791 Zenbakia 2025-11-15 / 2026-01-15

Gaiak

Comunidad, ruralidad y género en el Valle de Roncal: una mirada etnográfica

BARÓN IRIARTE, Ainara

Introducción: un valle en transformación

El Valle de Roncal, situado en el Pirineo oriental navarro y frontera con Aragón y el Bearne, ha sido históricamente territorio de paso, de comercio y de conflicto. Su identidad se ha construido a partir del trabajo, la trashumancia, la dureza de la vida en la montaña y las almadías. Sin embargo, Roncal no es solo memoria del pasado: hoy también es un presente en plena transformación.

El libro Comunidad, ruralidad y género. Una etnografía en el Valle de Roncal (2025) nace de varios años de investigación sobre el éxodo rural-urbano y el despoblamiento en las zonas de montaña. Una pregunta guió el trabajo desde el inicio: ¿por qué emigran más mujeres que hombres en ciertos pueblos? Lejos de ser un mero dato estadístico, esta cuestión abre un campo de reflexión sobre género, jerarquías sociales, expectativas y exclusiones en la vida rural.

La emigración femenina mayoritaria, fenómeno común a otros territorios europeos, produce despoblación, masculinización y envejecimiento. Aunque suele explicarse en términos económicos, mi investigación muestra que es necesario incluir dimensiones simbólicas, afectivas y de género. Desde esta perspectiva, la etnografía en Roncal permite pensar también el futuro de las comunidades rurales en clave feminista y de sostenibilidad social y ecológica.

Comunidad: arraigo y exclusión

La “comunidad” aparece en Roncal como un valor cargado de orgullo: solidaridad, resistencia, arraigo. Sin embargo, no es un hecho natural, sino una construcción atravesada por jerarquías y disputas.

En las celebraciones más emblemáticas, como el Día del Queso o el Día de la Almadía, la memoria colectiva se centra en figuras masculinas —el pastor trashumante o el almadiero—, invisibilizando experiencias igualmente decisivas, como las de las ainarak, jóvenes alpargateras que emigraban a Francia a trabajar. Su memoria se ha mantenido viva en pequeños espacios locales y, recientemente, en el documental Ainarak (2021), que les ha dado mayor visibilidad.

El Día de la Almadía, la memoria colectiva se centra en figuras masculinas —el pastor trashumante o el almadiero.

La dureza aparece como un eje central de la identidad roncalesa. Incluso jóvenes que no vivieron esas condiciones repiten: “esto es lo que somos”. La dureza funciona como elemento de continuidad entre pasado y presente, pero también como filtro: quienes no encajan en ese relato suelen ser cuestionados.

La comunidad se proyecta como refugio frente a amenazas externas —despoblación, turistificación, pérdida de identidad—, pero también como dispositivo de control. En materia de sexualidades disidentes, el discurso dominante afirma que “cada cual vive como quiere”, aunque en la práctica muchas personas LGTBIQ+ optan por el ocultamiento o la emigración en busca de espacios más seguros. Así, la comunidad, en lugar de inclusiva, puede convertirse en un espacio de exclusión.

Ruralidad como sociabilidad

La ruralidad en Roncal no puede reducirse al entorno físico; es un régimen relacional basado en la idea de que todos se conocen. Sin embargo, este conocimiento es más inferido que real: rumores, historias familiares o espacios compartidos bastan para situar a las personas.

Para muchas personas, la ciudad aparece como un lugar de refugio, donde es posible comenzar de cero, sin arrastrar etiquetas heredadas. Como me decía una mujer al recordar su vida en Iruñea: “Allí pude empezar sin que me vieran como la persona que todos conocían aquí”. La ciudad ofrece, aunque sea de manera temporal, la posibilidad de presentarse bajo otra mirada, fuera del juicio comunitario.

Género y disidencias

El género atraviesa todas las dimensiones de la vida roncalesa. Las mujeres han sostenido históricamente la vida comunitaria mediante el cuidado, la transmisión de cultura y el trabajo económico, aunque su protagonismo ha sido invisibilizado.

Mientras los hombres son socializados en prácticas vinculadas al valle —regalos como tractores, hachas o varas de pastor—, las mujeres son orientadas simbólicamente hacia lo urbano, lo que refuerza su desvinculación del territorio. Aun así, su trabajo comunitario ha sido esencial para la sostenibilidad y revitalización del valle, y sus luchas colectivas han transformado el espacio en un lugar más habitable.

Más allá de la dicotomía hombre/mujer, la perspectiva de las disidencias sexuales permite comprender nuevas formas de exclusión. Para muchas personas LGTBIQ+, la emigración no responde tanto a la falta de empleo como a la búsqueda de reconocimiento y libertad. La ausencia de espacios seguros y el peso del estigma llevan a que abandonar el valle se convierta en una forma de supervivencia.

Desde esta óptica, la emigración no solo refleja carencias económicas, sino también limitaciones simbólicas y relacionales: cuando alguien se va, no siempre lo hace porque falte trabajo, sino porque no encuentra un lugar donde ser.

Transformaciones recientes

El Roncal contemporáneo no se entiende sin tres procesos: la Política Agraria Común, la emigración hacia las ciudades y el auge del turismo de montaña.

La figura del ganadero, antes central, se ha transformado. Hoy representa un potente símbolo cultural, aunque en las últimas décadas llegó a ser percibido como atrasado. Esto, sumado a relaciones de género insatisfactorias, contribuyó al abandono del sistema de heredero único. Actualmente, el sector ganadero se encuentra en franco declive, y durante mi trabajo de campo varias explotaciones cerraron.

En paralelo, el turismo y el esquí se han convertido en pilares económicos. La figura del esquiador ha reemplazado al ganadero como metáfora identitaria, mientras que el deporte de montaña ha adquirido un peso simbólico capaz de reconfigurar las masculinidades locales.

Otro factor clave es la movilidad. Para acceder a servicios básicos como salud o educación, muchas personas viajan regularmente a Iruñea. Además, una parte importante de la comunidad reside fuera del valle y regresa los fines de semana. Esta movilidad introduce nuevas experiencias que abren grietas en el control comunitario, ofreciendo perspectivas distintas sobre la vida rural y permitiendo imaginar un Roncal transformado.

El deporte de montaña ha adquirido un peso simbólico capaz de reconfigurar las masculinidades locales.

Retos y preguntas abiertas

El Valle de Roncal, como tantos otros espacios rurales, vive en tensión entre conservación y cambio. La comunidad y la ruralidad son referentes emocionales y políticos, pero también escenarios de disputa y de exclusión.

El trabajo etnográfico muestra que es imprescindible mirar críticamente la categoría de comunidad para reconocer tanto su potencial de cuidado como sus riesgos de control social. Democratizar la memoria implica incorporar las voces de mujeres y disidencias, y así imaginar pueblos más justos y habitables.

En definitiva, pensar el futuro de Roncal es pensar el futuro de muchas comunidades rurales vascas. Y más que respuestas cerradas, este libro abre nuevas preguntas:

  • ¿Es posible repensar la comunidad sin reproducir exclusiones?
  • ¿Qué lugar ocupan las memorias de las mujeres y de otros cuerpos disidentes en las identidades locales?
  • ¿Puede la ruralidad convertirse en un espacio de innovación social y sostenibilidad, más allá de la turistificación?
  • ¿Qué papel juegan el género y las disidencias sexuales en la revitalización de las zonas rurales?

Conclusión

El Roncal es, a la vez, un valle profundamente arraigado en su memoria y un espacio sometido a transformaciones constantes. La dureza como identidad, el control comunitario, la emigración femenina, las exclusiones hacia las disidencias y la creciente movilidad son elementos que lo atraviesan.

Pero también lo son la resistencia de las mujeres, las luchas por el reconocimiento, los nuevos horizontes que aporta la experiencia urbana y las posibilidades de imaginar un futuro distinto para lo rural.

Este trabajo no busca dar respuestas definitivas, sino abrir el debate sobre cómo pensar la comunidad, la ruralidad y el género en un mundo en el que la sostenibilidad, la justicia social y la inclusión son retos urgentes.


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