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Parece
que la participación está en boga en las organizaciones
y no sabemos, a ciencia cierta, si la misma será pasajera
o perdurará en el tiempo. No nos consideramos visionarios
por lo que no podemos arriesgarnos a predecir el futuro, pero
sí podemos atrevernos a vislumbrar o prever los escenarios
posibles y los modos y maneras de canalizar la participación,
teniendo en cuenta las necesidades y objetivos presentes y futuros
de las organizaciones empresariales.
Las organizaciones
se mueven en un entorno social y económico de constante
cambio, de incertidumbres para algunos y de caos para otros. Son
por supuesto inestables y tendentes a sufrir transformaciones
continuas si es que quieren lograr las adaptaciones necesarias
para llegar a la homeostasis, a un equilibrio que por supuesto
será inestable en el mismo momento que se llegue a él.
La eficiencia y la rentabilidad empresarial exigen el cambio o
la continua transformación. Las organizaciones están
inmersas en una dinámica del eterno retorno, donde llegar
significa volver a empezar. El marcar objetivos, a corto o a largo
plazo, supone que una vez alcanzados volveremos a empezar. Quizás
tenga que ver con la misma paradoja de la psique humana en donde
la búsqueda del equilibrio continuo juega un papel primordial.
La estabilidad, la homeostasis o el equilibrio duradero no existen,
por el mero hecho de la existencia de dinámicas y flujos
que tienden a romperlo continuamente con el fin de crear nuevos
escenarios. Si no existiera ese dinamismo creativo desequilibrador,
únicamente existiría la muerte o la quietud, algo
que por ahora no se da por separado en la naturaleza.
Tanto el ser humano
como las organizaciones creadas por él están cortados
por un determinado patrón de conducta que se enraízan
en la cultura de pertenencia, y cada cultura entiende su realidad
basándose para ello en los patrones aprendidos o heredados.
Si a estos les denominamos modelos mentales podremos observar
que cada organización es, o llega a ser, fiel reflejo de
la cultura, persona o de las personas que las gobiernan, directa
o indirectamente. Esto ha sido así hasta que ha llegado
la globalización y con ella una serie de conceptos y prácticas
culturales y sociales que pueden chocar con los modos y maneras
tradicionales de ver e interpretar la realidad que nos rodea.
El mundo orqanizacional también ha sufrido dicho choque
y la"moda" de la participación y de concepción
democrática de la empresa son un ejemplo claro de ello.
Antes todo era mucho más fácil, dirán algunos,
bastaba con ordenar, mandar, para que todos los subordinados se
pusieran a trabajar sin rechistar.
La concepción
tradicional jerárquica, el yo ordeno y mando y tu lo llevas
a cabo o yo pienso y tu ejecutas, ha perdido puntos en esta aldea
global sustentada en las nuevas tecnologías de la comunicación
y de la información. A causa de ello, la gestión
de las empresas ha dejado de ser cómoda para convertirse,
para muchos gestores, en un problema. Inmersos de lleno como estamos
en el siglo del tercer entorno y de la era de la "gestión
del conocimiento", donde el espíritu de la globalización
se adueña, una vez más, de hasta lo más íntimo
de las personas, de su pensamiento, surgen una serie de pensadores
que proclaman y auspician una nueva época en la que será
necesario gestionar de manera distinta nuestras organizaciones.
Emergen nuevas teorías, conceptos, paradigmas, herramientas,
estrategias empresariales, sistemas y procesos productivos, técnicas
y procedimientos, etc., tendentes a adecuar el modelo imperante
a la denominada, según gustos, afinidades o intereses como
"nueva era tecnológica", "tercer entorno"
o "era del conocimiento". El contexto manda y la dinámica
empresarial responde. En consecuencia, la concepción de
la persona y su quehacer dentro de la organización da un
vuelco de 180 grados. Ya no se concibe a la persona como un individuo
cuyo fin, casi único, era, antes de la "caída
del muro", el de vender su fuerza de trabajo a cambio de
una remuneración económica. La persona es "considerada"
ahora, parece ser, como un ser pensante capaz de aportar, además
de su fuerza de trabajo, su intelecto, su conocimiento. Este "cambio"
de paradigma conceptual conlleva modificaciones importantes en
el orden organizacional, pues afecta directamente a la propia
estructura y arquitectura organizacional, a la organización
del trabajo, al propio concepto de trabajo, a las normas y métodos
de funcionamiento y a los sistemas de gestión que lo sustentan.
La adopción de dicho paradigma abre la puerta a una transformación
de orden sistémico, donde está incluida la asunción
de nuevos modelos mentales tendentes a la reformulación
integral del quehacer de la persona y de la propia organización.
Para poner en marcha
dicho proceso de cambio basado en la idea de que la persona y
sus capacidades integrales ocupan y son el núcleo de la
organización –la centralidad de la persona-, es necesario
pensar en los modos y maneras de dar cauce a la participación,
bien sea a nivel local o general. Cuando hablamos de participación
no la estamos proponiendo como fin último, sino como medio
para llegar a metas u objetivos de más hondo calado, que
hagan posible el asentamiento de la nueva cultura organizacional
basada en dos ejes vertebradores: por un lado la empresa,
institución que debe cumplir su misión y lograr
unos objetivos que plantee unas exigencias a las personas para
conseguir la eficacia de la gestión y por otro, las mismas
personas, cuerpo social de la empresa, que necesita satisfacer
sus necesidades como trabajadores de una empresa eficaz y rentable.
En la medida en que la satisfacción de las necesidades
de las personas y el cumplimiento de las exigencias de la empresa
se hacen compatibles, podrá haber una verdadera transformación
cultural basada en el compromiso mutuo y en un proyecto común
y cohesionado.
Si estamos de acuerdo
en que la participación del conjunto de las personas en
una organización es una de las vías para lograr
el objetivo propuesto más arriba, además de retocar
nuestro modelo mental, cuestión por cierto de orden primordial,
necesitaremos, entre otras cosas, de sistemas de gestión,
procedimientos o herramientas que: doten a la empresa de sentido
o significado; hagan posible encauzar las sinergias, los valores
y conocimientos potenciales o existentes, explícitos o
implícitos; promuevan la participación de las personas
en los procesos y proyectos, presentes o futuros, desde su misma
ideación hasta su puesta en práctica; encaucen la
comunicación interactiva creando procesos abiertos de comunicación
e información fluida en dos sentidos, libre y sin prejuicios
de orden jerárquico y que logren que la información
circule de forma directa y contrastada; promuevan el diálogo
entre las personas de la organización; logren la democratización
del poder y que la toma de decisiones se lleve a cabo mediante
políticas de consenso entre las partes; logren una mayor
implicación y compromiso e intervención en el proyecto
empresarial y social; potencien las relaciones entre las personas;
creen espacios y tiempos libres de expresión y acción;
desarrollen el capital social, la formación y el autoaprendizaje,
la asunción de responsabilidades y deberes mutuos que nos
encaminen hacia una organización del trabajo basado en
equipos autónomos y autogestionados.
¿Es esto posible
o se trata de una simple y burda retórica o camelo que
estamos ya hartos de escuchar? Algunos nos atrevemos a pensar
que al menos podemos intentar poner en práctica algunos
conocimientos teóricos. Es por lo que pasamos a presentar
a continuación una herramienta de participación
y comunicación interactiva de nuevo cuño, a la que
hemos denominado "GIP" (Grupos de Intervención
Participativa), que no pretende ser la "panacea" o la
solución definitiva, pero que puede aportar algún
que otro grano de arena a la praxis participativa. Dicha herramienta
tiene como función principal brindar a las organizaciones
los útiles técnicos necesarios para encauzar las
sinergias potenciales existentes en ellas, promoviendo la participación
en los procesos y proyectos, la comunicación interactiva,
el diálogo y el consenso.
La mediación
de un organismo ajeno, un ente independiente que desde el exterior
puede ejercer la labor de soporte, posibilita la aplicación
de un modelo de participación interactiva. El trabajo de
este ente permite al colectivo conocer, analizar y debatir todos
los puntos de vista existentes sobre un tema con el fin de alcanzar
soluciones o mejoras consensuadas que redunden en beneficio de
toda la organización
Para lograr que el
soporte resulte operativo y técnicamente apropiado a cada
caso, ésta se articula, previa etapa de análisis,
en una serie de jornadas de trabajo en las que los diversos parámetros
y puntos de vista son expuestos de forma plural y contrastada
por directivos, técnicos, expertos en la materia, operarios,
etc. Dichas personas, asistidas por los técnicos coordinadores
procedentes del organismo de soporte, forman grupos de trabajo
para el análisis, el debate y el desarrollo de las propuestas
o recomendaciones que contribuirán a la búsqueda
de solución o a la mejora del problema o tema planteado.
Si bien es cierto
que existen ya herramientas o procedimientos eficaces en el terreno
empresarial, hay que reconocer que éstos no siempre resultan
operativos, adecuados o viables –económica o socialmente–.
A menudo falta una información fluida y contrastada, y
no se produce una participación activa, una intervención
funcional y directa de las partes interesadas en el proceso. Cuando
hablamos de participación directa, estamos hablando, en
palabras de Weiss, del "poder que se reconoce, en un momento
dado, a un grupo para ejercer una influencia sobre su propio entorno
inmediato, tomando las decisiones necesarias después de
debatirlas".
Con esta herramienta
no se pretende limitar o reemplazar las utilizadas habitualmente.
Se trata, más bien, de complementarlas mediante la aplicación
de un nuevo mecanismo que posibilite un asesoramiento amplio y
participativo que apoye la gestión de los órganos
directivos. Facilitará, por tanto, que éstos cumplan
con mayor eficacia sus propias funciones y encaucen las sinergias
y el conocimiento potencial de las personas que forman el conjunto
del colectivo organizacional. Puesto que la herramienta se basa
en la participación de un número amplio de personas
pertenecientes a muchos niveles de la organización, también
puede lograr otros objetivos socio-empresariales como son:
-
Legitimar el
proceso de transformación organizacional incluidas
iniciativas ya emprendidas,
-
Crear un hito
social "histórico" en la empresa, instaurando
así un "antes" y un "después"
y
-
Proporcionar
un espacio para la expresión de ideas, así como
de frustraciones, que no han podido conocerse por las vías
de participación normales y de esta manera servir de
catarsis, permitiendo dar cauce, si es
que existe, a la presión social acumulada.
A grandes rasgos
los pasos que conlleva la aplicación del GIP serán
los siguientes (Ver esquemas):

Hacer clic
sobre los esquemas para verlos ampliados.
1)
Una vez solicitados los servicios
de un organismo facilitador para la aplicación del GIP,
aquél inicia un estudio previo que, de estimarse viable,
llevará a la presentación de un anteproyecto de
aplicación en donde estarán especificados:
- las características y
la metodología GIP,
- los temas o el tema a tratar,
- el número de participantes,
- la temporalización, y
- las fases o protocolo de actuación. Dicho
anteproyecto será debatido con los organismos pertinentes
(órganos directivos, órganos sociales, etc.)
en una ronda de contactos tendentes a la búsqueda de
consenso entre las partes implicadas por la aplicación
del GIP.
2)
Una vez aprobado el proyecto, se
pone en marcha el proceso de comunicación e información
interna. La Dirección de la organización informa
al colectivo, por medio de los cauces formales existentes, la
metodología y las características del GIP. Puntualmente,
mediante los medios de comunicación e información
desplegados específicamente para este fin, se dan a conocer
las características, la implicación necesaria,
la sistemática y las diferentes etapas del proceso.
3) El siguiente
paso comporta la puesta en marcha del proceso GIP.
4)
Se inicia el proceso de selección
al azar de participantes en la consulta. Se trata de un mecanismo
de selección que da acceso a la participación,
siempre voluntaria, a un número determinado y substancial
de personas pertenecientes a toda la organización, a
excepción de los directivos de la organización
y de aquellas personas que se inscriben como ponentes. El grupo
de participantes será una muestra estadísticamente
representativa de la organización.
5) Se abre un periodo
de presentación de ponencias por parte de los integrantes
del ámbito en cuestión a fin de obtener una visión
global, contrastada y plural del tema a tratar. Todas aquellas
personas, secciones, departamentos, corrientes de opinión,
etc. que lo deseen, pueden registrarse con el fin de acudir
como ponentes y expresar así sus puntos de vista sobre
el tema a los/as participantes, es decir, a las personas seleccionadas
del colectivo empresarial (véase punto 6 a continuación).
Los denominados ponentes son los encargados de actuar como portavoces
de las alternativas, propuestas o sugerencias presentadas al
mismo tiempo que aportan la información necesaria a los
grupos de participantes con el fin de que puedan elaborar el
informe final y ofrecer propuestas de mejora a los temas planteados.
6) Una vez concluida
la fase de selección de participantes en la consulta
y cerrado el plazo de presentación de ponencias, se da
comienzo a los debates. Los/as participantes se reunirán
durante varias jornadas (3 medias jornadas) o sesiones de trabajo,
con el fin de escuchar, debatir las ponencias presentadas y
proponer mejoras. Las jornadas de trabajo se organizan y articulan
de modo que hagan posible la información, análisis,
debate y evaluación de las cuestiones o parámetros
que interesan. A ello contribuyen las charlas, coloquios, exposiciones
audiovisuales, etc. en las que participan todos los implicados
en el proyecto. Los/as participantes se reunirán dos
días por semana. El lapso de tiempo entre las reuniones
semanales lo dedicarán, entre otras cosas, a la lectura
de las ponencias y a consultar con sus compañeros/as
de empresa los temas tratados, ya que deben reunir el máximo
de información posible sobre la opinión que posean
al respecto los/as mismos/as.
7)
Una vez analizados y debatidos los
diferentes datos y puntos de vista, los/as participantes decidirán
qué propuestas, recomendaciones o decisiones plantearán
a los órganos de la empresa.
8) Dichas propuestas
serán recogidas en un informe, que será entregado,
una vez supervisado por los/as participantes, a los órganos
de la organización.
9)
Comité de síntesis:
es un grupo formado por representantes de los GIP, por un técnico
de RRHH y por un técnico de Praktiker, que se encargará
de redactar un texto que aglutine, explique, ordene y sintetice
de forma clara y concisa lo expresado en los debates
10) Por último,
se informará a todo el colectivo de los resultados obtenidos
y de los planes propuestos así como las acciones que
la Dirección haya puesto en marcha, los plazos de ejecución
y los responsables de cada una de ellas.
11) Con el fin
de garantizar la buena marcha del proceso emprendido se constituirá
un Equipo de Seguimiento compuesto por: Representantes de los
órganos de la empresal, representantes de los participantes
del GIP, 1 Técnico del Departamento de RR.HH. y el Director
del proceso GIP. La función de este equipo será
la de supervisar las acciones emprendidas, y los plazos de ejecución,
así como promover y gestionar algunas de las acciones
propuestas.
Luxio Ugarte Elortza, Director
de Praktiker (Centro de Investigación e Innovación
para la Transformación de las Organizaciones). Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación (Eskoriatza) (Mondragon
Unibertsitatea) |