Bat, bi, hiru, lau...!! Madriletik
Javier Sáenz de Pipaón y Del Rosal

Entre el panel de ventanas que acompañan en su trayecto a la Avenida de Logroño, arteria principal del madrileño barrio de Barajas, a su vez anfitrión del Aeropuerto del mismo nombre, puedo contemplar con gran satisfacción cómo asoma presumida y lustrosa una camiseta de La Real.

Camiseta de La Real que, vestida al cuello con una bufanda igualmente Txuri Urdin, parece pretender saludar con orgullo a todo aquél que, en su paseo por la zona, tenga a bien detenerse para fijarse en ella (aunque bien mirado, su ambición he de suponerla aún mayor y con total seguridad, convencido estoy, en realidad pretende dar aviso a los miles de pasajeros que aterrizan o despegan en las cercanías, de que aquel que avistan es territorio conquistado por las tropas leales a tan colorida e histórica Pica en Flandes).

Pica en Flandes a cuya luz no pude más que detenerme por unos instantes para, en cuestión de segundos, imaginar cuáles podían ser los sentimientos, sufrimientos y alegrías del regidor de los destinos de tan atrevido y batallador estandarte. Es decir, las vivencias y experiencias de un seguidor Realista… "en el exilio". ¡Y menudo exilio! ¡Precisamente la Plaza fuerte de Madrid y del Madrid, su rival en la contienda por el Campeonato!

Campeonato recién terminado que, desde el destierro, ha debido ser afrontado por estafetas ajenas (como decía y repito ahora pero con voz "sanferminera") y que, además, ha de torearse sin capote ni espada (como ahora añado con voz taurina) y cual Gary Cooper ante el peligro (como por último remato con voz cinéfila). Esto es, no poder vibrar a la mañana siguiente, tras el triunfo dominical, con la ciudad, pueblo o gentes al ir a comprar el pan, al coger el autobús o el taxi, o con aquellos que, al llegar al trabajo, durante toda la semana vienen a formar tu segunda familia.

Segunda familia pero que, en plaza forastera y con el fútbol de por medio, deja de ser tal para convertirse en segunda… pesadilla casi me atrevo a decir tras aquella que uno sufre cuando la guinda al fin de semana ha sido una derrota liguera y son ironías y chanzas múltiples al respecto las que te dan los "muy buenos días cha-va-lo-te ¿qué tal el partido?".

Partido que tomaron por nosotros culés y, especialmente, colchoneros que, a modo de guerrilla infiltrada dado su escaso número, trataron de hacer suya nuestra causa apostando por la victoria local en el Calderón en la jornada 37 y, de esa forma, contribuir al homenaje que para nuestro recordado Aitor (maldito día vivido) supondría la consecución del Título.

Título que, desde la distancia, se debe seguir imperiosamente a través de alguna de las retransmisiones televisivas que, bien un satélite supuestamente neutral, bien un canal autonómico vestido de blanco suelen ofrecer y que, a falta de bares o locales dónde celebrar tranquilo las emociones junto con espontáneos compañeros de barra o mesa (aparte del santuario de Euskal Etxea), sólo encuentras en el rincón de tu casa.

Casa gobernada por mujeres históricamente enemigas del deporte rey pero que este año han terminado rindiéndose a la causa realista y enamoradas de su fútbol y entrega (capitaneadas por Ainara, entallada en su correspondiente camiseta para críos de 16 meses y cuya alegría viendo a su padre celebrando un gol se terminaba contagiando al resto de neskas finalmente volcadas al "txuri-urdismo").

Txuri Urdismo que cobraba su máxima expresión con un apasionado y solitario grito GGGOOOLLL DE LA RRREEEAAALLL que se dejaba escapar por la ventana pero que, irremediablemente, se perdía entre la nube de edificios capitalinos que rodean tu gozo y satisfacción, sin encontrar en su camino compañero alguno de igual sentido, sino que, más bien al contrario, ha de regresar acongojado por encontrarse con un eco avallasador que trata de reprimirlo en forma de silbidos por ser mensajero de la alegría blanquiazul.

Alegría blanquiazul que apenas si puede vivirse de manera compartida y directa en la grada salvedad hecha de aquellas ocasiones en las que trabajo, familia, dinero y salud te permiten encaminarte a la aventura, cual crío adolescente, de acompañar al equipo puntualmente allá dónde vaya y así, viajando de madrugada y mal durmiendo en estaciones o autobuses, tener como recompensa poder verle jugar a pocos metros tras haberle despedido previamente en la puerta del hotel correspondiente, txikitear con las peñas viajeras en el casco viejo de la ciudad anfitriona (mi recuerdo barcelonés y vigués para Mutriku, Gasteiz y Donosti) y adornar sus esquinas y muros con cánticos, bailes y colorido.

Xabier Ezeizabarrena y Javier Sáenz de Pipaón en Vigo.

Cánticos, bailes y colorido tras unas alegrías que, por culpa de la dichosa distancia, tampoco pueden vivirse con la intensidad que tu Tierra de Hondarribia te permitiría ni se reflejan con la extensión y profundidad que uno quisiera al adquirir unos titulares minimizadores de la victoria.

Victoria final que se ha consumado suficientemente con el subcampeonato tiñendo la Liga 2002/2003 incuestionablemente de azul y blanco, colores compartidos por la conjunción de cielo y nubes, escalones previos a las estrellas, a quienes se supone pertenece esta Liga y quienes, suceda lo que suceda, sabemos que juegan en nuestro equipo. Equipo hecho con "…las ilusiones con las que se forjan los sueños" (hasta Humphrey Bogart al final del Halcón Maltés reconocía ser de La Real).

Sueños que, por unos momentos y minutos, he querido compartir con todos vosotros en este, mi pequeño homenaje a los que aman La Real y la sienten cerca estando lejos, tratando de transmitiros algunos de los dimes y diretes y penas y glorias que vienen a caracterizar un muy personal BAT, BI, HIRU, LAU… desde Madrid.

Definitivamente, mi camiseta y bufanda seguirán colgadas en mi ventana como recuerdo de la gesta de este año y presagio del Campeonato que 2004 nos traerá. BETI GORA ERREALA


Fotografías: Xabier Ezeizabarrena y Javier Sáenz de Pipaón
 

Euskonews & Media 217. zbk (2003 / 07 / 4-11)

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