453 Zenbakia 2008-09-19 / 2008-09-26

Artisautza

Ttakun - ttakun. Forja artesanal: Historia

AGUIRRE SORONDO, Antxon

Historia

En la ficha antes citada de Pedro Zapata contamos cómo fue San Martinico (o San Martín) quien robó a los Basajaun el secreto de la fabricación de la sierra, y la soldadura.

En la de Lanz hablamos del papel de los herreros en las tribus de África, en la mitología griega y romana, irlandesa, y cristiana.

En esta pequeña introducción histórica nos parece de obligado cumplimiento el dedicar unas líneas al papel que ha tenido Legazpia en la historia del hierro de Euskal Herria, no en vano, de Legazpia es nuestro artesano.

Será hacia el siglo VI a.C. cuando aparece la Edad del Hierro entre nosotros. Aquellas gentes con ayuda del mineral y la leña que tienen en la zona, en rústicos hornos de montaña fabrican la materia prima: el hierro, que luego transforman en útiles de labranza y armas para caza y defensa. Habían nacido las ferrerías de montaña o masuqueras (de baso-aukera, bosque elegido). Así lo acredita la carta-puebla dada a Segura el 18 de abril de 1290 por el rey Sancho IV desde Vitoria-Gasteiz, y que comprendía también a la gente de Legazpia:

E por les hacer más bien y más merced, tengo por bien que las ferrerías que son en Legazpia masuqueras, que están en yermo, e les hacen robos los malos homes e los robadores, que vengan más cerca de la villa de Segura e las pueblen porque sean más abondadas e más en salvo.

Algunos años después, en 1335, una Ordenanza de Segura —a la que estaba anexionada Legazpi— citaba el pago de impuestos a la producción de hierro en sus ferrerías, en este caso mencionando las masuqueras y las hidráulicas:

Por razón e manera que habemos ferrerías masuqueras e otras de mazo de agua e de omes nos e otros en Necaburu e en Legazpia e en otros lugares de que labran la vena de Necaburu e de Hayzpuru de Çamora e de Ocannu e de Barbaria.

No es extraño pues que a Legazpia, algunos le llamen el Valle del Hierro, y que en esta tierra se instalen empresas como la de Patricio Echeverría, y nazcan artistas cuyo oficio sea hacer hablar al hierro como el de nuestro caso Oscar Abad.