425 Zenbakia 2008-01-25 / 2008-02-01

Gaiak

Lactancia materna y salud infantil

SOLÓRZANO SÁNCHEZ, Carmen

Pediatra del Centro de Salud de Amara Berri-Donostia



El hecho de que la leche materna esté adaptada específicamente a las características digestivas y metabólicas del lactante humano, es algo conocido desde hace mucho tiempo. Las investigaciones científicas desarrolladas en los últimos años, han permitido, no sólo ratificar esta evidencia, sino aportar cada vez más datos, y más pormenorizados sobre cómo la leche materna, al aportar cantidades óptimas de nutrientes y sustancias con funciones biológicas únicas e interacciones nutriente-nutriente (células vivas, enzimas digestivas, inmunomoduladores, factores de crecimiento y linfocitos), es la alimentación ideal para conseguir un crecimiento óptimo, un mejor desarrollo psicomotor y social, un mayor coeficiente intelectual y un mejor desarrollo de la agudeza visual. Además, la alimentación al pecho ofrece un efecto protector que se traduce en una menor incidencia de enfermedades, que son menos graves y más cortas, no sólo durante la época de lactancia, sino muchos años después. No ser amamantado supone un aumento de riesgo de muerte súbita del lactante, de mortalidad post-neonatal durante el primer año de vida, y de mortalidad infantil. Los lactantes amamantados padecen menos procesos infecciosos: diarreas, infecciones respiratorias como bronquiolitis, neumonía y otitis, infecciones de orina y menos hospitalizaciones. Los niños no amamantados padecen más dermatitis atópicas, asma, enfermedad celíaca, enfermedades autoinmunes, diabetes mellitus y cáncer. El riesgo de obesidad y el grado de riesgo cardiovascular son menores en adolescentes que han sido amamantados y sus cifras de presión arterial en la edad adulta también son más bajas. La lactancia artificial se asocia a más caries, peor desarrollo orofacial y mandibular y mayor necesidad de correcciones ortodónticas. Foto: Raphael Goetter. http://www.flickr.com/photos/goetter/1353787707

Desde otro punto de vista, la leche materna es un alimento ecológico, puesto que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse, con lo que se ahorra energía y se evita contaminación del medio ambiente. Es económica, pues debido a la menor incidencia de enfermedades los niños amamantados ocasionan menos gastos a su familia y a la sociedad en medicamentos y utilización de servicios sanitarios, y originan menos pérdidas por absentismo laboral de sus padres.

En la actualidad, disponemos de una base científica importante, una calidad de evidencia y una fuerza de recomendación por los estudios realizados, mucho más elevada que la de muchos tratamientos y vacunas de uso habitual en nuestras consultas. Sin embargo, las bajas tasas de lactancia materna y el abandono precoz de la misma, que se dan en muchas sociedades europeas, entre ellas la nuestra, muestran una clara contradicción con todas las evidencias anteriores, y por lo tanto, constituyen un problema de salud pública que exige la puesta en marcha de medidas de promoción y apoyo urgentes a la lactancia natural. Hace años, una editorial de Lancet decía: “Si estuviera disponible una nueva vacuna para prevenir un millón o más muertes de niños, y además fuera barata, segura, de administración oral y no necesitara de una cadena de conservación en frío, se convertiría inmediatamente en un imperativo de salud pública”. La lactancia materna puede hacer todo eso y más, pero necesita “una cadena caliente” de ayuda, es decir, una práctica adecuada para ayudar a las madres a reforzar su confianza, mostrarles cómo hacerlo y evitar prácticas nocivas. En nuestro medio no se cumplen las políticas y recomendaciones de la estrategia global para la nutrición del lactante y niño pequeño que suscribieron los países de nuestro entorno en la 55 Asamblea Mundial de la Salud. La OMS declaró entonces: “La lactancia natural es una forma sin parangón de proporcionar un alimento ideal para el crecimiento y desarrollo sano de los lactantes. Como recomendación de salud pública mundial, durante los seis primeros meses de vida, los lactantes deberían ser alimentados exclusivamente con leche materna para lograr un crecimiento, un desarrollo y una salud óptimos. A partir de este momento, a fin de satisfacer sus requisitos nutricionales en evolución, los lactantes deberían recibir alimentos complementarios adecuados e inocuos desde el punto de vista nutricional, sin abandonar la lactancia natural hasta los dos años de edad o más tarde”.

Foto: Raphael Goetter.

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goetter/1101531528/ En mayo de 2004 se hace público en Dublín el “Plan para la promoción y apoyo de la lactancia materna en Europa”, auspiciado por la UE, que firman diversos gobiernos europeos, incluido el español. En abril de 2006, la OMS publica los nuevos criterios estándar de crecimiento infantil basados en lactantes y niños de diversas zonas del mundo. Este trabajo ha sido realizado con seguimiento estrecho del crecimiento y la alimentación de niños alimentados con leche materna exclusiva hasta los seis meses y complementada con otros alimentos hasta los dos años o más. El resultado es un instrumento válido, desde el punto de vista técnico, que define los parámetros con los que comparar el crecimiento y realizar la evaluación y seguimiento, con máximas garantías, de todos los niños y niñas sanos, nacidos a término, con peso adecuado para su edad gestacional.

Es importante que al niño se le ofrezca el pecho precozmente, en la primera media hora tras el parto. Es recomendable que el bebé permanezca junto a su madre. Cualquier mujer puede ser capaz de alimentar a su hijo exclusivamente con su leche, las causas que contraindican la lactancia materna son excepcionales. El principal estímulo que induce la producción de la leche es la succión del niño, por lo tanto, cuantas más veces se agarre el bebé al pecho de la madre, y cuanto mejor se vacíe éste, más leche se produce. La cantidad se ajusta a lo que el niño toma y a las veces que vacía el pecho al día. La composición también varía con las necesidades del niño a lo largo del tiempo: durante los primeros días la leche tiene más proteínas y sustancias antiinfecciosas, es el calostro; posteriormente aparece la leche madura, su aspecto puede parecer aguado, sobre todo al principio, al final de la toma va aumentando el contenido en grasa de la leche. No existe leche materna de baja calidad, ésta siempre es adecuada al bebé y es todo lo que éste necesite.

Es importante, sobre todo al principio, no ofrecer al niño biberones, pues la tetina no se chupa igual que el pecho, lo que puede confundir al bebé y hacer que posteriormente agarre el pecho con menos eficacia. Tampoco es recomendable el uso de pezoneras, pues acortan la duración de la lactancia y además, la hacen muy incómoda. Un recién nacido sano no necesita más líquidos que los que obtiene de la leche de su madre.

El tiempo que cada bebé necesita para completar una toma es diferente dependiendo de su edad y varía de unos a otros. La leche del principio de la toma contiene la mayor parte de proteínas y azúcares y la del final es menos abundante, pero tiene más calorías por el mayor contenido en grasas y vitaminas. El pecho debe ofrecerse a demanda y sin limitar la duración de la toma, el bebé es el único que sabe cuándo se ha quedado satisfecho, lo ideal es que la toma dure hasta que sea el niño quien se suelte espontáneamente del pecho. Algunos niños obtienen cuanto necesitan de un solo pecho y otros toman de ambos.

La madre que amamanta no necesita variar sus hábitos de comida o bebida. Si la madre es fumadora, este es un buen momento para dejarlo, si le resulta imposible es preferible fumar justo después de la toma y nunca hacerlo en presencia del niño. Lo mismo es aplicable al alcohol, aunque si la madre sólo bebe ocasionalmente y de forma moderada no le costará dejarlo por completo.

Después de lo expuesto, y sabiendo que el amamantamiento podría mejorar la salud de madres e hijos, es curioso que sea precisamente en Europa donde se dan las tasas de prevalencia de lactancia materna más bajas del mundo. Los factores y circunstancias que influyen en este hecho son diversos: el escaso apoyo social y familiar a la madre que amamanta, la utilización de la alimentación con biberón como norma en los medios de comunicación y publicaciones infantiles para padres, la distribución de muestras de leche artificial, tetinas o chupetes en comercios, la escasez de medidas de apoyo a la madre lactante con trabajo remunerado en la legislación y en los lugares de trabajo, algunos mitos sociales (la deformación del pecho), el temor a la pérdida de libertad de la mujer que amamanta... son algunos de ellos. Se pueden caracterizar también grupos sociales con mayor riesgo de no iniciar la lactancia o abandonarla: grupos étnicos que ven en la alimentación artificial un signo externo de progreso o riqueza, o progenitores con bajo nivel de estudios o trabajos precarios. En resumen, la alimentación al pecho materno ofrece al lactante el alimento de especie y le asegura un crecimiento, desarrollo y salud óptimos; sin embargo, no está bien apoyada ni promovida. Las prácticas profesionales en muchas instituciones sanitarias (hospitales, maternidades, centros de salud) ponen demasiado a menudo obstáculos a la iniciación y continuación de la lactancia. Esta influencia negativa se produce, sobre todo, por falta de información y apoyo prenatal y postnatal a la madre y su familia. Como consecuencia, muchos niños en nuestro país no se benefician de la leche materna o lo hacen durante menos tiempo del que podrían, con resultados adversos importantes, sociales y de salud, para mujeres y niños. Ello repercute a la larga también de forma negativa sobre la comunidad, por causa del exceso del gasto sanitario. Por todo ello, la lactancia materna debe pasar a ser contemplada por los profesionales sanitarios que atienden a la población infantil, como un campo prioritario de promoción y apoyo al que dedicar, cuando menos, tantos esfuerzos como a las vacunas y otras actividades preventivas. Todo esto implica un esfuerzo por mejorar la formación teórico-práctica, cambiar actitudes, colaborar con otros grupos profesionales y grupos de apoyo a madres, incorporar las recomendaciones vigentes a la práctica profesional, e impulsar un cambio y renovación en las rutinas de los centros sanitarios.