Los nacionalismos institucional e independentista ante la aprobación del Estatuto de Gernika Los nacionalismos institucional e independentista ante la aprobación del Estatuto de Gernika * Traducción al español del original en euskera Arantza Gutiérrez Al cumplirse el vigésimo aniversario de la aprobación del Estatuto de Gernika, el nacionalismo vasco ha rehusado al ámbito político determinado por la ley autonómica y está dando nuevos pasos para desarrollar su soberanía, tal como se ha podido constatar en la reunión de los municipios vascos. Tal como deduzco en la tesis doctoral que defendí en EHU UPV en abril de 1998, en las dialécticas publicadas en los diarios en torno al Estatuto a través de los artículos de opinión se mostraba con claridad la postura del nacionalismo independentista en contra del ámbito jurídico político que establecían la Constitución y el propio Estatuto, mientras que el nacionalismo institucional o moderado se posicionaba a favor de la viabilidad y pragmatismo del proyecto autonómico. Desde el punto de vista de la izquierda abertzale se defendió la idea de la independencia, principalmente en la campaña de referéndum del Estatuto de Gernika, apoyó la alternativa KAS y se mostró a favor del proyecto que fundía la independencia y el socialismo. En el discurso del nacionalismo institucional, sin embargo, la independencia se presentó como un objetivo utópico, y en su lugar se promovió el proceso autonómico a modo de opción real, basándose en la viabilidad del proyecto y mostrando argumentos pragmáticos: a pesar de que la autonomía que se ofrecía era mínima, había que aceptarla, puesto que se corría el peligro de no alcanzar nada ni independencia, ni autonomía, ni autogobierno . Cada uno de los discursos nacionalistas interpretó la existencia de Euskal Herria de distinto modo: mientras los independentistas entendían Euskal Herria como una realidad, en los discursos del nacionalismo institucional Euskadi se presentaba como un proyecto aún sin realizar.Es decir, que a pesar de que desde la izquierda abertzale Euskal Herria no formara un estado, sí era nación. En ese sentido, el Estatuto no ofrecía nada nuevo; es más, podía incluso constituir un límite para el completo desarrollo de la nacionalidad. Los moderados, por contra, impulsaron el Estatuto la vía institucional , presentándolo como el único camino para construir la nación vasca. Asimismo, la reivindicación de Navarra tenía para los independentistas un sentido político más importante que la mera reclamación territorial. Al tiempo que el Estatuto preveía una comunidad autónoma formada por tres provincias, los nacionalistas reivindicaban la plenitud de la nación vasca. De todos modos, desde el discurso del nacionalismo sociológico o institucional el procedimiento especial recogido en la Constitución para Navarra y el hecho de que el propio Estatuto estableciera una posibilidad para que el pueblo navarro se anexionara en un futuro, se consideraban condiciones suficientes para expresar su adhesión a la ley autonómica. Sin embargo, para los independentistas la Constitución denegaba la autodeterminación de las naciones del estado, y el Estatuto que preveía una comunidad autónoma sin Navarra negaba la nacionalidad vasca. En tal sentido, la reivindicación de Navarra, más que administrativa, era política. Junto con el argumento de la viabilidad, los partidos que se mostraban a favor de las instituciones se sirvieron del de la legitimidad de las cifras o cuantías. Con tal motivo, los partidarios de la autonomía subrayaron la necesidad de vencer "por goleada" para legitimar el Estatuto, siendo el número de votos lo que condicionaba la legitimidad del proyecto autonómico y por tanto, también su validez y viabilidad . Por eso, en muchos artículos simpatizantes con el Estatuto se hacía un llamamiento al voto, para que la ley autonómica obtuviera el mayor consenso posible. Se mostraron temerosos de perder el referéndum, ya que dejaría el Estatuto sin legitimación, o, realizandootro tipo de lectura, desde el discurso institucional y a falta de otros argumentos el razonamiento de los números resultaba imprescindible para reflejar la magnamidad del proceso autonómico. De todos modos, los moderados vaticinaron el fracaso de la ley autonómica y atribuyeron esa responsabilidad a la falta de voluntad de las autoridades del Estado para impulsar el desarrollo autonómico. Así, en el discurso de los institucionalistas implícitamente se aprobó lo siguiente: la utilidad del Estatuto podía estar en manos de las autoridades del Estado, y, si éstos quisieran, podría quedar sin contenido político alguno. El discurso del nacionalismo independentista, sin embargo, no concedía demasiada importancia a los números, las cuantías, sino a la conciencia del Pueblo y a la voluntad de constituir una nación. Para la izquierda abertzale Euskal Herria era el sujeto político del proceso político, el sujeto activo de la soberanía nacional, y no un mero conjunto de personas que habitaba un determinado lugar. Dentro de ese proceso político yacían la reivindicación de la amnistía o el movimiento a favor del euskara como expresión del proceso político de libertad nacional y social; por tanto, en la base de la nación vasca subsistía la dimensión militante desarrollada a través de los movimientos sociales por el pueblo vasco, el sujeto político, no una norma o un reconocimiento jurídico (lo cual no garantizaba de por sí la existencia de la nación vasca). Además, la nacionalidad vasca se contraponía a la española, y, por tanto, no se podía basar en el ámbito jurídico determinado por el Estado, dado que mediante la Constitución desechaba la autodeterminación nacional, y en consecuencia, el Estatuto no la garantizaba. Por ello, la Constitución y el Estatuto de Gernika dispusieron dos vías o estrategias políticas distintas dentro del nacionalismo vasco: por una parte, la de las instituciones "la de la democracia" o de quienes aceptaban la vía institucional, que fue la escogidapor el nacionalismo institucional, tratando de dar una respuesta a varios temas a través de las instituciones autónomas. Además, se declaraba una y otra vez que mediante las instituciones autónomas también iba a surgir la conciencia nacional vasca. por otra parte, alegando la falta de legitimación de la Constitución y del Estatuto, la iniciativa popular creó la alternativa o el proceso. Desde la nacionalidad independentista, el hecho de que el estado no hubiera reconocido jurídicamente a Euskal Herria no negaba su existencia real. En su opinión, fue la conciencia nacional la que originó la voluntad de autodeterminación, y no las instituciones. Mientras que la primera vía o estrategia se ha metido en un callejón sin salida o en opinión de algunos ha llegado a tocar el techo autonómico, hay quien ha querido ver en el acuerdo de Lizarra Garazi una vía intermedia de las dos estrategias... Arantza Gutiérrez, Profesora de Radio en la Facultad de Ciencias de la Información de la UPV/EHU Euskonews & Media 52.zbk (1999 / 10 / 27 11 / 5) Eusko Ikaskuntzaren Web Orria
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