774 Zenbakia 2022-07-27 / 2022-09-20

Gaiak

Propuesta para solucionar el problema del nombre del país de los baskos

AZKOAGA, Iñaki

Está ya generalizado entre los baskos que la multiplicidad de nombres que nos hemos dotado para denominar el país precisa de un ordenamiento, que abarque no sólo el nombre del conjunto, sino también el de las partes.

Decía la escritora ucraniana-brasileña Clarice Lispector “He hecho una rápida evaluación de bienes y llego a la conclusión sorprendente de que lo único que poseemos -y aún no nos han arrebatado-es el propio nombre” frase que viene como anillo al dedo a la situación baska, pues el nombre es uno, en singular, y toda la reputación de un país se construye sobre un único nombre, sin un sólo nombre no hay reputación, ni conocimiento, ni identificación. El nombre es la piedra angular sobre la que se construye el país y su principal valor.

A esta multiplicidad de acepciones para denominar un único espacio -he contado unos cien nombres diferentes para denominar un mismo espacio antropológico cultural-   y también a la polisemia -somos capaces de llamar de igual modo al todo y a las partes- adoptada para denominar a nuestro país le viene bien esta otra frase atribuida a la misma autora “No soy un sinónimo, soy un nombre propio”, no vale tener un sinfín de sinónimos, se precisa tener un solo nombre propio.

He de reconocer que estos últimos años se ha avanzado mucho en la sensibilización del problema del denominativo del país, en ciertos ambientes ya se acepta que este del nombre es un dilema que analizar, y en la medida de los posible, resolver. Son numerosas la personas que me han reconocido la existencia del problema. Muchas de ellos socios de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza.

Con el ánimo de aportar en esta búsqueda de solución para el nombre he publicado recientemente de la mano de Ediciones Beta el libro titulado “Baskonia. Una solución al problema del nombre del país de los baskos” en el que desarrollo un texto, que concluye con una propuesta que pretende solucionar de forma ordenada el problema del nombre del país de los baskos. Aflora un problema, el del nombre, pero a su vez, propone una solución, el círculo queda cerrado.


 

Es evidente que al país de los baskos se le llama de muy diversas maneras. Entre los nombres utlizados hoy destacan País Vasco, Pays Basque, Vasconia, Baskonia, Navarra, Nafarroa, Navarre, Euskadi o Euskal Herria en sus versiones en euskara, castellano y francés.

Para profundizar en la confusión, a esta amplia paleta de nombres se le suma también la acepción en inglés Basque Country o la doble Euskadi-Basque Country. Así como los usos en los diferentes idiomas.

A ellos hay que añadir los utilizados oficialmente para denominar las tres diferentes administraciones que se asientan en su ámbito antropológico cultural. La Comunidad Foral de Navarra, la Comunidad Autónoma del País Vasco o Comunidad Autónoma de Euskadi, denominada también Comunidad Autónoma Vasca, y la Communauté d´aglomeration Pays Basque. Con sus usos en euskara y los respectivos acrónimos.

Un abanico de nombres muy sugerente pero poco útil para la identificación inequívoca del país.

A muchos se les antoja su solución complicada, las diferentes acepciones acarrean sentimientos, tomas de posición muchas veces realizadas en edades juveniles, alineamientos con los diferentes partidos cada uno de ellos con sensibilidad particular hacia uno u otro nombre, etc. Frenos que hacen demorar la solución.

Pero el problema subsiste y necesita una salida. Imaginemos un francés, cuando habla de Pays Basque no sabe si sólo se refiere a la parte que pertenece a Francia o al todo, en el que una parte nada desdeñable se ubica en otro estado. Pero no basta con esta disyuntiva, si se apela a País Vasco algunos consideran que no incluye a Navarra pues, aunque pertenece al mismo espacio cultural, no lo hace al administrativo-político. La CAV con País Vasco y la CAPB con Pays Basque se han auto apropiado de un nombre que no les pertenece en exclusiva, pues no dejan de ser, cada una de ellas, sólo una de las partes del todo.

El trabajo citado pretende solucionar estos malentendidos de una vez por todas. Con mucho respeto a todas las ideologías, trata de ser asertivo con todas ellas, sin inventar nuevas acepciones, sino analizando las actualmente utilizadas y proponiendo un uso ordenado e integrador. Una propuesta con pocas conjeturas, basada en evidencias.

Siempre desde una perspectiva cultural, no política, no al menos desde la política entendida como un rifi-rafe de partidos políticos. Por ello aborda el problema desde el espacio antropológico cultural clásico compuesto por los cuatro territorios pertenecientes al estado español y las tres del estado francés, que se encuadran en las tres realidades administrativas arriba citadas.

En primera instancia realiza un amplio análisis de los problemas que presenta el uso de los nombres oficiales actuales y la fuerza reputacional que el país está perdiendo con esta confusión denominativa.

Anima a ser valientes con el tema del nombre, explicando que son muchos los países que lo han cambiado y solucionado convenientemente, algunos hace siglos y por equivocación como Suiza, pero también más actuales como Irán, Tailandia, Bostwana, Sri Lanka, Zimbawe, Myanmar o los más recientes como Países Bajos, Eswatini o Macedonia del Norte, tras un tiempo de transición todos funcionan con el nuevo nombre de forma normalizada. Nunca hay que olvidar que los principales usuarios de un nombre país son sus propios ciudadanos.

Evidentemente, para abordar este reto es preciso conocer la evolución del nombre a través de la historia, sus usos y vicisitudes. También se necesita ofrecer una visión lingüística o filológica, analizando sus partes. Temas que desarrolla con cierto detalle.

Una vez asentadas estas bases, el libro pasa a desentrañar una posible salida a la confusión reinante, para lo que en primer lugar selecciona las principales acepciones hoy utilizadas o defendidas por diferentes grupos, de manera que puedan valorarse convenientemente. Son seis los nombres que he seleccionado: Euskadi, Euskalherria, Nabarra, Baskonia, Waskonia y Baskonabarra.

Luego presenta cada uno de los nombres seleccionados en sus diferentes aspectos históricos, de uso y aceptación. A partir ahí elabora para cada uno de ellos un DAFO (Fortalezas, Debilidades, Oportunidades y Amenazas), donde se comienza a visualizar la verdadera fuerza de cada nombre seleccionado.

Con esta base obtiene una serie de factores ponderados que permiten valorar cada nombre en función de cada uno de ellos, para elaborar de forma metódica una tabla donde se visualiza la fuerza de cada nombre, lo que permite realizar una selección debidamente cuantificada que posibilita optar por la que obtiene mejor puntuación, la mejor opción.

Baskonia es el nombre que más puntos logra en base a esta metodología. Nombre al que se somete a una serie de pruebas, como por ejemplo una comparativa para determinar su comportamiento en las seis lenguas más habladas en el mundo, donde demuestra su estabilidad, robustez y homogeneización.

A partir de esta solución se ha podido crear una arquitectura completa para el nombre, definiendo también la acepción más apropiada para cada una de las partes político-administrativas en que se subdivide, para las que se propone los nombres de Nabarra Alta, Baskonia Norte y Baskonia Oeste. Asimismo, se desarrolla una propuesta de uso ordenado de los gentilicios y glotónimo, como de códigos ISO. 

Con esta iniciativa invito al país a reflexionar sobre el problema del nombre, a realizar aportaciones y animo a las instituciones sociales y culturales del país a que aborden su análisis de forma seria y proactiva, superando las ideologías subyacentes que dificultan una solución definitiva.


Eusko Jaurlaritza