
Gaiak
El periodismo feminista combate los privilegios masculinos
Profesora e investigadora en UPV/EHU
El periodismo feminista se identifica por su acción. En ese sentido, no podemos afirmar que las mujeres periodistas desarrollen per se periodismo feminista. Tampoco los contenidos tradicionalmente entendidos como femeninos constituyen periodismo feminista. Atendiendo a la clasificación realizada en Contra la banalización del feminismo (Gorosarri, 2021), podemos distinguir entre sentimiento feminista e identidad feminista. Por un lado, el sentimiento feminista denota que los medios de comunicación, en este caso, están convencidos de que la discriminación hacia las mujeres es injusta. Aun así, entienden que deben mantener una distancia hacia la cuestión periodística a tratar. Sin embargo, se ha demostrado que esos medios no cumplen ni siquiera los códigos deontológicos. En el caso de los medios vascos, únicamente el 3,7% de las noticias sobre violencia machista cumplieron los requisitos que todos los medios vascos firmaron con Emakunde en 2016. Es más, el Proyecto de Monitoreo Mundial de Medios (Global Media Monitoring Project, GMMP, en inglés) calcula que necesitaremos 65 años aún para equiparar la presencia de mujeres a la de hombres protagonistas en las noticias, ya que, al ritmo que se trabaja, esa situación no llegará hasta 2087.
Por otro lado, el periodismo con perspectiva feminista o perspectiva de género entiende que la desigualdad histórica de las mujeres se debe, precisamente, al sexismo. Se adscribe, así, a la teoría feminista. En ese sentido, el periódico estadounidense New York Times nombró en 2017 a la primera editora de género. Actualmente, ya son más de diez los medios que cuentan con dirección de género, cuyo cometido incluye evitar el lenguaje sexista y promover la paridad de protagonistas y fuentes.
La designación de esta figura ha sido valorada muy positivamente, ya que las directoras de género han conseguido restar la sobrerrepresentación de hombres como fuentes y como autores de artículos de opinión. Sin embargo, la dirección de género en los medios no ha resultado suficiente para introducir la perspectiva feminista en la producción periodística. Debido a que las cuestiones de género quedan reservadas a una única persona, tal y como señalan las propias directoras de género, ese aumento en su carga de trabajo dificulta enormemente sus funciones. Además, esa labor solitaria de la dirección de género exige resolver cuestiones debatidas por el feminismo según el criterio individual de la directora de género.
Por todo ello, si el periodismo profesional y el periodismo con perspectiva feminista no resultan eficaces para hacer un periodismo que no perpetúe el machismo, necesitamos un periodismo que defienda los derechos de las mujeres, en tanto que derechos humanos. Dicho periodismo, más allá de una lista cerrada de buenas prácticas, debe combatir los privilegios masculinos. Los privilegios son todas las ventajas de las que se benefician quienes no sufren una discriminación. Todos los hombres, quieran o no, por el hecho de ser socialmente considerados hombres, obtienen beneficios sociales de la discriminación a las mujeres y, además, esos privilegios injustos menoscaban, aún más, la situación de esas mismas mujeres.
Kate Manne (2020) clasificó los nueve privilegios masculinos que todos los hombres disfrutan. En primer lugar, el derecho al privilegio masculino se materializa en la negación a utilizar lenguaje no sexista.
El segundo privilegio masculino que perpetúa la discriminación hacia las mujeres es el de la admiración, que se materializa en la sobrerrepresentación masculina en los medios, donde alcanza el 74% de las noticias, no correspondiéndose con el interés informativo.
El tercer privilegio es el que contempla el acceso al sexo con mujeres, llegando a atenuar la violencia sexualizada y dirigir la mirada de los medios hacia la víctima y los detalles de la agresión. Además, los medios erotizan la violencia contra las mujeres, no llegando a diferenciar entre sexo y agresión sexual.
En cuarto lugar, el privilegio del consentimiento conviene en el imperativo de sexo de hombres con mujeres. Así, los medios sexualizan la imagen de mujeres, incluso anónimas, en lugares públicos.
El quinto privilegio, el de la atención médica, dificulta el cuidado de la salud de las mujeres. De hecho, los medios de comunicación no solicitaron información específica de las consecuencias en las mujeres, por ejemplo, de las vacunas contra la Covid.
En sexto lugar, el privilegio del control corporal en los medios de comunicación conlleva una sobrerrepresentación de mujeres en el discurso alimentario de los medios.
El séptimo privilegio se refiere al trabajo reproductivo de cuidados no realizado por los hombres que recae en sus compañeras. Así, el tratamiento mediático discriminatorio insiste en la cuestión de la maternidad a las mujeres, especialmente a las mujeres deportistas, y en la conciliación con la vida laboral a las empresarias.
En octavo lugar, el privilegio del conocimiento se reproduce en los medios mediante la sobrerrepresentación masculina como principal fuente de las noticias, a pesar de que la paridad de fuentes expertas repercute en una mayor calidad periodística (Gorosarri, 2018) y, además, la audiencia no castiga esa paridad (Greve-Poulsen et al., 2023).
Por último, el privilegio del poder explica que los hombres en cargos de poder son percibidos como naturales, mientras que las mujeres son consideradas ambiciosas. De ese modo, en la política, los hombres reciben mayor atención mediática que las mujeres, donde se les presentan como únicos protagonistas, mientras que las mujeres aparecen acompañadas.
En conclusión, el periodismo feminista que busca erradicar los privilegios masculinos se presenta como periodismo activista (advocacy journalism) y cuestiona continuamente la diferencia de trato hacia hombres y mujeres en los propios medios. Por todo ello, el periodismo feminista es, en esencia, periodismo profesional.
Sin embargo, ser víctima de una discriminación no nos hace más sensibles a otras. El periodismo interseccional que conciencie del conjunto de discriminaciones, por el contrario, nos obligará a tener presentes todas aquellas discriminaciones que puedan reportarnos privilegios. Por ello, el periodismo feminista interseccional, ejercido incluso por personas que no tienen experiencias vivenciales de esas discriminaciones, será más receptivo a esas cuestiones. En efecto, sufrir una discriminación no evita incurrir en otras, especialmente cuando todavía no se ha acordado un marco común desde el que profundizar en ese periodismo interseccional. Así y todo, solo el periodismo feminista ha mejorado la situación mediática de las personas afectadas por el resto de discriminaciones sociales.

