793 Zenbakia 2026-03-24 / 2026-06-18

Gaiak

La Casa Experimental de Irun

Grupo CTOB-OBTE Taldea

En 1957, tras la IV Bienal de São Paulo, Jorge Oteiza regresaba a casa con el premio al mejor escultor internacional. Aquel reconocimiento marcaba un punto de inflexión en su irregular trayectoria artística, otorgándole una proyección y reconocimiento que hasta entonces no había tenido.

Años antes, la construcción de la Basílica de Arantzazu había reunido a Oteiza con el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oíza y el artista multidisciplinar Néstor Basterretxea. De aquella colaboración surgió una amistad intensa entre tres personalidades tan diversas como complementarias. Entre 1952 y 1954, esa relación se consolidó en torno a una idea compartida: vivir y trabajar juntos.

En 1955, casualmente Oteiza se topa con un antiguo compañero de estudios de Lekaroz, este que esporádicamente trabajaba con bienes inmobiliarios le ofrece un solar en la ciudad fronteriza de Irun. Él y Basterretxea deciden adquirir el terreno. El terreno se encuentra ubicado al norte de la ciudad, en la avenida de Francia, junto al Stadium Gal —obra del arquitecto Luis Vallet de Montano— y a escasos quinientos metros de la frontera con Hendaia.

Irun, ciudad de escala moderada y espíritu permeable, se abría hacia Europa como una ventana de aire renovador frente al clima asfixiante del Madrid franquista. Su vida cultural, vibrante y plural, reunía a figuras como Montes Iturrioz y su discípula Menchu Gal, y se articulaba también a través de publicaciones como el semanario El Bidasoa, que contó entre sus colaboradores a nombres de peso como Miguel de Unamuno, Pío Baroja o, ya en los años cincuenta, Luis de Uranzu. La luz que el río Bidasoa reflejaba sobre la ciudad ejerció además una poderosa atracción sobre pintores como Darío Regoyos y Vázquez Díaz, consolidando a Irun a través de los siglos como un enclave de intenso y continuo tránsito artístico.

Sáenz de Oíza inicia el ambicioso proyecto Casa para tres, un ejercicio de exploración formal y técnica destinado a albergar tres viviendas en un mismo edificio. Durante las primeras fases, el arquitecto desarrolla múltiples versiones y maquetas, ensayando soluciones espaciales que revelan la influencia de su admirado Mies van der Rohe y su afinidad por las nuevas técnicas constructivas.

Sin embargo, los planes se desvían. En 1956, tras contraer matrimonio, Oíza decide establecerse definitivamente en Madrid abandonando el proyecto vital soñado en Arantzazu.

La marcha del arquitecto deja a Jorge Oteiza y Néstor Basterretxea al frente de la idea inicial. Profundamente afectado por la partida de Oíza, Oteiza busca una nueva dirección y contacta con Luis Vallet de Montano, arquitecto de Irún y miembro del histórico grupo GATEPAC Norte, y amigo del escultor desde los años 30.

Persona de sólida formación y exiliado durante la Guerra Civil, mantuvo una estrecha amistad con el compositor Igor Stravinsky y con el escritor Pío Baroja, a quien visitaba con frecuencia en su casa de Vera de Bidasoa. Figura clave en la dinamización cultural de Irún, su mirada racionalista y su firme adhesión a los principios del Movimiento Moderno fueron determinantes para definir el nuevo rumbo del proyecto.

En marzo de 1956, Luis Vallet de Montano elabora los primeros croquis de lo que pronto se definirá como la Casa Experimental de Irun. Desde sus inicios, el proyecto se articula como un espacio en transformación continua, un proceso abierto donde la forma arquitectónica surge del intercambio constante entre los artistas y el arquitecto.

Durante un año, la propuesta atraviesa una serie de reformulaciones radicales. Los principios de Le Corbusier son asumidos, reinterpretados y finalmente modificados. Las fachadas se transforman sucesivamente, el esquema de dos plantas se reduce a una única cota habitable y emergen nuevas operaciones formales: una cubierta transitable que redefine la relación entre interior y exterior, y un forjado escultórico diseñado por Oteiza que introduce la dimensión plástica en la estructura.

Retomando el inicio del artículo, Oteiza vuelve de São Paulo para instalarse en Irún con una renovada visión espacial y arquitectónica. En la Bienal ha conocido a Marcel Breuer y a Kenzo Tange, fragua gran amistad con el escultor Franz Weissmann, ganador del premio al mejor escultor nacional y Le Corbusier le contacta para solicitarle información de su propuesta artística. Son momentos cargados de energía y la casa-taller recibe el impulso creativo de Jorge y la renovada fuerza experimental de Néstor.

Los dos recién llegados a la comarca del Bidasoa no tardaron en integrarse en la vibrante escena cultural de la ciudad fronteriza. Participaron activamente en iniciativas como el innovador Cine Club de Irún, espacio donde un joven Víctor Erice se formaba y absorbía las nuevas corrientes artísticas. También desde ese mismo núcleo se organizó la I Semana del Arte de 1961, un acontecimiento pionero que reunió a figuras como Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, Mari Paz Jiménez, Rafael Balerdi, Amable Arias, Menchu Gal, Gonzalo Chillida, José Gracenea, Franz Weissmann, Antonio Valverde, Gaspar Montes Iturrioz y los propios artistas, consolidando a Irún como un punto de referencia en la modernidad artística vasca.

En la Casa Experimental, Basterretxea transita de la pintura a la escultura a través de una intensa investigación sobre el plano y la forma. Funda Espiral, una tienda dedicada al mueble moderno que introduce nuevas sensibilidades estéticas en el entorno local, y se convierte en socio y diseñador principal de la empresa irunesa Biok. Su inquietud creativa lo lleva también al ámbito cinematográfico: junto a Fernando Larruquert crea la productora Frontera Films Irún S.A., desde la cual codirige los documentales Operación H (1963), Pelotari (1964) y Alquézar (1966), así como el largometraje Ama Lur (1964–1968), una obra clave en la renovación cultural vasca.

En paralelo, colabora en numerosos proyectos e iniciativas populares que llenan de vida y experimentación cada rincón del número 33 de la actual avenida Iparralde, consolidando el espacio como un auténtico laboratorio experimental.

A finales de 1965, el salón de la casa de Jorge Oteiza se transforma en un auténtico centro creativo: un punto de partida íntimo y disruptivo donde un grupo de artistas guipuzcoanos imagina nuevas formas de relacionarse con la cultura. Surge así el Grupo GAUR —integrado por Amable Arias, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, el propio Oteiza, Rafael Ruiz Balerdi, José Antonio Sistiaga, Néstor Basterretxea y José Luis Zumeta—, una constelación de personalidades que irrumpe en el panorama vasco como una fuerza renovadora. En el sofá de ese salón, Fernando Larruquert inmortalizaría una reunión del grupo en una foto icónica para la modernidad cultural del País Vasco.

Cuando Oteiza decide cerrar su etapa escultórica, abre un periodo de intensa producción escrita que lo convierte en una voz imprescindible dentro del pensamiento artístico. Colabora activamente con el semanario El Bidasoa, desde donde reflexiona sobre el arte, la espiritualidad del espacio y la cultura musical. En esos años nacen obras fundamentales como Quousque tándem..!, quizá su aportación teórica más decisiva, en la que reinterpreta el crómlech desde una mirada estética y etnológica, situando el vacío como símbolo profundo de la identidad vasca. A esta pieza clave se suma también Ejercicios espirituales en un túnel, otro texto que profundiza en su exploración conceptual y en su manera singular de entender la creación.

La Casa Experimental habla hoy desde el silencio: fachadas herméticas, aristas oxidadas, huellas racionalistas ocultas bajo capas de humedad y una personalidad arquitectónica suspendida en el tiempo. Sin embargo, incluso en su estado latente, permanece la potencia de lo que fue: un hito para el arte y la cultura, concebido por dos figuras esenciales del panorama creativo vasco. Su próxima rehabilitación promete recuperar esa energía original y proyectarla hacia el futuro, transformando este singular experimento arquitectónico en un renovado polo cultural con vocación internacional.