505 Zenbakia 2009-10-23 / 2009-10-30

Gaiak

Euskal Herritik zehar: Las argizaiolas brillan en Amezketa

CUENDE, Amaia

CUENDE, Amaia



Las flores volverán a inundar de color nuestros cementerios el próximo 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos. Muchas serán las personas que se acerquen hasta el lugar en el que descansan sus antepasados, para realizar su particular ofrenda. Es un día para el recuerdo de aquellos que nos dejaron. Sin embargo, no sólo las flores serán las protagonistas en este día. Aún hay lugares en los que se conservan tradiciones casi totalmente desaparecidas. Es el caso de Amezketa, un pequeño pueblo situado en el corazón de Gipuzkoa, a los pies de la sierra de Aralar. Hasta allí habremos de dirigirnos para ser testigos de uno de los ritos casi perdidos de nuestra cultura.

Argizaiolas sobre las sepulturas en la parroquia de San Bartolomé de Amezketa. Javier Juanes, 1998. Un día para el recuerdo

Hasta la parroquia de San Bartolomé, un bello edificio del siglo XVI, se acercarán muchos creyentes. Entre sus muros volverá a repetirse una tradición transmitida de generación en generación y que aún hoy es conservada por los fieles: el encendido de las “argizaiolas”.

Una imagen poco habitual nos sorprende al cruzar la puerta del templo. En la penumbra nos percatamos de que apenas hay bancos. Tan sólo unos pocos en la parte más cercana al altar. Por el contrario, un mosaico de maderas conforma la nave de la iglesia. Parece un cementerio. Así es. Son más de 160 las tumbas que se alinean a ambos lados del pasillo central, todas ellas cubiertas por una gran tapa de roble o castaño. Y es que antiguamente los difuntos eran enterrados en el mismo templo. Cada familia tenía su propia sepultura y aún hoy la conservan. Sobre cada una de las sepulturas se colocaba su correspondiente reclinatorio y, junto a él, la “argizaiola”. Era normalmente una de las mujeres de la familia la encargada de su cuidado y mantenimiento.

Nave central de la parroquia de San Bartolomé de Amezketa, durante la celebración de la misa del Día de los Difuntos. Javier Juanes, 1998. Argizaiolas: el baile del fuego

El oficio religioso está a punto de empezar y la iglesia está casi llena. La oscuridad queda iluminada por la luz de las “argizaiolas”. Pero, ¿qué son exactamente las “argizaiolas”? Se trata de tablas de madera con forma antropomorfa (se intuyen muchas veces la cabeza, los brazos y las piernas) y figuras talladas. Alrededor de la madera se enrolla una mecha larga de cera, que se enciende y se va desenrollando a medida que se va consumiendo la cera de la parte superior. Las hay de más de un siglo de antigüedad. Es, sin duda, un patrimonio de gran valor no sólo artesanal, sino también sentimental. No en vano, es su función trasladar el fuego del hogar de los familiares vivos a sus difuntos.

La misa de Todos los Santos llega a su fin. En la penumbra aún bailan las siluetas de las llamas. Un sincero e íntimo diálogo entre aquellos que se quedaron y los que ya se fueron.