106 Zenbakia 2001-01-12 / 2001-01-19

Gaiak

El trabajo femenino en San Sebastián

CAMPOS SANTACANA, Miren Koro RODRÍGUEZ ZAMARREÑO, Laura

El trabajo femenino en San Sebastián El trabajo femenino en San Sebastián Miren Koro Campos Santacana/Laura Rodríguez Zamarreño 1. 2. 3. 3.1. 3.2. 3.3. 4. 1. INTRODUCCION La incorporación de la mujer al mercado laboral, y las consecuencias que de esto se derivan, es un tema de plena actualidad, lo cual no debe hacernos olvidar, el hecho de que la mujer siempre ha estado inmersa en el sistema de producción del mercado, sin embargo, esto no quiere decir que las condiciones hayan sido las mismas. En San Sebastián, por ejemplo, debido a la confluencia de diversos factores, se va a dar el hecho poco frecuente de contar con el mundo rural, el pesquero y el ámbito urbano. En cada ámbito bien diferenciado, la mujer va a estar presente, trabajando, aunque la mayoría de las veces, sobre todo en el ámbito rural y en el marítimo, va a ser una labor no reconocida como tal, quizás porque se consideraba como un mal necesario e imprescindible para la supervivencia de muchas familias. Otro factor a tener en cuenta, es que las mujeres trabajadoras eran las de las clases más desfavorecidas pero que en San Sebastián debido al factor del turismo van a encontrar muchas posibilidades de trabajo que de otra manera no hubieran encontrado. Para finalizar este capítulo de la introducción queremos adelantar, que nos vamos a fijar en aquellos trabajos característicos donostiarras, mencionando solamente los ámbitos pesqueros y rurales, ya que apenas se diferenciaban de aquellos núcleos eminentemente rurales y pesqueros. 2. MUNDO RURAL Y PESQUERO Tanto las mujeres del caserío como las del mar, son ejemplo de trabajadoras, cuyo trabajo dentro y fuera del ámbito doméstico ha pasado desapercibido a pesar de su importancia. En el caso de las caseras, su jornada laboral era indefinida y no recibía ningún salario por ello, lo cual no nos debe extrañar, ya que no se consideraba un oficio, sino que era una forma de vida. Dentro del hogar, las caseras realizaban labores típicamentefemeninas, es decir, las tareas domésticas. Fuera de casa, se encargaban del cuidado de los animales, así como de colaborar con muchas labores agrícolas. Las caseras eran también las encargadas de bajar al centro urbano a vender los productos del caserío bien en el mercado bien de casa en casa. En algunos casos a estas labores se unían otras externas con las que completaban la economía familiar, como es el caso de las lavanderas de Loiola, las mujeres de los caseríos de Alza e Intxaurrondo que trabajaron en la construcción del ferrocarril del Norte entre 1854 y 1865. En el entorno pesquero, el papel de las mujeres era doble por las largas ausencias de los maridos cuando estaban pescando. Por ello, además de las tareas domésticas, su actividad fuera del hogar era fundamental ya que una vez llegado el barco a puerto, eran las mujeres las que realizaban la mayor parte de los trabajos. Encontramos rederas, venteras o encargadas de subastar el pescado, etc. Así como las caseras, eran las mujeres de los pescadores las encargadas de vender el pescado en los puestos fijos de las pescaderías o por la calle. Sin embargo, esta venta no se reducía al ámbito próximo de la ciudad y era usual el que andando llegaran hasta pueblos del interior como Tolosa, e incluso más lejos, para vender sus mercancías. LAS CIGARRERAS, UN EJEMPLO FABRIL En 1878, se fundó en San Sebastián la Fábrica de Tabacos cuyo emplazamiento en la ciudad vino dado por las presiones de las autoridades donostiarras previendo un posible conflicto social, ya que en la ciudad existía un número importante de cigarreras cuyo modo de vida peligraba, tras la regularización por parte del Estado de la elaboración y la producción del tabaco, tras la supresión de los fueros en 1876. En un primer momento, la Fábrica se ubicó en la calle Garibay compartiendo edificio con la Diputación Provincial. En 1913, la Fábrica se traslada a un nuevo edificio en el barrio de Egia. Desde los inicios, se contrató a mujeres como operarias ya unos pocos hombres como técnicos. Ya en la calle Garibay la Fábrica contó con 700 operarias, número que aumentó en la nueva Tabacalera de Egia. Las razones aducidas están en la mayor habilidad de las féminas para el trabajo manual y delicado, como es el caso del liado de cigarros y cigarrillos. Ser cigarrera era un privilegio ya que los sueldo percibidos eran superiores a otros trabajos, incluso mayores que los que cobraban muchos hombres fuera de la Fábrica. Esta relativa independencia económica va a conferir al colectivo de cigarreras donostiarras un carácter especial. El ingreso en la Fábrica era hereditario aunque el Ayuntamiento que era el propietario del edificio impuso la obligatoriedad de contratar un grupo de trabajadores que no fueran familiares de los empleados. Por otro lado, al no existir la jubilación, muchas cigarreras trabajaban hasta su muerte. Sí influía la edad en el momento de destinar a la operaria a un taller u otro. Existían diferentes talleres siendo el más duro, el de desvenado, donde el trabajo era manual y las condiciones eran deficientes debido a la gran cantidad de polvo que se derivaba del desvenado de las hojas de tabaco. Era el trabajo que requería menor habilidad y responsabilidad en relación con otros trabajos, por lo que la mayoría de las trabajadoras eran voluntarias y de edad avanzada, sin embargo, muchas jóvenes también empezaban su vida en la Fábrica por aquí. Las trabajadoras más experimentadas y por lo tanto con más prestigio eran las que hacían los puros. Las cigarreras estaban organizadas en grupos de cuatro, de las cuales una era la capataza. A cargo de cada taller estaba la maestra de labores y fuera de los talleres la responsabilidad la ostentaba la maestra portera, que era la coordinadora y mediadora entre la dirección y los talleres. Tabacalera es un ejemplo excepcional en cuanto a las posibilidades de trabajo femenino en una fábrica, sin embargo no es el único, ya que hubo otras muchas mujeres que trabajaron en otrasfábricas como la de Corsés Farcy Oppenheim en el Antiguo. 3. LAS POSIBILIDADES DEL SECTOR SERVICIOS 3.1. La playa Fue la reina Isabel II a mediados del siglo XIX la que va a poner de moda el veraneo donostiarra. Rápidamente esta moda se va a extender entre la alta sociedad española e incluso europea, lo cual va a suponer un importante auge del mundo de la playa, siendo un yacimiento de empleo formidable para las donostiarras. La diversidad de trabajos también va a ser grande. La primera noticia sobre las casetas aparece entre 1837 y 1846, a cargo de estas casetas van a estar las bañeras, que se encargaban de tener la ropa de baño a punto cuando llegaba el cliente y el albornoz listo cuando el cliente salía del agua. Se encargaban asimismo de limpiar y reparar la opa, las toallas, los toldos, de colocar y retirar los bancos, sombrillas, toldos y sillones de mimbre. En 1926, se inauguraron las cabinas del voladizo de La Concha lo cual supone una mayor organización y diversificación de los trabajos. Surgen las cabineras como herederas de las bañeras, las taquilleras de las cabinas, las silleras o mari moldaris, las pinchapapeles encargadas de la limpieza de la playa, etc. Todas estas mujeres eran empleadas del Ayuntamiento, a las cuales no se les exigía ningún nivel de formación, y utilizaban este trabajo estacional como complemento de los ingresos familiares, ya que sólo trabajaban en verano y los salarios no eran especialmente buenos y no les proporcionaba la independencia económica, a no ser que tuvieran una ocupación invernal. Por último, indicar que los torneos infantiles de fútbol a partir de la década de los 60 y que tenían lugar en invierno, proporcionaron a las cabineras una ocupación invernal. 3.2. El servicio doméstico El servicio doméstico ha sido durante mucho tiempo la ocupación femenina más frecuente y en el caso de San Sebastián es un ejemplo claro. En 1833 el número de sirvientas asciende a 526, con el auge del turismo, las mujeres dedicadas al serviciodoméstico aumentó considerablemente, así en 1912 encontramos 2267 sirvientas y en 1920 el número asciende a 4175. Existían dos tipo de trabajadoras domésticas, las internas, que vivían en la casa donde servían y las externas, que tenían domicilio propio. Las criadas eran generalmente chicas de familias pobres y del entorno rural que entraban a servir a cambio de la comida y el alojamiento o de un salario mísero, procedían la mayoría de pueblos de Gipuzkoa, Navarra y La Rioja. Solían ser solteras y si encontraban marido, solían abandonar el trabajo. Esta chicas soportaban jornadas a menudo interminables y las tareas dependían del nivel económico de la casa, ya que en las de las clases medias, la criada lo hacía todo, en cambio en las casas de las clases pudientes, el personal era mayor y con parcelas de trabajo diferenciadas como niñeras, cocineras, costureras o lavanderas, por ejemplo. Además, también había servicios externos que les facilitaba el trabajo, como talleres de almidonado y planchado. En este sentido queremos traer a colación las quejas del gremio de planchadoras a la Fábrica Municipal de Gas por el aumento del precio del gas y por tanto de la necesidad de aumentar el precio de sus servicios. 3.3. Las telefonistas La invención del teléfono supuso la revolución en el mundo de las comunicaciones y entre las ocupaciones que surgieron está la de telefonista, labor ejercida en Donostia exclusivamente por mujeres. El número de telefonistas aumentó a medida que se incrementaban los usuarios. Estas ingresaban por oposición y para superar los exámenes se requerían conocimientos de lectura y escritura en castellano y euskera, dominio en el manejo de cantidades y resolución de problemas sobre las cuatro reglas aritméticas y conocimientos geográficos. Se valoraba también la facilidad de palabra, la capacidad de relación y se les exigía un estricto secreto profesional, ya que tenían la posibilidad de escuchar las conversaciones. Al mando se encontraban las telefonistasinspectoras, que en 1916 era una sola al frente de cien telefonistas. El trabajo de telefonista consistía en establecer la comunicación entre el usuario y el número demandado por él. Su trabajo era duro a pesar de los turnos y los periodos de descanso. En cuanto al salario, este era bueno en relación a otras ocupaciones femeninas, y además se trataba de un oficio bien visto socialmente. Por último, queremos mencionar que desde la empresa, se incentivaba el abandono del puesto de trabajo al casarse, por lo que la mayoría de las telefonistas estaban solteras. 4. UN TRABAJO QUE NO LO ES Hasta este punto hemos hablado de las mujeres necesitadas de trabajo y con este título queremos hacernos eco de aquella labor callada llevada a cabo por las mujeres de la alta burguesía como es la beneficencia. Desde siempre las mujeres donostiarras han destacado por su ayuda a heridos de guerra pero también se caracterizaron por sus aportaciones en el ámbito benéfico sanitario, al que dedicaron tiempo y dinero, creando asilos de párvulos, roperos, cocinas económicas, juntas de expósitos, etc. La atención de la beneficencia tanto pública como privada, permitía a las mujeres salir de sus casas y ejercer una labor pública y reconocida. La labor de las religiosas en beneficencia va a ser también fundamental, ya que casi todos los establecimientos benéficos estaban regentados por las Hermanas de la Caridad, que además de hacer los trabajos más duros a cambio de poco, ocasionó una gran mejora y baratura de los servicios. Como hemos visto a lo largo de todo este trabajo, el papel de la mujer donostiarra ha sido amplio e importante. Y a modo de resumen, queremos finalizar dejando patente la siguiente premisa: hombres y mujeres donostiarras han trabajado codo con codo para llegar a lo que hoy es Donostia. Miren Koro Campos Santacana, licenciada en Historia General de España y del País Vasco, gestora cultural y socia de Eusko Ikaskuntza Laura Rodríguez Zamarreño, licenciada en CC.PP. y SociologíaEuskonews & Media 106.zbk (2001 / 1 / 12 19) Eusko Ikaskuntzaren Web Orria