El
modo de evacuación de las excretas en la zona minera merece
análisis independiente, porque fue causa directa de denuncias
de obreros, médicos e higienistas.
Si bien es cierto,
que incluso en muchas viviendas del centro Bilbaino no existían
en aquel momento los retretes como hoy los entendemos, (sobre
todo por la carencia de agua corriente en muchos distritos de
Bilbao), el asunto de las deposiciones, en zonas de una gran concentración
humana, como era el caso de la minera, fue motivo de gravísimos
problemas higiénicos.
Son abundantes los
documentos escritos que se conservan, en los que se describen
la insalubridad de las casas de los mineros. Probablemente fueron
las peores de la época, así las describe el periódico
El Socialista:
Los barracones
son nauseabundos alojamientos que más parecen viviendas
de bestias, donde los infelices viven a centenares, mucho
peor que en los presidios.
En este periódico
abundan los números, en donde se hacen descripciones de
vida de los mineros, sirviendo primero como denuncia ante la sociedad,
y segundo como modo de reflexión y de concienciación
para el levantamiento del proletariado. De la siguiente manera,
hacían la reseña sobre los barracones en el número
noventa y cinco de El Socialista:
son cuevas o
malas casuchas construidas de madera y piedras, buenas si
acaso para irracionales, pero impropias de todo punto para
ser habitadas por personas. Sin embargo allí descansan,
echados en malos jergones, sin más abrigo que el que
llevan puesto y muchas veces empapados por el agua que ha
caído sobre ellos durante el trabajo, una porción
de obreros.
El interior contaba
con una cocina y dependiendo del tamaño una o dos habitaciones
a modo de barracón, en las que llegaban a dormir hasta
42 personas, en 21 camas. En ningún caso existía
letrinas y tampoco espacio destinado para aseo. No había
agua corriente.
Contamos con testimonios
como el del médico higienista del municipio minero de San
Salvador del Valle, García Vergara:
Las habitaciones
son casi siempre reducidas, hasta el punto de que puede decirse
que hay verdadero hacinamiento,... en ellos se procura colocar
el mayor número posible de camas, con distintos turnos
para dormir... Tedio y compasión me ha dado cuando
por mi ministerio he tenido que entrar en alguno de esos cuartos
que teniendo apenas cabida para dos o tres personas a lo más,
se albergaban uno o dos matrimonios con su prole y algún
peón, que contra toda regla de pudor y buena educación,
comen y duermen casi juntos, todos revueltos cual gitanos.
Desde luego estas
condiciones de vida fueron causa directa de la elevada mortalidad
dada en estos municipios.
Según Pilar
Pérez Fernández la tasa de mortandad en la zona
minera durante la década de 1877 a 1887, fue la más
elevada de Bizkaia, superando incluso a los municipios industriales
como Bilbao.
La causa de las muertes
era debida no a brotes epidémicos, que por supuesto se
llevaron muchas vidas, ni a accidentes laborales que también
acabó con muchos mineros, sino a enfermedades comunes como
colitis, gastroenteritis, disentería, etc., cuyo proceso
se alargaba excesivamente, provocadas por la insalubridad de las
condiciones de vida, la ausencia de limpeza y por la falta de
defensas de una población mal alimentada.
Uno de los motivos
principales que ocasionaba las enfermedades gástricas era
la ausencia de agua y de retretes.
Como se ha indicado,
la zona minera constituía un centro de población
obrera muy considerable. No era cuestión de que cada uno
fuera a realizar sus necesidades fisiológicas campo através.
Por lo que el asunto de las excreta, lo solucionaron animando
a los mineros a que realizaran sus deposiciones en un cajón
de madera colocado para tal uso. Normalmente se colocaba en el
exterior de cada barracón y, en el mejor de los casos,
se protegía de las miradas por unas paredes de tablas de
madera.
La limpieza de dicho
cajón y la evacuación de las excretas se realizaba
dos veces por semana. Esta labor la realizaba un obrero al que
denominaban el mierdero.
No es difícil
imaginar que ésta forma de limpieza, debió ser nauseabunda
y por supuesto nefasta. Sirvió de campo de abono a las
abundantes epidemias tifoideas, viruela y cólera.
Ejemplo de esta vivencia
lo forma el pueblo de la Arboleda, que surgió de un grupo
de chabolas que se comenzaron a levantar en 1877, hasta llegar
a constituirse en el principal núcleo minero de la zona.
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Esquema
de evacuación propuesto en el reglamento de policía
e higiene de 1886 en la zona minera y fabril de Vizcaya.
(Hacer clic sobre la imagen para verla ampliada) |
Ante la grave situación
higiénica que se produce sobre todo con la epidemia de
1885 de cólera (se mantuvo durante 57 días y mató
a 243 mineros), y debido a las presiones obreras, las instituciones
comienzan a idear soluciones.
Las normas que se
editan para acordonar la epidemia son rigurosas y duras, prohibiéndose
la salida de la zona minera a cualquier persona para evitar la
propagación, para lo que se pidió la fuerza del
ejercito. Es interesante la adopción de una medida higiénica
que hasta entonces no se había tenido en cuenta: el de
las excretas humanas y la colocación de retretes en los
puestos de trabajo, obligando a los obreros a depositar sus deyecciones
en ellos bajo multa de 5 pesetas a quien no lo hiciera.
Esta epidemia también
fue la causa de que se realizara, un año después
en 1886, un proyecto para organizar el sistema de desagües
y excusados de todas las viviendas que albergaban a los mineros,
el proyecto tenía el objetivo y el título de
Higienizar Triano. Se solicitó el concurso de Willian
Gill, miembro del Instituto de Ingenieros civiles de Inglaterra,
pero el proyecto no prosperó, y aunque el mencionado ingeniero
persentó una propuesta nunca llegó a realizarse.
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Esquema
de evacuación propuesto por el médico higienista
Dr. Tale.
(Hacer
clic sobre la imagen para verla ampliada) |
En el mismo año
se publicó en Bilbao un libro sobre higiene doméstica,
su autor era un médico higienista inglés, el doctor
Teale, su obra fue traducida al castellano y editada en la Villa
bilbaína con el nombre de La salud en peligro en las
casas mal acondicionadas. En él se muestran 70 láminas
con un texto explicativo de las soluciones y modelos en cuanto
a desagües y sanitarios así como a su instalación.
Por otro lado, también
en 1886 las autoridades publican Reglamento de Policía
e Higiene que debe regir en la Zona Minera o Fabril de los municipios
de Baracaldo, Sestao, Portugalete, Santurce, San Julián
de Musques, Galdames, San Salvador del Valle y Abanto y Ciervana.
En él se especificaba,
entre otros artículos, que no se consentían dormitorios
para personas de diferente sexo excepto matrimonios y los hijos
menores de diez años. Que no se permitían más
de dos personas en una misma cama. También se hace mención
a los excusados, indicando que al menos debía existir uno
por cada veinte personas. El sistema que se aconsejaba adoptar
era el de mantener separadas las aguas sucias de las inmundicias
sólidas, de manera que pudieran recogerse estas últimas
en el estado más seco posible.
Para la recepción
de escrementos y basuras secas de casa, el reglamento disponía
de un croquis que se debía seguir para construir en cada
casa, se trataba de un depósito impermeable de poca profundidad,
elevado sobre el terreno todo lo posible, y no debería
ser de mayor tamaño que el necesario para contener las
inmundicias correspondientes a una semana.
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Escusados
con baldes y conductos para aguas sucias y orinas propuesto
por William Gill.
(Hacer clic sobre la imagen para verla ampliada) |
El reglamento señalaba,
en otros artículos, que los excusados debían estar
fuera de las casas y los receptáculos debían vaciarse
por lo menos una vez cada ocho días
Al igual que ocurrió
en el caso inglés, tanto las autoridades políticas
como los empresarios se vieron obligados, por las presiones descritas,
a dar respuesta a las demandas solicitadas, pero realmente hubo
que obligarles muy seriamente como se desprende de las numerosas
huelgas que protagonizaron los mineros y los obreros de las factorías
vascas.
Al Gobierno le costaba
promulgar leyes en este sentido, y los patronos de la Cuenca Minera
vasca distaban mucho de ser filántropos paternalistas que
cuidaran de sus obreros. Es más, se unieron y formaron
el Círculo Minero, para defender sus intereses sin tener
en cuenta los de los obreros, más bien, en contraposición
a ellos.
Las leyes que el
Círculo Minero promulgó, todavía en 1903,
eran draconianas para los asalariados. Testimonios al respecto,
como el que cuenta Facundo Perezagua de lo vivido cuando trabajaba
en la zona minera, debían producir verdaderos escalofríos.
Así se desprende de la Ley de Accidentes promulgada por
los patronos:
... Antes del
90, en los cuarteles mineros, se leían extraños
carteles como éste: Por dos piernas, 40 duros; por
dos brazos, 20; por dos manos 10.
Dicho cartel, indicaba
la cantidad que cobraban los obreros en caso de accidente y amputación
de una extremidad.
La seguridad en el
trabajo, fue una constante reivindicación no sólo
en la Cuenca Minera sino también en todos los pueblos industriales
de Bizkaia. Comenzaron en las últimas décadas del
siglo XIX y continuaron en los años de 1920, siendo motivo
de movilizaciones obreras a través de manifestaciones y
huelgas.
Retomando el asunto
de los retretes, decir que
La Arboleda, en 1904, contaba
con 20 calles y 150 casas en las que había 2.553 almas,
lo que da una media de 17´2 personas por casa. Cada casa contaba
con un excusado como el descrito (o sea un cajón), pero
todavía no existían los pozos negros, por lo que
había que retirar los mencionados cajones, de manera
manual. Esta labor se continuaba realizando dos veces por semana,
por el mierdero lo que provocaba un ambiente en la zona, insalubre,
hediondo con emanaciones nada gratas. Así lo hemos encontrado
descrito en la prensa de la época:
...si el aspecto
exterior de aquellas viviendas es repugnante, el interior
es de lo más triste que puede verse. Habitaciones de
tablas con cuartos reducidos donde viven hacinados seres humanos
sin apenas luz, pues las ventanas son estrechísimas,
en el interior de aquellas viviendas se hace insoportable
la vida a los cinco minutos, tal es el hedor que allí
se siente.
Sobre todo las enfermedades
infecciosas del aparato digestivo descendieron rápidamente
con la traída de aguas, con el servicio de alcantarillado
y con los lavaderos públicos.
Pero el agua llegó
muy lentamente, si tenemos en cuenta, que el líquido elemento
no llegó al Hospital Minero de Triano hasta 1897 y la electricidad
hasta 1902, podemos hacernos una idea de por qué los mineros
en la década de 1910 continuaban manifestándose.
Las reivindicaciones
comenzaron a sensibilizar a la opinión pública de
manera que médicos, ingenieros y arquitectos apoyaron la
instalación del inodoro en las viviendas. Se desarrollaron
diferentes modelos y sistemas de evacuación.
| Retrete
de casa barata en Vizcaya, observese que la única instalación
es el inodoro. |
Así la cosas,
podemos decir que los logros no se empezaron
a notar hasta que entró en vigencia la primera legislación
de casas baratas (1911). Que contempló como obligatorio
la instalación del retrete provisto de su sifón
y correcta instalación de desagüe. (1)
En este aspecto,
es interesante observar el interés que presentaban los
arquitectos y las instituciones por dar soluciones ágiles.
De forma que los proyectos arquitectónicos realizados por
los diferentes arquitectos de casas baratas, adjuntaban a las
plantas y alzados los dibujos de los retretes y el sistema de
desagüe que se debía utilizar.
Por lo tanto, todas
las viviendas construídas bajo las leyes de casas baratas
en Bizkaia, tuvieron retrete, excepcionalmente tenían lavabo
y la mayoría carecían de bañera o en su defecto
tampoco tenían ducha. El modelo en cuanto a planta y alzado
era prácticamente el mismo. Se trataba de un espacio estrecho
y alargado, la mayoría de las veces no alcanzaba el metro
y medio de ancho. El reglamento indicaba que debían tener
al menos a´50 metros cúbicos y una ventana que diera a
patio o al exterior. El inodoro debía estar al fondo del
estrecho espacio y debajo de la ventana.
Hemos tenido la suerte
de poder visitar el interior de viviendas que se mantenían
sin modificar, y debemos de reseñar que a este elemento
higiénico le acompañaba el alicatado de las paredes
y las baldosas del suelo. Todo ello suponía un elemento
más del confort y facilitaba la limpieza y desinfección
de dicha estancia. Además se procuró utilizar elementos
de calidad, y muchos de los suelos estaban decorados con grecas
bicolores y en algunos casos hay retretes que tienen baldosas
polícromas con cuatro colores. Para las paredes siempre
se eligió el blanco esmaltado en los azulejos.
Mientras que el inodoro,
en las primeras décadas de siglo XX en Bizkaia, se contemplaba
como una necesidad dentro de cada vivienda, no ocurría
lo mismo con los elementos de baño o ducha. Como se ha
indicado las casas baratas, en general, no consideraban la instalación
de bañera, ducha y ni siquiera del lavabo. Los obreros,
para su higiene personal, continuaban acudiendo a las duchas públicas
de sus municipios, y en su defecto se lavaban por partes en un
barreño en la cocina de casa.
La bañera,
la ducha y el lavabo se consideraban instrumentos higiénicos
que se asociaban a un lujo, del que sólo podían
disfrutar los moradores de las grandes viviendas burguesas. A
este respecto apuntar que, la fabricación nacional de las
mencionadas piezas era escasa, excepto en retretes. Paulatinamente
se comenzó a abrir comercio en este sector sobre todo en
la década de los años veinte, siendo pionera la
firma de José González Serrano, posteriormente en
la década de los años 30 aparecerá la marca
Roca. Pero las capas sociales más pudientes importaron
los sanitarios, preferentemente de Inglaterra, siendo las marcas
Doulton y Shanks unas de las más solicitadas.
(1)
Sobre los modelos y sistemas de letrinas
y retretes de las viviendas obreras véase: GÓMEZ GÓMEZ,
Ana Julia: Nueva Imagen de la Ciudad. Las Casas Baratas de Vizcaya,
1911-1936. Tésis inédita. Pág. 411. TomoI.
(VOLVER) Ana Julia Gómez
Gómez, profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación
en la Universisad de Málaga |