760 Zenbakia 2021-04-21 / 2021-05-19

Gaiak

Leonardo Moyúa Alzaga, “Leo de Silka” (1856-1920)

DÍAZ MORLÁN, Isabel

Hace poco más de un siglo, el 2 de enero de 1920, murió en San Sebastián, a la edad de 63 años, Leonardo Moyúa Alzaga, VII Marqués de Rocaverde. Había sido un destacado pianista, un incansable promotor cultural y benefactor, profesor, alcalde y diputado, y prácticamente toda esta actividad la había desarrollado en el entorno de su Donostia natal. Nació efectivamente en San Sebastián, el 2 de septiembre de 1856, pocos años antes de que la ciudad derribara definitivamente las murallas que la aprisionaban contra el monte Urgull, y comenzara su expansión por el ensanche. Precisamente uno de los artífices de esta expansión fue su padre, Juan Manuel Moyúa Adarraga, VI Marqués de Rocaverde (1820-1902), con lo que es seguro que el joven Leonardo vivió muy de cerca la ilusión por modernizar una ciudad que acabó brillando como destino veraniego privilegiado. Lo cierto es que este objetivo le impulsó toda su vida.

Tras unos años de formación privada, artística y musical, fue a estudiar piano al Real Conservatorio de Música de Madrid (entonces Escuela Nacional de Música) con el profesor Manuel Mendizábal (1817-1896). Tras cursar dos años en uno, obtuvo un primer premio en 1880. A partir de entonces y hasta el final de su vida apareció frecuentemente en público tocando el piano, sobre todo en San Sebastián, pero también en Madrid y otras ciudades españolas, e incluso en París y en Londres. Nunca cobró por sus conciertos, muchos de los cuales tenían un carácter benéfico. Empezó a ser conocido como Leo da Silka, después Leo de Silka, nombre artístico que recogía, leído de derecha a izquierda, el de su madre Casilda Alzaga Emparan (1825-1906). Puede considerarse un punto de partida de su carrera artística el concierto a dos pianos con Isaac Albéniz en el verano de 1889, en el Real Casino de San Sebastián, que había sido recientemente inaugurado. Enseguida vendrían múltiples actuaciones en diversos escenarios públicos y privados, entre los cuales destacan las invitaciones periódicas al Palacio de Ayete, luego al de Miramar, para tocar ante la Familia Real en la temporada veraniega, al igual que lo harían el propio Albéniz o Sarasate.

Retrato al óleo de Leonardo Moyúa pintado por Ignacio Ugarte Bereciarte,
expuesto en la sede de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en San Sebastián.

Otras inquietudes, siempre dentro del ámbito de lo cultural, vinieron a sumarse a esta intensa carrera musical del “ilustre aficionado”, como lo llamaba la prensa del momento. A partir de 1890 fue embarcándose en la fundación de diversas sociedades e instituciones, como la Sociedad Euskal Batzarre (1892), la Sociedad Anónima Easo y Sociedad de Bellas Artes (1895), el Palacio-Teatro de Bellas Artes (1895), la Academia de Música (1897), y finalmente en la re-fundación de la Sociedad Económica Vascongada de Amigos del País (1899), actualmente Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, o La Bascongada, como popularmente se la conoce. Cada una de estas fundaciones generó un sinfín de actividades culturales, como las temporadas regulares de conciertos en el Bellas Artes, en las cuales el propio Leo de Silka tocó el piano con frecuencia, a menudo acompañado de otros músicos locales, como el violonchelista Alfredo Larrocha. Colaboró en la formación de músicos en la Academia, entre ellos, un jovencísimo José Mª Usandizaga, y en la creación de exposiciones artísticas que después dieron lugar a la fundación de museos que hoy subsisten, como el Museo Histórico, hoy Museo San Telmo,  o el Museo del Mar, hoy Aquarium-Palacio del Mar. Leonardo Moyúa no se limitó a impulsar estos proyectos como un socio más, o a contribuir como pianista, director de agrupaciones o profesor, sino que además asumió continuamente diversos cargos de responsabilidad, desde el de tesorero al de presidente.

No satisfecho con esto, se animó a dar un paso más en servicio de su “querida Donostiya” embarcándose en la carrera política. Empezó como diputado regional por la circunscripción de Irún (1891-1894), después fue concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, y alcalde durante cuatro años (1905 a 1909), y terminó como diputado de las Cortes en Madrid, por el Partido Liberal (1914-1918). A lo largo de todos estos años le fueron concedidas numerosas condecoraciones y honores, algunas tan relevantes como la Orden de Caballero de Calatrava, pero sobre todo logró impulsar, muy especialmente en su etapa como alcalde donostiarra, proyectos de mejora de la vida ciudadana, como la construcción del quiosco de música del Boulevard, la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios, o la recuperación de la Banda Municipal.

La vida familiar de Leonardo Moyúa se desarrolló en estrecha relación con sus padres y sus dos hermanas, en el nº20 de la calle 31 de Agosto del casco viejo donostiarra. El inmueble, propiedad de su madre, era conocido como “casa Lopeola”, y había sido testigo de importantes sucesos históricos de la ciudad, desde las reuniones de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, hasta el pavoroso incendio de 1813, del que milagrosamente salió indemne. En 1897 Leonardo se casó con Olivia Revuelto Quiñones, y la pareja abandonó la parte vieja para vivir en un piso del ensanche, hasta que en 1907 se instalaron en un chalet que construyeron en las faldas del monte Ulía, en el barrio de Ategorrieta, y al que llamaron Villa Lago-Olivia. La casa, hoy desaparecida, contaba con un gran jardín en el que instalaron un lago artificial, y fue, a lo largo de los años en los que pudieron disfrutarla, el centro de numerosas fiestas en las que la música siempre estuvo presente. Fue en esta villa donde murió Leo de Silka, dos semanas después de haber tocado en público por última vez en un concierto benéfico en el Teatro Price de Madrid.

Portada del libro de Isabel Díaz Morlán, Leo de Silka, marqués de Rocaverde (1856-1920). El alcalde artista.
Bilbao: UPV/EHU; Donostia: Musikene; Errenteria: Eresbil, 2020.

Cuando inicié la investigación sobre Leonardo Moyúa, no imaginaba que iba a sumergirme tan intensamente en la historia de la ciudad que le vio nacer y morir. Su vida fue dejando multitud de huellas que han perdurado, aunque otras se hayan perdido. El retrato final, recogido en el libro que acaba de publicarse[1], nos revela a un músico dotado que tocó siempre desinteresadamente en cuantas ocasiones se le requirió, pero también a un aristócrata con una intensa vida social muy ligada a los veraneos de la Familia Real, un representante público que llegó a ser elegido alcalde de su ciudad, y un incansable impulsor de conciertos, profesor, y cofundador de diversas sociedades culturales. Al recordar hoy a este personaje singular, que tanto trabajó para el progreso de San Sebastián, la ciudad recupera parte de lo mejor de su memoria.


[*] Foto inicio: Leonardo Moyúa tocando en un piano Érard. Fuente: Archivo y Biblioteca del Conservatorio Francisco Escudero, Fondo de reserva.

[1] Díaz Morlán, I. (2020). Leo de Silka, marqués de Rocaverde (1856-1920). El alcalde artista. Bilbao: Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibestsitatea; Donostia: Musikene; Errenteria: Eresbil.


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