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El fenómeno conocido en la red
telemática como e-commerce es toda una realidad.
Aun cuando en su estructura es todavía principiante, su
avance exponencial y pronta aceleración resultan innegables.
Dentro del extenso escaparate que es Internet, del cual desconocemos
hasta qué punto seguirá desarrollándose,
se está erigiendo el mayor mercado jamás creado
por el ser humano. Día a día las puertas del mercado
virtual en el que cualquiera puede participar en su compraventa
se abren más y más.
Han transcurrido miles de años
desde que los habitantes de este planeta realizaran los primeros
movimientos mercantiles, si bien ignoramos tanto la fecha como
la influencia que tuvo en la vida de aquellos pioneros. Cuando
todavía no está del todo cimentada la estructura
del sistema mercantil tradicional, nos topamos con las primeras
referencias materiales de una nueva modalidad emergida del aprovechamiento
de las oportunidades que ofrece el ciberespacio, y de la que,
a diferencia del comercio anterior, conocemos sus orígenes,
pudiendo precisar con total exactitud la fecha de nacimiento
del nuevo fenómeno, aun cuando se haga acompañar
de la interrogante de hasta cuándo pervivirá y
qué cambios originará en la sociedad.
Ahora que nos ha pillado el primer
influjo de la gigantesca ola del comercio electrónico,
nos estamos preparando para una inmensa revolución mundial
que en breve puede alterar por completo los usos mercantiles.
Decía que cualquiera puede participar en el mercado virtual;
sin embargo, esta afirmación general tiene sus particularidades
que hasta ahora se han identificado grosso modo. Al igual
que sucede en cualquier ámbito, es mediante la práctica
como se realiza una exacta clasificación de las dificultades,
y en esta novedosa modalidad mercantil será igualmente
la actividad diaria la que nos vaya mostrando los problemas.
Los hay sobradamente detallados, a los que expertos de todo el
mundo tratan de hallar soluciones para establecer los límites
de la compraventa lo más nítidamente posible.
En los planteamientos mercantiles
se está produciendo una increíble transformación,
e incluso las más tradicionales empresas han adoptado
las primeras medidas para cambiar sus esquemas y no quedarse
atrás en esta carrera. ¿Qué es lo que se
busca? En mi opinión, casi todos los actores han apostado
por la inversión, a sabiendas de que a la larga supone
una recuperación, y así estar preparados para lo
que se nos avecina. Todos sabemos que el mercado no se alterará
de un día para otro en lo concerniente a las vías
comerciales, y que los sistemas tradicionales permanecerán
en vigor durante algunos años; pero en lo que es el ámbito
business to business, es decir, los movimientos interempresariales,
dentro de poco las operaciones darán un inimaginable salto
cuantitativo gracias a Internet.
Se puede afirmar que Internet
será el mercado más vivo del primer cuarto del
siglo XXI. No me atrevo a hacer ulteriores predicciones, porque
si el mundo de las telecomunicaciones mantiene la velocidad actual,
nadie es capaz de predecir cómo será el mercado
del año 2025. La pregunta ha llegado a ser ficticia. Detengámonos,
pues, en el presente y preparémonos para esta revolución
que ha cambiado nuestros hábitos mercantiles.
¿Que desea vender acero
a un cliente de China? Si quiere hacerlo lo más rápidamente
y con el menor costo posible... ¡prepare la infraestructura
electrónica! Y lo mismo respecto a frigoríficos,
pescado, hortalizas, papel, productos de ocio, medicinas, libros,
obras de arte..., es decir, todo objeto susceptible de oferta
mercantil. Pero ¡cuidado! Para que los medios de las empresas
sean rentables, la nueva estrategia habrá de olvidarse
de los viejos esquemas. Que nadie crea que el cambio de sistema
vaya a abrir la puerta del éxito, así, sin más.
¡Nada de eso! Hace tiempo que nadie ofrece Eldorado, y
sólo los tontos esperan conseguir duros por tres pesetas.
Algunos dicen que llegarán tiempos mejores. No comparto
esa opinión. Serán diferentes, desde luego, pero
no tienen por qué ser necesariamente mejores. Quien se
prepare para el futuro jugará con ventaja frente al que
permanezca sin tomar una decisión, y, en función
de la ley habitual, también en los años venideros
el poderoso tendrá más posibilidades de éxito
que el débil.
Tendremos que cambiar la cultura
de la compraventa, lo cual no se hace de un día para otro.
Hasta ahora los buenos comerciantes han necesitado de la educación,
y también la necesitarán en el futuro. La readaptación
de los comerciantes tradicionales resulta imprescindible para
que puedan sumergirse en los medios del comercio electrónico.
¡A saber cuántas horas necesitará un interesado
para acostumbrarse a los mínimos parámetros del
nuevo sistema! Es un largo trecho que abarca desde la terminología
hasta la casuística de las leyes internacionales que todo
aquél que aspire a comerciante electrónico habrá
de superar mediante la educación.
¿Qué decir, por
ejemplo, sobre la problemática de la firma digital? ¿Y
en torno a la confidencialidad de los datos? Algo se habrá
de saber, por ejemplo, sobre la gestión de las claves
y los certificados. Y eso sin adentrarse en los pormenores de
la ley, a saber, la propiedad intelectual, la política
de seguridad en claves públicas e infraestructuras de
los servicios, derechos y obligaciones de las partes de la compraventa,
ley marco internacional, convenios, y un largo etcétera.
Y, claro, por encima de todos
ellos se sitúan los vaivenes de la ética que "dirigirá"
las relaciones entre vendedor y comprador. Internet es un célebre
instrumento que por el momento no ofrece demasiada seguridad.
Y, desgraciadamente, se le conoce mucho más por los errores
ocasionales que por el correcto servicio de la red. Correcta
o incorrecta, depende de la actitud humana, puesto que no debemos
olvidar que el mundo mercantil -en su totalidad y en cualquier
campo- lo movemos las personas, y que el cuadro de resultados
se define en función de nuestro proceder. De modo que
la fiabilidad del comercio electrónico está a fin
de cuentas en nuestras manos.
Las empresas vascas tienen ante sí un gran reto para sumergirse
con toda garantía en el comercio electrónico. Hasta
el momento la influencia ha sido bastante pequeña, porque
las grandes empresas otorgan prioridad a las vías mercantiles
tradicionales, si bien ya se están preparando para nuevos
experimentos. Las pequeñas empresas, sin embargo, notarán
el resultado del cambio sobre todo a corto plazo. Si una empresa
se ha preparado adecuadamente para la nueva fórmula mercantil,
un buen catálogo puede conducirla a niveles inimaginables.
Y hay sectores que ahora mismo y en lo que respecta a las ventas
de fin de año han avanzado considerablemente gracias a
su oferta virtual. La brecha ya está abierta. Pero, a
pesar de no ser difícil avanzar a través de ella,
salir ilesos puede suponer una tarea más ardua para las
empresas vascas.
Josemari Velez de Mendizabal, escritor |