745 Zenbakia 2019-12-18 / 2020-01-15

Gaiak

Las nuevas realidades y la cultura: Hablemos de Patrimonio Cultural

MARTÍNEZ SAMPER, Carmen

Introducción

Al establecer los primeros vínculos entre la idea de preservar y proteger el patrimonio del territorio en este texto, así como de la importancia de transmitir nuestro legado a futuras generaciones, hemos considerado que es necesario tomar la definición de Patrimonio Cultural  para que de esta forma podamos partir de un respaldo consensuado. Dentro del patrimonio cultural se reúnen monumentos con valor universal, conjuntos de construcciones que se integran en el paisaje y aquellos cuyo valor (científico, histórico, estético, etc) ofrezcan o hagan de ellos espacios excepcionales. El primero de los conceptos nos ayuda a interpretar y a comprender la historia. A partir de su análisis, desarrollar una investigación certera que nos permite conocer nuestro proceso de integración en los espacios y cómo, dentro de ellos, la vida se organiza, evoluciona y se asienta a lo largo del tiempo. Son procesos que conllevan una serie de modificaciones para facilitar el asentamiento humano en los entornos más adecuados a nuestras formas de vida. En la 17ª reunión, celebrada en París en 1972, se aprobó la Convención sobre la protección del patrimonio mundial y en ella se redactó un compromiso entre los Estados y la necesidad de asignación de recursos para su mantenimiento.

Este legado material del pasado, que ha llegado hasta el presente, constituye la herencia de las generaciones pasadas –al ser testimonio de su existencia, de su visión de mundo, de sus formas de vida y de su manera de ser– y también nuestro legado para las generaciones futuras, por su condición ejemplar y representativa del desarrollo de la cultura.[1]

La cultura popular, la arquitectura tradicional y los oficios nos acercan a lo más sencillo, a la vida cotidiana, y nos transmiten modos de hacer y de construir la historia. En algunos casos las acciones y las obras quedan sumidas en el anonimato ya que los nombres de los protagonistas se pierden y olvidan al no haber firmado sus intervenciones, los objetos que fabricaron, las historias que narraban.... Nos referimos a las actividades del día a día, a la experiencia adquirida que conforma la cultura del lugar y de sus gentes. De este anonimato, de las mil y una pequeñas historias que recogen sus retazos, se pueden reseñar aspectos donde el vacío documental supone una pérdida de buena parte del contenido. Se trata de casos concretos donde los testimonios orales aportan la única fuente de información y, si no se han recogido en el momento en el que los informantes tienen capacidad para transmitir su conocimiento, se pierden como se apaga la voz de las personas.

Leer las imágenes

Sin embargo, los medios tecnológicos ayudan a archivar una parte de la memoria. Hemos sido capaces de crear otra memoria artificial paralela, que no se agota. Por ello, las grabaciones, los vídeos, la documentación multimedia, suponen un renacer para estos encuentros registrados, que nos permiten escuchar la voz “del pasado” con todas las sensaciones que transmiten al receptor aunque haya pasado el tiempo y los protagonistas ya no estén presentes.

Ya sea por medio de audiovisuales, textos de entrevistas acompañadas de fotografías, relatos ilustrados, etc. los recursos en desuso, los espacios abandonados, las acciones olvidadas permanecían... Pero, cuando sólo se  recogían en textos e imágenes no siempre transmitían la experiencia o empatía del momento en el que el investigador escuchaba a su informante.

La cultura popular, la arquitectura tradicional y los oficios nos acercan a lo más sencillo, a la vida cotidiana, y nos transmiten modos de hacer y de construir la historia.

Para nosotros, desde el arte, la lectura visual es parte del argumento y en él aparece la experiencia vivida en primera persona por los participantes (siendo escogidos por su trayectoria, riqueza testimonial, experiencia, valores en los que destaca, etc). En algunos casos, sólo con el texto escrito, sin referencias visuales, no podemos conocer a qué nos enfrentamos pues, por naturaleza, a partir de las palabras construimos las imágenes que, a veces, retratan aquello que no hemos visto nunca pero podemos imaginar y recrear. A modo de ejemplo, si describimos cómo es el proceso del alfarero que trabaja con un torno de pie, podríamos ser incapaces de visualizar, de imaginar la escena sin el apoyo de fotografías, ilustraciones o apuntes realizados in situ. La imaginación, y más si se hace referencia a otras culturas, nos puede inducir a interpretaciones erróneas, creadas por una mente que se alimenta de conceptos culturales conocidos y no sólo intuidos. Pero, además, hay una ámbito estético que acompaña a la evolución de lo vivido, del objeto hecho y está vinculado a las Bellas Artes. Su significado va más allá de lo meramente utilitario. Es la materialización de conceptos donde la “ciencia de lo cotidiano” se modela con manos curtidas por el uso, por la dura realidad del trabajo y ello nos permite acercarnos y conocer desde lo agreste a lo sensible, desde la intemperie a la cálida sensación de acogimiento. Como señala Marc Augé “el espacio antropológico es necesariamente histórico, puesto que se trata precisamente de un espacio cargado de sentido por grupos humanos, en otras palabras, se trata de un espacio simbolizado. Esta simbolización, que es lo propio de todas las sociedades humanas, apunta a hacer legible a todos aquellos que frecuentan el mismo espacio cierta cantidad de esquemas organizadores, de puntos de referencia ideológicos e intelectuales que ordenan lo social. Esos temas principales son tres: la identidad, la relación y, precisamente, la historia”[2].

A modo de conclusión

En los audiovisuales y fuentes etnográficas se presenta a los protagonistas en su contexto y entorno; nos hablan; les vemos realizando sus tareas; nos explican sus procesos con sus maneras de comentar el trabajo y muestran la tradición aprendida como parte de la vida. A través del registro audiovisual hay una parte de la esencia de lo cotidiano que ya no se escapa y, a través de las redes, muchos documentos son accesibles desde cualquier lugar y la cultura se difunde iniciando nuevas redes de contactos donde el conocimiento se comparte a gran escala. Pero hablamos de retazos y de formas de estar, de ser y vivir aquí o allá. Como piezas de exposición, cientos de objetos creados para uso diario elevaron su estatus y son fuente de información. De la antigua cocina pasaron a la sala del museo y su sentido, queriendo mantenerse intacto, cambia por completo.

En la actualidad, la experiencia humana se interroga sobre la compleja relación que se establece con un mundo híbrido y de forma interdisciplinar promueve el diálogo/entendimiento con otros ámbitos (ya sean sociales, políticos, ...). Incorpora nuevos lenguajes para generar un discurso necesario, responsable, para no permanecer aislados de un mundo real y posible, donde los espectadores miran, escuchan, tocan y perciben; nosotros mismos, por medio de la introspección, desarrollamos un discurso propio y diseñamos la forma de exteriorizarlo; hacemos visibles los conceptos, les damos cuerpo, con una serie de propuestas donde los valores éticos provocan la acción/reacción. Pongamos en marcha un recurso, una herramienta y reactivemos nuestro conocimiento para incentivar un proceso que se hace visible porque ante todo lo que nos motiva es comunicar.


[1] Castells Valdevielso, Margalida. “Introducción al patrimonio cultural”. Material docente de la UOC. FUOC-UIB. PID_00184115. p. 6

[2] Augé, Marc, (1998). Hacia una antropología de los mundos contemporáneos. Barcelona: Gedisa editorial, p.15


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