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Para conocer el sentido del proyecto de Comunidades Educativas
Dialógicas hemos de remontarnos al año 1999 para
recordar la situación que fraguó su nacimiento y
su desarrollo, ya que ahí se encuentran algunas de las
claves que nos permiten comprenderlo.
En efecto, quienes vivimos inmersos en el mundo educativo hemos
asistido durante los últimos años a un incremento
significativo de proyectos, materiales y recursos de muy diversa
índole que entran y salen de nuestras escuelas, así
como a la eclosión de un gran número de paquetes
formativos que pretenden preparar a los y las profesionales de
la enseñanza para poder ponerlos en marcha. Sin embargo,
y aunque parezca paradójico, la insatisfacción respecto
a la formación y a las respuestas que se pretenden dar
desde ella es, hoy por hoy, un dato significativo en muchos entornos
profesionales. La pregunta que queda en el aire es, entre otras:
tanto esfuerzo económico, político y humano en formación
¿para qué? ¿realmente todo este esfuerzo
nos esta llevando a avanzar? ¿Y a avanzar en qué
sentido y dirección?
Esta es una de las preocupaciones que está en el origen
de este proyecto, cuando cinco ikastolas deciden poner en marcha
un proceso de investigación-formación para detectar
las necesidades de formación pedagógica de cada
uno de los colectivos que las componen. Hemos de decir, asimismo,
que estos centros educativos estaban sensibilizados, desde hacía
algún tiempo, con problemáticas cruciales tales
como la participación de los distintos colectivos en asuntos
generales de toda la ikastola, la comunicación entre los
distintos agentes de la ikastola, la motivación del profesorado
por continuar formándose, la responsablidad y corresponsabilidad
en la acción educativa y, en definitiva, el compromiso
con la tarea social de la educación. El proceso de detección
de necesidades de formación permitió analizar sistemática,
profunda y contrastadamente todas estas problemáticas e
hizo posible que las madres y padres, el profesorado, el personal
no docente, el alumnado y los equipos directivos se encontraran
y "re-conocieran" como agentes educativos con potencialidad para
impulsar un proyecto colectivo y comunitario de ikastola.
Este proceso de diagnóstico de necesidades no sólo
hizo emerger los retos formativos prioritarios sino que, a su
vez, puso en evidencia una problemática de mayor calado
educativo. Así, pudimos constatar que los centros educativos,
abrumados por la gestión, por la organización, por
la competencia y subsistencia dentro del mercado educativo, empujados
por la respuesta a las necesidades del sistema, a las exigencias
de la sociedad, han ido perdiendo paulatinamente su sentido y
su significado educativo. O, dicho de otro modo, se han visto,
en cierta medida, vaciados de contenido educativo cuando en la
realidad son instituciones que tienen un horizonte que está
"más allá" de la mera instrucción como finalidad,
un horizonte donde se encuentran la Educación y el sentido
que ésta tiene -o debe de tener- dentro de la sociedad
y el modelo social al que queremos contribuir. Paralelamente a
esta constatación, se pone de manifiesto también
la necesidad de reflexionar, en el marco del trabajo que realizamos
en educación y en formación, sobre la cuestión
metódica ya que las más de doscientas personas participantes
en el proceso acusan la falta de espacios de comunicación
y de encuentro para analizar educativamente su realidad.
¿Por qué se puede estar produciendo todo esto?
¿Por qué existe un sentimiento de pérdida
del sentido educativo engullido por los resortes de la gestión
y de la organización? ¿Qué podemos hacer
dentro de las instituciones educativas en general para superar
esta pérdida del sentido educativo y de su identidad que,
por otra parte, nos llena de insatisfacción?
Responder a estos y otros interrogantes exige, sin duda, emprender
una tarea sumamente compleja. Esta tarea de búsqueda de
entendimiento y de desvelamiento de problemas nos ha conducido,
desde el primer momento, a sumergirnos de lleno en los contextos
reales en los que se está trabajando y articular en ellos
acciones, constantemente interrogadas y teorizadas. Ha requerido,
en suma, poner en marcha todo un proceso de construcción
de marcos conceptuales, desde el análisis constante de
la acción, sobre el sentido de la ikastola en cuanto comunidad
educativa dialógica y sobre el trabajo formativo de agentes
que nos permite ir avanzando hacia ese horizonte educativo. Luego
no estamos "aplicando" un modelo preestablecido, ni estamos actuando
y haciendo "a ver qué pasa", sino que vamos impulsando
un proceso colectivo en el que la articulación contextualizada
de la teoría y de la práctica es una premisa ineludible.
Este "no despegarnos" de la realidad concreta de las ikastolas
participantes ni de la acción en dichos centros no quiere
decir que el proceso de investigación-formación
no acuda a marcos teóricos que nos ayuden a comprender
mejor la realidad en la que educamos. Muy por el contrario este
proceso se está produciendo en conexión y diálogo
con dos tradiciones teóricas procedentes de la sociología
y de las ciencias de la educación que aportan un análisis
comprensivo de toda esta problemática y que constituyen
la fundamentación de este proyecto y de su construcción.
Nos estamos refiriendo a la escuela de Franckfurt y, más
concretamente, a la aportación de J. Habermas desde la
sociología y su relectura educativa a través de
los autores Carr y Kemmis, y a la Pedagogía crítica
que encuentra en Paulo Freire su máximo exponente.
¿Qué aspectos de estas dos tradiciones nos están
ayudando en este proceso de construcción de las Comunidades
Educativas Dialógicas? Sería pretencioso por nuestra
parte intentar siquiera acotar en los márgenes limitados
de estas líneas todos aquellos conceptos, ideas,... que
estamos incorporando en este proceso de búsqueda de sentido
a lo que hacemos en la educación y en la formación
de agentes en el que estamos involucradas tantas personas.
Dicho esto, también hemos de reseñar que las ideas
y los conceptos no se ubican en el vacío sino en contextos
muy concretos mediados y mediatizados por fuerzas de origen diferente.
Por lo tanto, para entender este proyecto y sus referentes teóricos
hemos de situarlos en el marco de la sociedad en la que estamos
y acercarnos mínimamente a su naturaleza. En este sentido
tenemos presente que nos encontramos sumergidos en un rápido
proceso de mundialización de la economía, de expansión
del pensamiento único y de la ideología postmoderna
(todo vale y todo es relativo) y de generalización de las
políticas neoliberales, unido a la emergencia de lo que
se ha dado en llamar la sociedad de la información. El
mundo educativo no es ajeno a estos cambios y una de sus consecuencias
ha sido la irrupción en nuestros contextos de una cultura
empresarial que paulatinamente ha ido instrumentalizando a la
educación para conseguir sus propios fines.
Es un momento en el que las utopías sociales y políticas,
que durante décadas han permitido construir el sueño
educativo, están debilitadas ante la embestida ideológica
que pesa sobre la Educación. Embestida que según
Freire es dramática y deshumanizante. Hoy quizás
más que en ningún otro momento histórico,
el lenguaje y la ideología de la empresa extienden sus
brazos hacia el sistema escolar y lo encorsetan en lo que J. Habermas
llama la racionalidad técnica, una razón privada
de todo fin humano o social que funciona como un instrumento para
la consecución de unos fines pre-establecidos. Palabras
y conceptos como cliente, servicio, mercado, competencia, marketing,
publicidad, eficacia, gestión son demasiado habituales
entre nosotros, sin pensar por un momento que tal vez pueden estar
en contradicción con otros como participación, democracia,
agente educativo, comunicación, transformación,
igualdad... haciendo que el pulso dentro de la educación
sea muy fuerte. Desde esta ideología mercantilista que
impregna la cotidianidad hasta límites insospechados, recuperar
y preguntarnos por el sentido que tienen las instituciones educativas
y por el que tenemos las personas que nos dedicamos a la educación
y a la formación de cara a la ciudadanía, se convierte
en una tarea difícil aunque urgente.
El análisis que J. Habermas realiza en torno a los intereses
constitutivos de saber criticando la hegemonía del positivismo
es, según nuestra experiencia, un buen punto de apoyo para
comprender el significado social y político de las formas
de hacer ciencia y, en concreto, para entender mejor la intencionalidad
última de nuestras prácticas como educadores y educadoras.
Reflexionar y tomar conciencia de algo tan básico como
por qué trabajamos, a favor o en contra de qué y
de quién enfocamos nuestros proyectos y quehacer educativos
nos parece una tarea imprescindible de cara a clarificar no sólo
fines y posiciones educativas sino los modos que empleamos en
los entornos educativos para avanzar hacia esas finalidades.
La crítica a la razón instrumental y al positivismo,
realizadas por J. Habermas desde la sociología, encuentran
una importante plasmación en las obras de W. Carr y S.
Kemmis desde el prisma de la educación ya que incluso prosperan
en niveles más operativos como el de la investigación/acción.
Estos autores aportan suficientes argumentos teórico-prácticos
para interpretar nuestras prácticas educativas y proyectar
acciones en educación guiadas, como plantea Habermas, por
un interés emancipador.
Ahora bien, para las personas que estamos involucradas en este
proceso, las aportaciones que, desde la pedagogía, ha ido
realizando Paulo Freire son un auténtico surtidor de sentido
en el proyecto que nos ocupa. Creemos que Freire encarna como
pocos el compromiso con la teoría y la práctica
educativas, ya que a lo largo de su recorrido profesional nunca
deja al margen el ejercicio de su tarea educativa. Freire nos
ofrece una lectura política y comprometida de la sociedad
actual y denuncia el papel que se le está induciendo a
la educación. Somos conscientes de que este pensamiento
está muy lejos de la moda teórica actual, en la
que se priman las adhesiones a corrientes "neutras" sobre la educación,
pero esto no es, según nuestro punto de vista, un síntoma
más de lo que tanto Habermas como Freire apuntan y denuncian.
Paulo Freire nos aporta, además, su concepto de diálogo
entendido como una unión inseparable entre acción
y reflexión (praxis), como el camino en el que las personas
construimos nuestro sentido dentro del mundo y en la historia,
como un acto de conocimiento creador y transformador. El diálogo
es metódico, es fin y a su vez medio; y dentro de nuestro
proyecto es el concepto central, de ahí que hablamos en
este momento de comunidades educativas dialógicas.
Así podemos decir que en relación a estos referentes
va cobrando fuerza la idea de la ikastola como un proyecto social
y educativo que incorpora en sus acciones transformadoras el método
dialógico y que impulsa un proceso colectivo que le permite
no sólo profundizar en el sentido de su origen y de su
"ser y estar" dentro del marco social y educativo actual sino
también ir llenando de contenido y mayor profundidad la
idea del trabajo educativo democrático que, en definitiva,
tiene que ver con aspiraciones pasadas y presentes de educar teniendo
como fines explícitos la justicia, equidad y solidaridad.
Pero esa idea está también relacionada con una sistemática
metódica, con un modo de proceder que vela por la coherencia
con cuestiones tan simples, cotidianas y, a su vez, complejas
como lo son, entre otros, aspectos tales como la incorporación
de las voces afectadas en los procesos educativos, el trabajo
desde la horizontalidad, el desvelamiento de las contradicciones
y de las zonas problemáticas para afrontarlas,...
Luego la CED, en términos freirianos, es un sueño
social y educativo. Es, también, una esperanza. Es un horizonte
que nos obliga a pensar como personas educadoras no sólo
en términos socializantes sino, y fundamentalmente, educativos.
Es una finalidad que nos lleva a realizar una mirada crítica
al proyecto educativo que tenemos y a lo que hacemos en la cotidianidad
de los centros.
La construcción de CED, por lo tanto, es un proyecto esperanzador
que pretende impulsar en las ikastolas implicadas un proceso de
consolidación de una cultura educativa distinta mediada
y construida mediante el diálogo; una cultura que transite
desde una razón instrumental, técnica en la que
nos encontramos anclados hacia una razón comunicativa que
nos permita trabajar por la transformación social. De esta
cultura podemos destacar algunos aspectos que son significativos
desde el punto de vista del método y de la estructura de
relaciones, tales como: la generación de conocimiento a
la luz de nuevas comprensiones que pongan en evidencia la identidad
de las instituciones, el análisis de la responsabilidad
y del compromiso en las tareas que desarrollamos como agentes
educativos, el análisis de las distorsiones ideológicas
que se han ido generando en nuestra propia historia como personas
y agentes educativos y la participación activa de todos
los y las agentes educativos en aquellos problemas que les conciernen.
Trabajar en esta línea supone estar atentos a los nuevos
retos que hay que afrontar para que el sistema no nos siga tratando
como objetos sino como sujetos, que dan vida propia a instituciones,
con capacidad crítica para tomar decisiones que se muevan
dentro de la transformación y que nos hagan posible vivir
dentro de él manteniendo nuestra propia identidad.
Tenemos ante nosotros todo un desafío educativo. Casi
podemos decir un horizonte utópico pero no por ello menos
real y esperanzador. También somos conscientes de que seguir
esperanzado en la educación hoy en día puede llegar
a sonar a un acto de optimismo pedagógico. Para las personas
que estamos en este proyecto es un reto. De ahí que nos
parece especialmente relevante el esfuerzo educativo que estas
ikastolas están realizando y que responde a la responsabilidad
que asumen y que asumimos, en general, desde el momento que nos
dedicamos a la compleja tarea de contribuir a la educación
de la ciudadanía.
El contenido de este trabajo está
inserto dentro de un proyecto de investigación, subvencionado
por la UPV/EHU (1/UPV 00096.386.382-h13962/ 2001) cuyo título
es: "Diseño, implantación y análisis de un
modelo de cambio en la cultura de líderes educativos".
Bibliografía
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En PÉREZ GÓMEZ, A, BARQUÍN RUIZ, J. Y ANGULO
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bila: ikerkuntza-prestakuntza prozesu bat. Soziologiazko
Euskal Koadernoak, 9. Gasteiz: Lehendakaritza.
Maite Arandia
(Departamento de Didáctica y Organización Escolar,
UPV-EHU)
Idoia Fernández (Departamento de Teoría e Historia
de la Educación, UPV-EHU)
Pilar Ruiz de Gauna (Departamento de Teoría e Historia de
la Educación, UPV-EHU) |