La construcción de la Unión
Europea ha dado inevitablemente lugar, entre otras beneficiosas consecuencias,
a la descentralización de los estados y a la regionalización.
Es un hecho ampliamente reconocido el que la construcción europea
ha supuesto un acicate y un motor en aras de la descentralización-regionalización
de los Estados miembro.
Los estados-naciones, al tiempo de actuar en la modalidad "down-up"
en la delegación de sus competencias, lo han hecho también
en la modalidad "up-down".
Estos dos movimientos que a primera vista pueden parecen contrapuestos,
nos han llegado tras la segunda guerra mundial el uno junto al otro y cogidos
de la mano, debido entre otros factores, a la construcción europea.
En la regionalización-descentralización se han involucrado
Francia, Italia, España, Bélgica, Austria, Alemania y, en
cierta medida, también Gran Bretaña.
Dinamarca, Irlanda, Holanda, Finlandia, Suecia, Grecia y Portugal, por
el contrario, no han seguido ese camino; sin embargo se están percibiendo
movimientos descentralizadores respaldados por la construcción de
la Unión Europea.
Sin lugar a dudas, la construcción europea ha tenido en las regiones
consecuencias políticas (además de las económicas(,
proporcionando un nuevo marco a sus demandas y reavivando sus anhelos por
medio de acuerdos y cooperaciones realizados con regiones de territorios
que se encuentran en la misma situación. Las peticiones de las regiones
han ganado mucho desde que éstas se han percatado de que no se encuentran
solas.
La Unión Europea ha ofrecido un nuevo escenario y nuevos recursos
para proclamar el carácter propio (Cultura, lengua) y acometer una
"política internacional" que desde siempre ha permanecido
bajo la competencia del estado (relaciones transfronterizas, comité
de las regiones).
Según algunos expertos, la Unión Europea y el regionalismo
acarrearán consigo el debilitamiento del Estado, dando inicio a una
nueva etapa, a una nueva forma de hacer política (principio de Subsidiariedad),
en la cual el Estado no podrá mantener por mucho tiempo su imprescindibilidad,
e irá languideciéndo en beneficio de Europa y de las Regiones.
En opinión de Michael Keating, este proceso puede analizarse desde
dos puntos de vista. Unos, los tecnócratas, proclamando una división
de competencias más efectiva, no ven la necesidad de un nivel intermedio
entre las Regiones y Europa. Otros, los románticos, declaran la desaparición
del estado "comunidad artificial" y negadora para dar paso a una
Europa democrática y plural basada en comunidades naturales.
El tiempo dirá cuál será el desenlace, pero, por
el momento, la Unión Europea ha debilitado el Estado-nación,
y no cabe duda de que lo aportado a las regiones es beneficioso y esperanzador.
Si bien no cave atribuir todo el mérito -o demérito, que todo
es cuestión de la opción personal de cada cual- a la construcción
europea, su importante impulso descentralizador-regionalizador, es innegable.
El proyecto de construcción de la Unión Europea ha abierto
En el País Vasco importantes vías de cooperación entre
los siete territorios antes alejados, fortaleciendo así mismo la
descentralización de la República francesa y favoreciendo
cooperaciones transfronterizas y programas comunes.
Se ha dado curso a "relaciones internacionales" que durante
mucho tiempo se consideraban impensables, abierto delegaciones propias y
desarrollado programas comunes junto con otras regiones de similares características
y problemática (lengua, agricultura). Al mismo tiempo, se ha posibilitado
internacionalizar la identidad del País Vasco y se ha hecho posible
que Euskal Herria exteriorice su realidad y emita su mensaje por sí
mismo.
Pero el camino es largo y las resistencias no son pocas. A pesar de que
el principio de Subsidiariedad -dentro de su tremenda complejidad interpretativa-
parezca claro, la Unión Europea sigue siendo una institución
creada por los Estados; es su construcción y su asamblea.
En el Estado español se continúa localizando el tema de
la construcción europea en el ámbito de las relaciones internacionales,
y, por ende, dentro de sus competencias. Aunque esto no haya evitado por
completo la participación de las regiones, ha llevado a la mediatización
del estado en defensa de los intereses regionales.
Aun cuando la afirmación parezca paradójica, así
es como ha ocurrido, y la europeización de algunas competencias adquiridas
trabajosamente ha provocado su reestatalización, ya que son los estados
los representantes de las competencias regionales en los órganos
decisorios de la Unión Europea.
La posición constitucional de las regiones se ha visto debilitada
desde que España se introdujera en la Unión Europea y como
consecuencia de las delegaciones competenciales que el Estado ha tenido
que hacer a los órganos de la Unión Europea. Principalmente
en el sector financiero (poniendo en entredicho incluso el concierto económico)
y en los ámbitos comunitarizados como pesca, agricultura, industria,
transporte y medioambiente.
Se han creado determinados órganos para cooperar sobre temas europeos
e incitar la participación de las regiones (Conferencias, Asambleas),
pero, a pesar de ello, su escasa operatividad y los resultados hasta ahora
obtenidos hacen cuestionar toda la construcción europea.
Ahí radica la cuestión. La región no puede defender
ni representar sus intereses, dado que su participación no está
prevista en los órganos decisorios de la Unión Europea. Y
ésa es una clara infracción del principio de subsidiariedad,
porque quien en última instancia decide no es ni la legítima
titular de las competencias, ni la institución más cercana
a los ciudadanos, sino que es el Estado.
Aun cuando la creación del comité de las regiones (a partir
del Tratado de Maastricht) ha supuesto un gran avance para garantizar la
participación institucional de las regiones, su carácter consultivo,
así como su composición (que reúne a las administraciones
regionales y locales) disminuyen la relevancia de esta organización.
Deteniéndonos en el caso de la República Francesa, el punto
de partida de las colectividades territoriales era tan flojo que hemos de
decir que la situación de Iparralde ha mejorado gracias al proceso
de construcción de la Unión Europea.
De modo que, desde una perspectiva nacional, la botella puede estar o
medio llena o medio vacía, dependiendo de cómo y desde donde
la miremos.
Para finalizar, la Unión Europea nos muestra luces y sombras desde
el punto de vista de los anhelos regionales.
Las regiones devienen cada vez más importantes en el proceso de
construcción europeo, las políticas comunitarias son cada
vez de base más regional, pero los obstáculos son también
grandes aunque sigue estando abierta la puerta de la esperanza.
Ya veremos cómo termina este proceso, pero no puede caber la menor
duda de que se trata de un escenario imprescindible para la proclamación
de la identidad de un pueblo, una arena política a tener en cuenta
en el camino de autoafirmación nacional, desgraciadamente bastante
olvidado por nuestros políticos, aunque haya excepciones, y muy poco
valorado y utilizado lejos del calor de las campañas electorales. Xabier Iriondo Arana, jurista |