
Gaiak
Los vascos bienpensantes y la muerte de Pancho Villa (20 de julio de 1923)
La revolución mexicana ha constituido, durante el último siglo, una fuente casi constante de inspiración y de curiosidad fuera de ese país. Se diría, incluso, que estos cien años han servido para fascinar al mundo entero con lo ocurrido en México más que al propio país en el que se desarrollan esos acontecimientos y que, finalmente, será quien los viva, con sus errores y aciertos, desde 1910 en adelante.
El Cine estadounidense parece haber sido el más afectado por esa fascinación hacia los acontecimientos conocidos como “revolución mexicana”. Desde películas de los años 30 como “¡Viva Villa!” hasta una aparición casi sistemática en muchos “Western” que pasan por títulos más o menos conocidos como “Villa Cabalga”, “Grupo Salvaje” o “¡Agáchate, maldito!”.
La Literatura norteamericana, por supuesto, tampoco ha permanecido ajena al fenómeno y en ella aparece y reaparece, como leitmotiv recurrente, la cuestión de la revolución mexicana. En algunos casos de manera verdaderamente original. Caso de novelas muy recientes como “El banquete celestial” o en otras algo menos próximas en el tiempo, como el “Ragtime” de E. L. Doctorow, pero donde la cuestión era tratada de la magistral manera habitual en aquel autor.
Evidentemente esa prolongada fascinación por aquellos hechos suscita, en el campo de la Historia, la reflexión de si los contemporáneos de esa revolución mexicana la encontraron tan fascinante o, vista en la proximidad, en la realidad de un periódico y no en la ficción de una novela o una pantalla de Cine, tenían otra clase de opinión (o incluso de sentimientos) ante esos hechos históricos.
El centenario de la muerte de José Doroteo Arango Arámbula (más conocido por su apodo de Pancho Villa), uno de los generales más célebres -y controvertidos- de aquella revolución, parece una buena ocasión para una aproximación, siquiera somera, a esa pregunta histórica.

Pancho Villa (1877-1923), general revolucionario mexicano.
Por ejemplo empezando por plantearnos descubrir, a través de la Prensa vasca del momento, cómo se recibió en ella y sus lectores la noticia de la muerte de Villa ocurrida un 20 de julio de 1923.
Podemos incluso afinar algo más esa búsqueda buscando la respuesta a esa pregunta en un sector determinado de la opinión pública vasca del momento. Concretamente el de una burguesía radicada en una ciudad burguesa por antonomasia como San Sebastián y, además, ligada, dicha burguesía, a ideas netamente contrarrevolucionarias y ultraconservadoras, que son las que se deben suponer en lectores de Prensa de carácter integrista como “La Constancia”.
¿Cuál era, pues, la opinión de ese sector de la respetable burguesía vasca de ideas ultrarreaccionarias manifestado en órganos de Prensa como esos, afines a esa parte de la opinión pública?
Para empezar el número de “La Constancia” del 20 de julio, fecha en la que Villa será tiroteado, hasta la muerte, en Hidalgo del Parral, no tiene noticia alguna del hecho que pudiera haber sido enviada por sus corresponsales mediante, por ejemplo, un telegrama. Como solía ser ya habitual para la fecha en la que, desde la “Gran Guerra”, e incluso antes, las noticias se recibían prácticamente en tiempo real en redacciones como las de “La Constancia”. Así, ese 20 de julio de 1923, la cabecera integrista parece centrada en cuestiones sin mayor relevancia, orbitando en torno a sus habituales obsesiones políticas y sin demasiado horizonte internacional. Algo también característico de este periódico. La única mención de ese estilo en ese número de 20 de julio de 1923, es un anuncio en su cuarta y última página ponderando la biografía de García Moreno, antiguo presidente de Ecuador afín a las ideas integristas de ese periódico y traducida en su día, del francés original, por el ilustre Francisco Navarro Villoslada…
La tónica no varía el 21 de julio, pese a que la noticia ya había sido publicada en México y en Madrid para ese día. El 22 de julio aparecen, en la tercera página de esa edición, noticias internacionales de cierto fuste. Por ejemplo sobre los disturbios antisemitas en la ciudad de Breslavia (entonces todavía perteneciente a Alemania), pero nada sobre México. La siguiente edición, del martes 24 de julio, recoge también en la tercera página noticias internacionales. Y esta vez aluden a Sudamérica, aunque a una zona bastante alejada de México. En este caso se trataba de lo que el periódico integrista calificaba como “revolución” en Paraguay.
Por lo demás, sobre revolucionarios más o menos famosos “La Constancia” de ese día sólo aludía al general Garibaldi (previsiblemente Ricciotti Garibaldi, uno de los hijos del célebre Giuseppe) que había pedido su ingreso en las filas del Fascismo italiano…
Asombrosamente en la edición del domingo 29 de julio era noticia, en primera plana, una muerte en México que el diario integrista calificaba de “triste”, pero no se trataba, desde luego, de la de Pancho Villa sino de la del cónsul español en Tampico: el abogado urnietarra Francisco Javier Belaunzarán. Noticia sobre la que, por cierto, se insistirá, en la segunda página de la edición de 1 de agosto de 1923, volviendo a recogerse testimonios por el dolor de la muerte de este joven de Urnieta sirviendo en el cuerpo diplomático español en México… En la tercera llegaban otras noticias de México, pero relativas a un sabotaje de un cargamento de petróleo preparado para la exportación, pasando la muerte de Pancho Villa enteramente desapercibida ya incluso más de diez después de que la noticia fuera publicada por la Prensa mexicana.

Portada del periódico “La Constancia”.
En definitiva parece ser que para un medio “ultra” como “La Constancia” Doroteo Arango, Pancho Villa, era agua pasada, alguien a quien había que prestar mucha menos atención que a los sucesos en la atenazada república de Weimar en Alemania, a la Italia de Mussolini o a la muerte por infarto del presidente estadounidense Harding…
Un no-acontecimiento que sin embargo nos revela un interesante dato histórico: para la derecha extrema vasca de 1923 la revolución mexicana de 1910, encarnada en figuras como la de Pancho Villa, no era un tema relevante que mereciera una portada, una primera plana, a las pocas horas de haberse producido el hecho...
Y es que tal y como bien señalaba Jacques Le Goff, los silencios en Historia a veces son tan reveladores por lo que callan, por lo que olvidan, como páginas y más páginas de testimonios escritos.
Más aún si tenemos en cuenta que los rivales periodísticos y políticos de “La Constancia”, es decir el diario republicano “La Voz de Guipúzcoa”, sí publicaba esa noticia al menos en un pequeño recuadro destacado en la página 13 de la edición de 21 de julio de 1923, acusando recibo de la información que se les había pasado por teléfono sobre el que calificaban de asesinato del general Pancho Villa.
Sin duda todo un curioso corolario sobre cómo una parte de la opinión pública vasca había vivido, o querido vivir y recordar (o más bien olvidar), aquel hecho histórico que, en cierto modo, implicaba el cierre de la revolución mexicana iniciada en 1910...

