794 Zenbakia 2026-06-16 / 2026-09-16

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Evolución laboral femenina en Eibar (1861-1977): de la invisibilidad a la profesionalización

SERRANO, Fernando

La evolución del trabajo femenino en Eibar entre 1861 y 1977 constituye un espejo privilegiado de los cambios económicos, sociales y culturales experimentados por la localidad y, en buena medida, por el conjunto del país. Sin embargo, el análisis de esta evolución exige una advertencia previa: las cifras oficiales no reflejan toda la realidad. Durante más de un siglo, una parte sustancial del trabajo femenino permaneció oculto bajo la categoría de “ocupaciones domésticas”, invisibilizado por los criterios censales y por una mentalidad que identificaba la actividad productiva con el trabajo masculino.

A través de los padrones municipales podemos reconstruir una evolución cuantitativa; pero para comprenderla en profundidad es necesario leer entre líneas, considerar los silencios estadísticos y reconocer la importancia de la economía sumergida, el trabajo familiar y la producción a domicilio.

1861: una economía mixta con fuerte presencia agraria

En 1861, Eibar contaba con 1.875 mujeres censadas. De ellas, 346 (18,5 %) aparecían registradas con profesión distinta de “O.D.” (ocupaciones domésticas). A primera vista, el porcentaje parece elevado si lo comparamos con décadas posteriores. Sin embargo, la estructura profesional revela una sociedad aún muy vinculada a la agricultura y al servicio doméstico.

Más de la mitad de las mujeres activas oficiales eran labradoras 179 (51,7 %). Pero aquí aparece el primer gran sesgo estadístico: solo se registraba como labradoras a las hijas, mientras que las esposas de agricultores figuraban como dedicadas a ocupaciones domésticas, pese a trabajar igualmente en el caserío. Es decir, la contribución femenina a la economía agraria estaba sistemáticamente infravalorada.

El segundo gran grupo lo formaban sirvientas y criadas: 91 (26,3 %), muchas procedentes del medio rural y empleadas desde edades muy tempranas, a veces con apenas diez o doce años. También destaca la presencia de religiosas, 33 (9,5 %), cifra superior a la media española, reflejo del peso de la vida conventual y de las funciones educativas y asistenciales desempeñadas por órdenes femeninas.

En cambio, brillan por su ausencia profesiones liberales o técnicas. No porque no existieran mujeres capacitadas, sino porque el propio diseño del impreso censal no contemplaba su presencia en determinados ámbitos como la abogacía, la medicina o la propiedad empresarial.

1903: descenso estadístico y auge del servicio doméstico

En 1903 la población femenina ascendía a 3.563 mujeres, pero solo 237 (6,65 %) aparecían como activas oficialmente. Esta brusca caída porcentual no puede interpretarse como una retirada masiva del trabajo femenino, sino como un endurecimiento de los criterios clasificatorios y una mayor expansión del discurso de la domesticidad.

El servicio doméstico se consolidaba como el principal destino laboral: 122 mujeres (51,5 % de las activas). Mientras tanto, la economía local evolucionaba hacia una creciente industrialización. Eibar, con su estructura urbana de carácter industrial, contaba con numerosos pequeños talleres familiares. En ellos trabajaban esposas e hijas junto al titular masculino, pero rara vez aparecían como obreras en el padrón. El trabajo femenino industrial existía, pero permanecía invisible.

También era significativa la presencia de 46 religiosas (19,4 %), proporción muy superior a la media estatal. En el ámbito educativo, aparecían cuatro maestras, reflejo del alto nivel de alfabetización femenina en la localidad, notable dentro del contexto español.

La confección —costureras, modistas, bordadoras— representaba otro sector relevante: 27 mujeres (11,4%), aunque gran parte del trabajo textil se realizaba en el domicilio y quedaba fuera del registro oficial.

En definitiva, la fotografía de 1903 muestra una paradoja: una sociedad en transformación económica, pero una estadística que reduce la actividad femenina casi exclusivamente al servicio doméstico.

1935: diversificación limitada en un contexto de cambio

En 1935, el padrón registra 415 mujeres activas oficiales sobre 6.839 (6,1 %). Aunque el porcentaje global apenas varía respecto a 1903, la composición interna sí experimenta cambios significativos.

El servicio doméstico sigue siendo mayoritario, 215 (51,8 %), pero aparecen con mayor claridad nuevas ocupaciones: 18 maestras (4,3 %), 14 oficinistas, 5 mecanógrafas, 4 telefonistas, 6 dependientas, 9 grabadoras y varias jornaleras y modistas. La mujer comienza a hacerse visible en oficinas y empresas.

El contexto político de la Segunda República favorece reformas legales y educativas que abren nuevas posibilidades. Se crea el Instituto de Segunda Enseñanza y aumenta la conciencia sobre la necesidad de instruir a las hijas. Sin embargo, la crisis económica y la persistencia de la división sexual del trabajo limitan el alcance de estos avances.

La doble jornada —trabajo remunerado y responsabilidades domésticas— continúa siendo un obstáculo decisivo. Aunque se introducen medidas como el seguro de maternidad o la anulación de cláusulas que rescindían contratos por matrimonio, la ausencia de servicios sociales impide una incorporación estable y masiva de las mujeres casadas al mercado laboral.

1955: reconocimiento industrial y crecimiento cuantitativo

El padrón de 1955 marca un punto de inflexión. De 12.054 mujeres censadas, 1.429 (11,85 %) aparecen como trabajadoras profesionales. El porcentaje casi duplica el de las décadas anteriores.

La novedad más significativa es la irrupción oficial de la obrera industrial, que pasa a ser la ocupación más numerosa: 556 mujeres, 38,9 %. Este dato no indica que antes no trabajaran en la industria, sino que por primera vez se las reconoce estadísticamente como tales.

En empresas emblemáticas como Orbea, las mujeres realizaban tareas de montaje, cromado, embalaje y preparación de piezas. Muchas de estas actividades eran repetitivas, exigentes e incluso peligrosas, pero constituían un componente esencial de la producción industrial eibarresa.

El servicio doméstico seguía siendo importante: 403 mujeres (28,2 %), aunque su peso relativo disminuía. También crecían las empleadas administrativas (87), oficinistas (58), dependientas (33) y mecanógrafas. Aparecen nuevas profesiones como peluquera, farmacéutica e incluso médica.

Es de destacar la ausencia de mención de tareas como: labradora, tendera, comerciantes, etc. cuando la realidad es que en casi todos los caseríos, tiendas, comercios y en la restauración las esposas, hijas y familiares, trabajaban tanto o más que los titulares del negocio. Hay que tener en cuenta que en la Memoria Municipal de 1955-59 aparecen en Eibar 537 empresas, muchas de ellas pequeñas, y 599 comercios.

Esta situación se produce en pleno franquismo, cuando el discurso oficial promovía la relegación femenina al hogar. Sin embargo, la escasez de mano de obra masculina tras la Guerra Civil y los bajos salarios obligaban a muchas mujeres a trabajar. Su empleo seguía considerándose complementario y estaba marcado por la discriminación salarial y la precariedad contractual.

1977: transición hacia la continuidad laboral

Durante el desarrollismo (1959–1975), Eibar experimenta un notable crecimiento industrial. En 1976, el sector secundario o industrial empleaba a 10.023 personas, de las cuales 1.613 eran mujeres. En total, 2.492 mujeres figuraban empleadas en distintas categorías.

La distribución muestra cambios cualitativos importantes: el 30,1 % del personal laboral femenino era administrativo; también aumentaba su presencia en comercio y servicios personales. Aunque seguían infrarrepresentadas en puestos directivos y técnicos superiores, el abanico profesional se ampliaba claramente.

Los años setenta representan una etapa de transición. Se inicia la ruptura del modelo de mujer casada exclusivamente doméstica. Cada vez más mujeres mantienen su empleo tras el matrimonio. El trabajo deja de ser solo una necesidad económica y comienza a formar parte de la identidad personal.

No obstante, persisten desigualdades estructurales. Las mujeres continúan concentradas en categorías auxiliares, con menor acceso a puestos de responsabilidad. Además, el trabajo tradicional en caseríos, bares y pequeños comercios familiares sigue infrarrepresentado en las estadísticas.

Tendencias generales (1861–1977)

El recorrido histórico permite identificar varias tendencias de fondo:

  1. Desplazamiento sectorial: del predominio agrícola en 1861 al peso creciente de la industria y los servicios en 1955 y 1977.
  2. Visibilización progresiva: muchas ocupaciones femeninas existían desde el siglo XIX, pero solo a mediados del XX comienzan a reconocerse oficialmente.
  3. Persistencia del servicio doméstico: durante casi un siglo constituye el principal empleo femenino asalariado.
  4. Feminización de la administración y el comercio: a partir de los años cincuenta, las oficinas y tiendas se convierten en espacios laborales relevantes para las mujeres.
  5. Cambio cultural: del trabajo considerado subsidiario al trabajo como elemento de identidad y continuidad vital.

Conclusión

La evolución laboral femenina en Eibar no puede reducirse a una simple curva estadística. Es la historia de una presencia constante, aunque muchas veces invisible. Desde las labradoras no reconocidas de 1861 hasta las obreras industriales y administrativas de los años setenta, las mujeres eibarresas han sido agentes activos del desarrollo económico local. Como las mujeres pupileras cuya aportación fue importante para facilitar que la industria tuviese alojamiento para los trabajadores en la época del desarrollismo industrial y fue una estrategia más de las mujeres para ayudar a la economía familiar, además de compaginar las tareas domésticas con el cuidado de los hijos: 160 patronas pupileras en 1935, 240 en 1950, 519 en 1960, 200 en 1975...

Las cifras oficiales muestran avances significativos, especialmente a partir de 1955. Pero también revelan las limitaciones de un sistema que durante décadas consideró el trabajo femenino como secundario, provisional o complementario.

La verdadera evolución no consiste solo en el aumento del porcentaje de mujeres activas, sino en la transformación de su posición social: del anonimato en el caserío o el taller familiar a la afirmación progresiva de una trayectoria profesional propia. Ese proceso, iniciado en el siglo XIX y acelerado en el XX, constituye uno de los cambios estructurales más profundos en la historia contemporánea de Eibar.

La igualdad plena aún no se había alcanzado en 1977, pero el camino hacia la profesionalización y la permanencia laboral estaba ya claramente trazado.