adultez y vejez y cada una de estas etapas se le atribuyen roles, normas y estatus diferentes. Una generación no se define solo por su fecha de nacimiento, sino también por la posición que ocupa y el papel que desempeña dentro del sistema social en un momento determinado. Esta posición está marcada por expectativas normativas, lo que se espera a cada edad, y por procesos de cambio y renegociación de los roles a lo largo del tiempo. Cuando estás en una etapa vital concreta se espera que desempeñes unos roles asociados a esa edad que cumplen una función social y que se organizan por unas expectativas, responsabilidades y forma de estar en el mundo.

El pertenecer a una determinada generación, ya sea desde la concepción dinámica o la estática, puede suponer beneficios para las personas. Por un lado, sirve para la creación de un sentimiento de identidad colectiva, un sentimiento de pertenencia y marco de referencia compartido que es positivo y útil. También supone la construcción de un significado y propósito a través de unos valores y narrativa colectiva. Y, por supuesto, favorece la cohesión y la solidaridad generacional, desde el apoyo mutuo, la empatía y las causas compartidas.

Pero, es muy destable, los efectos negativos que tienen en las personas. Por ejemplo, la presión de las expectativas y los roles impuestos según la edad pueden suponer mucha frustración para aquellas personas que situándose en una generación concreta no se identifican o no cumplen esas expectativas o roles y puede derivar en muchos problemas de salud mental. Por otro lado, esto supone la generación de estereotipos, prejuicios o etiquetas reduccionistas. Por ejemplo, a una persona por ser de la generación “boomer” se la considera poco diestra en las tecnologías, desfasada o fuera de la realidad actual. “Ok boomer” es una expresión irónica y despectiva que se usa para desacreditar una opinión, generalmente atribuida a una persona mayor, que equivale a “no te enteras” o “no merece la pena discutir contigo”. Esta expresión se popularizó hacia el 2019 y sigue todavía en boga, especialmente en generaciones jóvenes, como respuesta a discursos percibidos como moralizantes, aleccionadores y poco empáticos de las personas de más edad. Estas ideas preconcebidas de cómo es una persona por tener una determinada edad o haber nacido en una determinada época inciden directamente en las actitudes y en cómo se trata a esa persona. El “okbomer” es una consecuencia de esos prejuicios y estereotipos que, además, promueven la brecha generacional y la competencia entre generaciones. Pertenecer a una generación, ya sea “boomer” que ahora mismo son personas mayores, o de millenials o zeta, que en la actualidad son personas jóvenes, puede suponer un acercamiento con las personas de tu misma generación, pero una distancia abismal con la de tus opuestos. Y es aquí donde entre el juego el edadismo.

El edadismo se refiere a cómo pensamos (estereotipos), sentimos (prejuicios) y actuamos (discriminación) hacia otras personas o nosotros mismos por razón de edad (WHO, 2021). Los estereotipos, los prejuicios y la discriminación operan de forma consciente e inconsciente, no siempre nos damos cuenta de que estamos siendo edadistas, también operan en todos los niveles sociales (individual, social, institucional) y afectan a personas de todas las edades, todos somos víctimas, aunque principalmente repercute con mayor intensidad en la estapa de la juventud y la vejez. Algunos estudios ya han demostrado que 1 de cada 2 personas en todo el mundo es edadistas contras las personas mayores, y en Europa, los jóvenes dicen experimentar este tipo de discriminación con más frecuencia que otros grupos de edades (WHO, 2021).

Las actitudes edadistas se han naturalizado en nuestra sociedad y es el único “ismo” socialmente aceptado. Todavía mucha gente ni si quiera es consciente de la existencia de este tipo de discriminación. Sin embargo, es el tipo de discriminación que todo el mundo sufrimos en algún momento de nuestra vida y del que a la vez somos o hemos sido cómplices.  Los estereotipos sobre la edad siguen estando muy extendidos, ya sea sobre jóvenes o mayores, pero todas las personas hemos pasado o pasaremos por esas etapas vitales. Ya seas de la generación “boomer” que ahora mismo son personas mayores, pero que fueron jóvenes, o de la generación millenial o zeta, que en la actualidad son personas jóvenes, pero que llegarán ser mayores.

En la actualidad, además, se constata que el modelo secuencial de la vida por el que en cada etapa vital tenemos q cumplir un rol social determinado está obsoleto. Las trayectorias vitales se han vuelto menos lineales y más flexibles y diversificadas; los itinerarios laborales, familiares y educativos ya no siguen un orden único. La educación, el trabajo y la jubilación ya no ocurren necesariamente en secuencia. Estas transiciones, además, se hacen reversibles o múltiples; se puede estudiar a cualquier edad, volver al empleo tras la jubilación, o asumir nuevos roles sociales. Por lo que la edad ha dejado de ser un marcador para definir qué tenemos que hacer en una etapa concreta de vida por los años que tengas.

Romper con la edad es la mejor forma de combatir el edadismo, además de ser una oportunidad para promover un movimiento intergeneracional.

A la crisis de este modelo secuencial de la vida se la suma la incursión de la tecnología y como esta ha cambiado la forma en la que aprendemos, trabajamos o consumimos. La tecnología facilita la flexibilidad y se adapta a esta situación. Por lo que sociedades más longevas, con vidas más diversificadas y con tecnologías que las apoyan hacen incoherentes las políticas que se rigen en torno a la edad.

En este marco aparecen nuevos conceptos como el de “sociedad posgeneracional” (Guillén, 2023).  Este autor propone una revolución multigeneracional en la que se requiere un cambio de mentalidad y encontrar nuevos modelos para que las diferentes personas de diferentes generaciones puedan disfrutar al máximo de sus vidas más largas y saludables.

Guillén propone avanzar hacia un nuevo tipo de generación, la de “perennials”, que son personas de todas las edades, categoría y clases que van más allá de los estereotipos y no se definen por su generación (Pell, 2016). Ya que vivimos más años aprovechemos las oportunidades para poder reinventarnos sin que la edad nos defina. Para ello hay que promover que las tecnologías permitan formas más flexibles de aprender y trabajar, que las instituciones se alejen de diseñar políticas con la edad como instrumento y que favorecer las transiciones del aprendizaje al trabajo y viceversa, facilitando también un curso de vida flexible centrado en la diversidad biográfica, el aprendizaje continuo y la participación social a lo largo de todas las edades.

Romper con la edad es la mejor forma de combatir el edadismo, además de ser una oportunidad para promover un movimiento intergeneracional. Un movimiento que tiene que darse desde una perspectiva integrada, incluyendo tanto a las personas mayores como a las más jóvenes (Hagestad & Uhlenberg, 2005; Roberts, 2006; Bratt, Abrams, & Swift, 2020) desde un espacio compartido con un propósito común: luchar contra la discriminación por razón de edad.

Como ya sabemos encontrar formas de mejorar la cohesión y el apoyo intergeneracional se ha convertido en una tarea cada vez más urgente a medida que aumenta la esperanza de vida y las sociedades son cada vez más diversas en cuanto a la edad (Bratt, Abrams, & Swift, 2020). Algunos autores consideran que el nuevo movimiento social será la lucha por discrimación por edad, aprovechemos la oportunidad para hacerla todos juntos abordando este desafío como un reto multigeneracional que nos interpela a todos y todas.

Bibliografía

World Health Organization (2025): Strategy Ageing is living. (en elaboración)

Ojeda Rosero, D. E., & López Vázquez, E. (2017). Relaciones intergeneracionales en la construcción social de la percepción del riesgo. Desacatos, (54), 106-121.

World Health Organization (2021): Informe mundial sobre el edadismo.

Guillén, M. (2023). La revolución multigeneracional. Cómo la demografía y la tecnología transformarán el aprendizaje, el trabajo y el consumo, a cualquier edad. Barcelona: Deusto.

Pell, G. (2016). Meet the perennials.

Bratt, C., Abrams, D., & Swift, H. J. (2020). Supporting the old but neglecting the young? The two faces of ageism. Developmental psychology56(5), 1029.