El valor de los museos interactivos de la ciencia
Félix Ares
En primer lugar, los museos interactivos de la ciencia son centros de divulgación científica y, como tales, tienen todos los valores de la misma.

La ciencia y su hija directa, la tecnología, influyen en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. De ella depende que, por la mañana, al levantarnos, suene un radio-despertador que activa nuestra emisora favorita, que encendamos la luz pulsando un interruptor, que tengamos agua corriente en el baño, agua caliente en la ducha, un tostador, un horno de microondas para calentar café, un ascensor para bajar hasta la calle, un coche para ir al trabajo,... prácticamente cada hora de nuestra vida estamos utilizando los frutos del desarrollo científico técnico del último siglo. Es más, nuestra propia vida depende en gran parte del mismo. Muchas personas viven gracias a los avances científico técnicos de la medicina, que no hubieran sido posibles sin los descubrimientos en otras ciencias tan dispares entre sí como la biología, la química, la física o la teoría de la información. De la ciencia depende tanto nuestra vida como su calidad. Sin embargo, se la mira con mucho recelo cuando no con franca hostilidad. Ello se traduce en pocas vocaciones y en que dedicamos pocos recursos a la investigación. Si tenemos en cuenta que los nuevos puestos de trabajo están ligados directamente con dichos recursos, la situación es poco menos que suicida.

No se ama lo que no se conoce. Colaborar a que la ciencia sea conocida es una de las labores más importantes y más nobles de la divulgación científica.

Pero los museos de la ciencia realizan la divulgación científica de un modo peculiar: lo hacen para todo tipo de público y en ellos el aprendizaje se hace de un modo lúdico.

El valor para cada persona es diferente. Por ejemplo, para un profesor de enseñanza media es una herramienta que complementa la educación formal en el aula; para un jubilado puede ser la primera vez que se encuentre con la explicación de algo que utiliza cotidianamente, pero que nunca le explicaron en el colegio, entre otras cosas, porque todavía no había sido inventado, sirvan el teléfono móvil o el horno de microondas como ejemplos; para los padres, puede ser la ocasión de pasar una grata tarde con sus hijos explicándoles el funcionamiento del mundo que les rodea...

A pesar de las diferencias de edad y de conocimientos, todos los visitantes tienen curiosidad, sin la cual nunca habrían acudido al museo.

En los sistemas educativos habituales, la principal motivación para aprender es externa: se aprobará un examen, se conseguirá un título que ayudará a encontrar un trabajo, se evitará la regañina del padre, etc. Sin embargo, en un museo de la ciencia, la motivación es interna. El visitante va porque quiere y el elemento fundamental por el que toma la decisión de ir es la curiosidad.

Mihaly Csikzentmihalyi estudió qué factores ayudaban a aprender voluntariamente diversas materias, desde alpinismo hasta jugar al ajedrez. Su conclusión fue que el aprendizaje triunfaba solamente cuando la meta a alcanzar era un poco más elevada, pero sólo ligeramente más elevada, que las habilidades de la persona. Si la dificultad era demasiado grande producía desánimo, si era demasiado fácil, no tenía ningún atractivo.

También descubrió que tener una información rápida de los progresos en el aprendizaje ayudaba muchísimo.

En los museos interactivos de la ciencia se tienen en cuenta estos hechos. Se exhiben "módulos" en los que se muestra al visitante un experimento, de forma que él mismo pueda actuar sobre algún parámetro y ver qué ocurre. Él mismo, con su propia experiencia, va "aprehendiendo" la esencia del fenómeno que trata de explicarse.

Hay experimentos adaptados a los diversos niveles de conocimiento, de modo que los visitantes dediquen más tiempo a aquellos que representan para él un desafío intelectual abordable.

La gratificación inmediata es descubrir que se ha entendido el funcionamiento.

Además de los experimentos controlados, los museos interactivos disponen de mediatecas y personal docente que ayudan al visitante a profundizar en cualesquiera de los temas exhibidos.

Para finalizar y como resumen: los museos interactivos son centros de divulgación científica para todas las edades y todos los niveles de conocimiento, donde el aprendizaje se lleva a cabo por experimentación personal. Complementan a los sistemas educativos tradicionales, tanto proporcionando a los profesores otro modo de aproximarse a la comprensión de los fenómenos científicos, como acercándolos a sectores de población habitualmente alejados de los mismos, como puede ser el caso de los adultos o ciertos minusválidos.

That's all folks!

Félix Ares, Director de Miramón Kutxaespacio de la Ciencia


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