
Artisautza
Alberto Saavedra. Escultor: Procesos
Lo primero que se requiere es saber que quiere el cliente y para que. Es distinto el proceso de un dinosaurio que va estar siempre colocado a la intemperie, que la figura de un fraile que va a estar dentro de la sala de un museo. Por lo tanto lo inicial es conocer lo que hay que realizar.
Como dice el propio artista:
“Ante cada necesidad has de imaginar el resultado final del proyecto y por tanto inventar el proceso, los materiales, trucos y magia que has de poner para llegar a ello. Esto es lo ilusionante e inquietante. Con cada pedido empiezas de nuevo desde cero, con los inconvenientes y retos de eso conlleva. En definitiva es lo que te mantiene vivo”.
El siguiente paso es el de documentarse suficientemente sobre el tema y realizar diversos dibujos y bocetos para ir estudiando tanto lo que será su aspecto exterior, como su aspecto interior.
Si va a ser de vida corta (unos días, por ejemplo) se procede a realizarlo en poliéster o poliuretano, o goma espuma de alta densidad (40) en donde directamente se talla la figura. Luego será cuestión de dotarle con los elementos adicionales, sombreros, ropas, plumas, etc. En los casos que vayan a estar en el exterior se fabricará en plástico, e incluso a veces de tela plastificada. Alberto comenta con humor que su principal proveedor son “los traperos de Emaus”. La ropa, los complementos, como los bolsos, gafas, y demás elementos auxiliares son muy importantes pues marcan la personalidad del personaje, por ello son mejores los de segunda mano. Para Alberto toda “prenda tiene su alma”.
Tampoco hay que olvidar la pintura generalmente por el sistema de soplado.
Pero dejemos que sea el mismo artista quien lo explique:
“La pelea con un bloque de material inerte y dormido, al que le arrancas lo que le sobra, hasta encontrar la figura que encerraba adentro, esperando y que poco a poco, si estás atento, se va manifestando y se deja ver al final del esfuerzo, de la tensión de su búsqueda. Él no avisa, pero a base de quitar material del bloque aparece, para que no des ni un tajo de más que le dejaría herido, inútil. Desde ese momento la figura ya existe (suelo pensar).
Después viene la parte más práctica, la de recubrir esta forma básica –e imprescindible– con un material duradero y útil al manejo y transporte, ya sean resinas, fibra de vidrio, etc. que le dará firmeza, resistencia.
Luego llega el turno de darle personalidad, calidad humana, comunicación, para lo que se recurre a la pintura, buscando texturas, matizaciones, detalles y por supuesto el imprescindible cabello que tanto pesa en nuestra definición, los ojos, la mirada que nos permitirá entender el interior de la figura y saber así todo sobre ella. Y la ropa, que si es usada le aporta humanidad y que nos ayuda a que sintamos que aquella figura tiene corazón.
Yo busco que cuando alguien pase un rato delante de una de mis figuras, estas le inquieten, o le enternezcan. Esto indicará que he conseguido hacerla con alma”.
