442 Zenbakia 2008-05-30 / 2008-06-06

Elkarrizketa

Mirentxu Purroy. Periodista: Ya no podemos seguir tolerando que se degrade toda la esencia de nuestro ser

VELEZ DE MENDIZABAL AZKARRAGA, Josemari

Nuestro semanario Euskonews & Media cumple su décimo aniversario en 2008. Por ello y dentro de un programa de actividades más amplio, mensualmente y hasta diciembre iremos publicando una entrevista especial con un personaje significativo de la historia de nuestro país en los últimos años. Se trata del mejor regalo que podemos hacer a nuestros miles de lectores semanales.

Mirentxu Purroy es una mujer de gran personalidad, algo que se percibe claramente al observar el gran valor y generosidad con los que ha desarrollado su trabajo profesional. Es una periodista íntegra que ha afrontado con un estilo valiente la aventura de transmitir el pulso de la actualidad del País Vasco durante los últimos treinta y cinco años. Pocos conocerán tan bien como ella el accidentado recorrido de la sociedad vasca. Esta pamplonesa es uno de los referentes más claros del periodismo en Euskal Herria.

Personalmente conocí a Mirentxu Purroy en Punto y Hora de Euskal Herria, allá por mediados de los años setenta. Desde entonces se han desarrollado grandes empresas periodísticas en nuestro país y ha habido también muchas desilusiones ¿Cómo ve, con la perspectiva que dan los más de 30 años transcurridos, esta evolución en nuestro periodismo?

Treinta años son muchos años, es casi toda una vida, una vida profesional. Cuando yo empecé los estudios de periodismo mi padre, me dijo: “Tú no puedes estudiar éso porque no es posible en un país que no hay libertad, con una dictadura como la que tenemos”. Yo ya nací, por tanto, con esa situación en que se dudaba: “No, en un país libre sí podrías, pero aquí no”.

Nací en la dictadura, en un periodismo que estaba absolutamente a favor del Generalísimo y de los Estados. Entonces, en el País Vasco había cabeceras de periódicos como éstos: en San Sebastián “La Voz de España” y “Unidad de España”, en Pamplona “El Pensamiento Navarro”, en Bilbao “El Correo Español”. Era algo increíble, era absolutamente..., no solamente español sino militar, y dentro de lo militar lo más oscuro de la vida. La prohibición, el silencio, la no palabra, era la jerga de la propaganda.

En treinta años ¿qué pasa? Pues que cuando muere el dictador, las personas que teníamos ideales y la aspiración de libertad, soñamos con poner en marcha proyectos donde pudiera ser posible la libertad de pensamiento, la libertad de palabra y la libertad de prensa.

Aquellos periódicos que se llamaban Pueblo Español, Correo Español, Unidad de España se transforman y se denomina “El Correo”; ya no es el Correo Español. “Unidad” desaparece y da lugar a otro tipo de periódico. Se van como acomodando a las nuevas circunstancias, porque por encima de todo son un negocio. Un negocio que necesita seguir teniendo clientes y necesitan seguir teniendo anunciantes. Y por otro lado está la realidad de un país que sigue teniendo muchas dificultadas para poder ser país con expresión propia. Con expresión propia de palabra escrita y palabra difundida o imagen. Y surgen esfuerzos editoriales, para que esa voz vasca aflore.

“Punto y Hora de Euskal Herria” fue la pionera. Si yo hubiese tenido dinero, habría montado un periódico, pero como no lo tenía monté una humilde revista. Inmediatamente después de Punto y Hora salieron Berria, Garaia..., un montón. Y luego periódicos: Deia e inmediatamente después Egin. A partir de ahí ya empieza a haber, realmente, una posibilidad, un cauce para poder expresar pensamientos, editoriales, palabras que hasta entonces eran inexpresadas. No se podía hasta entonces, como tal contenido.

Pero, lo curioso y lo chocante es que después de 30 años los periódicos que más se siguen vendiendo, que más se siguen comprando y que más fuerza siguen teniendo, son los que se hicieron ricos en el franquismo.

Oyendo sus palabras, me he dado cuenta que tenemos un punto en común, en el origen de su profesión y en el de mi vocación frustrada, ya que todavía estoy viendo la cara de mi padre cuando le dije que quería ser periodista. Yo estudié empresariales y económicas a mi pesar, porque hubiera querido ser periodista. Cuando se lo comuniqué a mi padre allá por 1965, me dijo: “¿Tú sabes lo que eso significa? ¡Ser de la Falange! Y tener que llevar el carné de falangista en la boca...”. Yo también comencé a hacer mis primeras incursiones en el periodismo –no como Vd. de manera profesional sino como hobby– en los finales de la dictadura, en 1974. La verdad es que entonces había espacios por conquistar en los medios. No había nada. Absolutamente nada.

Estaba todo por estrenar. Eso sí que fue una verdadera ilusión porque cuando nosotros montamos la revista intentamos emular, ingenuamente, el sueño del periodismo francés, que era Le Monde. Queríamos hacer una Sociedad de Redactores, donde los periodistas fueran los dueños para que no tuvieran que estar al servicio ni de empresas, ni de ideologías, ni de dictadores. Y de hecho eso fue.

Pero como trabajábamos gratis, la mayoría de los que conformábamos el grupo de Punto y Hora estaban empleados a su vez en otros medios de comunicación y escribían con seudónimo por el pavor que había todavía a levantar los techos de libertad. No te podías creer que podías conseguirlo. Era difícil de imaginarse que estábamos abriéndonos a la libertad de prensa, y todavía recuerdo con horror los primeros número de Punto y Hora.

Teníamos que superar la censura, y yo llevaba las galeradas al censor, que en Pamplona, en aquel entonces, era el padre de Jaime Ignacio del Burgo. Yo tenía que ir a su despacho. Y él me tachaba y me señalaba lo prohibido. Pero además de eso, nos secuestraron más de una vez la revista. Iba la policía, rompía delante de ti las galeradas, cortaba los números,... es decir, un atropello. Incluso ya muerto el dictador, intentabas abrirte un poco más, conquistar nuevos ámbitos de actuación pero, como diría tu padre, no era posible si no llevabas el carné. Eso duró algunos años.

¿Quiénes fueron los que le acompañaron en los comienzos de Punto y Hora de Euskal Herria?

Ni los reconocerías. No voy a nombrarlos. La mayoría de mis amigos estaban entonces en Cataluña y siguen estando, y fueron catalanes quienes más me ayudaron. Y otros no te voy a decir, porque su deriva ha sido tan española que no me apetece.

Después de haber levantado tantas expectativas, tanto cariño hacia esa nueva forma de expresión, cálida, cercana, que traía una realidad que no habíamos visto reflejada hasta entonces en los medios. ¿Por qué fracasó? ¿Por qué cayó Punto y Hora?

El poder hizo las cosas bastante bien. Cuando nos pusieron la bomba, yo salvé la vida por instantes. Trabajábamos en un edificio normal, donde estaba la sede del Colegio de Veterinarios, una buena casa. Y de pronto les empezó a dar pánico tenernos allí. Por supuesto, nos quedamos sin nada. Y otra vez vuelta a empezar... Para entonces se había ganado algo más en espacio ocupado por la nueva prensa y teníamos a Egin y Deia en la calle, con lo cual quedaba menos capacidad de juego comunicativo para nuestra revista. Por otro lado, yo también dejé Punto y Hora y es cuando paso a Egin, y pierdo la pista de aquélla, porque bastante tenía con hacer el periódico todos los días.

Creo que languideció, sencillamente. Y cuando las cosas languidecen es porque tú realmente dejas de reflejar lo que la gente está esperando que le des. Pienso que la etapa en la que nosotros la fundamos y el tiempo en el que intentamos desarrollar era porque éramos los portavoces de la necesidad que tenía la gente de ir viendo que la libertad del país y la posibilidad de hacer una patria vasca era real. E ibas cumpliendo las expectativas, siendo decente y digno en la información. Arriesgábamos muchísimo dando informaciones que nadie se atrevía.

Ahora que está tan cercano el tema de Xabier Vinader que tuvo que ir al exilio por una información que dio en Interviú, resulta que en la misma época yo voy a la cárcel de Pamplona por una carta al director. Una carta de un señor que no da la cara cuando ya me juzgan, y se demuestra que los hechos eran verdaderos. Yo respetaba el seudónimo y el anónimo porque era una de nuestras características. No podías hacer que la gente se jugara la vida; para eso estabas tú, tenías que responder; simplemente había que decir, si pasaba algo, que los hechos eran ciertos.

Era una carta de un espontáneo que contaba cómo había sido la fiesta de los gansos en Lekeitio. Entró la Guardia Civil a saco, masacró a familias enteras, entró en bares, a una señora embarazada la golpearon y casi dio a luz en la calle. El remitente va relatando una carta muy sucinta. Yo la publico y a partir de ahí, como la Guardia Civil era militar, me hacen un consejo de guerra militar. Tuve que recuperar datos para el juicio. Me ayudó muchísimo el médico de Lekeitio. Él me dijo: “Yo atendí a los heridos, todo es cierto”. Sólo que a mí me llevan a la cárcel y me hacen un consejo de guerra militar. Luego me amnistiaron, afortunadamente, porque, si no, me esperaban catorce años de cárcel.

Con esto digo que la situación de entonces era muy difícil. Si sólo por una carta, y además verdadera, te arriesgabas a esto, no te digo lo que era decir lo que pasaba en una manifestación, en asociaciones culturales vascas, lo que sucedía con la lengua vasca. Era increíble, impensable. Y aquello sí que fue un mérito. Les abrimos muchísimo el camino a Egin y a Deia.

¿Quién le animó a asumir la dirección de Egin?

Las circunstancias. Es a raíz de lo que sucede con la revista cuando nos ponen la bomba. Entramos en una especie de quiebra y sucede al mismo tiempo que Juan Ramón Martínez, que había sucedido a Mariano Ferrer, primer director de Egin, se mata en un accidente de tráfico con Tomás Muro que era el redactor jefe del periódico.

De allí a poco se me presentó una gran parte del Consejo de Administración del consejo de fundadores de Egin, diciéndome que querían que fuera a dirigir el periódico. Yo les dije que no podía abandonar el barco en aquellas circunstancias, y es cuando me comunican que quien se hará cargo de la revista Punto y Hora es Orain S.A. y que el director iba a ser Sánchez Erauskin. Acepté la oferta y entré a formar parte de Egin. A partir de ahí yo perdí el hilo del día a día de la revista pero creo que uno de los factores por los que fracasa esta nueva etapa de Punto y Hora es porque se la llevan de Navarra, que era algo muy simbólico.

¿Qué se encontró en Egin? Obviamente era un reto diferente...

Sí, pero no te creas que era más difícil. Para mí lo verdaderamente difícil a todos los efectos y a todos los niveles, incluso humanos, fue lo de Punto y Hora, porque entonces era una situación caótica. No me imagino qué pudo ser realmente en Rusia cuando cae el muro de Berlín, pero en la etapa en que yo estaba en Punto y Hora se convive con todo el militarismo y con toda la dictadura, con unas leyes que no se liberalizan y quien manda en la calle son los ultras, son los fachas, son los militares, es decir los vencedores del franquismo. Y el ambiente era imposible. Yo, por ejemplo, nunca he estado más amenazada de muerte, más perseguida, con más anónimos de muerte. Con un coche que me han reventado, que me voló y no volé con él por instantes, ya que salí corriendo y explotó delante de mí.

Y cuando paso a Egin, digamos que esa parte personal se pasa al contexto. Allí sí que tenía yo cada día, cada dos por tres, aviso de bomba y tenía que desalojar el periódico porque teníamos amenaza. Los compañeros siempre trabajaron con mucho entusiasmo. Toda la gente que me he encontrado, tanto en Punto y Hora como en Egin, era verdaderamente generosa, combatiente. Combatiente en el sentido de darlo todo, de estar convencidos de que lo que hacían merecía la pena y trabajar las horas que hacía falta, superando las dificultades que fueran necesarias. Pero la persecución a Egin era ya cada vez mayor. Egin molestaba a todos los niveles.

Mi primer deber todas las mañanas era ir a los juzgados. Tenía denuncias. Como entonces todavía se hacían las cuatro ediciones, lo mismo tenía que ir al juzgado de Iruña, que al de Vitoria, que al de Donostia, que al de Bilbao, porque todos los días había que aparecer por el juzgado. Yo acumulé veintitantos sumarios abiertos. Pero además de eso, lo peor de mi experiencia en Egin fue el interior. Una especie de lucha no resuelta por el poder, que ya empezó en el origen, con los de Euskadiko Ezkerra, que los que luego serían HB, a ver quién realmente se imponía en la dirección. El desasosiego interno a veces hacía mucho más daño a la hora de convivir diariamente que la propia dificultad de dirigir un medio de esa categoría.

Antes ha comentado que después de treinta años es curioso cómo quienes más saludables están, son los medios que habían hecho dinero con el franquismo. Yo tengo dudas sobre si hicieron más fortuna con el franquismo que en la democracia. Pienso que hay algunos que se han consolidado mucho mejor después del franquismo. Dejándolo como interrogante, habrá también algunas otras cosas que le hayan extrañado en estos treinta años, más bien relacionadas con el propio oficio del periodismo que con las consecuencias de él ¿no?

La idea que yo tengo del periodismo es que en principio tú no eres nadie, absolutamente nadie. Que tu opinión sólo le debe importar a la gente cuando decides que vas a escribir un artículo y firmas Mirentxu Purroy o quien sea. Pero la información, lo que es la información, es el principal derecho que tiene un lector.

Hemos dejado de hacer ese periodismo, para hacer periodismo escrito por encargo, y televisivo y radiado como espectáculo, con actores y actrices que venden todo y de todo, también así mismos. Hay cantidad de personas que están en los medios, acomodados perfectamente con el poder y a quien deciden servir. Y esto es lo que a mí más me ha impresionado. Esa pérdida de respeto al derecho a estar bien informado, el respeto a la libertad, el respeto a la información de calidad, el respeto a la verificación de las fuentes, el respeto a la ética informativa, y después la separación de la publicidad, de la venta. Y valores como la libertad están en desuso.

Está hablando de actuar al dictado de la voz de su amo...

Sí, sí. ¿Cuál es la diferencia entre el franquismo que decidía por ti y el periodismo de hoy? En el franquismo ya se sabía que no había libertad, apenas trabajé viviendo Franco, todavía como periodista. Ahora es el periodista quien decide, en teoría, dónde le gustaría trabajar, sin que sea demasiado doloroso o duro para él, éticamente. Imagínate yo, que me siento vasca. No creo que pudiera trabajar jamás en un periódico español, de obediencia española y al servicio de los intereses españoles o de Zapatero o de Rajoy, por poner un ejemplo. Yo tendría la posibilidad, supuesta, de no ir a trabajar a un medio que sé que me va a imponer esa misión, para mí inaceptable. Haces ahí el único gesto de libertad. Si no, lo siguiente es que tú tienes que servir a esa ideología. Ésa es la diferencia, la censura. En algunos se hace censura, en otros no, y simplemente están a ese juego, especie de comercio.

¿Pensaba Vd., en un principio, que podía haber hecho un periodismo, digamos, de autor más que de “amo”? ¿Le hubiera sido fácil entonces trabajar en un periódico, por ejemplo, de Valladolid?

Yo antes de montar la revista Punto y Hora, trabajé en el “Adelanto de Salamanca” Siempre digo que no sé lo que es el atraso, pero el adelanto lo conozco perfectamente. Y la verdad es que tuve mucha suerte. Mi director era un hombre que se formó en la Institución Libre de Enseñanza, era republicano, y yo nunca he tenido más libertad que entonces. Era Enrique de Sena Marcos, una bella persona, además de culto, ameno conversador y generoso.

Por lo tanto, pienso que a veces no son los medios sino las personas. Por supuesto, las personas son siempre. Por eso creo que lo que se ha degradado es la condición humana y lo otro es accesorio.

Pero esa condición humana que se ha podido degradar, evidentemente, viene condicionada por una forma de ver el periodismo como negocio. Porque aquí los dos periódicos que nacen cuando Vd. prácticamente está en sus comienzos son Deia, en mayo de 1977 y unos pocos meses más tarde Egin. Y esos no eran proyectos empresariales. Podían tener una idea vaga sobre una cuenta de explotación pero estaba claro que no jugaban a ser lo que podía haber sido una empresa. Hoy en día el modelo empresarial es el que manda.

Eso es así, pero sin embargo fueron rentables empresarialmente.

¿Seguro? ¿Empresarialmente rentables? Si Vd. me lo dice...

Sí, sí lo fueron. Hubo un ajuste al principio porque se creyó demasiado ingenuamente que se podían mantener las cuatro ediciones, por ejemplo, de un Egin. Y hubo que abaratar costos, pero sí que fueron rentables, por lo menos por lo que yo sé. Y había un buen gerente y las cosas funcionaba; era una buena nave económica. De Deia conozco menos, pero desde el momento en que se ha mantenido tanto, a no ser que le esté insuflando el PNV constantemente dinero, sí que se sostenían.

Deduzco que después de pasar por Salamanca creía Vd. en un tipo de periodismo. Hoy en día ese modelo es difícil de desarrollar ¿Qué perspectiva le queda a un periodista que sale ahora de la escuela?

Lo que ha cambiado muy poco es que todo el mundo es heredero de algo, y por tanto, muy probablemente, ellos son herederos de la seguridad de sus padres. Sus padres son unos segurolas que han querido para sus hijos un futuro mucho mejor, y éstos ya saben que el único futuro seguro es estar en un sitio solvente, donde tengan una nómina y a poder ser un sueldo fijo. Ya no importa tanto, porque es lo que han heredado, el desarrollo de una vocación de cierto riesgo creativo. Se opta primero por la seguridad, porque ya habrá tiempo para desarrollar más tarde y en otro lugar los hobbies. Lo que diría Buñuel: primero un trabajo alimentario y después otro artístico. Aquí es un periodismo alimentario, y luego las ideas ya van por otro lado.

Yo creo que ha habido una renuncia de entrada, como asumiendo que las cotas de autonomía intelectual o periodística son menores y hay que adaptarse a las circunstancias.

¿Piensa Vd. que existe una caída del periodismo de firma?

Creo que en el periodismo de firma no ha habido tanta caída. Si te fijas, una de las cosas que más hacen ahora los periódicos son los artículos de firma, las columnas de fulanito, zutanito y perenganito en cualquiera de los periódicos, en euskera o en castellano. Tienes cantidad de firmas. Eso es lo que sería el periodismo de autor, los columnistas. Pero ese es un tipo de periodismo, no el único y para mí hay otros espacios más complicados y cada vez más difíciles de tejer.

En un periódico en el que no eres persona grata, no tendrás nunca sitio, ni para defender tus ideas ni para que hablen sobre tus ideas. Simplemente te zurrarán. No existirás informativamente. Y hay periodistas que aceptan que eso suceda. A mí eso es lo que me parece mal, la falta de conciencia, la falta de ética profesional. Gustará o no la realidad de una huelga, pero es que existe, se está produciendo. Silenciarla no resuelve nada. Tú la comunicas lo más honradamente posible. Yo es lo que diferencio. La actitud ética del periodismo frente a la realidad. Y luego diferente es el periodismo de autor, las buenas firmas, la gente que tenga un peso y una solvencia, y que le permitan en sus medios opinar y escribir.

O sea que cree todavía, de alguna manera, en la libertad de expresión y de lo que duda es de la libertad de publicación...

Sí, eso es.

Sobre lo que ha dicho del columnismo en la prensa, tengo la impresión de que podría actuar como garante de criterio e inteligencia, para sobreponernos al maremágnum de información –al fin y al cabo, desinformación– y ayudarnos a poner un poco de orden en nuestro derecho a estar informados. Claro, luego está que esos columnistas puedan publicar en libertad... Pasando a otro tema, la historia del periodismo moderno nos muestra que las primeras revistas datan de mediados del siglo XVII y los diarios de comienzos del XVIII. La radio es de finales del XIX y la televisión del primer tercio del XX. Han sido cuatro siglos en los que los cambios han ido produciéndose a velocidad creciente. Y ahora en un cuarto de siglo hemos dado un salto tan espectacular... que cualquiera adivina lo que se nos viene encima... ¿Hoy en día crearía un nuevo Punto y Hora de Euskal Herria?

Yo creo que ahora sí sería importante tener de nuevo un medio en el que se reflexionara con muchísima más libertad, sin tener que estar dependiendo de los colores de uno y otro que están hipotecados completamente. Aunque sea para decir algo tan sencillo como “Oye, ¿qué pasó en las conversaciones de Loiola? ¿quién dijo qué y cómo lo dijo?”.

Porque lo que de verdad está claro hoy es la falsedad tremenda de los políticos, su degradación moral. Es que ahora es importantísimo, para que la gente no se decepcione más de lo que ya está, que alguien con una libertad mayor –ya que existe esa posibilidad de ser libre– deshipotecado de cualquier vestido ideológico,... pueda hacer una reflexión y expresar por dónde han de ir las cosas. Y coger a una serie de personas que puedan contribuir dentro de un periodismo más reflexivo, semanal o quincenal, para poder decir lo que debe decirse.

Se necesita a alguien que pueda, serenamente, no tener que dar la razón sólo a un lado, no tener que quitársela sólo a un lado y, además, ser capaz de encontrar puntos de encuentro, porque la opinión debe ser siempre libre.

Me llama la atención que diga que le gustaría hacer ese tipo de periodismo, que de alguna manera es de investigación. Seguramente que muchos jóvenes vascos actuales le conocen a Vd. más bien por el programa de Euskal Telebista Mundo.Hoy que por lo que fue Punto y Hora. La verdad es que yo también veo dicho programa y algunos capítulos me han parecido magníficos, mostrando de manera transparente la realidad del mundo. Lo que pasa es que a mí me gustaría ver alguna vez algún programa de ese tipo pero basado en lo que sucede en este país.

Yo ya he hecho reportajes de ese estilo, con temática vasca, si bien no estaban incluidos en Mundo.Hoy.

Cuando se le dió el Premio René Cassin a Aranzadi, le recordaba a este extraordinario médico forense Paco Exteberria que yo hice el documental de Lasa y Zabala, de casi una hora de duración. Fue muy valiente, también por parte de Euskal Telebista por cómo se abordó realmente el tema. Y como ese programa, he hecho muchos. Lo que pasa es que no eran seriados y se daban en programaciones diferentes, y con la serie actual se ha universalizado la temática. Pero no es porque a mí no me apetezca abordar el tema. Sería bonito hacerlo de manera más habitual.

Ahora, sí es verdad que a la televisión no le interesa tanto entrar en esa cuestión vasca, porque es siempre más compleja. Igual resulta que efectivamente hace falta más distancia y no soy capaz de mantenerla. No sé...

Se suele decir que la realidad está muchas veces por encima de la ficción. Y es muy probable que hubiera espectadores que no creyeran lo que apareciera en un programa de este tipo con temática vasca. ¡Bah, otro invento de Mirentxu!

Probablemente. Yo sí creo que serían muy potentes. Mostrar la realidad actual, pero enfocada desde los puntos de vista que habitualmente no se utilizan porque no nos da tiempo, o porque no interesan. Se trabaja a bastante velocidad. No te creas que es fácil enfocar el tema del país. Lo que si creo es que es uno de los países más vivos y más apasionantes.

Me imagino que con sus relaciones internacionales tendrá contrastadas ideas de periodistas del extranjeros sobre nuestro país.

Hay muy pocos que verdaderamente tengan una visión clara del país. Porque ellos también son víctimas de la gran concentración de los medios en una sola mano, y todo lo que distribuyen las agencias mundiales es lo mismo.

Los que tienen la oportunidad de ir al terreno in situ, sí descubren que éste es un país muy, muy interesante. Y les llama poderosamente la atención, y de hecho es un descubrimiento, y les gusta, y además lo admiran, sí. No tienen sólo el estereotipo de ETA.

Estábamos hablando de ficción y de periodismo. Han pasado cinco años del caso Egunkaria. ¿Qué sensación le trae?

¡Qué fuerte! Yo recuerdo cómo cogí un autobús con un montón de amigos y nos vinimos a la manifestación espontánea que hubo tras el cierre de Egunkaria, algo que no te lo podías ni creer. Y nos volvimos a encontrar gentes que hacía muchos años no nos veíamos y comentábamos que parecía como que no hubiera pasado el tiempo en este país, teniéndonos que manifestar como lo estábamos haciendo por una aberración tan grande como aquélla.

Yo creo que es la perla final de lo que los españoles llaman democracia, para acabar con la diferencia de un pueblo que no es España, que no es Castilla, que no ha querido conquistar el mundo ni ponerse por encima de los demás, sino que está diciendo ésta es mi casa, éste es mi territorio, y respetadlo. Pues es la perla para decir: ni existís ni os respetamos.

¿Seguiremos así durante mucho tiempo?

Hay una cosa que me impresiona muchísimo de los nuevos tiempos, y es la degradación, la pobreza política, humana y personal de los nuevos políticos. Y cuando digo nuevos, es que son los nuevos, es una gente, como dirían los ingleses, “sine nobilitate”, sin nobleza. Sin nobleza es lo que entienden los anglosajones por alguien que es un “snob”, un arrivista, un recién llegado que ha querido pasar inmediatamente a los puestos más altos, sin acreditar curriculum, sin acreditar vida, sin instrucción ni mérito profesional. Les ha bastado hacer amiguismo para llegar al poder. Por eso, en cuando les cedemos nuestros votos, se los apropian y los manejan como si fueran suyos.

Con excepciones, son un ejército de estafadores de la libertad de los demás. Han metido la mano en el cajón de nuestros impuestos de mil maneras: con la utilización abusiva de su posición política para conseguir beneficios propios y ventajas para los suyos, con sus dietas, viajes, cursos y conferencias privilegiada, su tráfico de concesiones de obras y repartos de cargos directivos a sus amigos en radio, televisión, diputaciones, servicios. Resultan un fraude que les hace ser poco apreciados y a quienes se les ha perdido el respeto, la consideración y la confianza.

Pienso que lo que ha hecho bajar realmente el nivel de las posibilidades de esperanzarse más en este país, han sido sus políticos. Aquí hay una hornada que ha llegado así, sin nobleza, a ejercer y a administrar.

¿Y puede suceder que en esta situación aparezca alguien, salte la chispa y prenda? Porque, si no, parece que estamos aviados...

Como en todo, hay excepciones. No quisiera generalizar. Digo que existe un par de generaciónes que han llegado al poder en masa, por amiguismo dentro de su propio partido y, de repente, en vez de asumir que vienen a servir, se han creído que hay que servirles y se aprovechan de ello una y otra vez. Le han cogido gusto y no han sentido la necesidad, el deber, la obligación de ser transparentes. Y cuando digo ser transparentes, no sólo es ser transparentes económicamente sino conocer lo que están haciendo con la libertad de los demás, cómo la están gestionando. Saber a dónde va a parar la esperanza que delegamos. Falta ese deber moral de rendir cuentas sobre nuestros fondos morales y quienes los malversan. Y a cambio de qué.

Pero con un flujo gris que nos lleva a la mediocridad, insisto, ¿puede surgir de repente un hada que diga “Ahora voy a cambiar”...?

Yo creo que la solución está en el ambiente, está en el sustrato de la gente, está y se respira en la esperanza de decir, “Hasta aquí hemos llegado, porque así no se puede seguir”. Creo que falta...

El Obama vasco...

Sí, quizá. Falta alguien que aglutine y hable por boca de lo que está pensando todo el mundo y le dé forma. Es una fórmula que no la están buscando. Pero la gente está deseando que alguien le dé una esperanza, de que nos hagan estar seguros de que han merecido la pena estos treinta últimos años, los cien que lleva este país de pelea diaria, los miles de tiempos y generaciones anteriores. Alguien que diga, definitivamente “Ya no podemos seguir tolerando que se degrade toda la esencia de nuestro ser” Porque, ¿en nombre de qué se tiene que tolerar esto?

Dice el obispo José María Setién que la solución del estado actual de la iglesia no vendrá de los curas sino de los cristianos de a pie.

Tal vez.

Este país ha dado personas de muchísima talla, a todos los niveles, culturales y políticos. Pero no esta en su mejor momento, ni mucho menos. Hemos tenido mucho topo, que ha hecho muy bien la labor de dividirnos y dejarnos en esta especie de ruina aparente. Pero pienso que vamos a volver a salir con fuerza.

Cambiando de tercio: ¿Quiénes han sido referentes en su vida periodística?

No he tenido referentes mitificados. Ha sido la ética profesional la que me ha dirigido. Eso lo tengo clarísimo: lo que creo que es decente y lo que no lo es. Hombre, en su tiempo me encantaron las entrevistas de Oriana Fallacci y me compré todos sus libros... Pero luego vi su cambio y lo que escribía... y no podía dejar de asombrarme cómo había podido leerla y seguirla de aquella manera.

Sí, su cambio fue radical... o quizás es que antes la Fallaci también era así, de manera oculta, y no actuaba con ética, como Vd. lo hace...

No podemos negar que era buenísima haciendo las entrevistas. También me gustaban Manuel Vázquez Montalbán, Carandell, Miret Magdalena, seguía los editoriales de Triunfo. Pero, creo que siempre tuve presente una frase de Albert Camus que me llegó al alma, dicha por el francés cuando le dieron el Premio Nobel de Literatura. En opinión de Camus el periodista tenía que ser “el vocero emocional del pueblo” y subrayaba que es deber de todo profesional opinar y dar cauce a lo que piensan y lo que sienten los demás, y publicarlo.

Ése era mi principio. Y de hecho intento, ingenuamente, cada día seguir haciendo lo mismo. Qué le puede parecer verdaderamente interesante, qué puede necesitar la gente saber. Y cómo contribuir a ello, en nada, en poquísimo, en una gotita, pero cada día, a poder ser.

Seguramente que es la ética la que le mantiene viva en este oficio, ¿no?

Sí.

Viva y también con un nivel de credibilidad por parte del público.

Puede ser. Resulta que soy muy respetuosa, quiero mucho a la gente y sobre todo agradezco que a mí me traten siempre así de bien. Agradezco que me den lo que me merezco y nada más. He procurado dar en mi oficio lo mejor de mí misma; es lo mínimo que me he exigido La inteligencia y la capacidad es para ponerla al servicio de quien tiene derecho a conocer lo más a fondo posible el mayor número de verdades. No quiero decir con esto, ni mucho menos, que exista la objetividad o la verdad absoluta. Pero todos debemos tener unas pequeñas parcelas desde donde contribuir libremente, desde donde poder opinar, sin que esa libertad te la haya manipulado ni manoseado nadie.

Ésta es mi búsqueda, éste es mi sueño. Entiendo que puedo ser de los últimos de Filipinas. O sea, que mi generación ha desaparecido. En las nuevas hornadas de periodistas veo que no les importa esto en absoluto. Tienen una situación muy mala, muy precaria. Están muy bien formados, tienen muchos más conocimientos y posibilidades que las que tuvimos nosotros, pero ellos aceptan los sueldos en la precariedad y lo admiten, y no van a luchar por ahí.

¿Y qué le gustaría dejar como superviviente de “los últimos de Filipinas”?

Ahora voy a empezar a escribir. Me he pasado la vida archivando, después de ser testigo durante muchos años de cantidad de acontecimientos, mantenidos muchos de ellos en secreto. He guardado un gran silencio. Creo que he sido una periodista muy honrada, porque otros –con lo que yo he podido acumular de información– habrían publicado sus libros y se habrían forrado en su momento.

Por eso, cuando te digo que verdaderamente nos están estafando la libertad los nuevos políticos, te lo digo de verdad. Podría utilizar datos para demostrar cómo llega la gente a estos cargos. No lo voy a hacer, no lo haré nunca. Pero lo digo con toda la fuerza. Eso es verdad y es verdad.

He sido testigo de intentos, como el primero que se hizo en lo que se llamó “la cumbre vasca” de Txiberta. Por primera vez se juntaron los representantes de todo el mundo político vasco, con las dos ETAs (ETA militar y ETA político-militar) en una mesa inmensa, gigante, de un sitio desconocido. Todos llegamos como los mozorros, cubiertos. Allá estaban representantes del movimiento de alcaldes, representantes de 68 municipios, el PNV confederal, Iparralde y Hegoalde, ANV, ELA, ESEI, EIA, LAIA, EK, etc. Hubo reuniones durante tres o cuatro meses, para buscar una salida a la paz y al deseo de libertad del pueblo vasco.

Yo fui la única periodista. Sigo siendo la única periodista que tiene los datos. Pero lo que luego he oído decir a unos y otros... ¡me revuelve! Se ha mentido una y otra vez para interés propio, y lo han hecho todos. Y allí descubrí por primera vez, siendo yo una jovencita, que los partidos se odiaban a muerte. Lo que ha sucedido después es el mismo odio mantenido o aumentado. Unos partidos han desaparecido, otros han nacido, pero da lo mismo. La falta de entendimiento y las traiciones han seguido. Quién pactaba con España inmediatamente aunque engañara a los otros y quién no estaba dispuesto a ceder ni tan siquiera para conseguir una tregua, es lo mismo. La misma historia. Y piensas cómo se puede desmontar eso, y te asustas.

La persona súper honrada, de verdad, que yo he encontrado, que no se sirve a sí misma sino que lo hace al país las 24 horas del día, es Ibarretxe. Por eso se lo van a cargar. Y lo que hace temblar es su integridad personal. La persona que no está buscando ni su vanidad, ni su traje, ni su dieta, sino que se comprometió a ciertas cosas y las quiere llevar adelante. ¿Qué es lo que hoy molesta? No es la ideología, es la integridad personal. Ibarretxe es insobornable. Y no ha podido hacer eso ni su partido, por más que lo han intentado. Pienso que ha heredado la antorcha de integridad de otros líderes como lo fueron Irujo, Ajuriaguerra, Rubial, Garaikoetxea o Arzalluz. Pero ha surgido con fuerza y lo quieren desbancar. Pero no es por ideología, sino por integridad, que es uno de los valores en los que yo creo. La honradez nos hace libres. Y la libertad nos da fuerza y ánimo para gritar: quiero ayudar, quiero servir, y no quiero aprovecharme.

Si, según Vd., cuando se fue capaz de sentar en una mesa a decenas de personas de diferentes ideologías, en un momento en que todavía no había una lucha sórdida por el poder sino que se trataba de una pelea ideológica, no se produjeron más que traiciones y puñaladas, con el “establishment” actual poco hay que esperar...

Ya había para entonces un cierto control sobre el poder, porque es cuando hicieron el pacto el PNV con el PSOE para ir juntos en el Frente Autonómico... Estábamos en vísperas de las primeras elecciones de 1977.

Pero, en este momento sería más difícil desmontar todo ese nudo.

Muchísimo más difícil. Porque se han acumulado más miserias, más intereses. Te das cuenta de que la gente está harta y quisiera castigar a todos los que han estado mandando y gobernando durante tanto tiempo. Pero el mismo sistema de elecciones de nuestros representantes es una rueda, que no tiene fin y que no da la opción de castigo, salvo excepciones. ¿Hasta cuándo vamos a seguir con el sistema de partidos? ¿Hasta cuándo las listas cerradas? ¿Por qué no se puede organizar unas primarias, y elegimos a esa persona que creemos que está libre de ataduras... y hagamos que siga siendo libre?

No voy a tirarle más de la lengua porque veo que se está frenando. Sin embargo, me gustaría que nos diera un mensaje para los nuevos periodistas. ¿Cómo debería trabajar un nuevo profesional que sale a la plaza, para mejorar tanto en su aspecto profesional como en su dedicación al país?

Primero, ya juegan con una ventaja estupenda respecto a nosotros, cual es que están muy informados, que dominan un par o tres de idiomas, cosa que les favorece muchísimo. Y por el otro lado, las nuevas tecnologías las tienen muchísimo más asimilada que nosotros, que las hemos tenido que aprender y ellos ya han nacido prácticamente con ellas. Toda esta gente joven eso lo domina. Entonces, como pasa en todas las profesiones, hay que intentar ser muy buen profesional cada día. Estar al día, preocuparse de que las fuentes sean buenas, demostrar que verdaderamente se es un buen periodista.

¿Cómo se demuestra eso? Pues siendo tus informaciones las más verdaderas, y no sabes cómo se nota eso. Quien verdaderamente se ha trabajado una información, quien se ha trabajado un texto, quien se ha trabajado los contactos, y aunque sea así de pequeño lo que le dejen decir, va y lo suyo tiene una contundencia y un contenido muchísimo mayor. Para mí esa es su gran fuente de buen camino.

Su gran aportación.

Y luego lo demás viene sobreañadido. ¿Quién tiene mejor agenda, quién tiene mejores contactos, quién se ha esmerado en contrastar las fuentes, en aportar más datos? Y resulta que al final dices “¿Quién será este chico que...? Oye, pues me gusta como escribe, me gusta lo que dice, me gusta lo que aporta”.

Yo creo que tienen muchas posibilidades. Y dentro de que no tenemos mucha libertad todo el mundo, pues que elija el mejor medio para él, el que más posibilidades le dé. Yo creo que tienen buenas salidas.

De todos modos, ante lo que Vd. considera una ventaja comparativa, parece que el hecho de que ahora haya más información disponible ha incidido de manera negativa en los medios de comunicación tradicionales. La revolución digital ha cambiado el periodismo y hoy en día tenemos una generación de lectores que no acude a los periódicos para informarse. Y si lo hace, prefiere ése diario que se adquiere de forma gratuita en las bocas del metro. ¿Hacia dónde se dirige el nuevo periodismo?

Hacia el control de Internet, donde empresas gigantes, como las del emperador de los grandes Medios del Mundo, Rupert Murdoch, controla no solo los grandes periódicos, las grandes Cadenas de Televisión, radio, cine, Satélite, sino que ya News Corporation dispone de varios miles de profesionales de la industria de la comunicación supervisando tanto “online” como en el papel y la tele cuantos contenidos marcan el consumo actual de las mayorías. La revolución digital fragmenta la comunicación, y los negocios se acercan para apropiárselos. De momento se está produciendo un triunfo de las minorías aún no colonizadas informativamente. Una batalla entre la información y la propaganda, ante unos nuevos consumidores que buscan contenidos al instante. Algo muy interesante, que puede desplazar a las viejas elites habituadas a poner obstáculos a la libertad. Mirentxu Purroy Periodista de Pamplona dedicada a la información en diversos medios de comunicación en prensa escrita, cine y televisión. Licenciada en Filosofía, Psicología Clínica, amplió estudios en Nueva York, en la Columbia University y en New York University donde se graduó en Cinematografía. Fundadora de “Punto y Hora” y directora de “Egin”, es autora de los films: El Silencio de los Inocentes” y “Detrás del tiempo” y de numerosos documentales informativos. En la actualidad dirige el programa de actualidad e investigación periodística “Mundo.hoy” en Euskal Telebista.