388 Zenbakia 2007-03-30 / 2007-04-06

Gaiak

El Canciller Don Pero López de Ayala y el linaje de la Casa de Ayala

GARCÍA FERNÁNDEZ, Ernesto

Catedrático de Historia Medieval de la UOV-EHU



“Fue este don Pero López de Ayala alto de cuerpo y delgado, e de buena persona, hombre de gran discreción e autoridad y de gran consejo así de paz como de guerra. Ovo gran lugar acerca de los reyes en cuyo tiempo fue, ca seyendo mozo fue bien quisto del rey don Pedro, e después del rey don Enrique el segundo, fue del su consejo muy amado del. El rey don Juan y el rey Don Enrique su hijo hicieron del gran mención e fianza....Fue de muy dulce condición e de buena conversación, y de gran consciencia, que temía mucho a Dios. Amó mucho las ciencias, diose mucho a los libros e historias, tanto que como quier que él fuese asaz caballero y de gran discreción en la práctica del mundo, pero naturalmente fue inclinado a las ciencias. E con esto gran parte del tiempo ocupaba en leer y estudiar, no en obras de derecho, sino en Filosofía e Historias...” (“Generaciones y Semblanzas” de Fernán Pérez de Guzmán, sobrino del Canciller Ayala)

La Diputación Foral de Álava ha programado una serie de eventos en conmemoración del VI centenario de la muerte de don Pero López de Ayala. El Canciller Ayala, hijo del matrimonio formado por don Fernán Pérez de Ayala y doña Elvira Álvarez de Ceballos, nació en 1332. No se puede certificar con documento alguno su lugar de nacimiento, aunque quienes han estudiado su figura piensan que pudo haber nacido en la Provincia de Álava, en Kexaa/Quejana o en Vitoria. Falleció en Calahorra el año 1407, contaba entonces con 75 años, y fue sepultado en el impresionante mausoleo funerario que dispuso para él en el torreón-capilla de la Virgen del Cabello (Kexaa/Quejana), síntoma evidente de su amor por su casa solariega de Kexaa/Quejana. Fue coetáneo del famoso historiador árabe, Ibn Jaldun (1332-1406), del destacado cronista de la Guerra de los Cien Años, el francés Jean Froissart (ca. 1337-1404) y del cronista y traductor italiano Filippo Villani (ca. 1325-1407), canciller de Perugia. Sin duda, don Pero López de Ayala fue un célebre personaje, con unos orígenes legendarios, que legó a sus descendientes un marchamo linajudo señero.

Exterior del torreón-capilla de la Virgen del Cabello en el palacio casa-solar de los Ayala, (Kexaa/Quejana). Su pertenencia al linaje de la Casa de Ayala fue una pieza clave de su ascenso social y político. Me estoy refiriendo a una familia que retrotrae su cuna a los años finales del siglo XI. Sus miembros se enorgullecen públicamente de ser los herederos legítimos del linaje Salcedo, detentador todavía a principios del siglo XIV de la Casa solariega de Ayala. La parentela de los López de Ayala sobresalió entre los principales linajes hidalgos de la aristocracia castellana desde la segunda mitad de la decimotercera centuria. Son numerosos los acontecimientos políticos en que los antepasados y descendientes del Canciller Ayala actuaron como protagonistas de la historia acaecida en los reinos hispánicos medievales. Sin duda, dicha circunstancia se debió en gran medida a los cargos políticos y administrativos que desempeñaron. Pedro López de Ayala, abuelo del Canciller Ayala fue Adelantado Mayor del reino de Murcia en tiempos del monarca Alfonso XI de Castilla. Fernán Pérez de Ayala, padre del Canciller, fue un hombre de confianza de Alfonso XI y de su hijo Pedro I, apodado por la historiografía “el cruel” o “el justiciero”. Enrique II, poco antes de asesinar a su hermanastro, le designó Merino Mayor de Guipúzcoa, oficio que habría de heredar don Pero López de Ayala.

En mi opinión quien puso los cimientos del linaje de la Casa de Ayala proveniente de Toledo y lo engrandeció hasta cimas no holladas hasta la fecha fue Fernán Pérez de Ayala, el padre del Canciller, que ya había tomado posesión de la casa solariega de Kexaa/Quejana en 1332. Este año los cofrades de Álava, entre los que se hallaba don Fernán, habían decidido disolver la Cofradía de Álava, organización política nobiliaria cuya sola existencia estaba creando a los caballeros alaveses más problemas que satisfacciones. Don Fernán Pérez de Ayala, era además un hombre culto, aficionado a la literatura genealógica y conocedor del derecho consuetudinario ayalés. Escribió la genealogía de la Casa de Ayala en 1371 y redactó el Fuero de Ayala en 1373, código normativo de una gran trascendencia para la Tierra de Ayala durante gran parte de la Edad Media, cuyos efectos se dejan sentir todavía en la actualidad. Asimismo, dio brillo a su casa solariega de Quejana, al certificar la creación de un convento de monjas dominicas en 1378 a partir del viejo monasterio allí existente e inició la ampliación del palacio fortificado. Igualmente llevó a cabo una política matrimonial de altos vuelos para con sus hijos, casándolos con familias de rica alcurnia (los Guzmán, Guevara, Mendoza y Álvarez de Toledo). Finalmente repartió los derechos patrimoniales que le pertenecían en tres mayorazgos: uno para su primogénito don Pero López de Ayala, el segundo para su hija Mencia de Ayala y el tercero para sus sobrinos murcianos. Murió en Vitoria en 1385 habiendo profesado previamente en la orden dominica, una vez fallecida su mujer.

Don Pero López de Ayala, ya convertido previamente en señor de Orozko, Artziniega y Salvatierra-Agurain, en alcalde Mayor de Toledo y de Vitoria, tras ser liberado de su prisión en Obidos (Portugal), tomó el testigo que le había dejado su padre. Gracias a una cuidada formación cultural, de la que también fue responsable su tío abuelo don Pedro Gómez Barroso, cardenal en Aviñón, alcanzó la cima de su currículum vitae al ser nombrado Canciller del rey Enrique III de Castilla a fines del siglo XIV. El Canciller Ayala es reconocido en los ámbitos culturales y científicos contemporáneos como un caballero combativo comprometido con las empresas de los reyes castellanos –fue hecho prisionero en Nájera y Aljubarrota-, como un hábil diplomático –en relación con los asuntos del Cisma y en misiones con las Cortes de los reyes de Francia, Inglaterra, Portugal y Aragón-, como un escritor al que debemos las crónicas concernientes a los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, amén de traducciones y otros manuscritos, entre los que resalto aquí el libro Rimado de Palacio y el Libro de la caza de las aves et de sus plumajes et dolencias et malecinamientos. Sus raíces toledanas, el prestigio, la fama y la credibilidad alcanzada entre los habitantes de Toledo son patentes en su asistencia a las Cortes de Castilla, como procurador de dicha ciudad.

El Canciller don Pero López de Ayala, ya doliente de una grave enfermedad el 1 de diciembre de 1406, decidió establecer dos mayorazgos: los bienes patrimoniales que poseía en Álava y Vizcaya los donó a su hijo primogénito Fernán Pérez de Ayala, mientras que su segundogénito también llamado Pero López de Ayala, heredó las casas, rentas y derechos que administraba en Toledo. De este modo bifurcó el linaje en dos líneas sucesorias que siguieron caminos diferentes. El primero, Fernán Pérez de Ayala concentró los bienes adscritos a la casa solariega de Kexaa/Quejana, y tuvo una predilección particular por Vitoria y Salinillas de Buradón, localidades donde, junto con su mujer doña María Sarmiento, dispuso de sendos palacios. El segundo, Pero López de Ayala, fue el iniciador de una saga familiar que dio origen en 1470 a la creación del Condado de Fuensalida (Toledo), cuyo primer titular fue su hijo homónimo, nieto del Canciller Ayala. Exposición organizada en conmemoración del VI centenario de la muerte de don Pero López de Ayala.

Fernán Pérez de Ayala, que ya había asumido el cargo de Merino Mayor de Guipúzcoa y ejercido de embajador de Enrique III de Castilla antes de la muerte de su padre el Canciller Ayala en 1407, estableció durante algunos años estrechas relaciones con los reyes navarros. Fundó en Álava dos hospitales, uno en Salinillas de Buradón y otro en Vitoria, el de Nuestra Señora del Cabello, génesis del hospital de Santiago e incorporó a su patronazgo el monasterio de Santa María de Estíbaliz. La denominación que se dio al hospital vitoriano fue consecuencia de la gran devoción del Pariente Mayor del linaje por el relicario de la Virgen de Nuestra Señora del Cabello de Kexaa/Quejana, donado a mediados del siglo XIV por el cardenal Pedro Gómez Barroso a su hermana doña Sancha Fernández Barroso, abuela del fundador de este centro hospitalario. Además de miembro del “Consejo Real”, llegó a ser corregidor de la Provincia de Guipúzcoa, un síntoma no casual de las buenas relaciones que mantuvo con los reyes castellanos y con su Corte.

Fernán Pérez de Ayala y María Sarmiento bautizaron a su hijo primogénito con el mismo nombre que tenía su abuelo el Canciller Ayala. Sin embargo, Pedro López de Ayala no tuvo hijos, motivo por el que traspasó el mayorazgo a García López de Ayala, su sobrino, natural de Ampudia (Palencia), e hijo del Mariscal de Castilla, don Pedro García de Herrera y de doña María de Ayala. De este modo Kexaa/Quejana y Ampudia correrán paralelamente un destino similar al disponer de los mismos señores. Con esta nueva dinastía linajuda, los Herrera-Ayala, se produjeron cambios notables que afectaron sobre todo a las relaciones sociales entre el señor y sus vasallos alaveses y vizcaínos (el valle de Orozko). Sin olvidar, en Vizcaya, el dominio que ejerció sobre la ciudad de Orduña, fuente de conflictos que potenciaron las relaciones de dicha localidad con las Hermandades vizcaínas y el Señorío de Vizcaya.

En 1491, Pedro López de Ayala, hijo de García López de Ayala y tataranieto del Canciller Ayala, fue designado Conde de Salvatierra. Por fin la rama familiar alavesa accedía a la cumbre de la nobleza de la Corona de Castilla. La suerte de este conde fue, no obstante, paradójica y dispar, pues encontró la muerte el año 1524 en Burgos, ciudad en la que estaba apresado por haber encabezado la sublevación comunera contra el emperador Carlos V. Un efecto directo, derivado de su apoyo a la Junta Comunera de Tordesillas, fue la pérdida definitiva del señorío sobre la villa alavesa de Salvatierra-Agurain, que se incorporó a la Corona Real. El museo de Heráldica de la Diputación Foral de Álava (Mendoza) expone en su patio el irreconocible escudo picado de los Ayala. Su destrozo es una muestra más del castigo recibido por su rebeldía. Su hijo, Atanasio de Ayala, recuperó el resto de los señoríos alaveses y vizcaínos detentados por sus predecesores. En suma, el linaje nobiliario de la Casa de Ayala descolló en los siglos XIV y XV, siendo uno de sus miembros más destacados el Canciller Ayala. No podemos, sin embargo, minimizar el papel acometido por su padre don Fernán Pérez de Ayala. Tampoco es justo arrinconar su obra “El árbol de la Casa de Ayala”, manuscrito donde afirma que la génesis de su linaje proviene de un infante aragonés de fines del siglo XI llamado don Vela, al que atribuye la construcción de las murallas de Vitoria. Es curioso que hayan tenido que transcurrir más de seis siglos para que el equipo de arqueólogos que excava la catedral vieja de Santa María de Vitoria certifique que Gasteiz o Gasteays, según un documento de finales del siglo XV, estaba amurallada desde finales de la undécima centuria. Ya lo había escrito en 1371 don Fernán Pérez de Ayala, el padre del Canciller, pero hasta la fecha nadie había tomado en consideración su afirmación. En este artículo se recogen una serie de datos e ideas desarrolladas de forma más extensa en un trabajo de investigación que he realizado, titulado “El linaje del Canciller don Pero López de Ayala” y que va a ser publicado en breve por la Diputación Foral de Álava entre las obras editadas para homenajear al Canciller Ayala.