Quisiera comentar
sobre una cancioncilla que me es muy querida desde niño: la canción
Zaldibiko plazan (En la plaza de Zaldibia). La aprendí de
mi abuela.
Frantziska Antonia Otaegi Aroztegi nació
en 1897 en el caserío Orue de Beizama y en 1919 se casó en
San Sebastián con el famoso remontista Julian Arzamendi Larrea. Sus
nietos solíamos escuchar atentamente los relatos y aventuras de su
juventud, de los alrededores de Beizama; sucesos misteriosos, pasadizos
mitológicos, travesuras escolares, cuentos del caserío...
Entre ellos, en algunas ocasiones le escuchábamos
la siguiente canción. Una vez, con veintiún años, hacia
1978, la grabé y escribí las palabras, transcribiendo la música
en papel pautado.
He aquí la canción:
Zaldibiko plazan,
Zaldibiko plazan,
Amar atso dantzan.
Amarrak ez dute
Ardi bana poltsan.
Ai! Oi! Ai!
Ardi bana poltsan!
Ai! Oi! Ai!
Ardi bana poltsan!
( En la plaza de Zaldibia / En la
plaza de Zaldibia / Diez viejas están bailando. / Ninguna de ellas
lleva / Ni una oveja en el bolso/ ¡Ai! ¡Oi! ¡Ai! / ¡Ni
una oveja en el bolso! / ¡Ai! ¡Oi! ¡Ai! / ¡Ni una
oveja en el bolso!)
Si bien comenzaba la canción con suavidad,
en las interjecciones destacaba los cortes, terminando con intensidad, aunque
alargaba algo la última sílaba.
En cuanto a la letra, hay una curiosa frase
que da cuenta de una anécdota, la de ni una oveja en el bolso.
En Zaldibia, puede que en las fiestas de Santa Fe, había una cuadrilla
de diez viejas que gustaban bailar. Pero, ¿ cómo podrían
tener ovejas en sus bolsos ? ¿ O quizás en el bolsillo ? ¿
Como podrían, pues, tan sólo meterlas ? ¿Cada vieja
una oveja ? Incluso puede que al autor le pareciera poco... ¿ Y cómo
sería posible bailar así en la plaza del pueblo ? ¡
Ni siquiera siendo de Zaldibia !
Menos mal que aquella tarde le pregunté
por el animal...
El misterio no era para tanto : el habla popular
no debía tener secretos para nuestra abuela. Estábamos ante
una expresión asimilable al de las perras tan conocidas al
menos durante la primera mitad del siglo. ¡ La oveja era una moneda
!
Algunas monedas de hace tiempo tenían
la imagen de una oveja colgada de una caena, la conocida como Toisón
de Oro, símbolo de la orden cuyo Gran Maestre correspondía
al Rey de las Españas.
Así ya se podía entender : ¡aquellas
viejas no tenían demasiado dinero para gastar en las fiestas !
A pesar de que soy aficionado a la numismática,
nunca antes había oído hablar de tales monedas. Sí
tenía referencias del ardite de la Edad Moderna, pero no el
ardi. Además no tenía más pistas por donde seguir
que la de la amoña, cuya teoría o debía dejar de lado
sin más. Y teniendo en cuenta que Anttoni era de finales del XIX
podemos apreciar que la canción en cuestión es ciertamente
antigua.
Al examinar los catálogos de monedas
de España, pude saber que la última que llevó el Toisón
de Oro el pasado siglo se emitió en 1851, en tiempos de Isabel
II. Había otras anteriores que llevaban tal signo, pero no podía
concretarse con exactitud a cuál de ellas se refería la oveja.
Además eran varios los valores de las monedas que cada soberano emitía
la joya, desde los reales de a cuatro hasta las hermosas monedas de oro,
pero nunca de cobre. Y ésto me daba qué pensar.
Posteriormente, en tertulia con otro numismático
nos vino a colación el ardite (navarro, castellano y aragonés).
¿ Sería acaso nuestra oveja ? Si bien durante los siglos
XVI-XVIII existió tal moneda, con el valor de un dinero, posteriormente
derivó en una denominación genérica de la moneda circulante
de menos valor, como el ochavo, cuarto, cuartillo,
óbolo, perra gorda o chica... Consultado el
Euskararen Orotariko Hiztegia ¡apareció el ardit
! Sería una moneda de cobre o vellón, nunca de plata o de
oro como las del Toisón. Así, no sería impensable identificar
el ardi con aquella moneda. De hecho encajaba perfectamente en el
contexto de la canción. Dado que la siguiente palabra comenzaba con
"b", podía comprenderse la pérdida de la sonoridad
de esa "t" final, quedando en ardi = oveja.
Volviendo a la canción, el zaldibitarra
de 84 años Inazio Garmendia dice conocer la canción, si bien
al tratarse del yerno de Anttoni desconocemos si la aprendió de ella
o le venía directamente del acervo cultural de su patria chica.
A excepción de estas dos fuentes, no
había dado con referencia alguna de este canto en tantos cancioneros
del país.
Sin embargo, trabajado otro hilo de información
he tenido noticia recentísima de otra versión de esta misma
canción, armonizada por el notable Bruno Imaz. ¡ La canción
estaba recogida ! Y me presentaba una ilusionante y aclaratoria sorpresa
: en lugar de ardi o posible ardit dice txanpon (=moneda,
N. del T.), precisamente. Se aclararon nuestras dudas...
Para terminar, ofreceré también
la necesaria partitura para cantarla, pues
no siendo tan reconocida pueda ser transmitida a nuestros descendientes,
y la semilla que guardaba en el desván florezca en el jardín
del folklore.
Mikel Legorburu,
folklorista |