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Con
motivo de las exploraciones realizadas por encargo de
la Delegación Alavesa de la Sociedad de Estudios Vascos,
una vez más he de referirme al lugar reseñado en
recientes investigaciones (1),
que se halla inmediato al que señala el actual límite
provincial del valle navarro-alavés de La Borunda.
Descrita en aquellos y otros trabajos
la orografía del terreno, he de limitarme en la presente
ocasión a fijar la posición de los puntos objeto
de estudio.
A un kilómetro de la orilla
izquierda del río Borunda, y poco más distante
del trozo del F. C. Madrid Irún, comprendido entre las
estaciones de Araya y Olazagutia (aunque más
próximo a la primera), se levanta en tajo casi vertical
una potente masa caliza que disminuye en altura según su
desarrollo S. W. N. E.
Se trata de una gran cresta desnuda,
a la que, observada a distancia, parecen servir de base los montes
comunales de Ilarduya y Eguino, últimos pueblecitos
alaveses en el margen izquierdo del citado río antes de
su entrada en Navarra.
Se reserva el apelativo Olano para
la peña acotada entre ambos pueblos, por la que se hallan
protegidos de los vientos fríos del NW. a NE.
A medida que el observador se aproxima
a la masa caliza, advierte que ésta no descansa sobre la
cumbre de los montes bajos que la preceden; la realidad es otra,
manifestándose marcadamente el declive de sus vertientes
contiguas a la roca en flexiones irregulares, cuyos barrancos
almacenan en grijo desigual y suelto el derrubio secular de la
erosión rocosa.
El lugar, objeto de investigación,
puede decirse que, poco más o menos, equidista de los pueblos
citados. Comprende en extensión una longitud que se aproxima
al kilómetro; y si bien la exploración no se ha
iniciado más que en tres puntos perfectamente señalados,
diríase que por la relación que guardan entre sí,
representan jalones escalonados de un todo contínuo, que
posiblemente en lo futuro proporcione otros datos de interés.
De momento, he de limitarme a consignar
cuanto hasta la fecha se ha logrado conocer en la cueva de La
Leze y sus alrededores, la cueva de Los Gentiles, y
el yacimiento de Allaran.
La cueva «La Leze »
En cuantas ocasiones he llegado al
término Lezea en cuyo fondo se abre la gruta del
mismo nombre, fatalmente ha relacionado mi imaginación
la deliciosa vida natural a que se presta el paraje con las singulares
circunstancias que concurren para señalarlo como apropiadísimo
recinto de ocupación prehistórica.
Desde este punto de vista, ofrecen
más interés sus alrededores que, propiamente, la
cueva; sin embargo, consideraciones de otra índole ligan
de tal modo su presencia con el objeto inmediato de estudio, que
bien merece una breve reseña.
En la gran fachada
S. de la peña La Leze, más bien que una cueva,
se presenta como una gran hendidura natural de más de veinte
metros de altura por diez de ancha en su base, latitud que decrece
hacia el centro para abrirse arriba en bóveda irregular
de mayor dimensión (fot.
n.º 1).
A muy pocos metros de tan inmenso
vestíbulo, redúcense notablemente sus dimensiones
para continuarse por angosta y ascendente galería de muy
difícil acceso.
Semejante túnel natural, no
es otra cosa que el paso impuesto por las aguas, procedentes del
enorme barranco inmediato a la vertiente N. de la peña,
las que en razón del desnivel y su acción erosiva
han horadado la peña de parte a parte para brotar en abundante
caudal en el suelo de la hendidura antes descrita.
Para dar idea de este caudal, baste
indicar que, hace ya muchos años, las circunstancias expuestas
fueron aprovechadas para establecer un salto de agua y su central
eléctrica inmediata a la cueva. Mediante andamiaje se colocó
la tubería a través de la galería natural;
poco tiempo después una copiosa avenida arrastró
aquellos materiales y derrumbó, en gran parte, la central.
Posteriormente,
la tubería e ha colocado por fuera de la galería
(fot.
n.º 2) y es el caudal
sobrante el que circula por la torrentera natural.
Con motivo de la avenida de aguas
indicada, rebasaron su lecho normal, ascendiendo sobre los ribazos
contiguos al punto de nacimiento del río, y excavando de
tal modo las orillas, que dejaron al descubierto algunas sepulturas
antiguas; no hace todavía muchos años que recogimos
los restos humanos conservados en perfecto estado para trasladarlos
al Museo de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria.
Parece ser, que su inhumación
data de la época en que existió cerca del lugar
una ermita, San Pedro de Leze, en la que celebraba sus juntas
la Cofradía de hijosdalgo.
Como dato curioso puede añadirse,
que por su término pasaba la vía romana de Astorga
a Burdeos (2).
DOS INTERESANTES APELATIVOS
Se ha advertido antes, la existencia
de un marcado desnivel entre el punto de entrada y salida del
agua a través de la peña; no incumbe a nuestro fin
precisarlo ni tampoco detenerme a exponer las condiciones de la
corriente subterránea.
Lo único que interesa son
los dos hechos siguientes: El punto de entrada del agua a N. de
la peña está situado algo más bajo que el
correspondiente a una gran cueva llamada «La Goba ». En
1924, hemos visitado esta cueva en compañía del
Prof. Obermaier; la impresión obtenida de una mera observación
permite deducir, que una excavación metódica practicada
en ella ha de mostrar un yacimiento prehistórico. Si aquella
no se ha llevado a cabo, es debido a las difíciles condiciones
que se presentan para efectuarla.
El segundo caso se refiere a un hecho
ya señalado de antemano; la alida del agua tiene lugar
al S. de la peña por el suelo de «La Leze ».
He aquí dos denominaciones,
La Goba y La Leze, no exentas de interés.
En vasco: «gobi-a »y «leze-a », designan, al parecer,
el mismo concepto de cueva, caverna.
Sin embargo, la circunstancia de
proximidad y la distinta configuración de ambas en relación
con la diferencia de apelativo, parece por otro lado significar
que ambas denominaciones, corresponden a dos conceptos diferentes.
«Gobi-a »=la cueva, caverna
natural con más o menos condiciones de amplitud y refugio.
«Leze-a »=la sima, o abismo; es decir gruta o hendidura,
inaprovechable para el albergue.
Como final, la castellanización
de ambos toponímicos ha implicado la precesión del
artículo a los sustantivos vascos.
UN DATO SIGNIFICATIVO
A unos 250 metros del nacimiento
del río La Leze y en su orilla izquierda, existe
una fuente construída con algunas de las piedras que pertenecieron
a la antigua ermita antes indicada.
En este punto y otros inmediatos
al río, en los que aparece a la vista el corte del terreno,
se advierte claramente su facies cuaternaria de acarreo. Muy fácil
de desmenuzar la tierra amarillenta interpuesta de algunos cantos
rodados de arenisca, se encuentra entre tales materiales algunos
núcleos de pedernal con muestras patentes de haber sido
aprovechados en la obtención de útiles, numerosas
lascas de deshecho, etc.
Diríase que el recinto fué
dedicado a lugar de laboreo de instrumentos de silex, y desde
luego, por la posición que ocupa bien puede relacionarse
con los yacimientos a que me refiero a continuación.
La cueva de «Los Gentiles »
Si tratase de seguir
paso a paso a nuestro compañero D. José
M. de Barandiaran, en sus hojas de investigación, en los
Anuarios de
Eusko-Folklore (3),
en tantos trabajos de Prehistoria en los que nuestras investigaciones
rozaban con la leyenda del lugar, bien pronto podría deducirse
que no es esta ocasión adecuada para ocuparse del motivo
de la denominación que se asigna a esta cueva.
Por de pronto, el nombre, traduce
su antigüedad legendaria, y si bien es cierto que no es cosa
de asignar a aquellos antepasados que pudieron habitarla, atributos
de extraordinario poder humano, también es verdad que a
cuantos la cueva sirvió de albergue han demostrado cualidades
de hombres fornidos, vigorosos, con entereza y decisión
de ánimo; a tal conclusión conduce la situación
de la cueva y peñascos inmediatos.
No es tampoco momento de recorrer
las vicisitudes de carácter histórico en las que
el ilustre D. Arturo Campión, señala la ocupación
de algunas cuevas de estos contornos como verdaderas madrigueras
de gentes dispuestas a jugarse el todo por el todo, en acecho
del paso de comunicación entre Alava, Guipúzcoa
y Navarra.
Al objeto de nuestro estudio he
de referirme al que, de índole anexa,
podría considerarse como precursor de los ahora realizados,
la Memoria de nuestro compañero D. Luis Heintz, sobre La
Espeleología en Alava(4).
Desde 1913 a la fecha, son varias
las ocasiones en que he visitado la cueva; a primera vista parece
que el hecho no tiene importancia, pero si se tiene en cuenta
que desde hace cuatro años se ha tratado de mejorar el
acceso a la misma para que sirva de cobijo a las cabras, disposición
que relativamente favorece el paso a la cueva, fácilmente
se comprende que la empresa en circunstancias anteriores, si no
imposible rayaba en caso de temeridad por el peligro que ofrecía.
Condicionada la cueva a tales dificultades,
ha sido este motivo suficiente para retrasar un intento de investigación
metódica. Con todo, la excelente posición que ocupa,
reclamaba de contínuo una exploración.
Interesaba de momento conocer el
dato prehistórico el cual e ha logrado. En la rebusca,
han aparecido también pruebas de que la cueva ha sido habitada
con posterioridad; estas últimas abundan en tanto que el
primero es escaso hasta la fecha.
Mientras que no se realicen otras
excavaciones que permitan un trabajo de conjunto al mismo tiempo
que sea completado con el plano de la cueva, me limito por ahora
a dar cuenta de su situación y descripción de los
objetos más interesantes hallados.
SITUACIÓN DE LA CUEVA
Si desde puntos
de tránsito, como son el F. C. sobre el paso a nivel de
Eguino situado en la sección antes señalada, o la
carretera de Vitoria-Alsasua (km. 34-36), se dirige la vista a
N., se aprecia en el frontispicio grisáceo de la peña
Olano un punto oscuro que es la boca de la cueva, diminuto
punto de referencia si se compara con la mole caliza (fot.
n.º 3).
La observación de conjunto
precisa ser hecha desde puntos tan alejados (de medio a un kilómetro),
por la circunstancia que, desde lugares más próximos
no se ve la cueva, pudiéndose añadir, que en virtud
de su posición la boca no se advierte hasta el momento
de hallarse a cuatro metros por bajo de su entrada.
Abrese ésta, en un tajo vertical
de la peña de muy cerca de veinte metros de altura, imposible
de ser escalado.
En tales condiciones
el acceso a la cueva es únicamente factible por el costado
de Poniente. Aún este camino, digamos trazado, no deja
de presentar serios inconvenientes. A medida que se sube (fot.
n.º 4) más o menos
escalonadamente y hacia la mitad del ascenso hace la peña
un marcado saliente que es necesario rebasar. No está de
más consignar que en este punto ofrécense muestras
de haber sido adosadas a la peña natural algunos bloques
calizos, que prestan al conjunto un cierto aspecto de cierre amurallado;
probablemente esta obra, data de tiempos históricos no
muy antiguos.
Semejante antepecho natural que se
continúa peña arriba, a la par que dificulta el
paso a la cueva sirve de excelente punto de observación
a W. para toda la parte oriental de la llanada alavesa, ya que
desde la misma boca no puede verse por estar orientada hacia SE.
Desde el punto indicado con un nuevo
descenso de tres metros y una subida de otros cuatro, ambos en
peña viva y el precipicio al pie, se logra llegar a la
cueva.
LAS ATALAYAS DE LA CUEVA
Por si no fuese suficiente el punto
de observación a que me acabo de referir, cuenta la cueva
con una natural y singular disposición que bien merece
una sucinta reseña, ya que por otro lado las fotografías
obtenidas contribuyen con claridad a demostrar el concepto supuesto.
Desplazados de la
peña de Olano y distantes de su base en veinte metros,
aparecen erguidos dos altos picachos, gemelos por su tamaño
y posición simétrica con respecto a la cueva (fot.
n.º 5).
Su altura pasa de
15 metros sobre el despeñadero (fot.
n.º 6) que los separa
de la peña; llega a los 20 metros si se observan por su
frente; la distancia comprendida entre ambos es de 11 metros,
la que es ocupada por muro de piedras artificial, constituyendo
el conjunto una verdadera fortaleza.
Finalmente, sus
cimas, cuya altura es algo menor que la propia de la cueva, representan
verdaderas atalayas de observación. Diríase que
en ellas se muestran los restos de una balconada toscamente labrada
en la propia peña (fot.
n.º 7).
No ha sido posible obtener una fotografía
de la cueva desde la cima de uno de estos picachos, únicos
puntos apropiados para este fin.
En interés
de mostrar la posición de la cueva, ha sido preciso despejar
su frente, mediante una poda de árboles cuyas ramas impedían
su vista. Así se ha conseguido la fot.
n.º 8, tomada de SE.
Si la fotografía
n.º 9 representa el paisaje de su frente al S. , el avance
de los picachos sobre la masa caliza, permite divisar, todo el
valle de La Borunda a E. y hasta los confines de la llanada
alavesa hacia W.
Como puede deducirse, todas las circunstancias
naturales condicionan favorablemente la defensa y situación
inexpugnable en otros tiempos de la cueva.
LOS DATOS DE LA EXCAVACIÓN
He de referirme,
únicamente, a los que aparecen en la fotografía
n.º 10; es ello debido, a la gran mezcla en que aparece el
yacimiento en el lugar donde se ha efectuado la zanja transversal
de excávación inicial. Si bien es cierto que ésta
ha proporcionado una gran abundancia de cerámica de muy
distintos tipos afines a épocas diversas; gran cantidad
de huesos y dientes de diferentes especies animales; objetos y
útiles correspondientes a edades muy distintas; todo ello,
exige una revisión detenida, una confirmación de
origen en razón de la época a que pertenecen por
comparación de niveles en otros puntos del yacimiento,
que es de presumir que aparezcan intactos en el momento que se
realicen nuevas excavaciones con más detenimiento.
En interés de no retrasar
la publicación de los datos hasta ahora adquiridos, me
limito en el presente trabajo a ocuparme de la exposición
de aquellos que se señalan como más típicos.
A dos épocas muy diferentes
corresponden los objetos que he de reseñar. Si una prehistórica,
la otra es francamente histórica y por los hallazgos e
deduce que no concierne a tiempos muy antiguos.
En definitiva, estos restos no vienen
a ser otra cosa, que la confirmación plena de la sospecha
admitida acerca de la continuidad de que ha sido objeto la cueva,
por sus condiciones especiales, para servir de habitación
y de albergue hasta tiempos todavía recientes.
OBJETOS PREHISTÓRICOS
Entre numerosas lascas informes y
nódulos de pedernal, aparecen bien determinados:
El raspador a, roto en la punta;
cuyas dimensiones son 41 mms. de largo, por 12 mms. de ancho y
3 mms. de grueso en el dorso, de doble rebajo.
El raspador b, también
con la punta rota; es mayor que el anterior, mide 57 mms. de largo,
15 mms. de ancho por 3 mms. de grueso en el dorso:
Los otros dos fragmentos de raspador
aparecen muy incompletos.
Llama la atención el pedernal
n.º1, en cuya arista se advierten claramente algunos dientes a
modo de sierra; el fragmento tiene 32 mms. de largo, 25 de ancho
y 11 en el dorso, que se halla inmediato al corte dentado.
Entre los numerosos restos óseos,
se ha hallado un punzón en hueso, n.º2, perfectamente conservado;
es de largo 93 mms. por 7 de ancho en la base y disminuyendo paulatinamente
llega a 2 mms. en la punta.
Finalmente, e presenta en forma extraña
un trozo de hueso, n.º7, que por su forma, parece que puede ser
referido a un mango de punzón; sus dimensiones son: 83
mms. de largo por 40 y 24 respectivamente de ancho y grueso en
la base, y 12 mms. de diámetro en la punta; el agujero
en ésta, mide 7 mms. de diámetro.
OBJETOS DE CARÁCTER HISTÓRICO
A épocas muy
distintas parecen pertenecer aquellos que se han seleccionado
entre los numerosos e incompletos que ha proporcionado la excavación,
también representados en la fot.
n.º 7.
Se trata de: Una moneda romana, n.º 4, que
por su estado de deterioro, únicamente puede ser referida
en términos generales a la época del Imperio. Su
diámetro es de 21 mms. por 2 mms. de grueso.
Un trozo de vasija
de cobre, n.º 3, correspondiente a la parte del borde que se aprecia,
se vuelve sobre si mismo; es de 45 mms: por 28 mms. en su mayor
altura.
Una punta de dardo
en hierro, n.º 5; sus dimensiones son: 62 mms. de largo, 14 mms:
de ancho en la hoja y 9 de diámetro en el mango.
Por último
un botón o cabeza de clavo metálico, n.º 6, que
presenta un escudo con baño dorado; su diámetro
es de 18 mms: y el escudo tiene 13 mms. de alto por 10 mms. de
ancho máximo. La referencia que del mismo me proporcionan,
lo refiere por su parecido al escudo de Juana, reina de Francia
y Navarra (1836), (Oncken, tom. XVII, pág. 147-).
El yacimiento de Allaran
Inmediato a los picachos de vanguardia
de la cueva de «Los Gentiles », podría decirse que
sirviéndoles propiamente de base, existe un recinto de
muy poco desnivel, al que se designa con el nombre genérico
de «los llanos de Allaran ».
Representan éstos la cima
del monte Surbi, y tanto el monte como aquellos llanos
se hallan poblados del bosque característico y propio de
los llamados montes bajos en la llanada alavesa; más abundante
el roble que el azkarrio (Acer campestre, L. ), se intercalan
sus pies entre la maleza de espino y zarza, cuya maraña
proporciona abundante humedad para el desarrollo del helecho que
adquiere altura muy cercana al metro, y sin que en general pueda
calificarse el bosque de cerrado.
Señala el barómetro
para los llanos de Allaran una altura de poco más de cien
metros sobre la estación de Araya (583, 3) y 75ms.
más que sobre la cueva La Leze.
El término conocido con aquella
denominación es un recinto claramente delimitado. En efecto,
a 25 ms. de la base de la peña Olano y a 30 ms. a W. del
picacho de Poniente, punto donde se ha realizado la excavación,
parecen iniciarse las muestras de un muro derruido que desciende
de N. a S. y remata un cuadrilátero comprendido entre los
25 ms. aproximadamente de lado.
Se trata, al parecer, de un cierre
artificial hecho con piedras en seco, de las que hoy puede decirse
no queda una sobre otra, presentándose en amontonamientos
alargados y dispuestos con más o menos regularidad, cubiertos
de césped.
No deja de llamar la atención
el caso que se observa en muchos de los robles que han nacido
entre los restos del muro, cuyas raíces se han visto obligadas
a dominar las piedras que quedan aprisionadas aún dentro
de la base de los troncos.
Se aprecian, pues, en conjunto, una
serie de circunstancias que permiten sospechar que el cerrado
no data de momentos históricos ya que por su situación
no se presta, como otros lugares inmediatos ya señalados,
a significar un reducto de fortaleza, y desde luego, en nada se
asemeja por su aspecto a las construcciones abandonadas y más
o menos antiguas que se han destinado a cierre o abrigo de ganados.
Si a estas consideraciones que rechazan
las posibles referencias de aprovechamiento del lugar en un momento
histórico, se añade la presencia de un yacimiento
francamente eneolítico en uno de sus ángulos, no
es extraño que esta prueba positiva haya contribuído
a confirmar la facies prehistórica que al recinto se asignó
desde un principio.
En el ángulo NW. del cuadrilátero,
reconoció el Prof. del Colegio de Santa María de
Vitoria, D. Marcelo Alonso, en el verano de 1925, un amontonamiento
de piedras no muy grandes, cubiertas en parte de césped
y todo el conjunto de helechos, que aparecían sueltas sin
relación alguna con el subsuelo calizo.
Bien pronto halló la prueba
de sus sospechas, ya que removidas algunas piedras se hallaron
fragmentos de primitiva cerámica negra, de los que algunos
aparecieron a flor de tierra.
Semejantes muestras indujeron a realizar
una excavación detenida que se llevó a cabo dicho
verano, volviendose en el de 1927 a requisar los resíduos
de la excavación anterior por si algún objeto de
pequeño tamaño hubiera pasado inadvertido durante
los primeros trabajos.
SE TRATA DE UN FONDO DE CABAÑA?
Si por razón del desorden
en que ha aparecido el reducto no ha sido posible apreciar, y
mucho menos precisar, su forma y dimensiones, difícil se
hace comprobar la duda propuesta; sin embargo, el reconocimiento
de ciertos objetos y la ausencia de otros restos parecen confirmar
la sospecha.
Acostumbrados a reconocer en el País
Vasco la presencia de manifestaciones tumulares prehistóricas
en gran diversidad de formas, al primer golpe de vista el yacimiento
de Allaran por la disposición de sus piedras bien
podría referirse a un caso más de semejante naturaleza;
pero la realidad que nos muestra la excavación es otra
muy distinta.
No se ha reconocido resto humano
alguno; no cabe referir esta falta a posible destrucción
aún de partes duras como son los dientes, porque precisamente
restos óseos y numerosos molares de animales son los que
han aparecido en el yacimiento; este hecho significa lo suficiente
para rechazar el menor asomo de destino funerario humano. A otro
muy distinto fué dedicado el lugar.
El recinto que ha sido excavado es
de contorno irregular, pero podría referirse a un cuadrado
de tres metros de lado; la excavación se ha seguido en
todas direcciones hasta apreciar en todo el perímetro la
esterilidad del yacimiento, ya que la falta de un límite
preciso no permitía otra guía de trabajo.
Por la disposición de las
piedras del conjunto no pudo advertirse un ordenamiento más
o menos regular; únicamente, se reconoció que las
más grandes ocupaban el nivel más inferior pero
sin posibilidad de referir su posición a forma determinada.
Es de suponer, que aquellos materiales
estarían en la época colocados en muro más
o menos alto, rodeado exteriormente de tierra hasta cierta altura;
probablemente el derrumbamiento de aquéllos y la acción
del tiempo en tantos siglos, no ha dejado para nuestra observación
otra cosa que un montón informe.
No parece, que este sospechado tipo
de construcción sea infundado. Lo corrobora la diferencia
de nivel del suelo actual al propio de la peña natural
que sirvió de asiento al yacimiento propiamente dicho.
La excavación ha interesado una altura variable de 50 a
60 centímetros, en cuyo espesor han aparecido las piedras
entremezcladas de tierra, y bajo de ellas una delgada capa de
tierra negra característica del yacimiento, entre la que
no ha faltado la ceniza y resíduos de carbón.
Ante estos hallazgos, se trató
de precisar su situación con objeto de reconocer, si era
posible, algunas piedras propias de hogar, pero la idea perseguida
no dió fruto positivo como consecuencia seguramente del
desorden antes señalado.
La
fotografía
n.º 11, representa el
corte de la excavación durante un descanso en las tareas
del cernido de la tierra. El fondo de helechos puede demostrar
las dificultades que se han presentado para desentrañar
las piedras y tierras de sus entrecruzadas raíces, a fin
de no dejar desapercibido algún objeto de pequeño
tamaño.
OBJETOS DE SILEX
Se han hallado pedernales
informes y raspadores no muy típicos. Merecen particular
descripción las dos puntas de flecha (I,
Fot. 12).
La flecha a, ha aparecido con la
punta rota; mide 29 mms. de largo, 18 mms. en sus alas, 6 mms.
de grueso el pedúnculo, y su espesor máximo es de
5 mms. que disminuye hacia los bordes.
La flecha b, más pequeña
que la anterior pero más finamente trabajada, está
incompleta en la punta y en el extremo de una de sus alas. Sus
dimensiones son: 21 mms. de largo, 14 mms. en sus alas, y 4 mms.
de espesor máximo.
OBJETOS DE COBRE
Bien determinado y característico
es el punzón de cobre, n.º3, afilado por ambos extremos.
Mide 38 mms. de largo, y su mayor grueso es de 3 mms.
Ha aparecido una pequeña lámina
de cobre, que por su tamaño y estado de conservación
se hace difícil referirla a objeto alguno.
LA CERÁMICA Y SUS TIPOS
Puede decirse que es en esta clase
de industria en la que se reconoce mayor variedad. El fragmento
pequeñito, n.º2, de 16 x 12mms. es el único trozo
recogido de semejante clase. Se trata de una parte correspondiente
al borde, es de color negro; por su aspecto y dibujo parece recordar
a la de tipo de Ciempozuelos, pero dado su pequeño tamaño
no permite fijar la comparación con exactitud.
El fragmento c, recuerda a
su vez la llamada cerámica de cordón; es negra como
las restantes.
Los trozos d y e, señalan
claramente sus salientes y rebajos toscamente trabajados.
En el fragmento f, se reconocen
tres incisiones, que por su tamaño parecen haber sido hechas
mediante el punzón de cobre.
Todos estos fragmentos tienen un
tamaño medio de 40 a 50mms. de lado.
MOLINOS DE MANO
No han dejado de aparecer trozos
grandes, en asperón basto, correspondientes a más
de un molino de esta clase.
QUE HA REPRESENTADO ALLARAN?
En dos hechos significativos basados
en pruebas manifiestas trato de fundamentar mi aserto.
Por un lado, la precedente enumeración
de restos y objetos hallados en el lugar de su término,
testimonia francamente la ocupación y vivienda durante
caracterizada época prehistórica.
De otra parte, basta examinar la
topografía de los «llanos de Allaran »en relación
con la propia de sus contornos para deducir su favorable posición
al objeto destinado.
En tales condiciones, no resulta
aventurado atribuir al lugar y referido a la época indicada,
el carácter de «poblado de Allaran».
Por último, estimo que no
han de hacerse esperar mucho tiempo las nuevas pruebas que confirmen
el concepto apuntado.
E. DE EGUREN
1. «Los dólmenes
clásicos alaveses, etc. E. de Eguren. Rev. Internac. de Est.
Vascos. San Sebastián. I 9 27. (VOLVER)
2. Geografía del País Vasco Navarro.
Tom. Alava; pág. 400. (VOLVER)
3. Eusko-Folklore. Anuarios de Eusko-Folklore;
publicaciones mensual y anual del Laboratorio de Etnología
y Eusko-Folklore de la Sociedad de Estudios Vascos. J. M. de Barandiaran,
Vitoria. (VOLVER)
4. Estado actual de la Espeleología. La
Espeleología en España, etc., página 68
. Madrid, I908. (VOLVER) |