765 Zenbakia 2021-10-20 / 2021-11-23

KOSMOpolita

El tsunami pandémico

UGARTETXEA ARRIETA, Arantxa

La pertenencia de Maite Imaz (amiga de toda la vida y viuda de José Alcibar) a Ecuador además de a la Euskal Herria que le vio nacer, ha supuesto esta vez para mí contemplar más de cerca la situación de Guayaquil (Ecuador) durante la pandemia, dado que ella fue a visitar a uno de sus hijos que vive allí y estando en esas le atrapó el confinamiento. Volver a Donostia resultó ser más que una aventura.

Las situaciones vividas y contadas me llevan hoy día a comunicarme con su hijo al hilo de la pandemia como no podía ser de otra manera pero siempre con ese telón de fondo de la presencia y ausencia de los cuidados necesarios ante tan inesperada situación nacional y mundial. Los ecuatorianos se sienten desbordados por un tsunami de dimensiones gigantescas que afecta desde la situación personal y familiar hasta la social, desembocando en lo que se denomina supervivencia, necesitados y necesitadas de urgencias pedagógicas a todos los niveles.

Hoy he recibido, de José Alcibar Imaz, profesional de la comunicación y director de producción, varios videos informativos desde Guayaquil (Ecuador) en los que la palabra Prometeo se repite a modo de rosario una y otra vez, llamándome la atención un hecho fundamental que parecer ser que ocurre en esas tierras y es que las promesas del Gobierno son abundantes y su cumplimiento deja mucho que desear.

Arantxa: ¿Cómo te defines como profesional y por qué Prometeo?

José:

Soy comunicador audiovisual.

Anteriormente creamos otro documental en el que visualizamos una acción que ocurrió en esta ciudad en el 2004 con el nombre de “Chanchocracia”. Otro me llevó a la Antártida que consistió en materializar las investigaciones científicas ecuatorianas que se estaban haciendo allí e intentar explicar a los y las ecuatorianas porqué es importante la Antártida aunque vivamos en el trópico.

Prometeo es un emprendimiento embrionario y frágil sobre todo económicamente, estoy viendo a un recién nacido que está teniendo dificultades para seguir viviendo. Prometeo es el titán que le robó el fuego a Zeus y se lo entregó a los seres humanos,  un acto maravilloso porque el fuego es luz, la luz nos permite ver y este ver para mí es la inteligencia, ver más lejos ir más allá. Encontrar lo que no estás buscando o buscar lo que no existe. Esta idea nos gustó y creamos una marca con el efecto Prometeo.

Arantxa: He escuchado con atención y he visto los vídeos que me has mandado, todo me hace pensar que esto es vuestra respuesta real a la situación actual clarificando con espíritu crítico situaciones concretas, historia de país etc. Lo entiendo y creo que es una respuesta necesaria muy válida en estos momentos y siempre.

Lo que yo busco es más un diálogo fraternal o amistoso, llámale como quieras, entre tú y yo sobre lo que nos está ocurriendo. Sobre esa invasión de la pandemia en la que estamos inmersos. Sentimos una indignación, estamos en una situación de urgencia necesitados y necesitadas de auxilio. Creemos que hace falta una educación transformadora, más humanitaria,  de hecho estamos practicando en la medida de lo posible una prevención, alejando o protegiendo nuestro entorno, nuestras escuelas, nuestra gente, nuestra pareja, nuestros hijos y nuestros padres. Ahí están también las vacunas, los esfuerzos sanitarios y farmacéuticos, todo un refuerzo protector en marcha.

Para mí es verdadero lo que cada persona siente. Quiero si es posible algo del José vital, cercano, esa conversación entrañable que pueda ocurrir dentro de una sociedad tan maltratada, tan necesitada y tan querida para ti como son Ecuador además de Euskal Herria. Hablemos desde ahí desde lo entrañable, desde el dolor, desde la indignación, desde lo que consideramos que debería ser urgente, desde lo que vemos que está ocurriendo en la educación y desde cómo protegernos de este tsunami.

Soy pedagoga y estoy convencida de que todo se transforma para bien o para mal al actuar. En ese cómo actuar, después de haber recibido la información pertinente creo que está la madre de todas las batallas, cuando nos preguntamos y ¿ahora qué?, ¿cómo vivo?, ¿cómo es mi día a día?, ¿cómo proteger?, ¿cómo responder con urgencia?, ese cómo en la acción es la pedagogía. En vuestros vídeos está claro que pretendéis dar una información crítica y verdadera, tendéis hacia la certeza y la verdad, está muy claro, pero después de esto ¿qué? Cuando conocemos con más luz alguna cosa que hasta ese momento no tenía tanta claridad suele haber unas consecuencias. ¿Cuáles son las consecuencias de este tsunami en el que nos encontramos metidos pareciendo a veces que hasta hemos perdido el norte?

Todo lo que apuntáis es real pero ¿para qué contarlo?, para como dicen en Brasil ¿“vamos a dejarlo como está para ver cómo queda”? Las respuestas y las percepciones personales son fundamentales porque son las que provocan la real transformación, se empieza por ahí. La lucidez personal de un momento puede cambiar toda una vida. Este es el origen de la transformación que como consecuencia de una información puede ocurrir a posteriori, nunca me olvido cómo el escultor vasco Oteiza dijo en cierta ocasión: “El futuro está en el origen”, claro, en mi origen personal, en mi origen actual porque yo puedo ser el inicio o no de cualquier acontecimiento que ocurra en mi entorno en la cotidianeidad.  Esto es lo que procuro que ocurra con mi actitud en pedagogía, siendo crítica con mi propia mismidad en la que hay que corregir y aprender mucho todavía. Eso es lo que siento e intento entender desde la práctica cuando hablo de pedagogía.

José:

Buenos días desde Ecuador, qué lindos mensajes, voy a mandarte algunos audios para comentar cómo nos ha afectado la pandemia. Antes de nada quiero ponerte en antecedentes de cómo un país como este se enfrenta a una cosa tremenda, a un holocausto salvaje, como nos pasó en el 2016 en el terremoto de Pedernales que fue una brutalidad. Yo estuve allí  y no de turismo, agarré mi sidecar lo llené de medicamentos y me fui a entregarlos, también cogí mis guantes porque sabía que iba a desenterrar muertos.

La diferencia con esa catástrofe es que en aquel entonces la calle era amiga y la gente se podía abrazar. Ecuador es tierra volcánica y cuando sientes que viene un temblor, el instinto y lo que te han enseñado aquí a hacer es salir soplado a la calle porque la calle es amiga, es lo que te protege, el sitio para estar a salvo. Uno de los gestos es abrazarte a la gente, mi guarda y yo salimos a la calle y nos pusimos abrazados espalda contra espalda para que si yo veía que se caía un cable lo empujara y él recíprocamente hiciera lo mismo. El contacto humano, el contacto personal, la proximidad era positiva era amiga.

Y lo que nos ha pasado en este país en el que todavía se puede ser un ser humano, es que todo eso en esta ocasión no ha existido, la calle ya no es amiga, es peligrosa, es el sitio donde te puedes morir porque puede haber un virus que nadie lo entiende ni lo ve, un terremoto lo sientes un virus no lo ves. Esta es una crisis severa con unos anticuerpos diferentes. Salimos a la calle y nos contagiamos, tenemos que cambiar el chip. No se puede salir a la calle, no se puede abrazar a nadie, es todo muy difícil de procesar en una sociedad en la que se ha hecho todo al contrario. Esta es mi primera reflexión humana.

La segunda es la cuarentena, el país absolutamente cerrado. Mi madre había viajado desde Donostia y lo primero que hicimos Carla y yo fue protegerla mientras consiguió el pasaje de vuelta. La ciudad de Guayaquil fue una de las más castigadas por falta de recursos y pésima gestión de la respuesta a la situación, por un no Estado o proto-Estado en construcción con el amparo de Norteamérica. Si alguien se ponía enfermo nadie sabía si era gripe o covid. No teníamos la costumbre de llamar al 911, nos íbamos al hospital y los públicos estaban colapsados tocaba hacer fila y de nuevo abrazarte, ayudarte... El Estado de Ecuador no gasta ni el 2% en salud. La consecuencia era que las personas enfermas se ponían peor y se morían literalmente en la calle.

Se llegó a tal extremo que nadie se responsabilizaba. Guayaquil se llenó de cadáveres. Como ya se sabía que en la calle no había salvación la gente se empezó a morir en las casas y ahí empezaron a llamar al 911. La figura del forense legal que existía en el 2016 cuando el terremoto de Pedernales y funcionó en ocasiones hasta en medio de la nada, en el 2020 al recortar el Estado ciertos presupuestos, la consecuencia entre otras muchas cosas fue que la ciudad más grande del país, segunda más  densamente poblada, no tenía suficientes forenses legales para hacer levantamiento de cadáveres.

¿Entonces qué hacía la gente? Tener el cadáver en casa seis, siete, ocho días esperando. Eran tantas las personas y las historias incluso de gente de dinero que hubo personas que compraban fundas de hielo para instalar el cadáver en la bañera llena de hielo hasta que alguien viniera a hacerse cargo, o los mantenían muertos en el salón de la casa o se morían en el coche camino del hospital. Otros sacaban el cadáver a la calle con la consabida insalubridad absoluta en un país tropical de 35º a la sombra. Lo hacían porque al convertirse en un problema de circulación de los coches la respuesta era más rápida, pese a que tampoco había suficientes forenses legales para hacer levantamiento de cadáveres.

La policía nacional recogió hasta 400 cadáveres y a partir de ahí dejaron de contar, entonces  la gente al ver las pésimas condiciones en la que estaban quedando los cadáveres empezó a prenderles fuego para incinerarlos… cuando esto era imposible en la calle porque se necesitan temperaturas altísimas para convertir un cadáver en cenizas. Como dato creo que la capacidad de incineración de cadáveres en la ciudad de Guaquil no llegaba a ocho o diez cadáveres diarios. Esto es un auténtico problemón hasta el día de hoy porque hay cadáveres que no se sabe dónde están, se desconoce si han sido enterrados, incinerados o qué ha pasado.

Vivimos en un país hiper-centralizado, herencia del centralismo español, donde todos consumen del centro y el centro de todos. En Quito que es la capital no existieron las mismas condiciones, siempre las provincias salen perdiendo. 

Conseguir contarte todo este cúmulo de sensaciones creo que puede ser curativo para mí.

Arantxa: Tu exposición de la pandemia vivida en Guaquil rompe y quiebra todas las sensibilidades pedagógicas. Hay una profunda indignación por el abandono sufrido. La vivencia de la muerte como algo sin ningún tipo de decoro y dignidad pone al desnudo la falta de auxilios y protección de la ciudadanía, una cotidianeidad con carta de naturalidad en la que tampoco se protege la vida.

Me emociona la descripción de la capacidad sanadora del abrazo y el tacto, auténticos gestos pedagógicos. Saber vivir la calle como lugar de refugio y espacio de ayuda mutua es uno de los valores fundamentales a rescatar a día de hoy. Me conmueve toda tu narración haciéndome sentir privilegiada al escucharte porque para mí también este diálogo es muy terapéutico. Me abruma pensar cómo podemos naturalizar con tanta facilidad tanto maltrato social.

José:

Porque no se ve, porque no ves a un niño morirse, porque está invisibilizado. Cuando viene aquí un turista se folcloriza mucho. La gente no se lo imagina o prefiere no imaginárselo, y si a esto le añades que además es por nuestra propia culpa, cuando es una carencia y una cadena de herencias, es decir una situación de pos colonia. Estamos haciendo unos vídeos para el nueve de Agosto que supuestamente es el día del primer grito de independencia de América Latina que fue aquí en Quito en 1809 y estamos viendo aquí con un historiador que de grito de independencia nada. El estado español en la época estaba gobernado por franceses, por Pepe Botella concretamente, invadido por Napoleón y las colonias españolas lo que intentaron no fue independizarse de España sino oponerse a los ideales que traían los franceses que eran “libertad igualdad y fraternidad”. La  oligarquía aquí se levantó en armas ofreciendo su lealtad al rey Fernando VII (tenemos la carta) y esa gente fue la que se preservó. Se ha romantizado mucho con las independencias de Sudamérica. No fueron los cholos, los afros, los indígenas los que se independizaron, no fue el pueblo llano, fue la burguesía, la oligarquía, el que tenía la hacienda con 4.000 esclavos. No hay más que ver los grandes apellidos de este país, el problema es que esto no se quiere ver. Por eso entre otras cosas controlan los medios de comunicación.

Esta gente consiguió sobrevivir a la revolución francesa y a la revolución rusa a costa de Dios por delante (no estoy en contra de la fe de las personas y conozco la teología de liberación) cometiendo excesos de religión que no han tenido buenas consecuencias en este continente. Cuando se sale de las rutas turísticas se ve que no hay que ir a Burkina Faso para ver lo que ya está aquí. Estos países están mal construidos para que sean ingobernables para que cuando salga un Correa o un Lula le caigan encima los poderes judiciales a mansalva. Correa tiene un juicio que duró seis meses pero ¿Cuánto tiempo han tardado en juzgar a todos los corruptos del PP en España? Y al Chapo Guzmán se le ha tardado en juzgar dos años en Manhattan.

En los diez años de Correa la pobreza bajó, dicho por la O.N.U. por el Banco Mundial por el propio F.M.I. El milagro ecuatoriano le llamaban, subieron los sueldos y no es una cosa subjetiva que no se pudiera medir de forma cuantitativa, se consiguió que uno de cada cinco ecuatorianos fuera pobre, el 20% que sigue siendo una cifra alucinante y que no era para que todo el mundo estuviera feliz y tirando cohetes. Estas cifras son inimaginables en Euskal Herria. Ahora hemos vuelto a tener cifras de antes de Correa, treinta y tantos por ciento de la población es pobre. La idea es que con unos gobiernos que promueven más el bienestar social cobrando impuestos y consiguiendo una mejor redistribución de la riqueza, se consiguió generar más riqueza.

Actualmente la situación es que nos están persiguiendo a los que hemos estado o estamos apoyando a esta postura política más progresista, que llaman socialismo del siglo XXI. No nos dejan acercarnos a nada que tenga un ápice de poder cuando hemos llevado el nombre de este país afuera con premios internacionales (es mi caso) y se han hecho cosas que han sido buenas pero parece que todo eso no vale. En este continente la palabra socialismo aterra, aun cuando es una palabra derivada de social. Los países de Europa del norte son socialistas pero no quiere decir que no tengan monarquías, son sociales, de la sociedad, se preocupan de que vivan mejor sus ciudadanos. El funcionamiento del Estado es un funcionamiento social. Aquí en los países de la órbita norteamericana ser socialista es imaginarte un tío barbón con traje gris muy feo, con una gorra, tres tallas mayor que la cabeza, y con una estrella roja en la mitad de la gorra, que entre otras cosas te quiere quitar tu casa para quedársela él… La palabra socialismo se ha conseguido posicionar de una manera muy mala en esta parte del mundo.

De todas maneras y basándome en los datos de las últimas elecciones, un tercio del país está con Correa aunque él vive hace cinco años fuera del país y del poder y sin partido político. Nos están castigando desde hace cuatro años, a esta persecución le llaman “descorreizar el país” y las consecuencias están siendo nefastas no sólo porque no podemos trabajar y no hablo sólo  de mí sino que hay gente muy capaz que por méritos personales debería estar haciendo cosas para el Estado, pero como el Estado se confunde con el Gobierno no existe esa tecnificación que por ejemplo tenemos en Euskal Herria. Existe gente con maestrías, técnicos profesionales que están manejando taxis porque están “descorreizando” el Estado ecuatoriano.

Arantxa: Qué tristeza saber que la capacidad humana ecuatoriana está tan castrada e infravalorada y tan ninguneada. Todo lo que me comunicas habla de supervivencia, resulta todo muy experimental, un sálvese quien pueda sabiendo que generalmente se salvan siempre los del mismo sector… Se evidencia la necesidad de una pedagogía social de urgencia.

José:

Las ausencias del estado representan en una sociedad como ésta la no diferenciación de lo que es Estado y lo que es Gobierno, la permeabilización de las políticas en el Estado y cómo esto se lleva a la práctica. Es muy fácil que por decreto un gobierno diga “quédate en casa” en tiempos de pandemia pero esto ¿cómo se vive desde casa?, ¿cómo se sobrevive? en un país en el que 60%70% no son trabajadores formales muchos de los cuales no tienen seguro social. Aquí no existe medicina universal. Estas ausencias del estado repercuten en la ciudadanía, no en la capital que es donde está todo el funcionariado público y existe trabajo estable, me refiero concretamente a la periferia. Quedándonos en casa cómo vamos a pagar los gastos, como vamos a comer… es un sin vivir. Quedarnos en casa con todo el aparato policial  reprimiendo en la calle, como ocurrió aquí, con la coletilla que lo acompañaba, “es por tu bien”, puede resultar insufrible.

La diferencia entre ricos y pobres ha aumentado de manera desmesurada y preocupante. Todo esto repercute directamente en la educación. No existen en la actualidad estudios sobre la deserción estudiantil. No se han restablecido las clases presenciales, todo tiene que ser por internet pero cómo haces con el 50% de la población que no tiene acceso a internet en sus casas y que son las familias más numerosas porque entre otras cosas no existe una educación sexual y reproductiva. Barrios enteros en los que no se mide la deserción estudiantil como consecuencia de que no tienen condiciones materiales. Están exigiendo a la parte más vulnerable el poder ir a buscarse la vida culpabilizándolos de que no se cuidan. Teniendo en cuenta además que la pandemia no trae más Estado sino que sigue su ausencia. En la actualidad estaremos vacunados el 3% de la población.

“Quédate tú en mi casa” es la respuesta de una mayoría de la gente cuando se le dice “quédate en casa” porque el simple hecho de salir a trabajar te libera del único cuarto que hay  en tu casa. La pandemia no sólo se ha convertido en un problema mayor con el miedo y el desconocimiento, con la sensación de oscurantismo… sino que ha sido un doble castigo. Los dueños de la riqueza mantienen este país en la pobreza mientras ellos son extremadamente ricos. Ya le gustaría a Euskal Herria tener una décima parte de lo que tiene Ecuador en cuanto a recursos naturales, minerales, pesqueros, agrícolas, porque esto es un vergel. A Guayas, donde yo vivo, le llaman el granero de Sudamérica por su tierra benévola. Son tierras ricas pero no prósperas porque las oligarquías se han encargado de no saber diferenciar en la práctica lo que es el Estado y lo que es Gobierno. El Estado es el barco y el Gobierno es el capitán, pero aquí el capitán es el barco.

Arantxa: Me horroriza pensar cómo podemos naturalizar con tanta facilidad tanto maltrato. Es todo muy difícil de digerir incluso desde la distancia. Con una educación popular quebrada los privilegiados deberemos ser más que nunca, buenos padres, buenas madres, buenos hermanos y buenos amigos pedagógicos acogiéndoles y escuchando con atención su decir para así poder actuar mejor. Son personas que saben mucho de supervivencia, auténticos diplomas de honor y nos toca aprender de su  sabiduría. En este momento siento que la dedicatoria de Paulo Freire en “pedagogía del oprimido” lo dice todo:

“A los desharrapados del mundo y a quienes, descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”

José:

Querida Arantxa, gracias de verdad, esto está siendo muy bueno y sano y si encima sirve para que ayudemos a que alguien, allá en el primer mundo se pueda llegar a medio imaginar la situación que vivimos, pues esto es muy bueno.

Arantxa:

Me siento muy gratamente conmovida.

Gracias a ti por tu generosidad receptiva tan bien explicitada.

Milesker zuri Jose eta besarkada bero bat.


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