791 Zenbakia 2025-11-15 / 2026-01-15

Gaiak

El entrañable silencio de los libros

UGARTETXEA ARRIETA, Arantxa

Es sabido que lo que esconde un título universitario, es el currículum silencioso, el camino recorrido hasta llegar donde hemos llegado. Es en ese espacio tiempo precisamente donde se tejen las historias personales que nos llevan al lugar que queríamos llegar. Desde esta perspectiva quiero resaltar que lo realmente importante está en la pedagogía experimentada en el camino.

Ocurre lo mismo con la palabra escrita. Siempre me gustó escribir y en los años de la adolescencia tenía un diario que se lo acabé entregando a mi amiga Maite Imaz Sobrino, hoy correctora incondicional de mis libros, cuando a los 19 años salí de casa. Más tarde, los resúmenes universitarios para poder memorizar lo necesario, ocuparon el espacio de la espontaneidad personal que prácticamente desapareció hasta que un día el profesor Paulo Freire en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo-Brasil me dijo: “debes de empezar a escribir artículos como este en tu tierra y en tu propia lengua”, a raíz de haberle entregado un texto cuya redacción era necesaria para la calificación del curso realizado. En un comienzo no daba crédito a lo que acababa de escuchar y se vio obligado a repetírmelo con la amable firmeza pedagógica que le caracterizaba. Tengo que decir que en ese momento tenía 40 años y creía que sabía de pedagogía. Considero que el pedagogo brasileño no solo leyó mi trabajo sino que me leyó a mí en el. Hasta entonces nunca había sentido lo que sentí en aquél momento y comencé a entender mejor lo que suponía la carrera de pedagogía que había estudiado.

De regreso a casa, Joxerra mi marido, que recibía periódicamente  la revista “Zeruko Argia” me hizo ver que la mejor manera de llevar a la práctica lo que el profesor me había dicho, era escribir. Así lo hice y redacté mi primer artículo sobre el encuentro con Paulo Freire en la ciudad de São Paulo. Artículo que llegó publicado, cuando recibimos de nuevo, en el buzón de casa, la revista que contenía el dichoso relato. Desde entonces no he parado de escribir.

En agradecimiento al profesor, antes de regresar a Euskal Herria y después de que él me concediera los derechos de autor, publiqué bajo la protección  de Udako Euskal Unibertsitatea “Irakurtzeko Egintzaren Garrantzia”, traducción del libro de su autoría “A Importância do ato de ler”. En ese momento expresarme en la palabra escrita ya formaba parte de estar siendo yo en mi propia tierra, al mismo tiempo que se me hacía insufrible silenciar a Paulo Freire en los ámbitos educacionales.

Con Freire a las puertas del aula en la universidad 1982.

En aquellos primeros años de mi vuelta a Donostia-San Sebastián en la década del 2000, solía disfrutar puntualmente de agradables y enriquecedores encuentros con Eva Forest, mujer lúcida y entrañable, en los desayunos que periódica y puntualmente compartíamos en el restaurante Oquendo. Así es como un día tuve la oportunidad de mostrarle el borrador que hacía algún tiempo llevaba entre manos titulado “Emociones”. Después de haberlo leído y hacerme algunas advertencias que debía de tener en cuenta, me animó a que lo publicara.

 

Por aquel tiempo el Gobierno Vasco ofrecía ayudas a las “Euskal etxeak”(casas vascas) que presentaran proyectos. Entre los trabajos presentados fue elegido “Emociones” para ser publicado en el cuarto volumen de la colección de “Vascos por el mundo”, 2003. Supongo que por el referente fundacional que contenía del propio “Euskal etxea” de São Paulo y el aspecto yo diría, mágico pedagógico, que expresaba el bacán encuentro con el pedagogo internacional brasileño, cuyos rastros ya eran conocidos en Euskal Herria. De esta manera quedó institucionalizado y reconocido el trabajo que presenté desde el origen de dos grandes emociones: el amor a Brasil por su acogida y esa extraordinaria capacidad pedagógica, de seguir realizándonos siendo lo que somos, hasta llegar a decir que “en Brasil nos sentíamos en casa”.

 

Hablando de sentirme en casa otra experiencia entrañable fue el homenaje que “Bagera” de Donostia-San Sebastián organizó al grupo de teatro dirigido por Don Toribio Alzaga en 1993, del que antaño formó parte mi aita (padre). Yo recuerdo muy bien como el día de Santo Tomás y el día de San Sebastián asistíamos a las representaciones en el teatro Principal de Donostia. La provincia hacía acto de presencia y el amor a Euskal Herria se respiraba entre las butacas del teatro a pleno pulmón en aquellos años de la dictadura franquista. Los años de mi infancia y parte de la adolescencia, estuvieron impregnados por estas representaciones, y las historias del maestro, a quien ama (madre) y aita (padre) querían y admiraban. Después mi hermana y yo tuvimos el honor de conocer a Maria Dolores Aguirre, digna sucesora del maestro Alzaga. Aita murió hablando del profesor que le alfabetizó en euskara, amplió su conocimiento cultural y sobre todo le hizo disfrutar en aquel teatro ambulante que recorría Euskal Herria de norte a sur.

En la segunda fila  y en el centro, Don Toribio Alzaga. Detrás, Donato Ugartetxea, aita.

Fue en estos días del homenaje, en los que por boca de los familiares del grupo de teatro, escuché las historias del gran maestro y del propio  grupo de teatro  así como también llegué a conocer de cerca a Maria Luisa  hija de Don Toribio, fuente directa de relatos y vivencias. Recuerdo cómo me impactó lo escrito por uno de sus alumnos sobre el maestro donostiarra quien por otra parte nunca quiso escribir su método de enseñanza. Las clases se impartían en una buhardilla con escasos recursos de la calle Garibay donde estaba en aquellos años la tabacalera y a cuyas clases asistió Elbira Zipitria recibiendo la calificación de sobresaliente. Una auténtica ikastola a la que asistían personas cultural y socialmente influyentes de la época donostiarra como, médicos, abogados etc.

Poco o nada se hablaba cuando volvimos de Brasil (1990) y se habla, de este grupo. Yo consideré que era necesario recoger los testimonios que hubiera, además del de los familiares y así fue como en “Antzerti”, grupo de teatro, encontré no muy bien archivada esta historia y me esforcé por darle vida. Elaboré un texto de carácter artesano con recortes de periódicos de la época, programas de las obras representadas con los nombres de los autores y autoras así como actores y actrices. Después consideré necesario dejarlo en manos del departamento de pedagogía de la Universidad del País Vasco pensando que podría formar parte de la exposición sobre la Educación Vasca. Hoy día todas estas fuentes están ya recogidas en la biblioteca municipal Koldo Mitxelena de Donostia-San Sebastián.

 

Empapada de estas emociones familiares y buscando lo relativo a la “Euskal izkera ta Iztunde ikastolaren Irazkintza” (Escuela de declamación Vasca) dirigida por Don Toribio Alzaga, me encontré con “Eusko Ikaskuntza-Sociedad de estudios vascos”, lugar en el que una vez al año solía tomar parte el maestro con su grupo de teatro al que popularmente denominábamos “kuadroa” (El cuadro). Dando vueltas al tema llegué a la conclusión de que debería de conocer mejor esta institución y fue así como me hice socia de la misma, al mismo tiempo que superaba ese concepto elitista que la institución socialmente tenía para mí. Desde la primera conversación informativa que tuve con Olatz Zumalabe, la directora técnica del momento, comprendí que era el lugar que buscaba además de sentirme en casa.

Por aquello de que, lo que no se registra no existe, y teniendo a mi lado a José Ramón Zubizarreta Oteiza socio fundador del euskal etxea “Gernika Kutun” de São Paulo-Brasil, mi marido, decidí ponerle letra a esta historia: “Vasconia” cuadernos de historia-geografía nº 25 pg. 385-413, Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos 1998.

Más tarde la muerte de Paulo Freire nos motivó a registrar y vivir más de cerca al extraordinario pedagogo brasileño: fue invitada su viuda Ana María Araujo Freire y se realizaron más de un evento al respecto; a ese  momento corresponde lo publicado por Eusko Ikaskuntza en sus dos cuadernos de Ikastaria nº 10. 1999. de los que formé parte. La vuelta a Euskal Herria resultó ser un proceso de aprendizaje para mí como lo había sido la ida a Brasil por eso decidí una vez más registrar pedagógicamente junto a Estebe Ormazabal, Alfredo Soeiro y Elça Martins ambos brasileños, este proceso de ida y vuelta: Ikastaria nº 13. 2004. Más tarde llegó el XVII congreso internacional de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos en noviembre del 2009 y participé en un taller de memoria social, compartiendo con el profesor chileno Sebastián Fuentealba Valenzuela, la importancia pedagógica que tiene la interpretación simbólica, desde la mirada y la sensibilidad de Alejandro Jodorowsky del Tarot de Marsella: XVII Eusko Ikaskuntzaren kongresua, pg. 212-214. 2009.

 

Durante estos años mi participación en Eusko Ikaskuntza, ha sido una experiencia necesaria para poner un cierto orden mental y real en lo vivido, el espacio adecuado para la distancia emocional e intelectual que necesitaba en la construcción del puente entre el aquí y el allá. El conocimiento no está solo en la academia, la sabiduría está en cada una de nosotras y de nosotros por eso yo he disfrutado mucho, con las relaciones interpersonales insertada en la vida social, en los espacios-tiempo que me ha tocado vivir. Fue así como bajo la dirección de Itziar Idiazabal e Inés García redactamos entre varios alumnos y alumnas lo vivido en el Euskaltegi Txingurri de Herrera. Esta experiencia fue entrañable en lo que respecta a la particular pedagogía vivida en este txoko y digo txoko porque es lo que fue desde el punto de vista del aprendizaje del euskara, autogestionario de forma general donde el aspecto relacional entre profesor/a- alumno/a mediatizado por el aprendizaje del euskara resultó ser en palabras de Paulo Freire la palabra indivisible profesor/a-alumno/a. Una experiencia académica inolvidable: Ikastaria 14, pg.103-138. 2005. 

Tengo que decir que hay mucho conocimiento no ordenado que vive como un verso suelto en las sociedades de las que he formado parte y es desde ahí como he llegado a conectar con la sabiduría real de los diferentes países en los que he vivido. Si a esto le añado la receptividad sentida en esta Institución, cada vez que he deseado realizar un evento o escribir un artículo en Euskonews, solo puedo hablar de una sensibilidad intelectual que me hace sentir en casa.

En uno de los viajes desde Euskal Herria al Brasil me pidieron que hablara en la Universidad Pública de São Paulo sobre la diversidad de lenguas en el Estado Español. Yo naturalmente hablé de lo que más sabía, del Euskara. Fue espectacular la acogida del alumnado y tuve que repetir porque los que no habían asistido querían también escuchar. A raíz de este evento me invitaron a participar en la creación de un libro que resultó ser una experiencia muy enriquecedora. Ocho mujeres nacidas en el Estado Español, con formación profesional y en el momento ciudadanas de Brasil, compartiendo vivencias de aquí y de allá, de diferentes ideologías y orígenes familiares, un auténtico disfrute emocional cargado de matices, colores y generosidad intelectual: “Recordando no Brasil a Espanha de Ontem”: conversas femeninas” edit. Mandruvá. São Paulo 2004. Traducida al castellano, edt. Narcea 2006 “Tejiendo recuerdos de la España de ayer”.

 

Durante la realización de este trabajo descubrimos que había cosas comunes a las ocho: haber vivido la posguerra española del 36; ser ciudadanas brasileñas; el interés de nuestras madres y  padres en nuestra formación a pesar de ser mujeres porque en aquella época esto no era común; y la represión religiosa.

En todas estas relaciones académicas con la Universidad Pública de São Paulo medió con eficacia y responsabilidad profesional Vanessa Ingegneri a quien conocí cuando era adolescente en la casa de sus padres, grandes amigos nuestros y podría decir que nuestra familia de Brasil. Hoy es educadora profesional. En aquel hogar siempre disfrutamos de un interés y afecto especial por Euskal Herria y nuestra cultura. ¡Gracias a nuestra familia brasileña por habernos hecho sentir en casa!

A instancias de Alfredo Soeiro médico psiquiatra y presidente de la pelota vasca en Brasil, además de amigo, comencé a escribir novela. Según él nadie había escrito sobre los pelotaris desde este punto de vista y había mucho que contar… al margen de lo profesional, teniendo en cuenta que ellos han colaborado como pocos en la globalización de lo vasco. Así fue como auto edité “Andrea”, 2011.edt. pasionporloslibros.

El tema de la autoedición ha sido todo un hallazgo porque goza de esa incondicionalidad necesaria hacia los y las que no formamos parte de los profesionales de la escritura pero queremos registrar nuestro conocimiento para quien quiera compartirlo.

“El hijo de la matrona de pampa”, en 2012 fue el siguiente escrito terapéutico para sosegar afectos y realidades personales.

Después, en euskara y desde lo más entrañable ocurrido en mi familia, con la llegada de mi sobrino Jokin con sólo un mes de vida, el cuento “Kontxako amona eta kapitaina”, 2013.

Siempre preocupada por el método de enseñanza y aprendizaje universitario y saliéndome de lo establecido: “Cuentos en la universidad”, 2013.

Convencida de que la verdadera espiritualidad evangélica está a las afueras del templo: “Katedraleko atarian/A las afueras del templo”, 2014.

Triste por el silencio cómplice de las instituciones, ante la realidad histórica de los bebés robados y las adopciones ilegales, auténticos crímenes de lesa humanidad e intentando plasmar realidades insufribles: “Violetas en el lodazal” en el 2015 y “Cartas desde el conflicto” en 2016, este último junto con Flor de Lis Díaz Carrasco, en el momento presidenta de la asociación S.O.S. Bebés Robados de Euskadi.

 

Respondiendo a una invitación puntual para poder expresar el toque intelectual-pedagógico vivido en el aula de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo-Brasil con el profesor Paulo Freire: “Querido profesor Paulo Freire” esta vez editado por Editorial Académica Española. 2019 aunque esta editorial no ha sido para mí un acierto.

Han ido pasando los años y cuando llegué a los 80 lo celebré en Euskal Herria con familiares y amigas pero me faltaba mi otra mitad, Colombia, Brasil Y Chile así que programamos Chinca Porras (colombiana) y yo un encuentro en Bogotá con Soraya Cuellas (brasileña) y después, otra vez las dos, en Santiago con Juana Fuentealba (chilena). De vuelta en casa me esperaba la escritura que registrara tan bonito encuentro entre cuatro mujeres de culturas diferentes. ¡El mejor regalo de mis 80! “Amores puntuales amigos y amigas para siempre”, 2024. No es una interpretación literal de cada una de nosotras aunque si permanece un telón de fondo que nos convoca: La generosa amistad.

 

Desde hace más de diez años, una de mis fuentes de energía y espiritualidad es el tarot de Marsella de Alejandro Jodorowsky. Terapéutico y lúcido al mismo tiempo que poco o nada tiene que ver con esa dichosa adivinación con la que yo relacionaba este mundo del tarot. La contemplación diaria de estas cartas junto al aprendizaje practicado a través de esta lectura simbólica, me ayuda a dar ese permanente y necesario paso del inconsciente que habita en mí, a ese ser cada vez más consciente de las posibilidades a mi alcance para poder “llegar a ser” totalmente. Cada simbología es como la vida misma, no hay carta buena ni mala, cada una de ellas tiene matices positivos y negativos a discernir para poder optar cada vez más y mejor a favor o en contra de la propia vida. Todo un aprendizaje que potencia una lectura como la que Paulo Freire nos comenta cuando expresa: “lectura de la palabra (las letras son símbolos) /lectura de la realidad”, en este caso “lectura simbólica de la carta/lectura de la realidad”. Ahora ya sé que estoy ante un alfabeto simbólico.

 

Es bueno para mí, a través del tarot de Alejandro Jodorowsky, vivir ahondando en aquella preocupación constante del pedagogo brasileño sintetizada en la palabra “concientización”. Me ayuda a dar el paso, del inconsciente a ser cada vez más consciente en alguna cosa, con la ayuda de la muy lúcida sensibilidad interpretativa, del gran terapeuta. En definitiva resulta ser una práctica que me facilita la realización de ese deseo de “por fin he caído en la cuenta de…”, vivido lúdicamente desde la agilidad de unas manos que barajan el mazo de cartas bajo la protección de la sensibilidad de un azar que cae en suerte. Le llamo magia pero ¿no es así la vida?

Ahora, ando y ando, podría llamarme NABIL.

 


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