738 Zenbakia 2019-04-23 / 2019-05-22

KOSMOpolita

Los pastores vascos en Estados Unidos y la Segunda Guerra Mundial

SAITUA, Iker

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los inmigrantes vascos que fueron a trabajar al Oeste de los Estados Unidos como pastores de ovejas fueron representados como villanos de las praderas. A finales de la década de 1880, la expansión de la industria ovina fomentó la inmigración vasca al Oeste norteamericano y, rápidamente, para comienzos de los años 1890, la trashumancia ovina y mano de obra inmigrante vasca se convirtieron en dos caras de la misma moneda. En medio de una crisis económica y medioambiental profunda, el frágil equilibrio entre ganadería bovina y ovina se resquebrajó por completo y ello generó un caldo de cultivo propicio para enfrentamientos y conflictos. En los años 1890, estaba ampliamente difundida y aceptada la idea de que los pastores vascos eran los mayores causantes del sobrepastoreo y erosión de los pastizales naturales que estaba afectando seriamente el sector agropecuario en el Oeste. Además de los vascos, otros grupos de inmigrantes de origen no anglosajón trabajaron como pastores de ovejas, principalmente portugueses y griegos, así como una mano de obra más accesible como era la mexicana o la indígena. Pero fueron los vascos quienes sobresalieron, para bien y para mal. Si bien la identificación de los vascos con el pastoreo nómada acabaría por repercutir de manera positiva en su representación social, en un primer momento estos trabajadores inmigrantes fueron estigmatizados y señalados como los auténticos causantes de la degradación de las praderas.

La imagen del ovejero –que acabaría por corresponderse con la del pastor vasco– estaba a la sombra de la imagen mítica y romantizada del vaquero o cowboy –arquetipo heroico de referencia de una identidad nacional norteamericana. Podemos entender por consiguiente la imagen del pastor vasco villano como la contra imagen del vaquero, del héroe americano. Sobre esta imagen negativa se construyó un discurso que le sirvió a ciertos ganaderos poderosos y conservacionistas para justificar la necesidad de una mayor intervención federal en las tierras públicas dedicadas al pastoreo. Esta campaña de criminalización contra los pastores vascos estableció el marco interpretativo desde el que la comunidad ganadera y los conservacionistas concibieron las consecutivas crisis en la industria ganadera hasta prácticamente los años 1930. A pesar de que para entonces ya había muchos vascos propietarios, algunos grandes ganaderos continuaron atacando a los vascos apelando al arquetipo del pastor transeúnte como factor perjudicial para los ecosistemas de pastos de las tierras públicas. Desde algunos años antes, sin embargo, ese arquetipo negativo del pastor vasco había comenzado a contrastar con otro estereotipo: el del buen pastor.

Dos pastores vascos en Nevada en en los años 40. Fuente: Northeastern Nevada Museum

Ya a comienzos de siglo se había comenzado a difundir una falsa creencia de que los inmigrantes vascos eran una mano de obra especialmente cualificada en el pastoreo extensivo de ovejas solo por el hecho de ser vascos. Se había construido el mito del buen pastor que decía que la ganadería ovina era el principal sector productivo en el País Vasco y, por tanto, las gentes que habitaban esas tierras se habían dedicado al pastoreo de ovejas desde tiempos ancestrales. Así, según esta visión idealizada, los inmigrantes vascos simplemente trasplantaban sus habilidades como pastores al nuevo medio geográfico en las tierras del Oeste. La imagen positiva que se tenía de los pastores vascos estuvo cargada con ideas de superioridad racial y aptitud. Durante la primera mitad del siglo XX, los atributos raciales otorgados a los vascos –en torno a lo excepcional de su homogeneidad racial y laboriosidad– se ajustaron progresivamente a los perfiles de subjetividad racial impuestos desde la sociedad dominante blanca en los Estados Unidos.

Los años de la Segunda Guerra Mundial estuvieron marcados por una crisis en la industria ovina debido, entre otros factores, a la escasez de mano de obra inmigrante vasca. La ley de inmigración de 1924 había reducido significativamente la inmigración vasca a Estados Unidos, cuyas consecuencias se hicieron notar a finales de los años 1930 y principios de 1940. Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, los woolgrowers tuvieron grandes dificultades para encontrar mano de obra vasca –que era la más deseada– para responder a la creciente demanda en la industria ovina durante la guerra. Ante esta situación, y a pesar de las fuertes reticencias de la gran mayoría de los rancheros, jornaleros mexicanos comenzaron a reemplazar a los vascos. Mientras tanto, los woolgrowers –que estaban organizados en asociaciones locales y nacionales– presionaron a las autoridades estadounidenses para que permitieran la importación de más inmigrantes vascos –más de lo que las cuotas de inmigración para España y Francia permitían.

Un pastor vasco en Nevada en los años 30. Fuente: Northeastern Nevada Museum

Durante la Segunda Guerra Mundial, los woolgrowers del Oeste trabajaron sin descanso para reclutar inmigrantes vascos. En diciembre de 1942, se fundó la Nevada Range Sheep Owners Association (NRSOA) con el único propósito de resolver la crisis de la mano de obra vasca en la industria ovina de Nevada y el Oeste. El influyente ranchero John B. Dangberg, nombrado presidente de la NRSOA, desempeñó un papel central en todo este proceso. Dangberg encontró apoyo en el senador de Nevada Patrick McCarran, quien defendió una apertura a los inmigrantes vascos. Para justificar ante las autoridades norteamericanas la necesidad de importar inmigrantes vascos, McCarran, Dangberg y el resto de woolgrowers del Oeste continuamente invocaron la noción del experimentado y buen trabajador vasco, contrastada con la supuesta inferioridad e ineptitud de la mano de obra mexicana en el pastoreo de ovejas. El inmigrante vasco era definido por oposición al mexicano en los términos raciales de la época –características, cualidades y conductas. Esta forma de racismo contra los mexicanos ofreció a los vascos la comodidad de sentirse parte de la población blanca dominante facilitando su proceso de integración en la sociedad estadounidense. Así, el estereotipo del buen pastor acabaría por predominar en la representación social de los inmigrantes vascos en el Oeste, dejando atrás aquella imagen negativa del villano de las praderas.  

Bibliografía básica

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SAITUA, Iker, Basque Immigrants and Nevada’s Sheep Industry: Geopolitics and the Making of an Agricultural Workforce, 1880-1954, Reno, University of Nevada Press, 2019.


Este artículo resume algunas cuestiones tratadas en mi artículo: “Una mano de obra deseada: La crisis de los pastores vascos en el Oeste norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial (1940- 1945)”, Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, 42, 2018, pp. 139-170.

Iker Saitua es doctor por la University of Nevada, Reno (2016) y también por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Actualmente es investigador postdoctoral en la University of California, Riverside y UPV-EHU dentro del Programa Posdoctoral de Perfeccionamiento de Personal Investigador Doctor del Gobierno Vasco.