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Entre
el panel de ventanas que acompañan en su trayecto a la Avenida
de Logroño, arteria principal del madrileño barrio
de Barajas, a su vez anfitrión del Aeropuerto del mismo nombre,
puedo contemplar con gran satisfacción cómo asoma
presumida y lustrosa una camiseta de La Real.
Camiseta de La Real que, vestida al cuello con una bufanda igualmente
Txuri Urdin, parece pretender saludar con orgullo a todo aquél
que, en su paseo por la zona, tenga a bien detenerse para fijarse
en ella (aunque bien mirado, su ambición he de suponerla
aún mayor y con total seguridad, convencido estoy, en realidad
pretende dar aviso a los miles de pasajeros que aterrizan o despegan
en las cercanías, de que aquel que avistan es territorio
conquistado por las tropas leales a tan colorida e histórica
Pica en Flandes).

Pica en Flandes a cuya luz no pude más que detenerme por
unos instantes para, en cuestión de segundos, imaginar cuáles
podían ser los sentimientos, sufrimientos y alegrías
del regidor de los destinos de tan atrevido y batallador estandarte.
Es decir, las vivencias y experiencias de un seguidor Realista
"en el exilio". ¡Y menudo exilio! ¡Precisamente
la Plaza fuerte de Madrid y del Madrid, su rival en la contienda
por el Campeonato!
Campeonato recién terminado que, desde el destierro, ha
debido ser afrontado por estafetas ajenas (como decía y repito
ahora pero con voz "sanferminera") y que, además,
ha de torearse sin capote ni espada (como ahora añado con
voz taurina) y cual Gary Cooper ante el peligro (como por último
remato con voz cinéfila). Esto es, no poder vibrar a la mañana
siguiente, tras el triunfo dominical, con la ciudad, pueblo o gentes
al ir a comprar el pan, al coger el autobús o el taxi, o
con aquellos que, al llegar al trabajo, durante toda la semana vienen
a formar tu segunda familia.
Segunda familia pero que, en plaza forastera y con el fútbol
de por medio, deja de ser tal para convertirse en segunda
pesadilla casi me atrevo a decir tras aquella que uno sufre cuando
la guinda al fin de semana ha sido una derrota liguera y son ironías
y chanzas múltiples al respecto las que te dan los "muy
buenos días cha-va-lo-te ¿qué tal el partido?".
Partido que tomaron por nosotros culés y, especialmente,
colchoneros que, a modo de guerrilla infiltrada dado su escaso número,
trataron de hacer suya nuestra causa apostando por la victoria local
en el Calderón en la jornada 37 y, de esa forma, contribuir
al homenaje que para nuestro recordado Aitor (maldito día
vivido) supondría la consecución del Título.

Título que, desde la distancia, se debe seguir imperiosamente
a través de alguna de las retransmisiones televisivas que,
bien un satélite supuestamente neutral, bien un canal autonómico
vestido de blanco suelen ofrecer y que, a falta de bares o locales
dónde celebrar tranquilo las emociones junto con espontáneos
compañeros de barra o mesa (aparte del santuario de Euskal
Etxea), sólo encuentras en el rincón de tu casa.
Casa gobernada por mujeres históricamente enemigas del deporte
rey pero que este año han terminado rindiéndose a
la causa realista y enamoradas de su fútbol y entrega (capitaneadas
por Ainara, entallada en su correspondiente camiseta para críos
de 16 meses y cuya alegría viendo a su padre celebrando un
gol se terminaba contagiando al resto de neskas finalmente volcadas
al "txuri-urdismo").
Txuri Urdismo que cobraba su máxima expresión con
un apasionado y solitario grito GGGOOOLLL DE LA RRREEEAAALLL que
se dejaba escapar por la ventana pero que, irremediablemente, se
perdía entre la nube de edificios capitalinos que rodean
tu gozo y satisfacción, sin encontrar en su camino compañero
alguno de igual sentido, sino que, más bien al contrario,
ha de regresar acongojado por encontrarse con un eco avallasador
que trata de reprimirlo en forma de silbidos por ser mensajero de
la alegría blanquiazul.
Alegría blanquiazul que apenas si puede vivirse de manera
compartida y directa en la grada salvedad hecha de aquellas ocasiones
en las que trabajo, familia, dinero y salud te permiten encaminarte
a la aventura, cual crío adolescente, de acompañar
al equipo puntualmente allá dónde vaya y así,
viajando de madrugada y mal durmiendo en estaciones o autobuses,
tener como recompensa poder verle jugar a pocos metros tras haberle
despedido previamente en la puerta del hotel correspondiente, txikitear
con las peñas viajeras en el casco viejo de la ciudad anfitriona
(mi recuerdo barcelonés y vigués para Mutriku, Gasteiz
y Donosti) y adornar sus esquinas y muros con cánticos, bailes
y colorido.
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| Xabier Ezeizabarrena y Javier Sáenz de
Pipaón en Vigo. |
Cánticos, bailes y colorido tras unas alegrías que,
por culpa de la dichosa distancia, tampoco pueden vivirse con la
intensidad que tu Tierra de Hondarribia te permitiría ni
se reflejan con la extensión y profundidad que uno quisiera
al adquirir unos titulares minimizadores de la victoria.
Victoria final que se ha consumado suficientemente con el subcampeonato
tiñendo la Liga 2002/2003 incuestionablemente de azul y blanco,
colores compartidos por la conjunción de cielo y nubes, escalones
previos a las estrellas, a quienes se supone pertenece esta Liga
y quienes, suceda lo que suceda, sabemos que juegan en nuestro equipo.
Equipo hecho con "
las ilusiones con las que se forjan
los sueños" (hasta Humphrey Bogart al final del
Halcón Maltés reconocía ser de La Real).
Sueños que, por unos momentos y minutos, he querido compartir
con todos vosotros en este, mi pequeño homenaje a los que
aman La Real y la sienten cerca estando lejos, tratando de transmitiros
algunos de los dimes y diretes y penas y glorias que vienen a caracterizar
un muy personal BAT, BI, HIRU, LAU
desde Madrid.
Definitivamente, mi camiseta y bufanda seguirán colgadas
en mi ventana como recuerdo de la gesta de este año y presagio
del Campeonato que 2004 nos traerá. BETI GORA ERREALA
Fotografías: Xabier
Ezeizabarrena y Javier Sáenz de Pipaón |