792 Zenbakia 2026-02-04 / 2026-04-10

KOSMOpolita

El exilio vasco en Venezuela en el siglo XX – 1939 y las profesiones en las que destacaron

AMEZAGA IRIBARREN, Xabier Iñaki

Al estallar en 1936 la guerra civil española, en Venezuela se viven los albores de la presidencia del general López Contreras, después de veintisiete años de la dictadura feroz del general Juan Vicente Gómez. Según el historiador venezolano Guillermo Morón, el régimen del general López Contreras: «no fue de realizaciones y reformas ingentes, sino de humanización de la política, de ponderado equilibrio, de juridicidad y asentamiento de la moral pública, sin injusticias excesivas ni criminal represión. Su lucha contra el comunismo no fue exagerada con venganzas ni persecuciones inútiles». Se producen momentos de euforia a raíz de la salida de las cárceles de los presos políticos y el establecimiento de la libertad de prensa.

Como ocurre en la mayor parte de los países americanos, ante la guerra civil la opinión pública se divide. La mayor parte de la prensa -encabezada por La Esfera y La Religión- y sectores mayoritarios de la jerarquía católica (especialmente los relacionados con los centros de enseñanza) se posicionan a favor de los franquistas.

Sin embargo, tras la muerte del dictador, renace en Venezuela una nueva prensa, francamente democrática, cuyo mayor exponente era el diario Ahora, que dirigía Miguel Otero Silva, El Universal, de Luis Teófilo Núñez y El Heraldo, de Ramón David León. Este último sector, junto a lo más destacado de la intelectualidad venezolana -que había sufrido las iras de Gómez- están, desde el primer momento, con el Gobierno legítimo de la República. Y todo esto ocurría, como señala Arturo Uslar Pietri, «mientras la pugna política se encrespaba y las impaciencias se enardecían».

Por su parte, el periodista Alfredo Tarre «Sanín» afirma que «la contienda armada en la península tuvo una enorme influencia en la política venezolana (...): contribuyó a hacer más tensa la situación en Venezuela y a dividir aún más a los izquierdistas y las derechas en el país».

La polémica mundial que sigue al bombardeo de Guernica en 1937 también tiene eco en Venezuela. La mayor parte de los diarios reproducen las informaciones que llegan a través de las agencias y servicios internacionales de prensa, sobre todo United Press. Tanto El Heraldo, Ahora, El Universal, como La Esfera o la revista Élite dan, en un primer momento, la información gubernamental. Es decir, que Guernica -considerada «ciudad santa» de los vascos- había sido destruida por aviones alemanes e italianos al servicio de los franquistas. Es cierto que dichas informaciones no tienen el mismo tratamiento.

La Esfera, si bien informaba el 29 de abril que «los aviones rebeldes efectuaron dos incursiones que incendiaron la población de Guernica», dos días más tarde se hacía eco de un despacho fechado en Salamanca -sede del cuartel general de los facciosos-, señalando que: «los rebeldes declaran que los fugitivos vascos informan que los leales incendiaron a Guernica mientras que los insurgentes estaban a quince kilómetros de la población». Sin embargo, va a ser La Religión el que mantenga con más ahínco estas tesis. Hay que recordar que este diario ofrecía, casi exclusivamente, las notas oficiales proporcionadas por el servicio de propaganda franquista, bajo el título genérico «Comunicados oficiales de la Guerra Civil Española». En la edición del día 29 de abril de 1937 se ofrecían tres despachos, fechados en Salamanca, que daban las siguientes versiones: «Los nacionalistas (franquistas) desmienten una infamia de Aguirre sobre un supuesto bombardeo del Santuario de Guernica» (...) «El general Franco demuestra que la aviación nacionalista (facciosa) no ha volado por el mal tiempo ni el 26, ni el 27, ni el 28 del actual» (...) «Son criminalmente falsos los informes de procedencia separatista, de que nuestras fuerzas aéreas han bombardeado Guernica». Por si esto fuera poco, el 1 de mayo difundía una «Crónica de Alemania», en la que se hablaba de la «indignación por la campaña inglesa sobre la destrucción de Guernica».

Lógicamente, los diarios liberales mantienen la versión -que se demostraría como la verdadera- de que Guernica fue destruida por Franco. Ahora, que además cuenta con servicios especiales del Herald Tribune, mantiene durante varios días el tema en su primera página. Habla de «infernal efecto de las bombas», del «desastre vasco causado por alemanes e italianos», de «la calumnia franquista».

El Universal informa: «Guernica, lugar y símbolo de las tradiciones vascas, reducido a escombros por un bombardeo aéreo». Asimismo ofrece el testimonio del canónigo Alberto de Onaindia, asesor del presidente José Antonio de Aguirre sobre el bombardeo. Por su parte, la revista Élite ofrece un reportaje gráfico, hablando de «espantosa desolación en Guernica».

Para remarcar aún más aquella pugna, en 1937 se produce lo que algunos historiadores califican de «reacción gomecista».

Es decir, una vuelta a algunos valores que caracterizaron la dictadura del general Gómez, especialmente en sus contenidos anticomunistas. En este sentido no hay que olvidar que, para algunos sectores, la guerra civil española se planteaba como una «cruzada» contra el comunismo.

Los intelectuales venezolanos y el caso vasco

En los países del Cono Sur americano (Uruguay, Chile y Argentina) existía desde antiguo una fuerte minoría vasca organizada, tanto desde el punto de vista social como del político o cultural. Asimismo hay Centros Vascos en Cuba, México y Estados Unidos. No así -al menos, aparentemente- en Venezuela.

De tal forma que, en 1874, el historiador Arístides Rojas se quejaba de que en el siglo XIX no se hubiese producido -al contrario de lo que ocurría con los países citados- una emigración vasca significativa a Venezuela. Los vascos, como hemos visto, por un lado, habían racionalizado el comercio a través de la Compañía de Caracas («La Guipuzcoana»), y por otro lado habían introducido en el país las ideas ilustradas y liberales que marcaron el proceso liberador del XIX.

En 1936 existía entre algunos de esos intelectuales progresistas una cierta conciencia de origen, avivada, sin duda, por los períodos de vacaciones en Biarritz, en el País Vasco-continental. Éste sería el caso de Simón Gonzalo Salas, Carlos Enrique Aranguren, los hermanos Arraiz, Aguerrevere, Ibarra... Quizás por ello no extrañe la especificidad vasca del exilio republicano en Venezuela.

En aquellos días Rafael Pizani era un joven abogado destinado como secretario de la Embajada de Venezuela en Bélgica. En 1937 llegaban a aquel país los primeros niños refugiados vascos (15). Desde el primer momento, su esposa, Cecilia Uzcategui, comenzó a asistir a aquellos niños, especialmente en los problemas relacionados con el idioma francés. Ante aquella situación dramática, Pizani convence al embajador para que realice gestiones cerca de su Gobierno, para que éste aceptase recibir a algunos de aquellos niños en Venezuela.

El Ministerio de Negocios Extranjeros traslada la petición al de Agricultura -del que depende la Dirección Técnica de Inmigración-, Sin embargo, el titular de este último Ministerio, Alfonso Mejía, era un hombre muy conservador. La respuesta a la petición de Pizani tardará dos meses en llegar a Bélgica. En ella, su ministro, Esteban Gil Borges, haciéndose eco del dictamen de Mejía no recomendaba la inmigración de niños vascos porque podían introducir en el país «la ideología comunista». Ni qué decir tiene que, por ejemplo, aquellos niños habían salido al exilio acompañados de sacerdotes y, en el caso concreto de Bélgica, asistidos por el arzobispo católico de Malinas, Monseñor Van Roey.

En septiembre de 1938, tras renunciar a un puesto en la Legación de Berlín, Rafael Pizani regresaba a Venezuela.

Para entonces se había creado en el país un grupo de presión a favor de la inmigración vasca formado por intelectuales como Miguel Otero Silva, Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba o los ya citados Arraiz, Gonzalo Salas y Pizani. Durante meses van a realizar una intensa campaña en la prensa y en la Universidad.

No van a ser éstas las únicas gestiones. El embajador de Venezuela en Cuba, Alberto Smith Zarraga, amigo personal de un exiliado vasco, el doctor Luis de Aranguren, realiza gestiones directas con el general López Contreras con los mismos fines señalados anteriormente.

Dentro de esa campaña, el 14 de mayo de 1938 el doctor Simón Gonzalo Salas presenta un informe titulado Inmigración Vasca para Venezuela. Parte de ese informe será editado en forma de folleto del que se hace una tirada de 20.000 ejemplares. El informe de Gonzalo Salas dará lugar a duras críticas de los periódicos falangistas, caso del diario Hierro de Bilbao.

El informe de Gonzalo Salas

En 1938 se producen dos hechos de singular importancia. Por un lado, Venezuela reconocía el Gobierno de Burgos (franquista). Por otro, se aprueba el Plan Trienal que va a marcar la actividad del régimen de López Contreras en los próximos años. En el Punto 7 de ese plan se decía: «Nuestra demografía es estacionaria y por consiguiente necesita aportes de sangre nueva que promuevan su favorable crecimiento. Venezuela no será jamás un gran país sin un paralelismo armonioso entre su potencialidad económica y el factor humano».

Con la puesta en marcha de este plan se creaba el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización.

En este marco se produce el informe del doctor Gonzalo Salas. Este parte de la premisa de la necesidad que tenía Venezuela de una inmigración, proclamada en todos los medios de comunicación y recogida en el plan a que hacíamos alusión: «Ésta -se dice en el informe- es una verdad tan clara y precisa que no necesita haberse repetido escuetamente tantas veces.

Es una verdad que está tatuada en la conciencia nacional. Y en realidad que no puede ser de otra manera si se piensa que sólo constituimos -después de un análisis frío y ecuánime- una escasa guarnición de hombres, tarados en su gran mayoría, biológica y espiritualmente, cuya finalidad se ha concretado desde 1830 para acá, a sostener -aún deficientemente- la integridad política y territorial de la Nación. La inmigración es pues una necesidad que no admite discusión; y no la admite, porque si no nos decidimos a afrontar el problema y a resolverlo -de manera metódica y racionalizada- tal vez estemos condenados a desaparecer del concierto de los pueblos libres. Se me excusará esta dureza de expresión.

Me expreso así porque creo actuar en un país donde si todos sus problemas fueran analizados al desnudo, muy otra sería su suerte».

Simón Gonzalo Salas defendía una emigración étnicamente homogénea y políticamente moderada (que debía, por un lado, compensar el temprano reconocimiento del régimen franquista y, por otro, no avivar las iras de los influyentes sectores anticomunistas). Se daba cuenta de que una inmigración incontrolada podría hipotecar el país y ponía, como ejemplos negativos, los de Argentina y Brasil. Por el contrario, era partidario de lo que calificaba como experimento australiano, «Al poblar -decía- debemos hacerlo con la idea de nacionalizar.

Para ello nada mejor que hacer la empresa con elementos fácilmente adaptables a nuestra lengua, religión y costumbres, y a nuestro medio ambiente (...). La selección del emigrante es la clave del éxito, sobre todo tratándose de nacionalidades como la nuestra». La inmigración incontrolada (especialmente la escandinava y alemana) había sido un fracaso: «la mayoría regresó de inmediato o esperó a explotarnos para hacerlo. En su casi totalidad la inmigración de puertas abiertas está integrada por mercaderes u otros indeseables que miran al indoamericano despectivamente».

En un momento de su informe, Simón Gonzalo Salas se pregunta ¿dónde están esos emigrantes?: «Esos emigrantes son por ahora 80.000. Son vascos y están en la actualidad en Francia, deseosos de venir. Podría decirse que hoy están huérfanos de su gran Patria y acogerían a la nuestra con el músculo y con el corazón.

Están exentos de tutelaje extranjero y, por tanto, con ellos está salvado el más grave inconveniente cuando se presente el problema de la inmigración. Por lo demás, en cuanto a su adaptabilidad, a su fácil y rápida asimilación al ambiente nacional, escuchemos: "La historia será siempre justiciera para conceder a los vascos establecidos en Venezuela la gloria de haber sido los primeros innovadores y los verdaderos creadores de la industria agrícola" (Arístides Rojas, Orígenes de Venezuela). "La Compañía Guipuzcoana, a la que también podrían atribuirse los progresos y los obstáculos que han alternado en la regeneración política de Venezuela, fue el acto más memorado del reinado de Felipe V en Venezuela" (Andrés Bello, Recuerdos de la Historia de Venezuela)».

El doctor Gonzalo Salas dedica una parte importante del repetido informe a describir la historia, costumbres, economía y, parafraseando a Arístides Rojas, «el elemento vasco en Venezuela». En sus conclusiones afirma que «la inmigración vasca a Venezuela no representa peligro ni aun remoto», debido «a la sana ideología del pueblo vasco». Para el autor, la organización que recogía mejor esa «sana ideología» era el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que había luchado al lado de la República en defensa de sus fueros (sic) -se refiere a la autonomía- y contra el totalitarismo que representaba la sublevación franquista.

«Con el presente informe -concluía Simón Gonzalo Salas- creo haber puntualizado en detalle el asunto que supongo más trascendental para la vitalización efectiva del organismo nacional: el incremento de una fuerte corriente de inmigración vasca».

La reacción vasca

Esta campaña sorprende sobremanera al Gobierno vasco exiliado. Éste se había constituido el 7 de octubre de 1936 tras aprobar las Cortes de la República española un «estatuto de autonomía» para el País Vasco. Sus agentes pronto se movilizan para conocer el alcance del mismo. Entre los informadores se encuentra un grupo de jesuitas vascos. Entre éstos el padre Aranzadi, hijo de Engracio Aranzadi, uno de los dirigentes históricos del PNV.

Pero no todas las opiniones son coincidentes. El 25 de febrero de 1939 Ramón de la Sota Mac Mahon, uno de los delegados del Gobierno Vasco en Nueva York, escribía al presidente José Antonio Aguirre, exiliado en París: «Hace pocos días vino a visitarme de Venezuela un amigo mío inglés, Mr. Dempster, que estudió conmigo.

Antes fue miembro del Cuerpo Colonial inglés dejándolo para venir a trabajar a la Shell Mex a este Continente. Mr. Dempster, que conoce Euzkadi y nuestro problema, habiendo leído casi todo lo que se publica en castellano sobre el movimiento nacional vasco, nos dijo cosas muy interesantes sobre la inmigración vasca a ese país, que a su juicio sería un desastre. Me prometió enviarme un estudio para enviárselo yo al Gobierno de Euzkadi. Según Mr. Dempster, las tres últimas inmigraciones, la de los alemanes, los canarios y los suecos han sido completos fracasos y los periódicos claman ahora por la inmigración vasca».

A pesar de todo esto, hasta las vísperas de la invasión nazi el presidente Aguirre no era partidario de emigraciones masivas, quizá con la lejana esperanza de que un rápido triunfo de los aliados diese una salida positiva al problema peninsular: «El Gobierno quiere fijar un criterio. En materia de emigración es contrario a las emigraciones en gran número. Ni es su convicción, ni las circunstancias, ajenas a nosotros, aconsejan ni permiten emigraciones en esa medida (...). Pero el Gobierno respeta la decisión particular, y a este respecto apoya las solicitudes que se le dirijan por los interesados en ese sentido. Pueden también dirigirse a los organismos de ayuda dependientes de las instituciones republicanas los que así lo deseen. Hacemos la advertencia de que el Gobierno Vasco, como tal, no tiene representación en los referidos organismos».

Un acuerdo restringido

Hasta 1939 habían llegado a Venezuela algunos exiliados vascos, en algunos casos gracias a gestiones de jesuitas residentes en el país. Entre éstos Ignacio de Rotaeche, ex-diputado a Cortes y presidente del Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional) de la Comunión Nacionalista Vasca (nombre que había adoptado el PNV entre 1916 y 1930). De ideas muy conservadoras, al estallar la guerra civil se mostró contrario a que el Nacionalismo Vasco apoyase a la República, exiliándose en 1936.

Primero en Francia, y más tarde en Venezuela, donde trabajó para el Ministerio de Obras Públicas. En la misma situación se encontraba Manuel Chalbaud Errazquin, hermano de un destacado miembro de la Compañía de Jesús que había sido rector de la Universidad de Deusto (Bilbao). Chalbaud se dedicará a la construcción.

También llega a Venezuela, en abril de 1938, el doctor José María Bengoa Eekanda. Durante el periodo republicano había sido dirigente de la Federación de Estudiantes Vascos en Valladolid. En 1936, poco antes del estallido de la guerra civil, obtiene la Licenciatura en Medicina por la Universidad de la citada ciudad castellana. En los primeros días de la guerra se alista como voluntario en un batallón nacionalista. Tras la formación del Gobierno Vasco se incorpora a la Sanidad Militar de Euzkadi, a las órdenes de Fernando Unzeta.

Sale para el exilio en 1937 y, como hemos señalado, llegaba a Venezuela ocho meses más tarde. En julio de 1938 es destinado por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social Venezolano al pueblo de Sanare (Estado Lara). Tras pasar por Trapo (Estado Sucre), fue nombrado jefe de Nutrición del citado Ministerio.

En esta etapa el doctor Bengoa crea los Comedores Escolares y los Comedores Populares, así como el Instituto Nacional de Nutrición, del que fue jefe de su dirección técnica (1945 -1950). De ahí es destinado al Departamento de Nutrición de la Organización Mundial de la Salud.

En la primavera de 1939 se produce un hecho importante. Arturo Uslar Pietri es nombrado director del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización, al que se incorpora como subdirector Simón Gonzalo Salas (31). Ante las demandas existentes y desde el convencimiento de que una inmigración vasca sería útil para el país, Uslar accede e, inmediatamente, inicia las gestiones.

Las negociaciones en París las llevan en un primer momento, por parte venezolana, el representante para Europa del Instituto de Inmigración, Eduardo Monsanto, y el ya citado Simón Gonzalo Salas. Por parte vasca lo harán el vicepresidente del Gobierno Vasco, Jesús María de Leizaola, y el director de Inmigración de éste último, Julio de Jauregui. Posteriormente y para acelerar la llegada de vascos a Venezuela, participan en las negociaciones Abel Cifuentes Espinetti y Carlos Enrique Aranguren, éste último había sido cónsul general de su país ante el Gobierno de la República española.

En el convenio se acuerda «la emigración de equipos de diferentes especialidades, mediante la aceptación de condiciones económicas excepcionalmente convenientes y con garantías que se obligan a cumplir ambos contratantes». Los exiliados salían de Francia con un contrato de trabajo por tiempo indeterminado.

El Gobierno venezolano les anticipaba los gastos de viaje e instalación, comprometiéndose los vascos a reintegrar el montante de esos gastos en un tiempo prudencial. Por otro lado, en los acuerdos constaba expresamente que los exiliados vascos no serían destinados a las colonias agrícolas del interior, en las que las condiciones de vida eran especialmente duras.

La puesta en marcha del convenio no estuvo exenta de dificultades. Por un lado, el cónsul venezolano en Burdeos, Guzmán, a quien los refugiados vascos llamaban «Guzmán el Malo», cometió tal número de arbitrariedades que fue sustituido por su Gobierno.

Este incidente hizo que muchos exiliados optasen por trasladarse a otros países (36). Por otro, algunos empresarios vascos que, como hemos visto, ya residían en el país, comienzan a contratar directamente a exiliados, al margen del Instituto de Inmigración. De esta forma se vulneraba el acuerdo. La intervención de las autoridades vascas y venezolanas pondría fin a dichas prácticas. Uslar Pietri puso como condición que los vascos trabajasen por lo menos un día en el puesto para el que se les había contratado. A partir de entonces tendrían plena libertad para hacer lo que quisiesen.

Otras dificultades tendrán carácter político. Algunas organizaciones políticas vascas, especialmente los sectores cercanos al Partido Comunista y el ala izquierda del Partido Socialista critican el carácter partidista de la emigración vasca a Venezuela. En sus ataques se distinguió el diputado socialista a Cortes por Guipúzcoa Miguel Amilibia (38). Este mismo problema, como veremos, se le presentará al delegado del Gobierno vasco en la República Dominicana, Eusebio María de Irujo (39). En ambos casos, el presidente Aguirre se vería obligado a precisar la participación de su Gobierno en dichas negociaciones.

Los Primeros Viajes

A principios del verano de 1939 concluían las negociaciones entre los nacionalistas vascos y el Gobierno venezolano. Al mismo tiempo comenzaba la selección de emigrantes. Tras firmar los contratos y recibir los visados el primer grupo iniciaba el viaje. A éste se suma un joven oficial de la Marina Mercante, Ricardo de Maguregui, exiliado en Francia desde la caída del norte peninsular en manos de los franquistas.

Durante algún tiempo había esperado un contrato para navegar en una compañía naviera filipina. En vista de que no recibe noticias de ésta decide ir a Venezuela. Era el único del grupo vasco que aún no había recibido el visado. Sin embargo, en el tren que le lleva a Le Havre para embarcar, Jesús Iraragorri, un médico contratado por el Gobierno venezolano, le entregaba una carta del Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional del PNV), nombrándole responsable de aquella expedición.

En dicha carta se decía: «El Partido Nacionalista Vasco desea que esta primera expedición de vascos a Venezuela lleve un buen orden, y a la vez necesita tener conocimiento de todas las incidencias de la misma, tanto durante el viaje como a la llegada a Venezuela y mientras van colocándose en los diferentes puestos nuestros compatriotas expedicionarios».

Para este fin delega el PNV en Ud. la representación provisionalmente en tanto se establezca allá una delegación definitiva para este grupo expedicionario»

El día 24 de junio 82 vascos -hombres, mujeres y niños- se concentraron en el puerto francés de Le Havre. Dedican la jornada a la revisión de pasaportes y visados. En la madrugada del día 25, el grupo, acompañado por Julio de Jauregui, Miguel José Garmendia, Otalora y el periodista José Olivares Larrondo «Tellagorri», oye Misa, oficiada por Monseñor Lemaire, que se había distinguido por su ayuda a los niños vascos refugiados en Francia. A las ocho de la mañana el grupo es trasladado al puerto de autobuses, embarcando una hora más tarde a bordo del paquebote Cuba, de la Compagnie Genérale Trasatlantique.

Ante la curiosidad de los demás pasajeros -entre quienes se encuentran un grupo de refugiados judíos- suena el txistu de Segundo de Achurra que interpreta el Agur Jaunak y el Himno Nacional vasco. Son momentos especialmente dramáticos. Entre los pasajeros hay algún herido de guerra. Muchos dejan en Francia mujer e hijos en vísperas de la otra guerra anunciada.

Tras hacer escala en Southampton, el 4 de julio de 1939, tocaban el primer puerto americano: Point de Pitre (Guadalupe). Desde allí, Maguregui escribe a la dirección del PNV detallando los pormenores del viaje hasta entonces. El día 29 de junio el grupo vasco celebra la festividad de San Pedro. No faltan la música y los bailes. Celebra la Misa Monseñor Víctor Sanabria, Obispo de Alajuela (Costa Rica). El prelado costarricense establece una relación de amistad con el grupo y, al llegar a La Guaira, le entregaría una carta de recomendación para el arzobispo de Caracas. Por otro lado, en su informe, Maguregui señalaba: «Observo que, a medida que nos acercamos a América, la gente se siente más preocupada, a pesar de todo, el ambiente general es de confianza y ánimo»

En las primeras horas del día 9 de julio de 1939, el Cuba atracaba en el puerto venezolano de La Guaira. A las 7 de la mañana, subía a bordo Arturo Uslar Pietri, acompañado de Antonio Arraiz, Roberto Álamo Ibarra y Vicente Fuentes. A las 9 de la mañana, Maguregui enviaba un telegrama a Villa Endara (sede del PNV), comunicando la llegada del grupo vasco a Venezuela.

Toda la prensa venezolana se hace eco de la llegada de los refugiados vascos. El diario Ahora dedicaba una página, con gran profusión de fotografías, a este evento. Destacaba que entre los recién llegados se encuentran médicos, ingenieros, contables, agricultores y obreros especializados.

El domingo 16 el grupo asiste en la parroquia de Santa Rosalía a una Misa cantada, oficiada por su párroco, el padre Tenreiro, amigo del canónigo Alberto Onaindía, asesor del presidente del Gobierno vasco con quien había estudiado en Roma.

A las once de la mañana, acompañados por Arturo Uslar Pietri y Simón Gonzalo Salas, los vascos hacen una ofrenda floral en el Panteón Nacional, donde se encuentran los restos de Simón Bolívar. Como se había acordado con las autoridades venezolanas, se canta el Agur Jaunak y el Himno venezolano.

Sin embargo, uno de los refugiados, Esturo, por iniciativa propia, pidió permiso a Uslar Pietri para interpretar el Euzko Abendaren Efeserkija (Himno Nacional Vasco). Lo que en apariencia no dejaba de ser un hecho anecdótico, dará lugar a una polémica política. La Esfera, un periódico muy reaccionario y pro-franquista, que mantenía una cruzada permanente contra todo lo que oliera a izquierda, publicó una información sumamente crítica, diciendo que se habían cantado «himnos comunistas» en el Panteón Nacional, en presencia de un alto funcionario del Gobierno y con su anuencia.

Por su parte, José Antonio Sangroniz, representante franquista en Venezuela, presentaría una nota de protesta. El asunto no tuvo mayor trascendencia porque el general López Contreras no le dio importancia. 

No obstante dicho incidente era un reflejo de la situación política de Venezuela en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

El día 28 de julio de 1939 salía, asimismo de Le Havre, el Flandre, con 139 refugiados vascos a bordo. Entre ellos Juan Olazabal Gómez, Interventor General de Hacienda del Gobierno vasco, que encabezaba la Delegación oficial del PNV. Como responsable del viaje venía Eusebio Barrióla Irigoyen, capitán del Batallón San Andrés (zapadores), perteneciente al sindicato nacionalista ELA-STV (Solidaridad de Trabajadores Vascos), condenado a muerte en Santoña y canjeado en 1938. Este viaje tuvo aspectos especialmente emotivos. En el citado puerto francés se reunían, después de casi tres años, padres con hijos de refugiados en Bélgica.

El tercer viaje de esas características es el del Bretagne, que salió de Burdeos con 53 refugiados a bordo, cuyo responsable era Francisco Elórtegui Gambe, capitán de la Naviera Sota y Aznar, que había sido comandante del bou armado Donostía. Elórtegui luchó en la batalla del cabo Machichaco y llegó a La Guaira el 26 de agosto.

Profesiones en sus distintas áreas y especialidades, en las cuales se destacaron los Vascos provenientes del exilio Vasco a Venezuela desde 1939 Siglo XX.

  • En el área de salud: Médicos, ginecobstetricia, pediatría, oftalmología, nutrición, cirugía, odontología, farmacia, enfermería
  • Área de la construcción: Arquitectura, delineantes, proyectista, construcción de obra, carpintería
  • Educación: Maestras y profesores de educación media y universitaria
  • Comercio: Ferretería, hostelería, restaurantes, pescadería, mercería, librería
  • Industria alimenticias, forjas y talleres de herrería, tipografías
  • Fábricas: Alimentos, metalmecánica, silenciadores
  • Industrial metalúrgico
  • Profesiones liberales: Contaduría, corredor de bolsa, agente bursátil, músicos, químicos, pintores y caricaturista
  • Abogacía, periodismo, publicidad
  • Agricultura y cría
  • Capitanes de la marina mercante
  • Sacerdocio: clero secular y misioneros
  • Periodista
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