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En
estos momentos en que terminamos la aventura estudiantil, que
comenzamos hace tres años, quisiera hacer algunas reflexiones
personales y también plantear algunas preguntas que se han
suscitado en el transcurso de las horas que hemos compartido en
las mismas aulas, no muy cómodas, pero agradables por la
compañía.
Transcurridos estos tres años, creo que además del
conocimiento académico hemos conseguido algo todavía
más valioso. Ha sido el conocimiento de un grupo humano,
con unos valores personales realmente enriquecedores, que nos han
generado ilusiones y sobre todo una identidad de sentimientos de
tolerancia y respeto, que ha originado auténticas amistades
de grupo e individuales, todo ello a unas edades, que como todos
sabemos, no es fácil. Somos miembros de una sociedad que
es también el resultado de diversas generaciones anteriores,
de las que hemos heredado valores y conocimientos que nos permite
ser cada vez más libres y plurales.
Por ello creemos que nuestra generación como portadora
de esos valores, al igual que las anteriores, ha ejercido un papel
fundamental en la transmisión de los mismos. Hace 2500 años
alguien dijo respecto al Universo, que el inicio del mismo era debido
a un "motor inmóvil", en la sociedad quién
permite el inicio, o sea el "motor inmóvil"
de las nuevas generaciones son los mayores, quizás me he
excedido en el símil, si es así, que el "motor
inmóvil" me perdone.
Sin embargo nuestra generación, como todas las que nos han
precedido, sí ha sido "motor" de la sociedad
cuando le ha correspondido asumir esa responsabilidad y ahora que
por razones biológicas hemos llegado a esta etapa de la vida,
a la que todos esperan llegar, la sociedad nos ha dejado "inmóviles".
Hoy se suele afirmar que contamos con los jóvenes mejor
preparados de la historia y creemos que así es, pero también
afirmamos que posiblemente nuestra generación es también
la mejor preparada que ha existido, ya que nos ha correspondido
vivir y desarrollar nuestra actividad, en una etapa durante la cual
se han producido y se están produciendo, según la
opinión general, cambios en la humanidad que pocas veces
ha sucedido en la historia y sobre todo con tanta rapidez que resulta
difícil adaptarse, como nosotros mismos hemos podido constatar
en nuestra actividad, durante la segunda mitad del siglo XX.
A pesar de ello tenemos la voluntad de seguir esforzándonos
para asimilar los cambios que se vayan produciendo. Entre estos
cambios hay uno que nos afecta de manera directa y es que gracias
a los avances científico-tecnológicos conseguidos
en todos los órdenes de la vida, pero especialmente en la
sanidad y la salud, las expectativas de vida se han alargado extraordinariamente,
lo cual plantea una situación que nunca se había producido
y es el gran número de personas que llegan a una avanzada
edad.
Ante esta nueva situación, la sociedad actual está
alarmada y no sabe muy bien como resolver los retos que se le plantean,
especialmente los costes económicos, por ello, está
en boca de todos una pregunta.
¿QUÉ HACEMOS CON LAS PERSONAS MAYORES?
Hay respuestas y soluciones variadas, desde dejarlos en las gasolineras
con animales de compañía, aparcarlos en residencias,
llevarlos a Benidorm, en hogares de jubilados, concursos de bailes
(para gastar energías), entretenimientos varios, reducir
las pensiones (en algún país lo han propuesto jóvenes
políticos), alargar la vida laboral (supongo que para reducir
la biológica), acceso a estudios universitarios (para sustituir
las plazas de los jóvenes) y no faltara algún iluminado
que proponga alguna solución total.
Históricamente en las diferentes sociedades que nos han precedido,
los mayores terminaban sus días de forma diversa, en las
culturas de nuestro entorno, sucedía en el hogar y en compañía
de la familia, también ha habido ejemplos que pueden parecer
sorprendentes, pero que las respectivas sociedades lo tenían
asumido, cuando consideraban que ya no eran útiles o estaban
próximos al final, encaminaban sus pasos a lugares o montañas
sagradas donde, como si fuera una premonición de ideologías
actuales, neoliberalismo y ecologismo, aportaban sus últimas
reservas, sin costes, para el enriquecimiento proteínico
de las especies más aptas y el mantenimiento de la cadena
trófica, que permitía un equilibrio estable y ecológico
de la naturaleza.
Pero algo que se puede considerar que ha sido común en todas
las épocas y sociedades, es que los mayores, han ocupado
un lugar importante en las sociedades y en las familias, siendo
respetados y valorados por sus conocimientos, experiencia y por
los valores que han transmitido a través de las generaciones.
Hay un tema polémico cuando nos referimos a los mayores
y aunque parezca un asunto menor, creemos que es importante y me
refiero al nombre con el cual identificamos a las personas que han
cumplido una etapa de su vida y acceden a la jubilación o
en el caso de las mujeres sin acceder a esta situación.
Al correr de los tiempos y cuando no había prácticamente
jubilaciones laborales y se terminaba la vida activa, al mismo tiempo
que la biológica, se les denominaba según costumbres
o clases sociales como, mayores, viejos o ancianos, siendo
asumidos estos nombres como un valor en si mismo. Sin embargo desde
que los avances sociales y sanitarios, han permitido que el final
de la etapa laboral no coincida con la biológica, estas denominaciones
que tenían un valor de respeto y consideración, han
pasado a tener una acepción peyorativa y se ha buscado un
término o eufemismo, como el de la tercera edad, que
más que un reconocimiento suena como una nueva división
por edades y que personalmente me recuerda cuando era joven y viajaba
en los trenes de tercera.
Es contradictorio, que gracias a los avances políticos y
sociales durante el siglo pasado que han eliminado o amortiguado
hasta cierto punto, las divisiones por clases sociales, en la actualidad
se tienda a dividir a la sociedad por edades y como no, a los mayores
se les asigna la tercera, no solamente en el nombre sino, lo que
es peor, en consideración social.
Y esto sucede porque sólo se valoran las actividades que
generan beneficios económicos de forma directa e inmediata,
sin tener en cuenta valoraciones como el conocimiento acumulado
de todos aquellos que han conseguido con su saber y experiencia
llegar a la situación actual y que todavía pueden
aportar mucho y no sólo considerar las cargas económicas
que suponen los mayores para las generaciones más jóvenes,
sin pensar que; todos hemos sido jóvenes y todos los
jóvenes serán mayores. La vida tiene diferentes
etapas, pero no se puede hacer divisiones que separen a las generaciones.
El río de la vida surge donde los picos de los montes se
confunden con los cielos, en esas cumbres entre ventiscas y tormentas
apasionadas o en suaves y amorosos copos, la nieve se va depositando
sobre la madre tierra, fecundándola, y en la primavera, con
las lluvias y cálidas temperaturas, surge a la vida el arroyo
que inicia su recorrido con mezcla de timidez y temeridad, deslizándose
y serpenteando por las laderas, buscando con alegre despreocupación,
el cauce que le permita iniciar el largo recorrido de la vida.
En los primeros valles va engrosando su caudal, al igual que en
las vegas donde inicia su recorrido como río, recibiendo
y repartiendo generosamente la riqueza de la que es portador.
Cuando el caudal llega a su plenitud en las extensas llanuras,
entrega con generosidad toda la riqueza acumulada y cuando está
llegando al final de su recorrido, en un último esfuerzo,
con la satisfacción de la misión cumplida, se encauza
para ser guía de navegantes o se extiende con suavidad por
los deltas, para depositar lo mejor que ha ido adquiriendo en su
largo recorrido, antes de entregarse a la mar infinita, y comenzar
de nuevo el ciclo de la vida.
En el día de hoy, la sociedad, sorprendida por los cambios
que se producen con gran rapidez y sin reflejos ni imaginación,
se encuentra bloqueada, teniendo solamente una visión economicista
de la nueva situación, no sabiendo como actuar ante esta
riqueza acumulada, de experiencia y conocimiento, desaprovechándola,
sin beneficio para nadie generando inquietud ante el futuro de las
generaciones venideras.
Sin pretender encontrar la solución a este desafío
que se presenta a la sociedad actual, lo que no cabe duda es que
solo se solucionara consiguiendo que todas las generaciones, actuales
y futuras, participemos en la medida y posibilidades de cada uno,
en el desarrollo de una sociedad cada vez más justa, plural
y sin discriminaciones.
En el día de hoy y por lo visto hasta ahora, habría
que replantearse la pregunta inicial y formular una diferente:
¿QUÉ HACEMOS CON ESTA SOCIEDAD?
* Texto leído en la entrega
de los títulos a los integrantes de la primera promoción
de Ciencias Humanas, del Aula de la Experiencia (UPV/EHU) |