740 Zenbakia 2019-06-19 / 2019-07-17

KOSMOpolita

Los vascos de Nueva Orleans (I/II)

SAN SEBASTIÁN, Koldo

La relación de los vascos con Luisiana es anterior a la independencia del Estados Unidos y, claro, a la incorporación de este territorio a la Unión. La presencia fué más evidente  a lo largo del siglo XIX y, en la primera mitad del siglo XX, cuando residió en Nueva Orleans una significativa comunidad de marinos que, como en otros lugares, entró en declive tras la generalización de las banderas de conveniencia tras la Segunda Guerra Mundial.

En el periodo colonial, los vascos mostraron interés por aquella parte del mundo. Bilbao quiso acceder al territorio de Luisiana hacia mediados del siglo XVIII. El fracaso en 1736 del proyecto de una compañía de navegación a Buenos Aires llevó a su Consulado a intentar extender su tráfico tras la cesión en 1762 de la Luisiana a España. Entre 1764 y 1767 se formuló un poco exitoso proyecto de compañía en la Luisiana para abasto de víveres y esclavos.[1] Con el apoyo del Consulado y el Señorío, el bilbaíno de origen flamenco Pedro Francisco de Goossens y un comerciante de Marsella, Francia, Henrique Pouillard, impulsaron este proyecto. El interés por abrir nuevas rutas en dirección a los puertos del continente norteamericano no decayó a lo largo del siglo, como lo certifica la carta del Consulado de Bilbao interesándose, entre 1788 y 1800, por fijar una ruta de comercio directo y una compañía con los puertos de la Luisiana y Florida.

En 1800, España vendió la Luisiana a Francia y, en 1803, esta “traspasó” la propiedad a Estados Unidos. En ese momento, el único vasco que figuraba en el censo de Luisiana era Antonio de Argoitia, un antiguo funcionario del Ayuntamiento de Nueva Orleans que ejercía como abogado.

A partir de 1815, el comercio del Golfo de México vivió momentos de gran expansión y tiene a Nueva Orleans como punto de partida y destino. Desde aquí se negocia con Santo Domingo, Cuba, Veracruz, Campeche…  

En este periodo, aunque sin compararse con Veracruz, la importancia de la ciudad de como referencia del comercio marítimo en el Golfo de México y el Caribe. Aquí residían en aquellos días franceses, españoles, marinos que hacían las rutas del Golfo de Méjico, negreros, contrabandistas… Entre estos, muchos vascos. Uno de ellos, un personaje singular, Jean Xavier de Arrambide, “vascofrancés” paisano de los hermanos  Lafitte, los famosos bucaneros.

Lafitte, el bucanero

A finales de 1814 una flota británica de más de 50 barcos enviada por el general Edward Pakenham, navegó al interior del golfo de México y se preparó para atacar Nueva Orleans. El general estadounidense Andrew Jackson comandante del ejército norteamericano que se encontraba en el sudoeste del país, tenía compuesto su regimiento principalmente de milicianos y voluntarios, con el que luchó contra los británicos que atacaron repentinte su posición el 8 de enero de 1815. Las tropas de Jackson se atrincheraron eficazmente detrás de las fortificaciones, mientras que las huestes inglesas quedaron expuestas, siendo la lucha breve y acabando en una victoria decisiva para los estadounidenses, logrando así la retirada británica y la muerte del general Pakenham. La batalla puede ser considerada extemporánea ya que el Tratado de Gante que daba por terminada la guerra, había sido firmado el diciembre pasado, pero el informe había tardado en llegar. La victoria sin embargo levantó la moral nacional, mejorando la reputación de Jackson al nivel de un héroe, que le sirvió de plataforma para su camino a la presidencia.

En esa batalla de Nueva Orleans participó, por cierto, un marino bayonés, Jean Lafitte, que llegó a ser conocido por varios apodos y títulos como: "El Corsario", "El Bucanero", "El terror del Golfo" y "El Rey de Barataria”.

Nació Baiona[2]. Se embarcó a la edad de trece años en los barcos que tenía base en el puerto de su ciudad natal. Se dice que “aprendió a navegar con sus paisanos vascos”.  En la transición de los siglos XVIII al XIX vivía junto a su hermano mayor en la ciudad de Nueva Orleans. La primera hazaña, que contribuyó a forjar su leyenda data de 1807. Aquel año, saliendo de Sand Heads, abordó al buque de la Compañía de las Indias Orientales, de 40 cañones y con 400 hombres

Lafitte estableció el llamado "Reino de Barataria" en las ciénagas (bayou)cercanas a Nueva Orleans después de la compra de Luisiana en 1803. En este territorio organizaba el comercio del contrabando y el producto del corso efectuado en las costas del golfo junto a su hermano Pierre; mayor que Jean y con quién este había llegado a América. Aparentemente establecieron un sistema económico que benefició el desarrollo y cierta prosperidad en la zona por lo que era apreciado por los acaudalados terratenientes y los pobres que podían obtener fuentes de sustento tanto del comercio como de la participación en las incursiones corsarias de Lafitte y su flotilla. En 1814 sus propiedades en Barataria fueron confiscadas por el gobernador William C. Clairborne, quien envió tropas contra las que Laffite se negó a combatir para no enfrentar fuerzas estadounidenses[3].

En cierta ocasión, Lafitte, herido, fue hecho prisionero en Cuba, y encerrado en Puerto Príncipe. De allí, logró huir con la ayuda de Jean Xaviér Arrambide[4].

Algunos historiadores cubanos se refieren a Jean Xavier de Arrambide y Goiocoechea como “vasco francés”. En algunos documentos se dice que era natural de Puerto Real (en el Oriente cubano). En otros, residente en el mismo lugar. Aunque no debía parar mucho en el mismo lugar. En 1817 tenía su domicilio en Nassau y, en la documentación de ese momento, firma como “John”. Lo cierto es que Arrambide fue espía (a favor de los españoles), negrero, contrabandista. Por sus servicios a la Corona, el capitán general de Cuba, Juan José Ruiz de Apodaca le concedió dos leguas cuadradas, unos 90.000 acres en Florida, cerca de la ciudad de San Agustín. Cuando Florida pasó a Estados Unidos inició un largo proceso judicial para el reconocimiento de su derecho a la propiedad de aquellas tierras que, una vez fue confirmada, las vendió por 20.000 dólares de la época (hoy, serían unos 350.000 dólares)[5].

José Antonio Aguirre.

La llegada de marinos: Aguirre y Zatarain

La situación económica de Gipuzkoa en el tránsito de los siglos XVIII al XIX estaba colapsada, a esto había que sumar las guerras: contra los ingleses, primero, y, luego, contra los franceses. Todo ello afectó a la pesca, a la navegación y, claro, a la carrera de los marinos que debían buscar oportunidades en otros mares.[6]

Uno de aquellos marinos fue el donostiarra José Antonio de Aguirre (1799-1860) conocido como “Aguirrón” (por su tamaño). Llegó a Luisiana hacia 1815 tras la victoria de Andrew Jackson sobre los ingleses en la célebre batalla de Nueva Orleans. Aguirre tenía quince años cuando se fue a Louisiana. De allí pasó a México dedicándose al comercio que importaba desde Cantón y Manila. Hizo una pequeña fortuna con la que compró una hacienda en Tepic, pero el Gobierno mejicano se la confiscó, convirtiéndose en uno de los miles de expulsados por mantener su lealtad a España.

En 1826, Aguirrón volvía a estar en Nueva Orleans y, dos años más tarde, iniciaba el proceso para su naturalización. Firmó sus papeles ante la corte de la parroquia y ciudad de Nueva Orleans el 29 de enero de 1831. Tenía entonces 32 años de edad,  y un intenso futuro por delante.

El primer paso en aquel futuro lo dio en 1833 cuando compró el Dolphin, un barco al que cambió el nombre por Leónidas. Con él navegó hasta San Blas en el Pacífico mexicano que, durante la colonia, había sido uno de los puertos más importantes del Virreinato junto al de Acapulco. Registró el barco bajo bandera mejicana e inició el comercio en la Alta California importando mercancías desde China y Perú[7].

José Antonio Aguirre tenía treinta y cuatro años cuando llegó a la bahía de San Diego. Llamaba la atención por su corpulencia de ahí que los californianos le apodasen “Aguirrón”. Además, se hacía acompañar de un criado negro lo que le daba un cierto halo aristocrático.

Zatarain's mural on Poydras Street in New Orleans.

Quien tiene la suerte de visitar Nueva Orleans no puede dejar de probar las maravillas cocina criolla: el gumbo (de profundas raíces africanas), el jambalaya (traído por los acadianos desde Terranova o beber una botella de pa-poose, la legendaria zarzaparrilla local. Pues hoy (y desde hacer 125 años), los condimentos de esos platos y el mejor pa-poose tienen apellido vasco: Zatarain, originario de Pasai Donibane.

El 5 de mayo de 1808, nacía en Pasai Donibane, Gipuzkoa, Juan Bautista de Zatarain. Era marino y, en los primeros años del siglo XIX, llegó a Louisiana en 1827, navegando en los barcos que se dedicaban al comercio en el golfo de México y Cuba. Posteriormente y durante muchos años trabajó como calafateador en los astilleros de Algiers, frente a Nueva Orleans , al otro lado del rio.

Se casó dos veces. En 1837, lo hizo en la catedral de Nueva Orleans con la criolla Heloise Hotard. Con quien tuvo un hijo: Jules. Volvió a casarse en 1844 con Mary Conlo con quien tuvo un hijo y tres hijas: Jean Baptiste, María del Cármen, Elisabeth Catherine.  Falleció el 9 de diciembre de 1882, a los 74 años a causa de la disentería.

En 1871, su hijo Jules regentaba un saloon en el número 17 de la Rue Royal (US Federal Census, 1870). Poco después, al salón, sumaría el negocio de las ostras (New Orleans, Louisiana, City Directory, 1876). Al comenzare la Guerra Civil (1861-1865), Jules figuraba como miembro del Beauregard Battalion de la Milicia de Luisiana (Confederada). Sin embargo, Jean Baptiste estuvo en la marina de la Unión.

Su nieto Emile, que se reclamaba “Spanish Basque”, fundó en 1889 Zatarain's, una compañía dedicada a la comida y a las especias y comenzó a comercializar la zarzaparrilla. Amplió su gama de productos a la mostaza, vegetales picantes y extractos de plantas. Comenzó entonces al negocio de las especias y pronto fue conocido por los productos de estilo “cajun”. En 1963 la familia vendió el negocio. La empresa fue adquirida en 2003 por McCormick la mayor compañía del mundo en la comercialización de especias.

Emile Zatarain y publicidad de su tienda de ultramarinos.

Asimismo, en el Censo de 1850 de la parroquia Saint Bernard en las afueras de Nueva Orleans, anteriores a la guerra civil, aparecen nombres de algunos pescadores vascos como el de Pedro Arana o José Archuleta. Ese mismo año y esta vez en el propio Nueva Orleans, el español “Pierre” Aramburu tenía una chocolatería, mientras que el francés José Borda regentaba una pequeña tienda (US Federal Census, 1850).

Los expulsados de México

Tras la independencia de México muchos españoles y mexicanos fieles a la corona se dirigieron a puertos de Estados Unidos. A Mobile, en Alabama, a Baltimore, a Charleston, a Falmouth, a New Providence, a Nueva York y, sobre todo, a Nueva Orleans[8]. Gracias a los registros notariales, sabemos que un grupo de expatriados vascos se instaló en Baton Rouge. Entre otros, Antonio Altube, Matías Zabalbeitia, Juan Bautista Echevarria, Santiago de Urruticoechea o la esposa de este último María de Arandia. El primero, originario de las Encartaciones, dejó sus bienes, en la República de México y en Estados Unidos a sus albaceas Echevarria y Zabalbetia.

Algunos se quedaron con la esperanza de un pronto regreso[9], eso sí en condiciones espantosas: a las dificultades económicas, hay que sumar una epidemia de fiebre amarilla que, entre 1828 y 1830, causó la muerte a decenas de exiliados. Muchos expatriados tuvieron que recibir ayuda. Otros se defendían realizando todo tipo de trabajos: desde emplearse como profesores de castellano o como criados, a la limpieza de canales[10]. Un porcentaje relevante de los vascos llegados a Luisiana desde Méjico tenían trabajos relacionados con la mar. Simms ha identificado hasta 89 marinos[11]. Por su parte, Ruiz de Gordejuela resalta que, de los primeros emigrados, hay 77 comerciantes y hombres de negocios vascos[12].Algunos vascos que llegaron a la ciudad disponían de recursos, caso de José María Basoco o Antonio Olarte. En Luisiana, fallecieron, entre otros, Antonio Gregorio Castañiza o Pedro León.

Aunque la mayor parte de los vascos pudientes llegados de México se fueron a Cuba, a Londres o a Paris…algunos se quedaron en la ciudad.

Pero, por otro lado, como señala Simms, “parece lógico que la llegada de tantos comerciantes peninsulares a Nueva Orleans, llenos de capital y experiencia en el comercio mexicano, haya dado nueva vida al comercio de Estados Unidos en corto tiempo y es evidente que este fue renovado”[13].

Marieult Hose remodelada por los Lizardi en la década de los 1830.

Olazabal y los hermanos Lizardi

Uno de aquellos comerciantes fue José Javier Olazabal Altuna (n. Azpeitia) un comerciante vasco que había hecho fortuna en Veracruz. Llegó a Nueva Orleans ern 1833. Se había casado en 1807 con María Nicolasa Migoni, la viuda de otro vasco Miguel Lizardi Echave (n. Getaria) con quién había tenido cinco hijos. Cuando Olzabal contrajo matrimoinio,  el mayor de los hermanos Lizardi, el mayor tenía 17 años y el más joven, 5. De esta forma, pasaría a ser padrastro y a partir de 1829, el socio comercial de los hijos de su esposa con Lizardi[14].

Con respecto a Javier de Olazábal, se sabe también que a principios del siglo XIX el gobierno español lo acusó de ser simpatizante de la causa insurgente mejicana[15]. A pesar de ello, fue expulsado del país junto con otros, yendo a radicar temporalmente junto con su familia a Nueva Orleans En 1830, ya figura en el Censo de la ciudad (US Federal Census, 1830). Residió durante muchos años en Toulouse Street, en el Barrio Francés. Aunque se le previno que sería expulsado, el gobierno le concedió una excepción que fue rechazada por el comerciante. A sabiendas de su posible salida, desde 1829 gestionó ante un notario del puerto su deseo de radicar en el Reino Unido. En 1832, la solicitud fue traducida y certificada por un oficial del consulado británico; documento que fue nuevamente certificado por un notario en Londres en octubre de 1833, para finalmente ser aprobada en diciembre de ese mismo año. Estando en la capital inglesa, Olazábal aprovechó sus excelentes relaciones para incrementar su comercio con México. Sus negocios llegaron a ser tan prolíficos que logró enviar al Reino Unido desde la república mexicana, hasta un millón de pesos y 500 zurrones de cochinilla en una sola nave.

En Nueva Orleans, encabezó una Junta Patriótica -que tenía la sede en propia casa- para repatriar a México a hijos de españoles que se encontraban huérfanos viviendo en malas condiciones en Estados Unidos[16]. Falleció el 4 de diciembre de 1852 y está enterrado en Nueva Orleans.

The Counting House, sede del banco de los Lizardi, (1832-1857).

Como ha quedado dicho, los hermanos Lizardi comenzaron sus actividades de la mano de padrastro, Olazabal, y con la ayuda de su tío Francisco de Borja Migoni, representante mejicano (Imperio y Primera República) en Londres. Los hermanos Lizardi se repartieron por Paris (Lizardi Hermanos), Londres (F. de Lizardi and Co) y, claro, Nueva Orleans (M. de Lizardi).

En esta última ciudad destacó Miguel J. de Lizardi que extendió sus actividades al comercio marítimo, al sector inmobiliario (era capaz de vender un almacén ideal para instalar una destilería o una plantación de caña de azúcar con esclavos y animales)[17] y al financiero en relación con los Lizardi de Inglaterra y Francia, así como con banqueros y comerciantes vascos en Europa (Aguirebengoa & Uribarren) o  Juan Ygnacio de Egaña (Nueva Orleans). Los Lizardi tuvieron numerosos empleados vascos. Angulo y Aragón se refieren, por ejemplo, a Lucas de Lizaur.[18]

A partir de 1841, Lizardi inició el comercio con Bilbao. Ese año, despachó la goleta Joven Eugenia al mando del capitán Villabaso con mercancías para Bilbao. En este sentido, Alberto Angulo y Álvaro Aragón señalan que “de 1843 a 1857 Nueva Orleans será el principal puerto de abasto de Bilbao”[19]. Montserrat Gárate, por su parte, resalta que entre 1855 y 1857. Llegaron a Donostia 10 embarcaciones procedentes de Nueva Orleans cargadas de azúcar, algodón y maíz.[20]

Juan Ignacio de Egaña.

Juan Ygnacio de Egaña

Una de las calles de Nueva Orleans, Louisiana, es Egania Street (Egaña Street que, por cierto, corre paralela a la Lizardi Street. La calle cambió la grafía para facilitar la pronunciación).  Desde 1876, está dedicada a un vasco: Juan Ygnacio de Egaña, un comerciante y plantador de Nueva Orleans, que dejó al morir una fabulosa fortuna[21]. Había nacido en Itziar, Gipuzkoa el 23 de mayo de 1809. Su padre, Juan Carlos, era de Itziar. Su madre, María Ygnacia Olazabal, de Azpeitia.

Probablemente, llegó a México como marino en los convulsos días de la Independencia, instalándose definitivamente en Nueva Orleans donde consiguó trabajo como empleado de un comerciante de la ciudad. Había complido los treinta cuando entró en sociedad con otro comerciante constituyendo la firma Wylie & Egaña. Wylie, antiguo capitán de barco, era socio hasta entonces de A. Gordon. Tenían su sede en Bienville Street y, además del comercio, eran armadores y comisionistas. En 1850, Egaña se nacionalizó norteamericano.

El origen de la fortuna de Egaña está en el comercio del algodón con destino a Gran Bretaña. También lo enviaban a Barcelona. Posteriormente, entró en el negocio del comercio del azúcar -convirtiéndose en uno de los mayores productores de la región- y, en menor de medida del tabaco. Al morir, era propietario de tres plantaciones: em Thibodaux. Grand Isle y Plaquemines. La más famosa fue la conocida como Rienzi Pantation, en la parroquia  de Thibodaux donde vivió hasta su muerte. En esta plantación trabajaban 168 esclavos negros, lo que da idea de la importancia de la actividad de ésta.

Egaña mantuvo relaciones con otros comerciantes y banqueros vascos de Nueva Orleans. Caso de Olazabal y sus hijastros, los hermanos Lizardi, o con Goyeneche.  Por otro lado, invirtió y mantuvo intereses en su País Vasco natal. Por su testamento, sabemos que era propietario de dos caseríos en Itziar: Usabelartza y Gainza-erdikoa. Era asimismo acreedor hipotecario del caserío Abendaño y su molino en Zaratuz, de una casa y huerta en Ondarroa y de un castañar en Berriatua. Dejo todos estos bienes e intereses  a sus hermanos y sobrinos, y el resto a un amigo y socio en las Américas, José María Caballero que había pasado a vivir a Cádiz.

Casado con Marceline Cazenave fue padre de John Oscar, John, Leonie y Victoire. Falleció en Nueva Orleans el 9 de abril de 1860, dejando una fortuna de dos millones y medio de dólares. La liquidación de la misma  dio lugar a un pleito al reclamar una parte Manuel Julián de Lizardi, un vasco-mejicano, hijastro de Olazabal, pariente de la madre de Egaña. Los hermanos Lizardi habían sido socios de Egaña y consideraban que, en la liquidación de sus bienes, les correspondía una parte. Tras años de pleitos (con la guerra secesión por medio), un juez les dio parcialmente la razón.

Puerto de entrada para inmigrantes

Nueva Orleans fue durante un tiempo uno de los puertos preferidos por muchos franceses (y, claro, por vasco-continentales) que llegaban con intención de seguir a California, o transbordar para seguir a México[22].  El viaje en tren desde Nueva Orleans a California era más corto. Algunos se quedaron.

En vísperas de la guerra de secesión, además de algunos de los citados, residen en Nueva Orleans numerosos vascos. En 1850, Francisco Sarasqueta era tratante de pollos. Aquel año,  Alexandre Goyeneche era comerciante o Pierre Uhalt, carnicero (este había llegado desde México hacia 1870). Con estos, los hermanos Francisco  (ultramarinos) y Mateo Azcona (encargado de un bar), Antonio Ugarte, los  Egusquiza, José Antonio Larrondo, los hermanos Larronde… En 1850, además de los citados vivían en la ciudad Cruz Monasterio (dueño de una teberna), José Arteta (también tarbernero), Hay algún marino como Ramón Echevarria llegado a Lousiana en 1860 que consiguió la nacionalidad de 1874. O pescadores como H. Menchaca que ejercía su actividad allá por 1860.

Antoine (izquierda con uniforme de bombero) y Martin Anchordoqui.

Entre los vasco-continentales que se quedaron en Luisiana, se hicieron notar los hermanos  Antoine y Martin Anchordoqui, de Bidarrai . El mayor, Antoine, llegó a Nueva Orleans el 7 de julio de 1869 a bordo del bergantín Hope procedente de La Habana. Tenía 24 años y era carpintero de oficio.

Al poco de llegar, se había ido en herrero y constructor de carruajes en Napoleonville. En 1873, se casó con Teresa Britsch, de padres alsacianos. Su padre había combatido en el Ejército confederado, pasando un tiempo en un campo de prisioneros.

La cosa le debía ir bien porque llamó a su hermano menor Martín que llegó desde La Habana en 1877. Este último, aparece en el censo como encargado del establo. En 1884, un incendio destruyó su casa y la herrería. Se convirtió entonces en granjero en la parroquia de Plaquemites. Además, Antoine ingresó como bombero voluntario para ayudar a otros y evitar situación como la que él había vivido.

En este periodo, también residen en la ciudad Louis Strauss, de Baiona, que trabajaba como chófer. Michel Lapeyre, de Azkaine,  era dependiente. Jean Olaitz, de Bildoze, Zuberoa, hizo venir a sus hermanos Baptiste y Marie.

En junio de 1903 llegó a Nueva York Juan Argote Arregui (Donostia, 1878). Poco después, se instalaba en Nueva Orleans. Se empleó en una casa dedicada al comercio con México, Cuba y Centroamérica. En 1907, fundó La Revista Comercial, en castellano, precisamente esas relaciones económicas[23]. La experiencia le sirvió para editar Euzkotarra.

Primera página de Euzkotarra.

Así, en abril de 1909 aparecía en Nueva Orleans el primer número de “Euzkotarra”. Seguía la estela del periódico del mismo nombre que se había editado en la Ciudad de México y el Chihuahua donde dejó de salir por orden del Gobierno del Porfirio Diaz tras las protesta de la embajada española. Sin embargo, el Euzkotarra de Nueva Orleans nació de forma autónoma y tuvo como destinatarios a los marinos que llegaban a su puerto.

El interés de Agote de impulsar el comercio con América Latina, le llevó a irse en cónsul honorario de Venezuela (1911) y, luego, tras llegar un representante oficial, de Bolivia (1913)[24]. Se independizó y, con una serie de socios locales, constituyó la firma Juan Argote & Co.

 

[1] Teófilo Guiard (1914), Historia del Consulado y Casa de Contratación de la villa de Bilbao, Bilbao. La Gran Enciclopedia Vasca, Vol. II, pp. 366-372.

[2] En la actual catedral de Nueva Orleans, se encuentra el registro del bautismo de Marie Jopsephe Lafitte, hija de Pierre y sobrina de Jean, Se dice que Pierre es nativo de Baiona (Lyle Saxon, Lafitte the Pirate, Gretna Lousiana (1999): Pelican) /Washington Sentinel, January, 10, 1854.

[3] Gaspar Cusachs, Lafitte. “The Louisiana pirat & patriot”, The Louisiana Historical Quaterly, Vol. 2, nº , Lousiana Historical Society, 1919/Lyle Saxon, Lafitte the Pirate, Gretna (1999). Pelican Publishing Co.

[4] http://gacetadepuertoprincipe.blogspot.com.es/2013/12/de-cuando-jean-lafitte-se-fugo-del.html

[5] Henry S. Marks, “A forgotten Spanish land grant in South Florida”, Tequesta: 1960, pp.51-55.

[6] Pablo Fernández Albaladejo, La crisis del Antiguo Régimen en Guipúzcoa, 1766-1883: cambio económico e historia, Madrid (1975): Akal.

[7] Mary H.Hagland, “Don Jose Antonio Aguirre", Journal of San Diego History, Volume 29, no. 1, Winter 1983

[8] Harold D. Sims, La expulsión de los españoles de México (1821-1828). México (1984): Fondo de Cultura Económica, p. 229. Ver asimismo Jesús Ruiz de Gordejuela, La expulsión de los españoles de México y su destino incierto, Sevilla (2006): Universidad de Sevilla.

[9] Harold Sims, Descolonización de México. El conflicto entre mexicanos y españoles (1821-1831), México (1982). Fondo de Cultura Económica, p. 52.

[10] Jesús Ruiz de Gordejuela, Los Vascos en el México decimonónico, 1810-1910, Donostia (2008): RSBAP, p.158.

[11] Ibidem, p. 60

[12] Jesús Ruiz de Gordejuela, La expulsión de los españoles cit, p. 82.

[13] Harold Simms, opus cit. p. 226.

[14] Linda K. Salvucci  & Richard, “The Lizardi Brothers. A Méxican family Business and the expansion of New Orleans, 1825-1846”, The Journal of Souhthern History, Vol. LXXXII, noº 4, nov. 2016, p. 756.

[15] Jesús Ruiz de Gordejuela, La expulsion cit. p. 120.

[16] L’Abeille, New Orleans, Jan, 21, 1833.

[17] New Orleans Argus, September, 28, 1832,

[18] Alberto Angulo y Álvaro Aragón, “No solo pescado y harina. Vascos en el comercio con los Estados Unidos en el siglo XVIII”, Boletín Americanista, año LVIII, 2, n.º 77, Barcelona, 2018, págs., p. 158

[19] Alberto Angulo y Álvaro Aragón, p. 155.

[20] Montsrrat Gárate Ojanguren, “Comercio exterior en el País Vasco (siglos XVIII y XIX)”, en Ekonomiaz, 9-10,  p. 174.

[21] Sally Asher (1014), Hope & New Orleans: A history of crescent city street s, Charleston: The History Press.

[22] Carl A. Breseaux, A. The Foreign French: Nineteenth-Century French Immigration into Louisiana, 3 vols. Lafayette, LA (1990-1993): Center for Louisiana Studies, University of Southwestern Louisiana.

[23] Times Picayune, N. Orleans, Jan, 12, 1906.

[24] Times Picayune, N. Orleans, Jun, 12, 1906/