735 Zenbakia 2019-01-22 / 2019-02-18

KOSMOpolita

“Mejor si no vienen”: El exilio vasco en Venezuela (I/II)

SAN SEBASTIÁN, Koldo

En 2019, se cumplen 80 años de la llegada de tres expediciones colectivas de refugiados vascos a Venezuela. Lo hicieron a bordo de tres buques franceses de la Compagnie Generales Trasantlanque: el Cuba, el Flandre y el Bretagne. Venezuela es hoy referencia imprescindible en la historia del exilio vasco y, singularmente, de la historia del exilio nacionalista vasco. Sin embargo, en sus orígenes, se trató de una decisión arriesgada, vivamente desaconsejada por los exiliados vascos que habían llegado al país antes de la emigración colectiva: “Mejor si no vienen”, escribía uno de ellos.

El Cuba, el Flandre y el Bretagne.

Hay que señalar, por otro lado, que la petición venezolana de que fuesen militantes del PNV -no querían a los  de organizaciones de izquierda- y con oficios y profesiones específicas, la mayoría de los que ingresaron en país marcaron durante casi cuatro décadas el carácter de la comunidad vasca. Pero, no solo la ideología nacionalista marcó el carácter sino la propia organización del éxodo.

En el verano de 1939, los miembros nacionalistas del Gobierno Vasco y la dirección del PNV se reunieron durante tres días en Paris para decidir cómo debía ser aquella emigración y que uno de los asistentes, Jesús María de Leizaola, resumió en nueve puntos:

  • “Apoyo a la emigración para la colocación industrial y comercial.
  • Fundación de empresas económicas, que sean complemento de la economía de Euzkadi.
  • Solo se enviará gente económica. Resolver las dificultades que pueda haber es economía y comercio, no política.
  • Enviar gentes que puedan resolverse fácilmente la vida, para, si nos falta dinero, tengamos donde acogernos.
  • Se debe ir a la creación de una flota de comercio, pues tenemos 1.800 marinos, entre ellos, 108 capitanes y toda la plantilla de nuestra marina mercante.
  • No debe haber delegados ni representación oficial. La historia de la guerra de los vicuñas en América del Sur, demuestra que no se puede ir con afanes imperialistas. (…) Soy partidario de que sepamos entrar allí como en casa ajena, y proceder de tal modo, que no demostremos ser un cuerpo especial y superior: No ir con espíritu de superioridad. No vayamos a ser allí los “maquetos” de Venezuela, y a crear una verdadera xenofobia.
  • Las familias dispersas no crean ningún problema. Lo que crea los problemas es la Organización, y tengo mucho miedo de que vayamos a esto.
  • Que nadie lleve ninguna representación, para que no tengan el pretexto de meterse en los negocios particulares de los vascos.
  • La propaganda que se haga debe estar hecha desde Francia, y las relaciones con aquellos que se lleven desde Anglet.” (J.M.Leizaola, Conclusiones)

Los primeros contactos

La historia comenzó cuando, en 1938, Jesús María de Leizaola, consejero de Justicia y Cultura del Gobierno Vasco, se reunió en París con el representante para Europa del Instituto de Emigración venezolano, Eduardo Monsanto. A finales de aquel año, se había formado en Venezuela un grupo de presión que inició una campaña favor de la inmigración vasca integrado por intelectuales como Miguel Otero, Andrés Eloy Blanco, Jovito Villalba, Arraiz, Gonzalo Salas o Rafael Pizzani[1].

 

Dentro de esa campaña, el 14 de mayo de 1938, el doctor Simón Gonzalo Salas presentó un informe titulado Inmigración Vasca para Venezuela. Parte de este fue editado en forma de folleto del que se hizo una tirada de 2.000 ejemplares. El informe de Gonzalo Salas dio lugar a duras críticas de los periódicos falangistas, caso del diario Hierro de Bilbao[2].

En 1938, se habían producido asimismo dos hechos de singular importancia. Por un lado, Venezuela reconocía al Gobierno de Burgos (franquista). Por otro, se aprobó el Plan Trienal que debía marcar la actividad del régimen de López Contreras en los próximos años. En el Punto 7 de ese Plan, se decía: “Nuestra demografía es estacionaria y por consiguiente necesita aportes de sangre nueva que promuevan su favorable crecimiento. Venezuela no será jamás un gran país sin un paralelismo armonioso entre su potencialidad económica y el factor humano”. Con la puesta en marcha de este Plan, se creaba el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización[3].

En este marco, se produjo el informe del doctor Gonzalo Salas. Este partía de la premisa de la necesidad que tenía Venezuela de una inmigración proclamada en todos los medios de comunicación y recogida en el Plan a que hacíamos alusión: “La inmigración es pues una necesidad que no admite discusión; y no la admite, porque no nos decidimos a afrontar el problema y a resolverlo de manera metódica y racionalizada, tal vez estemos condenados a desaparecer del concierto de los pueblos libres[4]”.

Simón Gonzalo Salas defendía una emigración étnicamente homogénea y políticamente moderada (que debía, por un lado, compensar el temprano reconocimiento del régimen franquista y, por otro, no avivar las iras de los influyentes sectores anticomunistas). Se daba cuenta que una inmigración incontrolada podría hipotecar el país y ponía, como ejemplos negativos, los de Argentina y Brasil. Por el contrario, era partidario de lo que calificaba como experimento australiano[5].

En un momento de su Informe, Simón Gonzalo Salas se preguntaba, ¿Dónde están esos emigrantes?: “Esos emigrantes son por ahora 80.000. Son vascos y están en la actualidad en Francia, deseosos de venir. Podría decirse que hoy están huérfanos de su gran Patria y acogerían a la nuestra con el músculo y con el corazón. Están exentos de tutelaje extranjero y, por tanto, con ellos está salvado el más grave inconveniente cuando se presente el problema de la inmigración”. De los vascos exiliados, Gonzalo Salas se centraba en concreto en los pertenecientes al Partido Nacionalistas Vasco: “La ideología político-social del PNV no se amolda ni con la concepción marxista de las sociedades humanas, ni con la mentalidad petrificada del elemento conservador, enemigo de toda innovación justa y ajeno a los principios de una justicia social bien entendida”[6].

No fueron éstas las únicas gestiones. El embajador de Venezuela en Cuba, Alberto Smith Zárraga, amigo personal de un exiliado vasco, el doctor Luis de Aranguren, realizó gestiones directas con el general López Contreras con los mismos fines señalados anteriormente [7].

“Mejor si no vienen”

Esta campaña sorprendió sobremanera al Gobierno vasco exiliado. Sus representantes pronto se movilizaron para conocer su alcance. Entre los primeros informadores, se encontraba un grupo de jesuitas vascos (en su mayoría, carlistas, eso sí). Aunque, entre ellos, estaba el padre Aranzadi, hijo de Engracio Aranzadi, uno de los dirigentes históricos del PNV[8].

Hasta 1939, habían llegado a Venezuela algunos exiliados vascos[9]. Entre éstos, Ignacio de Rotaeche, exdiputado a Cortes y presidente del Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional) de la Comunión Nacionalista Vasca (nombre que había adoptado el PNV entre 1916 y 1930). De ideas muy conservadoras, al estallar la guerra civil, se mostró contrario a que el Nacionalismo Vasco apoyase a la República, exiliándose en 1936. Primero, en Francia, y, más tarde, en Venezuela, donde trabajó para el Ministerio de Obras Públicas. En la misma situación se encontraba Manuel Chalbaud Errazquin, hermano de un destacado miembro de la Compañía de Jesús que había sido rector de la Universidad de Deusto (Bilbao). Chalbaud se dedicará a la construcción[10].

José María Bengoa.

También llegó a Venezuela, en abril de 1938, el doctor José María Bengoa Lekanda. En los primeros días de la guerra, se alistó como voluntario en un batallón nacionalista. Tras la formación del Gobierno Vasco, se incorporó a la Sanidad Militar de Euzkadi, a las órdenes de Fernando Unzueta. Salió para el exilio en 1937 y, como hemos señalado, llegó a Venezuela ocho meses más tarde[11]. Así Bengoa fue el primero que, claramente, se pronunció en contra de la inmigración vasca. Luego, matizó algo sus recomendaciones. Eso sí, advertía sobre la posibilidad de sufrir enfermedades endémicas como el paludismo y, desde luego, debían abstenerse aquellos con “profesiones burocráticas”:

“Para encontrar trabajo en Venezuela o se trae dinero para iniciar empresas nuevas o desconocidas en este país, o fatalmente hay que lanzarse al interior en busca de trabajos que casi nunca quieren los venezolanos. Y claro es, la lucha en el interior es bastante dura, máxime teniendo en cuenta la insalubridad que existe. (…) Desechar con empleables todas las que signifiquen una actividad burocrática, como por ejemplo empleados de banca, abogados, etc”[12].

De izquierda a derecha de pie José Domingo Arana-Pedro Albizu-Pedro Basaldua-Gabino Artolozaga-Emilio Abando sentados de izquierda a derecha José Luis Irisarri-Esteban Urquiaga(Lauaxeta)-Andres Arambalza.

En plenas negociaciones, Andrés de Arambalza[13] escribía a su amigo Pedro de Basaldúa insistiendo en recomendar:

“Interesanme mucho estos detalles sobre todo el inmigratorio, porque tengo entendido que se quiere llegar a un acuerdo con Venezuela. Mi modesta opinión sobre este particular es que sería un verdadero crimen que nuestra gente viniera a esta como inmigrantes, con decirte que el noventa y nueve por ciento de los venezolanos tienen los defectos de los españoles y ninguna de sus virtudes queda dicho todo. Añadiéndole a todo esto el clima con todo tipo de enfermedades que le caracteriza al trópico, no faltando las venéreas, se dice que el 75% de los naturales están sifilíticos, solamente este último detalle sería más que suficiente para pensar seriamente sobre la responsabilidad que supondría para nuestras autoridades tan inmigración. No dudo que habrá alguno de los nuestros que, guiados por interés particular, pretenda llevar a cabo tan cacareada “Inmigración Vasca”, en fin, de todo esto podría informar mejor que nadie el amigo Agustín que conoce perfectamente a Venezuela y a los venezolanos”.

El 25 de febrero de 1939, Ramón de la Sota Mac Mahon, uno de los delegados del Gobierno Vasco en Nueva York, escribió al presidente Aguirre: “Hace pocos días vino a visitarme de Venezuela un amigo mío inglés, Mr. Dempster, que estudió conmigo. Antes fue miembro del Cuerpo Colonial inglés dejándolo para venir a trabajar a la ‘Shell Mex’ a este Continente. Mr. Dempster, que conoce Euzkadi y nuestro problema, habiendo leído casi todo lo que se publica en castellano sobre el movimiento nacional vasco, nos dijo cosas muy interesantes sobre la inmigración vasca a ese país que a su juicio sería un desastre. Me prometió enviarme un estudio para enviárselo yo al Gobierno de Euzkadi. Según Mr. Dempster, las tres últimas inmigraciones, la de los alemanes, los canarios y los suecos han sido completos fracasos y los periódicos claman ahora por la inmigración vasca[14]”.

Arturo Uslar Pietri.

Pero, los contactos siguieron

En la primavera de 1939, Arturo Uslar Pietri fue nombrado director del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización, al que se incorporó, como subdirector, Simón Gonzalo Salas[15]. Ante las demandas existentes y desde el convencimiento de que una inmigración vasca sería útil para el país, Uslar accedió e, inmediatamente, se iniciaron las gestiones[16].

Las negociaciones en París las llevaron en un primer momento, por parte venezolana, Eduardo Monsanto, y el ya citado Simón Gonzalo Salas. Por parte vasca, se encargaron en un primer momento el vicepresidente del Gobierno Vasco, Jesús María de Leizaola, y Julio de Jauregui. Cuando los venezolanos restringieron el acuerdo al PNV, los representantes del Gobierno vasco se retiraron de las negociaciones, incorporándose miembros de este último partido. Posteriormente, y para acelerar la llegada de vascos a Venezuela, participaron en las negociaciones Abel Cifuentes Espinetti y Carlos Enrique Aranguren, este último había sido cónsul general de su país ante el Gobierno de la República española[17].

En el convenio se acordó “la emigración de equipos de diferentes especialidades, mediante la aceptación de condiciones económicas excepcionalmente convenientes y con garantías que se obligan a cumplir ambos contratantes[18]. Los exiliados salían de Francia con un contrato de trabajo por tiempo indeterminado. El Gobierno venezolano les anticipaba los gastos de viaje e instalación, comprometiéndose los vascos a reintegrar el montante de esos gastos en un tiempo prudencial. Por otro lado, en los acuerdos, constaba expresamente que los exiliados vascos no serían destinados a las colonias agrícolas del interior, en las que las condiciones de vida eran especialmente duras[19].

La puesta en marcha del convenio no estuvo exenta de dificultades. Por un lado, el cónsul venezolano en Burdeos, Guzmán, a quien los refugiados vascos llamaban Guzmán el Malo, cometió tal número de arbitrariedades que fue sustituido por su Gobierno. Este incidente hizo que muchos exiliados optasen por trasladarse a otros países[20]. Otras dificultades fueron de cariz político. Algunas organizaciones políticas vascas, especialmente los sectores cercanos al Partido Comunista y el ala izquierda del Partido Socialista criticaron el carácter partidista de la emigración vasca a Venezuela. En sus ataques, se distinguió el diputado socialista a Cortes por Guipúzcoa, Miguel Amilibia[21]. Este mismo problema, como veremos, se le presentó al delegado del Gobierno vasco en la República Dominicana, Eusebio María de Irujo[22]. En ambos casos, el presidente Aguirre se vio obligado a precisar la participación de su Gobierno en dichas negociaciones[23].

A principios del verano de 1939, concluyeron las negociaciones entre los nacionalistas vascos y el Gobierno venezolano, Al mismo tiempo, comenzó la selección de emigrantes.

Vascos a bordo del “Cuba” rumbo a Venezuela. En el centro, junto al capitán, el obispo de Alajuela, Costa Rica.

 

[1] Testimonio de Rafael Pizzani, Caracas, marzo, 1989.

[2] Simón Gonzalo Salas (1979), Microbiografía del Dr. Aguerrevere, Caracas: Ed. del Autor.

[3] Sanin (1981), López Contreras. De la tiranía a la libertad, Caracas: Ateneo de Caracas. vv. pp.

[4] Simón Gonzalo Salas (1938), Inmigración Vasca para Venezuela, Caracas: Impresores Unidos, p. 5

[5] Ibídem, p. 9

[6] Ibídem, p. 24 y ss.

[7] Luis de Aranguren (1955), Memorias de un exiliado vasco, México: Ed.Vasca, p. 504.

[8] Carta de Antón de Irala a José Antonio de Aguirre, New York, diciembre de 1938 (BSP- Basque Collection, University of Nevada-Reno).

[9] Además de los citados, antes de los viajes organizados ya se encontraban en Venezuela Joaquín de Carrandi y familia, Marcelino de Aguirrezabala y esposa, Angel María Rousse, Ander de Aranbaltza, Emilio de Barroeta, Martín, Pedro y Félix de Gaubeka, Antonio y Pablo de Urigüen, José María Benegas, José Luis de Lartitegi, José María Seminario, Severo Ceberio, Julián de Unzurrunzaga. Juan de Eguiraun y esposa, Francisco Badiola Lazkano, Andrés de Atela y familia, Fidel Fresnedo y esposa, Familia Miangolarra, Antonio Deusto, familia Valdivieso, Ramírez Olano, Carmelo de Arriaga, familia Sanjuán-Echevarrieta, Basilio de Llona o Martiniano de Alcorta.

[10] VV. AA., Nacionalistas (1903-1923), Bilbao: Alderdi, 1985.

[11] Luis Bilbao “La actuación de los médicos vascos en Venezuela” en 25 aniversario del Centro Vasco de Caracas, p.56 y ss.

[12] Carta de José María Bengoa al presidente de Solidaridad de Trabajadores Vascos, Sanare, Venezuela, 26-II-1939.

[13] Andrés Arambalza Castillo había nacido en Galdakao el 29 de enero de 1910. Muy activo en Juventud Vasca de Bilbao. Durante la guerra fue capitán en el Batallón MAI-Irrintzi Se exilió en Cambo-les-Bains y, en la primavera de 1938, inició gestiones para desplazarse a Idaho. No obtuvo los permisos y, entonces, decidió irse a Venezuela junto a otro refugiado, Emilio Barroeta (Carta de A. Arambalza a P. Basaldua, Cambo, 11-X-1938). Arambalza y Barroeta llegaron a Caracas el 8 de noviembre de 1938 (Carta de A. Arambalza a P. Basaldua, Cambo, 11-X-1938). Tras un tiempo de aclimatación, consiguó trabajo en la empresa de construcción de Manuel Chalbaud.

[14] Carta de Ramón de la Sota Mac Mahon a José Antonio de Aguirre, New York, 25 de febrero de 1939 (BSP-Basque Collection, University of Nevada-Reno).

[15] Testimonio de Arturo Uslar Pietri, Caracas, marzo de 1989.

[16] Ibidem.

[17] Testimonio de Ricardo de Maguregui, Caracas, marzo de 1989.

[18] Eusko Deya: 9, Buenos Aires, 30-VII-1939.

[19] Modelo de contrato (Archivo Maguregui, Caracas).

[20] Euzko Gaztedi, Caracas, noviembre, 1964.

[21] Carta de Miguel de Amilibia al Comité Central Socialista de Euzkadi (PSOE), Paris, 17 de febrero de 1940.

[22] Carta de Eusebio de Irujo a José Antonio de Aguirre, Ciudad Trujillo, 17 de marzo de 1940.

[23] Carta de José Antonio de Aguirre a Manuel de Irujo y José Ignacio Lizaso, New York, 30 de diciembr3e de 1941.