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Adaptación climática del territorio urbano y su contexto en el País Vasco
A medida que el cambio climático intensifica la frecuencia y la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos, la capacidad de las ciudades para garantizar la habitabilidad depende cada vez más de la disponibilidad de entornos interiores seguros y accesibles. Los seres humanos pasan la mayor parte de su tiempo en interiores, un patrón de comportamiento moldeado por la capacidad protectora de los espacios cerrados y reforzado por la acelerada urbanización de las últimas décadas. En este contexto, los entornos interiores con climatización ya no son meros escenarios funcionales de la vida cotidiana, sino que se han convertido en infraestructuras esenciales para salvaguardar la salud pública durante los periodos de estrés medioambiental.
Las recientes crisis en todo el mundo ponen de relieve la urgente necesidad de adoptar medidas de adaptación urbana. Estos fenómenos no solo ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las poblaciones urbanas, sino que también cuestionan los modelos tradicionales de planificación y preparación para emergencias. Garantizar que las personas puedan acceder a espacios interiores protegidos durante estos fenómenos se ha convertido en un componente central de las estrategias de resiliencia contemporáneas.
Contexto vasco
Según el 3er Informe de Seguimiento Agenda Urbana de Euskadi, el cambio climático supone una particular amenaza para esta región. El 100% del País Vasco está en riesgo de sufrir olas de calor, el 81 % de los municipios se enfrentan a posibles inundaciones fluviales, el 23 % son vulnerables a las inundaciones costeras debido al aumento del nivel del mar y todos se ven afectados por las sequías, especialmente en las zonas agrícolas.
La amenaza de las olas de calor en Euskadi se ha vuelto muy tangible en sus principales ciudades. En los últimos años, Bilbao y Donostia-San Sebastián han superado la barrera de los 40 °C, durante la ola de calor de julio de 2020 ambas capitales alcanzaron máximas históricas de 40,7 °C y 40,4 °C respectivamente, y Bilbao llegó incluso a registrar 42,5 °C en agosto de 2025. Vitoria-Gasteiz tampoco se libra: rozó casi 40 °C en la última gran ola de calor y anotó un récord absoluto de 41,4 °C en su estación de Foronda en 2025. Estos extremos ilustran el creciente peligro de las olas de calor en el territorio vasco, cuya frecuencia y duración se han incrementado notablemente según informes oficiales.
Estos fenómenos extremos cada vez más frecuentes han tenido graves repercusiones, como el aumento de los incendios forestales, las tormentas eléctricas e importantes retos para la salud pública. Estas tendencias ponen de relieve la urgente necesidad de estrategias de adaptación y mitigación para proteger a la población y el medio ambiente.

En los últimos años, Bilbao y Donostia-San Sebastián han superado la barrera de los 40 °C.
En el contexto de una población envejecida, con una edad media de 45,7 años, el Plan de Calor de Euskadi, refuerza las iniciativas estratégicas orientadas a la sostenibilidad y la resiliencia climática. Entre ellas se incluyen nuevos modelos de movilidad urbana sostenible, iniciativas para promover una ciudad saludable y segura, y políticas que mejoran la integración de los residentes de edad avanzada.
En este escenario global, los refugios climáticos interiores se perfilan como infraestructuras fundamentales para mitigar la exposición a temperaturas extremas y otras condiciones meteorológicas adversas. Diseñados para proporcionar condiciones térmicas seguras y acceso universal, estos refugios protegen a los grupos más vulnerables al tiempo que refuerzan el derecho general a un entorno urbano seguro.
Refugios climáticos. ¿Qué son?
Si bien no existe un consenso global sobre la definición de refugio climático interior, podemos basarnos en la propuesta por la un reciente estudio de la Universidad de Deusto:
Un refugio climático interior es un espacio cerrado, de gestión pública o privada, que está específicamente acondicionado para proporcionar protección frente a condiciones meteorológicas adversas y que ofrece unas condiciones ambientales adecuadas para salvaguardar la salud durante dichos periodos.
Estos espacios, como bibliotecas o centros comerciales, pueden seguir prestando sus funciones y servicios habituales. Su funcionamiento como refugios no está vinculado a ningún requisito de consumo comercial, ya que la entrada es gratuita y no se espera que los usuarios paguen por permanecer en el interior.
Además, se recomienda que estos espacios permanezcan disponibles durante las horas más calurosas del día. Lo ideal es que amplíen su horario de apertura para incluir las tardes, los fines de semana y los días festivos durante las alertas por calor.

El Círculo de Bellas Artes, en Madrid, es un gran ejemplo de un refugio climático de interior.
Euskadi actualmente
Siguiendo las recomendaciones del Plan de Calor del Gobierno Vasco, operativo cada año entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, las tres capitales de Euskadi han puesto en marcha redes de refugios climáticos para proteger a la población durante episodios de calor extremo.
Bilbao ha establecido la red de refugios climáticos más amplia de Euskadi, con 131 espacios habilitados en total. De ellos, 65 son refugios interiores (bibliotecas, museos, centros cívicos, instalaciones deportivas, estaciones de transporte, etc.) y 66 son exteriores (principalmente parques y zonas verdes con sombra). Según los informes de la villa, el 96% de la población bilbaína dispone de un refugio climático a menos de 300 metros de su vivienda (y un 43% de los habitantes lo tiene a menos de 100 metros), lo que evidencia la accesibilidad de la red en prácticamente toda la ciudad.
Donostia/San Sebastián cuenta con 90 refugios climáticos identificados en su término municipal. En concreto, son 37 espacios interiores acondicionados, mientras que Vitoria-Gasteiz ha desarrollado una red de refugios climáticos más reducida, habilitando 29 refugios interiores ubicados en equipamientos municipales.

Las tres capitales de Euskadi han puesto en marcha redes de refugios climáticos para proteger a la población durante episodios de calor extremo.
¿Lo estamos haciendo bien?
Ante esta pregunta, la respuesta es necesariamente matizada: sí, pero no del todo.
Por un lado, es innegable que el País Vasco se encuentra en una posición avanzada a nivel estatal. Las estrategias de refugios climáticos ya están en marcha y, en algunos casos, nos sitúan como territorio pionero.
Sin embargo, los estudios más recientes apuntan a que el reto no es únicamente ampliar las redes de refugios, sino hacerlo de forma más eficiente y estratégica. Si analizamos el caso de las capitales vascas, Bilbao puede considerarse un buen ejemplo por ser la ciudad que cuenta con la red más extensa. No obstante, esta amplitud también pone de manifiesto ciertas ineficiencias en el modelo actual.
La evidencia científica señala que debería priorizarse la activación de tres tipologías de espacios clave: lugares de culto (iglesias, mezquitas, etc.), centros educativos y bocas de metro. Estos equipamientos, ya presentes de forma capilar en el tejido urbano, permitirían alcanzar una cobertura mucho mayor de la población con un esfuerzo relativamente reducido. En el caso de Bilbao, aunque existe una red plurivalente que incluye centros cívicos, museos, centros comerciales e incluso algunos templos religiosos, la dispersión tipológica dificulta tanto la gestión como, especialmente, la comunicación a la ciudadanía.
Por ello, aunque el punto de partida es positivo y representa un primer paso relevante, es fundamental avanzar hacia redes más simples, coherentes y fácilmente comunicables.

