|
Se
me piden, sin duda por mi calidad de testigo, en absoluto implicado
en el sector, unas consideraciones entorno a la trayectoria seguida
por la producción teatral en el País Vasco, a lo
largo de los últimos veinte años, más o menos...¡y
nada menos!. Nada menos que veinte años y nada menos que
la producción teatral en el País Vasco.

Traspasos,
"Pepe el romano".
A finales de los
setenta y principios de los ochenta, con el estreno de la democracia
como principal acontecimiento, y la perspectiva de más
libertades por las que tanto habían luchado las gentes
del teatro (y otras gentes que habían recurrido al teatro
para ejercer su lucha, proliferan a diestro y siniestro una serie
de grupos teatrales en los que, mayoritariamente, había
más intenciones que capacidad; grupos en los que se suplía
la falta de preparación y de medios con trabajo y sacrificio
sin que estos fuesen suficientes armas para superar una precariedad
de la que pocos de esos grupos lograron zafarse. No obstante algunos
lo consiguieron, pasando a formar parte de la historia del teatro
en el País Vasco y convirtiéndose en un referente
para quienes a continuación fueron llegando.
Lo más difícil
de la época fue pasar del teatro de aficionados a la profesionalización,
porque la especialización, la concurrencia racional de
todos los sectores que participan en una producción teatral,
quedarían para más adelante. Eran los tiempos en
que todos los componentes de un grupo hacían de todo, si
acaso con el liderazgo de alguno de ellos, generalmente el director,
y sin más protagonismo que el de los actores...que ejercían
de técnicos de luz y sonido, de escenógrafos, de
personal de carga y descarga, de vendedores del espectáculo
y de choferes, si el grupo disponía ya de furgoneta, porque
de garaje si solían disponer, siendo éste su sede,
centro de producciones, oficina...O sea que estabamos como en
todas partes, y si, como en todas partes, esta era la realidad
dominante, es de reconocer que excepciones positivas las hubo.
Una de las excepciones
de aquella primera época fue la Cooperativa de Producción
Teatral Denok, que surge en Vitoria en 1977 y que, trabajando
con rigor, realiza y distribuye varios montajes, crea el Festival
de Teatro de Vitoria, y anima en panorama teatral vasco durante
varios años.
Avanza
la década de los ochenta y entre las decenas de colectivos
teatrales, se consolidan unos cuantos, que con estructuras de
cierta solidez y buenos equipos, empiezan a salir de Euskadi,
dándose a conocer, naturalmente con muchas dificultades,
en Festivales de prestigio y realizando giras, no muy rentables,
pero esperanzadoras, hasta que, en 1983, se produce un hecho que
pasaría a ser otro referente como lo fuera Denok, anteriormente,
dentro de la evolución de la producción teatral
en el País Vasco.
Me refiero al montaje
de "Oficio de Tinieblas" de Camilo José Cela.
Fueron las compañías Cobaya, Karraka, Kukubiltxo,
Orain y Teatro Estudio quienes aportaron sus efectivos para realizar
una producción con amplio elenco y dirección de
Ramón Barea. Su estreno, que despertó todo tipo
de expectativas, supuso todo un éxito y sirvió para
que "Oficio de Tinieblas" se presentase en el Festival
de Otoño de Madrid, donde también fue bien recibido,
contribuyendo a la apertura de nuevos horizontes para el teatro
vasco.
Para entonces,
ya había nacido Antzerti, Servicio de Arte Dramático
de Euskadi, llamado a ser, por una parte Escuela de Arte Dramático
y por otra Centro de Producción Teatral mediante compañía
oficial más o menos estable. Esta institución, lógicamente,
suscitó muchas expectativas entre las gentes del teatro,
en tanto suponía dar opciones de formación de intérpretes
y técnicos y trascender del ámbito local en producciones
que arrastrarían a las realizadas por la iniciativa de
las compañías privadas, que, además dispondrían
de profesionales mejor preparados. Tras varios años de
existencia, sobresaltos, cambios de trayectoria, aciertos y fracasos.
Antzerti desapareció, si bien es de reconocer que los profesionales
formados en su seno se incorporaron a las compañías,
desempeñando en ellas sus diferentes funciones y mejorando
el nivel de las mismas. Otra cosa es que la creación, funcionamiento
y desaparición de Antzerti, requiriera un estudio minucioso,
de hecho el asunto ya ha sido ampliamente tratado, y que las conclusiones
sean tenidas en cuenta por los estamentos correspondientes a la
hora de establecer futuras políticas en el ámbito
teatral.
Mientras
tanto continuó la evolución-involución de
las compañías vascas, con predominio de la inestabilidad,
lo que no es óbice para que la producción sea cuantiosa
y los éxitos cada vez más frecuentes, y tendrían
que pasar varios años desde la creación de Antzerti,
hasta que surgiera otra iniciativa "oficial" con posibilidad
de incidir en el terreno de la producción. Me refiero a
Arteszena, Teatro Público de Guipúzcoa, que con
el patrocinio del Departamento de Cultura de la Diputación
de Guipúzcoa, se pone en marcha a modo de Unidad de Producción
y Exhibición de espectáculos teatrales en 1992.
Dirigieron Arteszena, Maribel Belastegui, del grupo Orain y Fernando
Benués, de Ttanttaka. En este singular proyecto (no tengo
constancia de la existencia de ningún otro Teatro Público
Provincial) participaron más de cien intérpretes
y técnicos, no sólo de Guipúzcoa, sino también
de Vizcaya y creo, que de Alava en algún caso.
En sus alrededor
de tres años de existencia (creo recordar que con un presupuesto
de noventa millones de pesetas para el primer año) Arteszena
montó "La cacatúa verde" de Arthur Schnitzler,
con la dirección de Mario Gas. De este espectáculo,
especialmente dirigido a jóvenes espectadores, realizaron
más de cincuenta funciones a las que acudieron más
de dieciocho mil espectadores. La segunda producción fue
un espectáculo de danza: "Sueños eróticos"
con coreografías de Marc Gómez, Toni Mira y Josu
Mujika, del que realizaron entorno a cuarenta y cinco funciones
con más de doce mil espectadores. Tras "Sueños
eróticos" vino "Mephisto", el proyecto más
ambicioso de los tres, dirigido por Pere Planella, también
con más de cuarenta funciones...
Logros artísticos
(que fueron dispares) aparte. Arteszena resultaba una propuesta
interesante, que sin duda contribuyó a elevara el nivel
de las producciones teatrales en el País Vasco, dignificando
el trabajo de técnicos e intérpretes y difundiendo
el teatro y la danza de forma generosa...hasta que desapareció.
Mientras
tanto, las estructuras de los grupos vascos, al tiempo que, en
un cambio de nomenclaturas, pasaban a irse denominando compañías
o productoras, flexibilizaban sus estructuras, el paso de profesionales
de una a otra fue siendo más frecuente y la metodología
de producción fue adquiriendo profesionalidad, contratando
intérpretes, técnicos o directores, de acuerdo con
las pretensiones de cada proyecto, aún cuando la iniciativa
continuase siendo de los responsables titulares de cada compañía.
Claro que esta realidad no es general, dado que el número
de compañías existentes es altísimo y persiste
la precariedad en la mayoría, veamos sino,, a modo de ejemplo
algunos datos de 1995. Para entonces se contaban hasta sesenta
compañías profesionales establecidas en Euskadi,
de ellas, sólo cinco realizaron más de veintiséis
funciones y las demás se movieron, mayoritariamente, entre
una y cinco funciones durante el año.
Fue precisamente
en 1995, cuando se produjo otro de los acontecimientos que también
habría de influir en el campo de la producción,
o así debería de ser. Me refiero a la creación
de Eskena, Asociación de Empresas Productoras de Artes
Escénicas de Euskadi, que se constituye para promocionar
el teatro e impulsar su desarrollo aunando criterios y medios
respecto a su actividad, a fin de abordar juntos proyectos más
difíciles de conseguir por separado, así como para
establecer el marco adecuado para unas relaciones fluidas con
instituciones como Gobierno vasco, Diputaciones, Ayuntamientos,
programadores, uso de los espacios teatrales de titularidad pública
para la creación de espectáculos, intercambio de
compañías vascas con las de otras comunidades, etc.

Markeliñe, "Entre Tejas".
Actualmente pertenecen
a Eskena las siguientes compañías: Porpol, Traspasos,
Teatro Paraíso, Emilio Fdez. de Pinedo, Markeliñe,
Kukubiltxo Antzerki Taldea, Ttanttaka, Hika Antzerki Taldea, Maskarada,
Taun Taun, Julio Perugorria Producciones, Txalo, Ados Teatroa,
La Tentación Producciones, Hortzmuga, Txamuskina.
En esta relación
no están todas las que son, pero, naturalmente, son todas
las que están. En manos de unas y otras está, en
buena medida, el futuro de la producción teatral vasca.
Así, agolpe
de "efemérides" llegamos a la realidad del año
2001. Una realidad sin duda, más halagüeña
que la imperante a principios de los ochenta. En el camino se
han quedado, por una u otra circunstancia compañías
como Aquelarre, Bekereke, Denok, Gazteiz, Geroa, Karraka, Orain...por
citar las más significativas. Nos resistimos a devcir que
han desaparecido, por eso digamos que han interrumpido su actividad.
Los nombres forman parte de la historia del teatro del País
Vasco a cuyo prestigio han contribuido en gran medida, y lo sigue
haciendo, por medio de quienes a ellas pertenecieron y que siguen
trabajando para el teatro de Euskadi...
De
la misma manera que los éxitos conseguidos por Ur, Ttanttaka,
Tentación, Txalo, Markeliñe, Paraiso, Ados y otras
compañías vascas nos hacen pensar en un futuro mejor.
Pues, como decía,
la realidad del 2001 viene marcada por un buen número de
montajes en explotación, presentes en Festivales y Circuitos
de prestigio, por las producciones en curso cuarenta y dos proyectos
han solicitado subvenciones al Departamento de Cultura del Gobierno
Vasco para la presente convocatoria), por la solidez de varias
productoras que disponen de muy buenos intérpretes y técnicos,
directores, escenógrafos, distribuidores y demás
profesionales pertenecientes al sector.
¿Quiere esto
decir que la situación de la producción teatral
es óptima en el País Vasco? Naturalmente que no,
pero el esfuerzo de quienes a ella se dedican bien merece un reconocimiento
y una mirada de esperanza, como contraposición a las críticas
de quienes sólo vean lo que falta por conseguir...que es
mucho.
Juan Ortega, director de las Jornadas
Internacionales de Teatro de Eibar |