En primer lugar, los museos
interactivos de la ciencia son centros de
divulgación científica y, como tales, tienen
todos los valores de la misma. La ciencia y su hija
directa, la tecnología, influyen en todos los
aspectos de nuestra vida cotidiana. De ella
depende que, por la mañana, al levantarnos,
suene un radio-despertador que activa nuestra
emisora favorita, que encendamos la luz pulsando
un interruptor, que tengamos agua corriente en el
baño, agua caliente en la ducha, un tostador, un
horno de microondas para calentar café, un
ascensor para bajar hasta la calle, un coche para
ir al trabajo,... prácticamente cada hora de
nuestra vida estamos utilizando los frutos del
desarrollo científico técnico del último
siglo. Es más, nuestra propia vida depende en
gran parte del mismo. Muchas personas viven
gracias a los avances científico técnicos de la
medicina, que no hubieran sido posibles sin los
descubrimientos en otras ciencias tan dispares
entre sí como la biología, la química, la
física o la teoría de la información. De la
ciencia depende tanto nuestra vida como su
calidad. Sin embargo, se la mira con mucho recelo
cuando no con franca hostilidad. Ello se traduce
en pocas vocaciones y en que dedicamos pocos
recursos a la investigación. Si tenemos en
cuenta que los nuevos puestos de trabajo están
ligados directamente con dichos recursos, la
situación es poco menos que suicida.
No se ama lo que
no se conoce. Colaborar a que la ciencia sea
conocida es una de las labores más importantes y
más nobles de la divulgación científica.
Pero los museos de
la ciencia realizan la divulgación científica
de un modo peculiar: lo hacen para todo tipo de
público y en ellos el aprendizaje se hace de un
modo lúdico.
El valor para cada
persona es diferente. Por ejemplo, para un
profesor de enseñanza media es una herramienta
que complementa la educación formal en el aula;
para un jubilado puede ser la primera vez que se
encuentre con la explicación de algo que utiliza
cotidianamente, pero que nunca le explicaron en
el colegio, entre otras cosas, porque todavía no
había sido inventado, sirvan el teléfono móvil
o el horno de microondas como ejemplos; para los
padres, puede ser la ocasión de pasar una grata
tarde con sus hijos explicándoles el
funcionamiento del mundo que les rodea...
A pesar de las
diferencias de edad y de conocimientos, todos los
visitantes tienen curiosidad, sin la cual
nunca habrían acudido al museo.
En los sistemas
educativos habituales, la principal motivación
para aprender es externa: se aprobará un
examen, se conseguirá un título que ayudará a
encontrar un trabajo, se evitará la regañina
del padre, etc. Sin embargo, en un museo de la
ciencia, la motivación es interna. El
visitante va porque quiere y el elemento
fundamental por el que toma la decisión de ir es
la curiosidad.
Mihaly
Csikzentmihalyi estudió qué factores ayudaban a
aprender voluntariamente diversas materias, desde
alpinismo hasta jugar al ajedrez. Su conclusión
fue que el aprendizaje triunfaba solamente cuando
la meta a alcanzar era un poco más elevada, pero
sólo ligeramente más elevada, que las
habilidades de la persona. Si la dificultad era
demasiado grande producía desánimo, si era
demasiado fácil, no tenía ningún atractivo.
También
descubrió que tener una información rápida de
los progresos en el aprendizaje ayudaba
muchísimo.
En los museos
interactivos de la ciencia se tienen en cuenta
estos hechos. Se exhiben "módulos" en
los que se muestra al visitante un experimento,
de forma que él mismo pueda actuar sobre algún
parámetro y ver qué ocurre. Él mismo, con su
propia experiencia, va "aprehendiendo"
la esencia del fenómeno que trata de explicarse.
Hay experimentos
adaptados a los diversos niveles de conocimiento,
de modo que los visitantes dediquen más tiempo a
aquellos que representan para él un desafío
intelectual abordable.
La gratificación
inmediata es descubrir que se ha entendido el
funcionamiento.
Además de los
experimentos controlados, los museos interactivos
disponen de mediatecas y personal docente que
ayudan al visitante a profundizar en cualesquiera
de los temas exhibidos.
Para finalizar y
como resumen: los museos interactivos son centros
de divulgación científica para todas las edades
y todos los niveles de conocimiento, donde el
aprendizaje se lleva a cabo por experimentación
personal. Complementan a los sistemas educativos
tradicionales, tanto proporcionando a los
profesores otro modo de aproximarse a la
comprensión de los fenómenos científicos, como
acercándolos a sectores de población
habitualmente alejados de los mismos, como puede
ser el caso de los adultos o ciertos
minusválidos.
That's all folks!
Félix Ares,
Director de Miramón Kutxaespacio de la Ciencia |