448 Zenbakia 2008-07-11 / 2008-07-18

Gaiak

Nacimiento de un Festival. Orígenes del Jazzaldia donostiarra

OLAIZOLA ETXEBERRIA, Imanol



P Cartel del Festival de Jazz de 1976. uede que a alguien que cree conocerme (por sus hechos los conoceréis) le sorprenda el empeño con que trabajé mediada la década de los sesenta para sacar adelante el proyecto de este Festival.

La gran admiración que siento por Juan Sebastián Bach y un “Concert Espirituel” que escuché en la Iglesia de St. Germain de Prés, en pleno centro del Barrio Latino de París, me impulsaron a proponer a Perico de Aran (así le conocíamos lo amigos) por aquel entonces presidente de la Permanente del Centro de Atracción y Turismo (C.A.T.), la organización del Festival de Bach. Así en el entusiasmo que me produjo ver en París aquella iglesia abarrotada de jóvenes que aplaudieron frenéticamente al terminar el concierto, hizo que Arana me correspondiera planteándome en 1961 la responsabilidad de “trasplantarlo” a nuestro “txoko”.

Este fue el comienzo de mi “responsabilidad” musical en el C.A.T. como donostiarra preocupado por el progreso cultural de nuestro pueblo.

En encargo me incentivó para leer y oír todo lo relacionado con Bach que estuviera a mi alcance y así llegaron a mis manos grabaciones como “Play Bach” con Jacques Loussier al piano, “Jazz Sebastián Bach” con los Swingle Singers y otras del Modern Jazz Quartet. Así descubrí importante relación actual entre Bach y el Jazz y por supuesto entre éste, Debussy, Stravinsky, Ravel y otros compositores contemporáneos.

No es de extrañar, por tanto, que cuando en mayo de 1964 asistí en la Salle Pleyel de París, repleta de jóvenes a un inolvidable concierto de Count Basie y su Big Band, que fue un auténtico derroche de jazz de la máxima calidad, me faltara tiempo para comentar con Ramón Peironcely, que había sucedido en el cargo a Perico Arana, la idea que bullía en mi cabeza, que no era otra que intentar organizar en San Sebastián un Festival de Jazz, por supuesto internacional, que sería el primero que se organizaría en todo el Estado. Por entonces, los que “sonaban” en Europa eran: el de Antibes-Juan les Pins en Francia, el de Comblain la Tour en Bélgica y en Suiza el de Lugano. Si lográsemos que esta iniciativa echara raíces entre nosotros, podría constituirse en un gran aliciente para la juventud en el programa del verano donostiarra.

A Peironcely le cayó muy bien la propuesta, tanto que la incluyó entre las planteadas en el avance del programa para 1965 que presentó ante el Pleno del C.A.T. en la reunión que se celebró el 17 de noviembre de 1964, presidido por el Alcalde Elosegui Lizariturri y siendo Secretario Martínez Flamarique. Yo era miembro de la Permanente como presidente de la Comisión de Música y en ese avance se proponían de nuestra parte: el Festival Coral de Gipuzkoa, el Festival Bach, el festival Folklórico Internacional, el espectáculo de Luz y sonido en el Museo de San Telmo y el Festival Internacional de Jazz.

Al día siguiente en la información publicada por El Diario Vasco y La Voz de España se daba cuenta del amplio abanico de actividades que se planteaban, pero la que suscitó mayor debate fue la que se refería al Jazz, uno de los asistentes intentó presentar cierta incompatibilidad económica de esta nueva iniciativa con la precaria situación de la Cabalgata de Pentecostés y lo “ilógico de hablar de la posibilidad de su suspensión cuando se pretende organizar un concurso internacional de Jazz, de hipotético éxito”. El Alcalde aseguró “que no pasaba de un proyecto y que antes de perderse un festejo tradicional, es mejor no organizar otro que podría o no cuajar”.

Al día siguiente, día 19, en la Voz de España, en “Sintonía” de Begui-belarri se leyó el siguiente comentario: “...más todavía si se nos anuncia un concurso de jazz y otro concurso de grupos folklóricos que nos tienen sin cuidado... no financiar las carrozas y en cambio se piensa en otros festejos que nadie ha pedido y cuyo internes nos parece muy relativo”. Cartel publicitario del Festival de Jazz de Donostia-San Sebastián, obra de Carlos Zabala "Arrastalu", 1982.

“Conste que no tenemos nada en contra... si hay dinero, pero lo contrario nos recuerda el caso de aquel loco que quería vender el coche para comprar gasolina”. El 24 del mismo noviembre, nuevamente insistía Begui-belarri: “No es fácil comprender que si se rumorea la posible desaparición de la ya tradicional cabalgata de Pentecostés por falta de dinero para costeas sus muy numerosos gastos, el C.A.T. piense en la organización de nuevos festejos, como ese concurso de orquestas de jazz, cuando el jazz es algo pasado de moda que cuenta con poquísimos aficionados”.

Se apreciaba claramente una campaña “orquestada” para tratar de hundir el proyecto antes de que echara raíces a pesar de contar con el apoyo del Presidente de la Permanente del C.A.T. Para compensarla había que actuar sin prisas, contrastando la viabilidad de un “anteproyecto” bien estudiado mediante consultas, “sondeos” y haciendo pedagogía ambiental.

El año 1965 trajo una novedad en sus primeros días, pues se incorporó como Secretario a su nuevo puesto en el C.A.T. Rafael Aguirre Franco. Una labor callada pero tenaz recomendaba aprovechar cuantas oportunidades se me fueran presentando; un viaje mío, profesional, a París, me brindó la ocasión de visitar en mayo a Bernard Hilda en su despacho instalado en la Avenida de Champs Elysées. Representaba para Europa el famoso Festival de Newport (EE.UU.) y actuaba de “puente” para el de Antibes-Juan les Pins (Costa Azul). Estimé que era persona adecuada para hablar de mis propósitos. Le pareció que nuestro proyecto podía ser muy interesante e incluso lo consideró susceptible de colaborar con el de Antibes. Me prometió enviarnos una oferta de grupos que actuaran en Newport, incluyendo propuestas de programa para nuestro Festival. Al mes siguiente, junio, tuve que viajar a Madrid atendiendo mil obligaciones laborales y con el optimismo que la entrevista con Hilda nos produjo, me animé a tomar contacto con Pepe Palau, presentador de un programa de Jazz en T.V.E.

Cuando en el curso de la conversación le expuse nuestro propósito le parecieron excelentes y además de asegurarme su colaboración desde el programa de televisión que dirigía me prometió su ayuda personal en cuanto estimásemos interesante.

A los pocos días recibimos en el C.A.T. una carta de Coma-Martínez de Barcelona, fechada el 22 de junio de 1965, que comentaba cómo: “días atrás José Palau hizo público el interés del Ayuntamiento de san Sebastián por organizar un Festival Internacional de Jazz, que se vería facilitad por la proximidad de Antibes-Juan les Pins, donde cada verano se celebra el Festival de esta especialidad musical que goza de más renombre entre los que tienen lugar en Europa. A este Festival concurren muchas orquestas y figuras norteamericanas que acudirían también a San Sebastián”. El escrito se extendía en tres folios, informándonos de se amplio curriculum, de lo que supondría al existir el Festival de Cine en cuanto a la imagen internacional de la ciudad y nos ofrecían sus servicios desde asesoramiento, inversiones, etc. Nos pondrían en relación con importantes promotores como Tronchot, Filipacchi, etc. que nos conseguirían las mejores orquestas y solistas. Nos proponían la creación de una oficina del Festival en Barcelona y siendo San Sebastián la primera en celebrarlo, la creación de una Federación Internacional de Festivales de Jazz, que nos proporcionaría aún más resonancia. Nos informaban de que habían intentado organizar un festival Internacional de Jazz en una localidad de la Costa Brava, sin que las gestiones realizadas hubieran fructificado hasta entonces. Jazzaldia 2005. Marlango.

Foto: Capitan Tostadilla.

http://www.flickr.com/photos/tostadilla/30332653/

Peironcely me pasó el escrito en cuestión, con una breve nota para que se lo comentara y como respuesta le dije: “El sueño de una noche de verano”. Aunque efectivamente lo era, sin embargo una lectura reposada dejaba ver que con los pies en la tierra, estábamos trabajando sobre una idea muy importante y que merecía cuantos esfuerzos pudieran estar e nuestro alcance. No pasó mucho tiempo hasta que llegó la esperada propuesta de Bernard Hilha, que no nos pudo ya asustar por ser millonaria, pero que nos confirmaba que en lo que la anterior carta comentaba y más extensa que ésta última nos ratificaba en seguir sin prisa pero sin pausa en el trabajo que nos habíamos propuesto.

En el plan de pedagogía ambiental que emprendíamos entendíamos que era preciso dedicar la mayor atención a la juventud. Había caído en mis manos un libro “50 millions de Français devant la musique” escrito por Michel Briguet, que era en la contraportada lo calificaban como “músico y animador”, lo leí con fruición y fue muy aleccionador en aquel momento porque yo que seguía el proceso del ambiente musical en parís, necesitaba conocer la relación de causalidad de lo que yo había comprobado en cuanto al comportamiento social ante la música.

Sobre todo lo que más me interesó fue lo que se refería a las “Juventudes Musicales”, que también sabía que en Barcelona estaban funcionando con notable éxito inicial.

Así, dedicamos unos meses a crear el ambiente favorable que nuestro proyecto necesitaba para prosperar; conversamos con unos y otros tratando de reunir un grupo de jóvenes interesados en progresar fomentando la afición musical en sus diversas modalidades y estilos y por fin patrocinados por la RSBAP, en marzo de 1966 se creó “La Juventud Musical” con un programa amplio de charlas-audiciones.

Vivía yo entonces en San Martín 55, próximo a la discoteca “Zorongo” que en el 66 de la misma calle regentaba Mariano Larrandia a quien conocía por si establecimiento de Efectos Navales en la calle Mayor. Algunas veces iba por allí a comprarle anzuelos o cualquier otro accesorio para la pesca, pero en esta ocasión fui a hablarle del proyecto del Festival. En su discoteca había buena labor de difusión del jazz contribuyendo a despertar esa afición, por lo que pensé que era persona idónea para “embarcarle en nuestra travesía”. Al cabo de un par de semanas teníamos programado en el C.A.T. para el viernes 22 de abril, dentro del Ciclo de conferencias para el invierno–primavera del 65/66, una a cargo de Pepe Palau relacionada con el problema que queríamos solucionar y que había sido precedida en febrero por otra del crítico Fernández Cid sobre “El Festival, ecuación de la música y el turismo”. Hablamos extensamente del proyecto en sí, de los pasos dados hasta entonces y de mi propósito de conseguir un pequeño equipo de colaboradores que sintonizasen con la idea de crear el Festival Internacional de Jazz de San Sebastián. Pude percibir que el asunto le atraía sobremanera, aunque no ocultaba una cierta dosis de escepticismo en cuanto a su viabilidad en nuestra ciudad. Le añadí que había pensado convocar por radios y prensa a una reunión en el salón del C.AT. para el día 20, es decir, el miércoles anterior a la conferencia de Palau, a cuentos tuvieran interés en que prosperase el proyecto del Festival. Antes esta invitación me prometido su asistencia y que después seguiríamos con nuestra conversación.

Tal como se extendía la invitación, acudieron muchos aficionados al jazz hasta abarrotar el salón del primer piso, contiguo al “foyer” del Teatro Victoria Eugenia. A las 7 de la tarde había algunos sin poder entrar, en el quicio de la puerta y después de unas palabras de bienvenida del SR. Peironcely, pasé a explicar el objeto de la reunión y el estado del proyecto del C.A.T. Se apreciaba el gran entusiasmo de los asistentes, entre los que se veía a relevantes personalidades musicales, profesores del Conservatorio, Escudero, Cabanas, Medina Labrada, conocidos entusiastas del jazz, Juanito Heredero, Francisco Antón, Casares, Larrandia, Hernández Gurmendi, Hernández Mendizábal y otros muchos que debo lamentar que mi flaca memoria no me permita mencionar. Se desarrolló un animado debate que hubo que concluir dado lo avanzado de la hora. Se acordó abrir en el C.A.T. la inscripción para instrumentistas interesados en practicar el jazz, individual o formando conjuntos. El plazo se cerraría el 26 de abril. Jazzaldia 2005.

Foto: Capitan Tostadilla.

http://www.flickr.com/photos/tostadilla/30331509/

El viernes 22 de abril, a las 8 de la tarde, en el Salón de Actos de la Biblioteca Municipal, sita en la Plaza de la Constitución, desarrolló su anunciada conferencia Pepe Palau y al día siguiente en la página de Información Local de El Diario vasco se leía: “El gran salón se llenó con una variada audiencia para escuchar al conocido comentarista de Radio y TV, que hizo gala de su amplia erudición, presentándonos de forma esquemática la historia del jazz. A modo de ilustraciones oímos una amplia antología musical, con algunos ejemplos verdaderamente interesantes”. “Esta conferencia puede considerarse como pregón del próximo Festival, que se está organizando y que si las cosas se llevan con acierto puede constituir uno de los más destacados números del programa veraniego”. “Fueron notarios, del acontecimiento los ediles Sres. Peironcely y Baroja y los representantes de la música “ortodoxa” Arbide, Olaizola y Escudero y el Secretario del C.A.T. Aguirre, del acto que oficialmente dio entrada al Jazz en el capítulo cultural y espectacular de nuestro Plan de desarrollo Turístico”.

Mucho habían cambiado las cosas desde noviembre de 1964 y parecía que el trabajo de ambientación daba su esperado fruto.

De este inolvidable acto me quedó además del grato recuerdo la grabación del musical utilizada por Palau y que amablemente me la regaló.

Pronto me reuní con Larrandia, que había despejado su anterior escepticismo y me mostró su decidido entusiasmo para trabajar en la organización del festival. Convenimos invitar al grupo a Juan María Hernández Gurmendi, quien aceptó incorporarse en la “troika” organizadora. Ambos tenían buenas relaciones con el mundillo jazzístico europeo, sobre todo en Francia, y así fuimos perfilando lo que podría ser el primer Festival. Aunque en principio se pensaba celebrarlo en agosto, comprendimos la escasez de fechas de que disponíamos y fijamos la del fin de semana correspondiente al segundo día de Regatas de septiembre. Además, estos días “encajaban” en el programa de actividades del C.A.T., puesto que el viernes 9 se celebraría el III Festival Bach en la Basílica de Santa María, con el Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Cámara del Conservatorio dirigidos por el Maestro Jordá. Dispondríamos de cuatro meses para la publicidad en las revistas especializadas, para el plazo de inscripciones de los solicitantes y para la selección de éstos. También había que movilizar a los contactos del Jazz en España y en el extranjero y resolver los problemas de logística y tantos otros inherentes a la organización, claro que para ello contábamos con la entusiasta colaboración de Rafael Aguirre y los Servicios del C.A.T.

Esta primera edición del Festival no disponía de una partida presupuestaria al no tener referente orientativo de gastos y menos aún de los posibles ingresos. Se trataba de una “aventura”, la que se emprendía fiando el resultado a los sondeos e informes recogidos. La Plaza de la trinidad por semejanza ambiental con Nueva Orleáns fue elegida como escenario casi ideal y considerando la limitación presupuestaria con la que se debía contar, decidimos que el Festival se desarrollase en dos días, sábado y domingo. El primero dedicado al concurso de aficionados y el segundo a los grupos profesionales. Para los aficionados establecimos cuatro premios, primero y segundo como Premios del Festival, otro dedicado “al mejor solista” y el de “a la popularidad”. Este último otorgado por el público y los demás por el Jurado. Como estímulo para los aficionados, a los premiados se les incluía en el programa del domingo, junto con los profesionales.

A Pepe Palau le manteníamos informado del progreso en la organización del Festival y él nos correspondía con la difusión de nuestras noticias. Además aceptó encantado nuestra invitación para actuar de presentador en la clausura del Festival.

Como antes he comentado, Larrandia y Gurmendi movieron a sus amistades y así vino a reunirse con nosotros Pierre Lafont, Presidente del Hot-Club de bayona, que nos prometió el máximo de colaboración. Comentó que algo parecido habían intentado ellos, pero no lo habían logrado y que en San Sebastián prosperase nuestra idea les favorecía en su labor de difusión del jazz. Sus relaciones con los otros clubes franceses podrían sernos de gran utilidad, sobre todo en el de París, donde se celebraba un Concurso de Aficionados. Jazzaldia 2005. The Wild Magnolias.

Foto: Capitan Tostadilla.

http://www.flickr.com/photos/tostadilla/30329641/

Así transcurrieron los meses y llegó “la hora de la verdad” y los consiguientes nervios entre los organizadores, porque éramos conscientes de que quizá en esta primera edición nos jugábamos el futuro del Festival. Nos impusimos evitar improvisaciones, para lo que aseguramos el alojamiento en un pequeño hotel “Villa Gaba-lore”, regentado por J.M. Bellido y lo mismo otros aspectos. Las previsiones meteorológicas fueron preocupantes y ante la imposibilidad de disponer de un teatro u otro local adecuado, pensamos en la alternativa de la antigua iglesia del convento de San Telmo vecina de la Plaza Trinidad. Pero, para ello era imprescindible la autorización del Alcalde, que parecía bastante problemática. Peironcely me sugirió aprovechar una circunstancia que podría resultar favorable. Acudí al Salón de la Alcaldía, el 8 de septiembre, el día de la Patrona de la ciudad, momentos antes de que la Corporación presidida por el Alcalde acudiera en pleno a la Misa Mayor en la Basílica de santa maría y cuando le saludaba al Sr. Elósegui, se acercaron los concejales Peironcely e Imaz, según lo convenido. Le expuse al alcalde el temor de una probable suspensión del Festival a causa del mal tiempo y cuando le propuse el traslado a San Telmo, se quedó helado. Me preguntó si me había vuelto loco, pero cuando le razoné con mi opinión sobre la verdadera naturaleza e importancia musical del Jazz, reconocida por los más prestigiosos compositores contemporáneos, aprecié claramente su perplejidad y el apoyo inmediato de ambos concejales hizo que cambiara la actitud del Alcalde, no sin repetir varias veces, que tomáramos el máximo de precauciones para evitar disgustos posteriores.

Aunque el sábado, mediado el acto la nubes dieran testimonio de su presencia descargando un chubasco, los espectadores aguantaron impertérritos abriendo sus paraguas, pero sin abandonar sus localidades. En este primer Festival no fue necesario el cambio de escenario, pero sí en el segundo; el 22 de julio de 1967, empezó a llover de tal forma, que apenas iniciado se mudaron, con gran éxito por el magnífico ambiente logrado, aunque fuera escaso el espacio disponible para acomodar al público.

El sábado, primer día del Festival, la Voz de España publicó a toda plana, una importante entrevista al Maestro Escudero, director del conservatorio, de la que por su interés destacaré lo siguiente: “El Festival de Jazz actualiza una manifestación musical importante... Los festivales de música donostiarras adolecen de que no están en tiempo presente”.

Nuestro añorado proyecto no podía tener mejor comienzo.

Morgantini, vicepresidente del Hot-club de Francia, venido expresamente de París como miembro del jurado, elogiándome el mérito de la organización que con tan pocos medios y en su primer intento había logrado lo que estaba viviendo. “Hasta han tenido la idea de pedir a los vecinos que colgaran sábanas en el patio”. Se refería a la trasera de la casa de la calle del 31 de Agosto que separada por una verja daba a la Plaza de la Trinidad. Por supuesto que no quise informarle de que los vecinos colgaban habitualmente allí sus ropas a secar u que lo cierto es que formaba parte del escenario natural.

A pesar de que el primer día, la apertura del Festival coincidí con otros actos musicales, se logró una buena entrada. Estaba programado el Concurso de grupos aficionados y los que actuaron, casi todos extranjeros, sólo uno donostiarra, fueron los siguientes: “Middle Brothers” (2 guitarras y 1 armónica); “The Original Dixilanders” (piano, batería, banjo, clarinete, trombón saxofón); “Les Jaguars” (banjo, batería, saxo, alto, clarinete y trombón); “H.C.B. Quartet” (órgano, flauta, guitarra eléctrica, armónica, contrabajo, violón, batería y pandero); “Zaragoza Quartet” y el “Conjunto de San Sebastián”. Además también actuó el conjunto de Johuiel Thomas. Jazzaldia 2005. BossaCucaNova.

Foto: Capitan Tostadilla.

http://www.flickr.com/photos/tostadilla/30330868/

Los que habían triunfado en el Concurso celebrado en París, volvieron a ganar en nuestro Festival, se llevaron el Primer Premio, el de “Mejor Solista” (guitarra) y también el de la “Popularidad”. En este quedó en segundo lugar, a un solo punto, el “Conjunto de san Sebastián” y el Segundo Premio del Festival fue para “The Original Dixilanders”.

Al día siguiente fui a la Estación q recibir a Pepe Palau que viajaba de noche, llegó de Madrid en el Sudexpreso, lo acompañé al Hotel de Londres y rápidamente al embarcadero del Club náutico para alcanzar la última lancha, que nos acercó al barco del Jurado del mar, desde donde le ofrecimos a nuestro invitado un espectáculo singular, las Regatas de Traineras de la Concha. El día 11 era el segundo domingo de septiembre y por tanto se disputaba la Regata de Honor, en la que participaron las cuatro traineras que habían destacado el domingo anterior.

El tiempo había mejorado, se veía muchísima gente por todas partes y la Parte Vieja donostiarra rebosaba de público. Todo nos hacía presagiar lo mejor para el atardecer, como así fue. Se “rozó el lleno” y la Plaza de la trinidades consagró como el escenario donostiarra ideal para el Festival.

Yo le había propuesto a Palau un “experimento” un tanto atrevido; consistía en ensayar el juego que podría dar para el jazz la “txalaparta”. Es un instrumento vasco ancestral, que consiste (el auténtico) en dos tablones de madera apoyados en dos cestos grandes tronco-cónicos que se utilizaban en los caseríos para la recogida de la hierba, de la manzana etc. Entre tablones y los cestos se interpone un “paquete” de vainas secas (cubiertas de las mazorcas del maíz) que hace de apoyo mullido. Dos personas percutan sobre los tablones, provistas cada una de dos “palos” cortos (parecidos a los que se utilizan en las danzas vascas). Uno de los instrumentistas marca el ritmo (variable), en tanto que el otro “juega” improvisando una cierta melodía. Un tercer instrumentista dispone de un gran cuerno de buey, al que a intervalos hace sonar soplando con gran fuerza. Mi propuesta le pareció interesante, además de que podría resultar una novedad impactante; quedó en organizar algo combinando con alguno de kis grupos que debían actuar y que pudiera interesarle la experiencia. Entró en funciones nuestro presentador “de lujo” y comenzó por anunciar la actuación de los premiados “Middle Brothers”, a continuación hizo la introducción de la “txalaparta” -Hermanos Zuaznabar- “txalapartaris” auténticos que siguiendo las instrucciones recibidas de Palau comenzaron su actuación, siguiéndoles el “Modern Jazz Quintet” de San Sebastián improvisando combinaciones entre los dos grupos. Destacaron las que lograron entre el batería y los Zuaznabar, sobre todo cuando además intervino el “cuerno”, fue un éxito clamoroso (así lo comento El diario Vasco). “Mickey Baker” con su grupo fueron los profesionales que condujeron al Festival a su cenit. Baker con su guitarra eléctrica provocó los aplausos del público y acompañado al piano por Jean Muset, junto al contrabajista Dani Doris y el batería Charles Roy completaron el cuadro que los oyentes esperaban y que aseguraba la continuidad del nuevo Festival. Los espectadores pedían más y Pepe Palau que participaba del entusiasmo general anunció un “Jam Session”, con participación general, como broche de la clausura del I festival Internacional de Jazz de san Sebastián.