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En
el sector de la animación se dan una serie de factores
que son característicos. Por una parte está la excesiva
atomización de los profesionales que en él se mueven
y por otra la ausencia de auténticos proyectos o planteamientos
empresariales.
Además
concurren también otra serie de variables similares a otros
campos de creación caso del cine o de la industria audiovisual
en general, como son la cuestión de la financiación
en el que se incluye la política de las subvenciones, la
competencia de la industria americana o la organización
sector por citar los más significativos a mi entender.
Pero vayamos por partes.
Ha sido una constante
a lo largo del tiempo la proliferación de pequeñas
industrias, unipersonales en muchos casos, surgidos entorno a
un profesional que de una manera autodidacta había adquirido
una formación aceptable en la producción de animación
y que tras participar en un proyecto de mayor envergadura, fiaba
su suerte empresarial a uno nuevo liderado por él. Buenos
animadores o artistas, pero con nula experiencia en la gestión
empresarial. Las consecuencias no se hacían esperar. La
necesidad apremiante de financiación para acometer el nuevo
proyecto tanto en su vertiente empresarial como creativa limitaba
ya de salida las posibilidades del mismo, dejando casi siempre
en manos de un tercero la viabilidad del mismo.
Si a esto añadimos
la incertidumbre sobre el futuro que se preveía al haber
fiado todo al éxito de un solo proyecto, no es de extrañar
que el nacimiento y desaparición de empresas o el baile
de nombres que un día estaban aquí y mañana
allá, haya sido la tónica general del sector. En
estas circunstancias es difícil augurar un buen futuro
para un sector en el que la realización de un producto
requiere de importantes inversiones iniciales y donde la recuperación
de inversión realizada, necesita un tiempo considerable
y disponer del máximo de derechos de explotación
no cedidos en coproducción.
En estas circunstancias
la mayoría de las empresas dependen de terceros para pervivir
en el sector. Terceros que bien pueden ser determinadas cadenas
televisivas, productores inversionistas o la suerte aleatoria
de la obtención de una subvención oficial. Situaciones
todas ellas difíciles de prever para organizar un entramado
empresarial solvente.
En
un sector en el que la mayoría coincide al calificarlo
como en crisis, la búsqueda de soluciones es una tarea
que preocupa a quienes tratan de desarrollar su labor profesional
dentro del mismo. Entre los problemas más importantes tanto
por su complejidad como por la dificultad para encontrar alternativas
está el de financiación, situación que por
otra parte es determinante en su necesaria evolución. En
cualquier caso entre las posibles vías a explorar la diferencia
de criterio se ha puesto manifiesta desde el principio. El camino
emprendido para tratar de abordar una posible solución
se ha encontrado con opiniones contrapuestas que dificultan aún
más la búsqueda de una alternativa única
y consensuada. Así, nos encontramos con aquellos que reclaman
la ayuda institucional ante lo que denominan auténtica
colonización cultural de los EE.UU. y Japón –el
95% de la animación que se ve en España proviene
de estos países- equiparando la animación a lo que
se hace en otros campos como el teatro, los museos o la ópera,
con el añadido de que los niños son una parte importante
tanto cualitativa como cuantitativa de una población; y
con los que aducen que el estar esperando siempre a la subvención
oficial adocena a los profesionales y limita la competitividad
creativa.

Seguramente los dos
criterios tengan su punto de razón y es probable también
que puedan convivir ambos planteamientos o posturas intermedias.
Se puede hablar de ayudas y no de subvenciones. Ayudas en forma
de créditos blandos u otras posibilidades de financiación
tanto para la producción como para el capítulo de
inversiones. O también explorando nuevos terrenos abriendo
el dinero de los planes de pensiones y los fondos de inversión
a nuevos negocios, en fin que si existiera voluntad por parte
de las instituciones y una mínima garantía organizativa
dentro del sector las posibilidades se incrementarían de
manera notable, pero a día de hoy faltan las dos cosas.
Aunque no hay
tampoco porque descartar la vía de las subvenciones. Experiencias
al respecto existen y con resultados satisfactorios. No hay que
olvidar que Cartoon está subvencionado y no ocurre ninguna
rebaja de calidad. Algo parecido se puede decir de la National
Film Board de Canadá donde para nada se puede hablar de
una merma de la calidad, o la animación de los países
del Este, donde la animación es un sector protegido por
el estado, y su índice de producción y de calidad
es un referente en Europa. En fin que siendo como es un mundo
complejo las posibles alternativas son también complejas
pero no por ello dejan de ser necesarias y en su caso urgentes.
Ya hemos citado
en más de una ocasión a lo largo del trabajo que
una de las carencias del sector es su total falta de organización,
aspecto este que ha acompañado a la animación desde
sus inicios y que ha sido su mal endémico.
Esta peculiar
manera de entender el trabajo, o mejor dicho, esa falta de conciencia
y sentido empresarial ha dificultado enormemente la posible consolidación
del cine de animación. En un sector donde no se sabe a
ciencia cierta cuanto se produce, que volumen de exportación
se maneja, que volumen de dinero entra del extranjero en las empresas
de servicio o simplemente el número de empresas y trabajadores
que aglutina, es difícil poder ofrecer una alternativa
o ser referente para desarrollar una dinámica más
acorde con las exigencias propias del mercado o de las ayudas
institucionales.
Recientemente
se ha constituido AEPA (asociación española de productores
de animación que pretende erigirse como elemento aglutinador
y representativo del sector de cara a una posible negociación
con la Administración. No es el primer intento y probablemente
tampoco será el último, pero si es cierto que de
momento es el más serio al respecto. El hecho de que entorno
a esta asociación se hayan agrupado las empresas más
fuertes del sector es ya un síntoma cuando menos de interés.
Otra cosa es, como ya lo ha dicho alguien, que se convierta en
una asociación de empresarios y deje de lado a los animadores
e intercaladores. Tiempo al tiempo aunque justo sea esto de lo
que menso se dispone en el m mundo de la animación. Si
la nueva asociación sectorial es capaz de hacer oír
su voz ante los políticos y lograr un apoyo institucional
por el valor cultural y económico que la animación
representa, la situación del sector mejorará de
manera notoria. Existe un potencial creativo importante, pero
es necesario apoyarlo sobre una estructura empresarial firma capaz
de abordar todos los campos de la producción, desde la
oferta de servicios hasta la creación de series propias
de calidad. La alternativa pasa por fortalecer sus estructuras
industriales, renovar su equipamiento tecnológico y plantearse
una política de adecuación del sector en cuanto
a su dimensionameinto y capacitación de sus integrantes,
que hagan posible dotarse de una infraestructura que permita afrontar
proyectos a medio y largo plazo con la garantía de su competitividad
internacional. |