543 Zenbakia 2010-07-30 / 2010-09-03

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Gaiak: La otra Nueva York

GONZALO-BILBAO, Noemi



Nueva York es la ciudad de las películas. Es aquí donde Harry encontró a Sally, la ciudad que vio nacer a Spiderman y el territorio dominado por los secuaces del padrino. Es por esta ciudad y por estrellas como Robert De Niro o Sarah Jessica Parker por lo que sabemos cómo se dicen palabras como taxista (taxi driver), o la razón por la que antes de llegar a Manhattan ya conocemos las mejores boutiques de la gran manzana. Fotografía: Noemí Gonzalo Bilbao

No obstante, aún quedan muchos rincones no tan populares que las películas o series de televisión más famosas no muestran. Todo turista que como tal se precie, ha de ver los grandes y emblemáticos edificios y lugares que esta ciudad alberga: el Empire State, el Crysler, la biblioteca pública, Central Park, la estación central, Washington Square, el edificio de las Naciones Unidas, el puente de Brooklyn, Wall Street, etc.

No obstante, hay turistas a los que les sobra algo de tiempo o aquellos que han venido a Nueva York más de una vez y quieren experimentar la ciudad un poco más de cerca, un poco más como lo hacemos quienes vivimos en ella. Para ellos, hay ciertos sitios que se escapan de las guías turísticas convencionales, que nombraremos a continuación.

Williamsburg. Situado en la zona más occidental de Brooklyn, a tan sólo 3 minutos en metro de Manhattan, este barrio es una de las principales zonas que marcan tendencias. En ella, viven muchas comunidades distintas, entre las que destacan la italiana, dominicana, boricua y la judía jasídica, ésta última en la parte sur. Williamsburg. Fotografía: Angellote

El barrio es un imán para gente joven deseosa de vivir la “aventura neoyorkina”, habitar en un loft que anteriormente era fábrica de ropa o un almacén, asistir a un concierto dentro de una antigua piscina para disfrutar de esa “acústica especial” y sentirse dentro de una película alternativa. Es asimismo un hervidero de las nuevas tendencias en la cultura indie rock y hipster, cuyo centro es la Avenida Bedford, la cual cobra vida durante los fines de semana, especialmente en la época veraniega.

Una de las características que más sorprende a quienes no viven en Nueva York es la facilidad con la que las distintas zonas cambian en tan sólo 300 metros. En este sentido, Williamsburg no es una excepción. La parte norte de Williamsburg es ese centro urbano alternativo de “nuevos hippies”, mientras que la zona sur dominada por la comunidad judía jasídica, es un área controlada por tradiciones ultra–ortodoxas. Ambas zonas, distan tan sólo unas ocho manzanas; no obstante el turista puede tener la sensación de que se encuentra en otra ciudad totalmente distinta. Tras caminar díez minutos se pasa de la minifalda a la mayor austeridad imaginable en lo que a la vestimenta se refiere. Entre semana, los hombres suelen vestir sacos largos de colores negro, y sombreros de un negro claro o desteñido que dejan ver los tirabuzones laterales que enmarcan sus caras. No obstante, en Shabat (sábado) llevan sacos negros de seda, los conocidos bekishes y los hombres casados usan sombreros de piel llamado shtraimel. Por ello, es más interesante que el turista que se desplace a esta zona, lo haga en un sábado de verano, para así experimentar ese gran cambio que supone pasar del foco de la vida alternativa neoyorkina, al centro del judaísmo jasídico más tradicional. Así, el visitante vivirá de primera mano esta “ciudad de los contrastes”. El bar más antiguo de Nueva York. Fotografía: flickr4jazz

Mc Sorley’s Old Ale House. Este bar ha sido un lugar de encuentro, el objeto de ensayos literarios e incluso motivo de controversia en la Corte Suprema. Se trata del bar más antiguo de la ciudad de Nueva York (el que más tiempo lleva abierto de forma continuada). Se estableció en 1854 y personajes tan diversos como Abe Lincoln o John Lennon han traspasado sus puertas para tomarse una cerveza. Es éste un lugar emblemático incluso en la historia de la lucha por la igualdad entre los hombres y mujeres. Faith Seidenberg y Karen DeCrow tuvieron que llevar su caso a la Corte Suprema para poder entrar a este establecimiento: fue hace tan sólo 40 años, el 1970, cuando las mujeres pudieron acceder a Mc Sorley’s Old Ale House.

Burlesque Shows. Nueva York vive actualmente un resurgimiento de los espectáculos de Burlesque, un entretenimiento teatral humorístico que incluye desde parodias, hasta exageraciones grotescas y striptease, todo ello en un ambiente que imita al de principios del siglo XX. Por lo general, el público que acude a estos espectáculos son jóvenes adultos del mundo de las arte; un submundo algo extraño para muchos turistas, pero comúnmente aceptado y normalizado en la escena nocturna neoyorkina. Estos espectáculos pueden ser muy diversos entre sí; varían tanto en su contenido como en el precio de sus entradas (desde 10 dólares hasta 200 dólares por ganar acceso al local donde se ofrece). Uno de los lugares más cotizados actualmente es “THE BOX”, que ofrece un teatro de variedades cuya entrada no es tan fácil de conseguir.

Jazz. La gran manzana es uno de los lugares favoritos para los amantes del jazz. La ciudad cuenta con muchos centros de reunión, bares, teatros, etc. donde el visitante puede disfrutar de un trago mientras se deleita con las melodías en directo de los jazzistas. Entre los lugares más conocidos y al alcance de muchos bolsillos, se encuentran los siguientes: Blue Note Jazz Club, Birdland Jazz Club, Jazz Standard, Jazz at Lincoln Center, Smalls Jazz Club, Zinc Bar y Fat Cat, entre muchos otros. Ex– paciente del hospital de muñecas. Fotografía: gailf548

El hospital de muñecas. ¿Dónde, si no en Nueva York, se puede encontrar un hospital de muñecas? Este local está muy lejos de ser una atracción turística, no obstante no deja de ser un curioso lugar para los amantes de los juguetes. Desde 1900, la familia Irving ha restaurado y vendido osos de peluches y muñecas. Es un hospital donde los riesgos en la mesa de operaciones son muy bajos y donde, sobre todo, se repara la ilusión de muchos adultos que llevan hasta allá su juguete de la infancia para darle una segunda oportunidad. Situado en 787 Lexington Ave, este lugar merece una visita de 5 minutos para que el turista mantenga la ilusión de que aún hay sitios con encanto como éste.

Cotton Club. Muchos no saben de qué conocen este nombre; la razón por la que aparece en las películas y se menciona en los libros, si existe de verdad o si es una ficción. El Cotton Club existe y tiene una historia muy peculiar, digna de Hollywood y ligada a la historia de la ciudad que le vio nacer. Se trata de un club nocturno situado en Harlem, que ganó su fama durante los años de la Ley Seca puesto que siguió operado durante esos años casi sin problema alguno. Asimismo era muy conocido por su música jazz, interpretada por los mejores artistas afroamericanos de la época. Curiosamente, a pesar de que los protagonistas de los espectáculos eran intérpretes negros, los ciudadanos de color tenían la entrada prohibida al Cotton Club. Jack Johnson, un campeón de boxeo abrió este club en 1920 bajo el nombre “Club De Luxe”. No obstante, tres años más tarde Owney Madden, traficante de alcohol y famoso gangster de Manhattan, se hizo con el club mientras se encontraba preso en la cárcel de alta seguridad Sing Sing. Madden fue quien le dio el nombre de “Cotton Club”. Así continuó la truculenta historia de este club durante muchos años hasta conventirse en lo que es hoy día, un club relativamente tranquilo que ofrece distintos espectáculos, entre los que destacan los brunch (desayuno–comida) durante los fines de semana, donde los visitantes pueden almorzar mientras escuchan un show de góspel.