748 Zenbakia 2020-03-18 / 2020-04-15

Gaiak

Historia negra de Bilbao: violencia, mentalidades y vida cotidiana en la Edad Moderna

BERNAL SERNA, Luis María

Domingo, 9 de mayo de 1649: durante un baile en el barrio de Allende la Puente se produjo una reyerta entre los bilbaínos Francisco de Olaeche y Santiago de Larrazábal. Según uno de los testigos, los dos estaban participando en una danza y al terminar, Larrazábal “quiso tomar la primera mano en otro baile y a esto dijo el dicho Francisco de Olaeche que no la havia de tomar sino es él”. Encabezar las danzas se consideraba un honor, por lo que se trataba de puestos disputados. Larrazábal insistió en que “él había de tomar el dicho baile aunque le pesase al dicho Francisco” y Olaeche respondió que “aunque le pesase al dicho Santiago y a toda su generación, él había de tomar el baile”. Esta mención a su familia enojó a Larrazábal, que empujo a su rival. Entonces Olaeche desenvainó su espada “y acometió con ella contra el dicho Santiago y el también en defensa desembainó la suya”. Otro testigo afirmó que vio a “muchas personas que acudieron al ruido” y que Olaeche resultó herido en la cara, aunque “no sabe quien le herió porque havía muchas espadas desembainadas[i].

Este es solo uno de los cientos de casos de violencia que se produjeron en Bilbao durante la Edad Moderna. Aunque pueda parecer un proceso de poca importancia, expedientes de este tipo proporcionan una valiosa información sobre aspectos de la sociedad de la época, como las relaciones personales (entre parientes, vecinos, amigos, enemigos o desconocidos) o el funcionamiento de la justicia (denuncias, interrogatorios, procesos o condenas). La documentación judicial resulta imprescindible para determinar las causas y las consecuencias de la violencia y estudiar las políticas represivas implantadas por las autoridades, pero también es una fuente fundamental para conocer la vida cotidiana en el Bilbao moderno. Estos procesos reflejan como ninguna otra documentación los comportamientos y el modo de vida de las clases populares: así, incluso los expedientes más breves, que en muchas ocasiones ni siquiera llegaron a juicio, informan sobre aspectos como la vivienda, los empleos, el ocio, las propiedades, los negocios, la medicina o el lenguaje de los bilbaínos modernos.

Además de mostrar aspectos sobre la vida cotidiana, la lectura de los procesos judiciales permite adentrarse en la mentalidad predominante en la época. Así, entre las características esenciales de los bilbaínos modernos pueden citarse el sentimiento de pertenencia (a la familia, a la comunidad o a un gremio), la religiosidad, la defensa de la propiedad y la conservación de sus derechos y libertades. Los vizcaínos se sentían orgullosos de su origen, de su linaje, de su forma de vida y de sus leyes, por lo que cualquier gesto o comentario que se interpretara como un menosprecio o un ataque a estos principios merecía una reacción. El orgullo de los vizcaínos los llevaba a reaccionar ante las afrentas por medio de la agresividad verbal o física, mientras que recurrir a la justicia se consideraba como una cobardía.

Historia negra de Bilbao, 1550-1810. Rebeldes, bandoleros, brujas, verdugos y otros villanos modernos.

La coincidencia de individuos susceptibles e insolentes podía generar disputas por motivos de escasa relevancia, pero que un exagerado y dramatizado sentido del honor convertía en cuestiones de vital importancia. A estas personalidades irritantes y desafiantes hay que añadir un escaso autocontrol sobre los propios impulsos, en ocasiones favorecido por el consumo de alcohol. Todos estos factores contribuyen a explicar la inclinación a la violencia de muchos individuos. Por ejemplo, en el caso de Larrazábal y Olaeche el conflicto surgió porque ambos reivindicaban un puesto de preeminencia en la comunidad, aunque fuese momentáneo, al que creían tener derecho y que sentían que el otro intentaba negárselo. En la sociedad tradicional del Señorío todos los vizcaínos originarios gozaban de la condición de hidalgos, con lo que podían considerarse iguales entre sí, pero esta circunstancia no significaba que no existiera una permanente tensión entre los individuos por mejorar o mantener su posición en la estructura social. Si la agresividad era frecuente entre individuos situados en un mismo plano social, aún se acentuaba más en las relaciones caracterizadas por la desigualdad, como sucedía en los hogares. La violencia era habitual en las casas y se derivaba de la concepción patriarcal de la familia que permitía al hombre recurrir a la fuerza cuando consideraba que era necesario castigar a su esposa o sus hijos. Esta facultad también se extendía al personal subordinado de la casa, como las criadas o los aprendices en los talleres artesanos.

A pesar del elevado número de asesinatos, homicidios y agresiones, el nivel de violencia en Bilbao se mantuvo dentro de unos límites tolerables. Un cierto grado de agresividad se entendía como normal dado que los vizcaínos creían que era necesario reaccionar ante los ataques contra la propia persona, la familia o las propiedades, un comportamiento que incluso se consideraba como honorable, mientras que ser incapaz de defenderse de las afrentas sufridas suponía una deshonra. Estas disputas, sobre todo si no causaban muertes o heridas graves, no se entendían como un riesgo importante para la comunidad y, de hecho, la agresividad contribuía a mantener el funcionamiento de la sociedad tradicional, basada en la igualdad de los vizcaínos de pleno derecho y la exclusión de los colectivos marginados: así, tanto la violencia en sentido horizontal, sucedida entre iguales, como la vertical, ejercida sobre los individuos subordinados (esposas, hijos o empleados) y los discriminados (mujeres, pobres o forasteros), impedían la alteración de la estructura social en Bizkaia.

La evolución cultural producida a lo largo de la Edad Moderna contribuyó a la disminución del grado de violencia de las sociedades europeas: factores como un mejor control de los impulsos, una mayor valoración de la convivencia pacífica y el desarrollo de la policía y del sistema judicial favorecieron que los individuos optasen cada vez en mayor medida por denunciar las afrentas y no recurrir a la venganza. También entre los bilbaínos se produjo este cambio de mentalidad, con una mayor tolerancia hacia el comportamiento de los demás, con lo que muchos gestos y comentarios dejaron de considerarse como ofensas importantes que merecieran una respuesta agresiva. Así, se modificó de forma paulatina la conducta respecto a la defensa de las convicciones, el honor y las propiedades, aunque este proceso no afectó a todas las personas por igual: los bilbaínos del siglo XVIII tenían una mayor predisposición a acudir a los tribunales que los de épocas anteriores, pero todavía había ciudadanos dispuestos al enfrentamiento violento ante la menor ofensa. Sin embargo, este comportamiento dejó de entenderse como honorable y los individuos que todavía seguían ese modelo de conducta pasaron a ser considerados como elementos antisociales y peligrosos para la paz pública. Así, el respeto por la ley, las autoridades y los convecinos sustituyeron al coraje en el ideal de ciudadano digno y, aunque la violencia nunca dejó de estar presente en la villa, la convivencia se fue haciendo más segura sin que ello implicase que los bilbaínos renunciasen a sus valores esenciales

 

 

La obra Historia negra de Bilbao, 1550-1810. Rebeldes, bandoleros, brujas, verdugos y otros villanos modernos fue publicada por Txertoa en 2019.

Archivo Histórico Foral de Bizkaia, Judicial, Corregimiento, JCR1806/006.


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