741 Zenbakia 2019-07-17 / 2019-09-18

Gaiak

Gestión sostenible de la biodiversidad y los ecosistemas

ONAINDIA, Miren

Catedrática de Ecología UPV/EHU

El panel internacional sobre biodiversidad y servicios de los ecosistemas (IPBES por sus siglas en inglés) es una plataforma cuyo objetivo es establecer criterios para la gestión sostenible de la biodiversidad y los ecosistemas. Es una entidad interguberntal creada en el año 2012 en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, y que trata de fortalecer la comunicación entre la ciencia y la política para la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales.

Este panel pone en práctica un perspectiva innovadora para el análisis del medio natural, ya que se enfoca en el estudio de las contribuciones de la Naturaleza al bienestar humano. Esta perspectiva se basa en que los ecosistemas proveen de un flujo de bienes vitales para la sociedad, que incluyen servicios de provisión (alimento, agua), servicios de regulación (calidad del aire, polinización) y servicios culturales (inspiración, recreo).

IPBES ha presentado recientemente en París su último informe sobre el estado del medio natural a nivel mundial, que ha sido desarrollado durante los tres últimos años. Este estudio está basado en el análisis mas profundo y extenso realizado hasta el momento, en el que se integran todos los resultados de investigaciones de unos 15.000 artículos e informes, y en el que han tomado parte 145 científicos y científicas de 50 países, y han colaborado otros 310 especialistas en la materia.

Entre las conclusiones que se presentan, la mas alarmante es el hecho de que la extinción de especies avanza a un ritmo acelerado y la velocidad con la que se están deteriorando los ecosistemas no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Llama la atención que un millón de especies de animales y plantas están en peligro de desaparecer en las próximas décadas.

Las tres cuartas partes del medio ambiente terrestre en el planeta está deteriorada y aproximadamente el 66 % de los océanos están alterados de manera significativa. Especialmente alarmante es la situación de los bosques naturales, en concreto sobre los bosques tropicales, se concluye que entre 1980 y 2000 se arrasaron 100 millones de hectáreas de bosques en todo el mundo, 42 millones de ellos en América Latina.  

La extinción de especies avanza a un ritmo acelerado y la velocidad con la que se están deteriorando los ecosistemas no tiene precedentes en la historia de la humanidad.

La degradación de los ecosistemas supone que están perdiendo su capacidad para contribuir a un medio ambiente saludable y proveer servicios ecosistémicos. La degradación de los servicios de los ecosistemas representa la pérdida del Patrimonio Natural, y al impactar sobre los recursos naturales también estamos impactando sobre los recursos básicos necesarios para nuestra vida, como alimentos, agua y aire. Según Sandra Díaz, copresidenta del IPBES: la vida a escala global se está deteriorando muy rápido, y eso significa también un deterioro de las posibilidades de todas las personas a una vida satisfactoria, no solo ahora, sino también en las próximas décadas.

Uno de los ejemplos de esta situación es la reducción en la productividad agrícola por la degradación de los suelos. Así, aunque desde 1970 se ha incrementado en un 300 % la superficie de cultivos, sin embargo el 23 % de las áreas cultivadas tienen una menor productividad por la degradación del suelo. En el caso de los mares también hay una situación similar, pues el 85 % de las pesquerías están sobreexplotadas.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí?

El diagnóstico sobre la degradación del medio natural en el planeta es consecuencia de las actividades humanas, fundamentalmente por la utilización de los recursos naturales mas rápidamente de lo que el sistema natural puede reemplazarlos. El sistema de producción y consumo lleva a una explotación exponencial de los recursos naturales, que es insostenible, ya que los recursos del planeta son limitados. La transición hacia la sostenibilidad es urgente porque el deterioro de los ecosistemas del planeta y del bienestar humano impone un límite.

Los seres humanos hemos utilizado y transformado los ecosistemas para resolver las demandas crecientes de recursos. Esta transformación del Planeta ha aportado considerables beneficios para el bienestar humano y el desarrollo económico, sin embargo, en las últimas décadas se están poniendo de manifiesto los costos asociados con esos beneficios, sobretodo en cuanto a escasez de recursos, pero también en cuanto a la degradación de los procesos reguladores: la purificación del aire y agua, la regulación del clima, los riesgos naturales y la disminución de insectos polinizadores.

A partir de mediados del pasado siglo el impacto humano sobre el medio ambiente se ha acelerado, actualmente se extraen más recursos y se producen más desechos que nunca antes en la historia. La contaminación con plásticos se ha multiplicado por diez, y cada año se vierten a las aguas millones de toneladas de metales pesados, disolventes y fertilizantes. El exceso de nitrógeno por fertilizantes que entra en los ecosistemas costeros ha producido más de 400 zonas muertas en los océanos con una extensión de 245.000 kilómetros cuadrados.

Especialmente alarmante es la situación de los bosques naturales, en concreto la de los bosques tropicales.

¿Estamos a tiempo de actuar?

En el marco de una transición hacia la sostenibilidad es necesaria la gestión sostenible de los recursos naturales, velar por la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y acuáticos y los servicios que proporcionan, especialmente los bosques y los humedales. Estamos a tiempo de actuar para modelar estos efectos, lo que supone realizar cambios a todos los niveles, locales y globales, implicado las instituciones políticas y económicas y también la responsabilidad ciudadana.

Es posible encaminar soluciones viables para desarrollar una actividad económica en equilibrio con el medio ambiente. Esto implica un modo nuevo de utilizar los recursos de manera sostenible, basado en una economía circular que garantice el aprovechamiento de los residuos y la aplicación de tecnologías no contaminantes.

La eficiencia es también una cuestión clave, lograr el uso eficiente de los recursos naturales es fundamental para evitar gastos innecesarios de recursos como el suelo, el agua y la energía. Esto requiere cambios en el funcionamiento de muchos procesos, incluyendo el sistema de alimentación, que es responsable de alrededor del 30% del consumo mundial de energía, pero asimismo causante de una gran cantidad de desechos a lo largo de la cadena alimentaria. En este aspecto la utilización eficiente de los recursos supondría reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y distribución y reducir el desperdicio mundial de alimentos. A través de las opciones de consumo se puede influir también colectivamente en la manera en que se cultivan y se utilizan los alimentos y, como resultado, se pueden llevar a cabo grandes cambios. Por eso es tan importante potenciar una educación en valores que prestigie la responsabilidad con el medio ambiente y con todas las personas.

El papel de la educación es clave para orientar a la sociedad hacia los cambios globales que implica un futuro sostenible, y juega un papel fundamental en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Entre las metas de los ODS se incluye la de garantizar los conocimientos necesarios para promover la adopción de estilos de vida sostenibles, mejorar la educación y la sensibilización en relación al medio ambiente y al cambio climático,  aumentar la investigación científica y la capacidad tecnológica.

La UNESCO proclama que la educación proporciona las habilidades que las personas necesitan para provocar un cambio en los valores, en la forma en que actuamos y cumplimos nuestras responsabilidades hacia otras personas y hacia el planeta.