734 Zenbakia 2018-10-24 / 2018-12-02

KOSMOpolita

Paco Urondo, el corazón de la palabra

RECARTE, Sergio

Agitado, fecundo y apasionado fue el camino de la vida de este gran poeta, periodista, académico y militante político llamado Francisco Reynaldo Urondo, conocido por los amigos y familiares como Paco para diferenciarlo de su padre, Francisco Enrique.

Paco, el de la profunda sensibilidad hacia la escritura. El de la ternura y la lucha hacia una utopía posible. El que fue condenado al silencio y a la oscuridad durante dos décadas porque tuvo la osadía de convertirse en un revolucionario con todos los matices de luces y sombras que implica tamaña decisión.

Francisco Reynaldo Urondo nace el 10 de enero de 1930 en el interior de una sencilla casa de clase media en la ciudad de Santa Fe, siendo el segundo hijo de Francisco Enrique Urondo y Angélica Invernizzi, y el hermano menor de Beatriz. Su padre, un ingeniero, autor de numerosas investigaciones y profundamente comprometido con la docencia universitaria, había integrado desde 1924 el plantel de profesores de la Facultad de Química Industrial y Agrícola de Santa Fe del cual dependía de la Universidad del Litoral.

El abuelo paterno del poeta, Juan Francisco, provenía de Isaba, una de las siete villas perteneciente al navarro valle de Roncal, lugar de donde partió hacia Argentina siendo un jovencito. Muy pronto, su ingenio para los negocios lo llevó a ser dueño de un casino y empresario de una compañía de zarzuela. Al abuelo vasco Paco lo describe de esta manera en uno de sus relatos titulado Todo es: “tenía un buen apetito, amaba las mujeres y el tabaco y en su rostro delgado había una cicatriz, según decía, a causa de un colmillo de jabalí al que supo enfrentar, allá en los Pirineos”. Un abuelo que finalmente y en cierto modo, asienta cabeza al casarse con una andaluza: Enriqueta Liñan, bailaora de flamenco en los tablados de su pueblo y que había venido a Argentina como integrante de una compañía de zarzuela para nunca más regresar a España.

Paco se cría en la ciudad de Santa Fe y desde niño descubre el fascinante mundo de la literatura en la vasta biblioteca del padre. Además, tiene una hábil capacidad en representar, junto a su hermana, sencillas obras de teatros llevada a cabo en el patio familiar. También posee gusto por el dibujo, algo que hace con notable criterio para asombro de sus maestras. Un amigo de la infancia lo recuerda como: “una criatura bonita, un ángel sacado de los frescos de Miguel Ángel, muy simpático y que hablaba suavemente”. Terminada la escuela primaria, inicia los estudios secundarios en el Colegio Nacional “Simón de Iriondo” de Santa Fe. De manera paralela se apasiona con el mundo de la marioneta de la mano de Fernando Birri, impulsor del movimiento cultural El Retablo de Maese Pedro instalado en sus comienzos en el centro vasco Gure Etxea. Paco Urondo pasa a formar parte de ese grupo donde había músicos, recitadores, escenógrafos y poetas.

El vínculo de Paco con este ámbito cultural se interrumpe en 1947 cuando la familia se traslada a Buenos Aires. Allí se recibe de bachiller en el Colegio Nacional “Domingo Faustino Sarmiento”. Con 18 años alterna los estudios con un trabajo de oficinista en el Banco de Italia y Río de La Plata, pero lo que menos le interesa a Paco es manejar dinero. Con la excusa de iniciar estudios de Química Industrial y Agrícola en la Universidad del Litoral solicita ser trasladado a una sucursal del Banco Italia en Santa Fe, solicitud que es rechazada. Finalmente renuncia a su trabajo.

Ingresa en la facultad de Ingeniería Química, un tiempo después, se anota en Derecho, aunque va descubriendo el amor y la pasión hacia las palabras transportadas al campo de la poesía. Abandona ambas carreras universitarias, hace el servicio militar en Santa Fe y se casa el 18 de enero de 1952 en una sencilla ceremonia con la joven Graciela “Chela” Murúa, a la que conocía desde aquellas actividades culturales realizadas en El Retablo de Maese Pedro. Las relaciones con los padres comienzan a deteriorarse. Francisco le recrimina a Paco el abandono de los estudios universitarios, punto de partida de un vínculo complejo y áspero entre ambos.

En una carta al padre, Paco reafirma su postura y sensibilidad frente al mundo: “La vida en sí es maravillosa y yo quiero vivir alejado de la balanza de pesos, acciones y leyes y de una sociedad alimentada a sándwiches económicos… es por eso que tampoco quiero sacrificar los mejores años de mi vida en los estudios”.

Santa Fe lo asfixia, está convencido que la vida debe de vivirse en base a las ideas y los impulsos. La pareja toma la decisión de radicarse en Mendoza y allí, inesperadamente, el matrimonio toma un giro burgués, lejos de la bohemia y de las interminables reuniones con amigos soñadores y de buen beber. Paco consigue trabajo en una compañía de seguro y Graciela en un estudio jurídico. Esa tranquilidad económica en una capital de provincia dura poco, Paco y Graciela se ilusiona con viajar, de ser protagonistas de alguna actividad artística. En base a esos impulsos crean un retablo portátil con la finalidad de brindar obras de títeres destinadas a los niños. Con tres amigos, el matrimonio toma rumbo al norte y llegan a San Miguel de Tucumán donde tienen reconocimientos, como también, diversas actuaciones en la capital e interior de la provincia. El retablo de Bartolo, como así se denominan el grupo, se va afianzando con el apoyo del director de Cultura de la Municipalidad de la ciudad, pero esa felicidad dura muy poco. Todo finaliza de repente con la muerte de Eva Duarte, esposa del presidente Juan Domingo Perón. El país se enluta y el duelo nacional se extiende por varias semanas, por lo tanto las funciones públicas y artísticas son suspendidas. El Retablo de Bartolo entra en crisis, el grupo se disuelve y el matrimonio, frente a la difícil situación económica, regresa a Santa Fe.

El 14 de abril de 1953 nace Claudia Josefina Urondo, entonces deciden Paco y Chela, dirigirse a Buenos Aires. Se ilusionan una vez más con empezar otra vida.

Teatro y poesía

En la capital argentina Paco rápidamente consigue un nuevo empleo como corredor de libro de la editorial Losada. Ese trabajo le permite acercarse a la literatura y además tiene la oportunidad de viajar. Pero esta situación, alejado de la familia por sus obligaciones laborales, causa la primera crisis en el matrimonio. Los conflictos se resuelven con nuevos rumbos. Graciela y Paco van vivir a Ituzaingo, en las afueras de Buenos Aires por entonces una población de espacios abiertos y calles tranquilas. Ella logra un puesto de maestra en una escuela de Once, él comienza a trabajar en unas oficinas de Vialidad Nacional.

Ambos viajan diariamente a la capital y en esos años Urondo conoce a Jorge Enrique Móbili, un joven y brillante poeta porteño. Por intermedio suyo se acerca a personalidades de la poesía aglutinada en torno a la revista Poesía Buenos Aires, dirigida por Raúl Gustavo Aguirre y secundado por otros poetas. Es en esa revista donde da a conocer su poema titulado Gaviota, corría el mes de septiembre de 1953. Inmerso en ese mundo pleno de ebullición cultural y de creaciones literarias, Urondo publica: Historia Antigua, su primer libro de poesías. Texto que recibe disímiles críticas en los diarios porteños, en cambio en su ciudad natal Historia Antigua logra una mediana repercusión. Por entonces, junto con Rodolfo Alonso poeta, ensayista y traductor, pasa a integrar la redacción de la revista cultural Vigilia, una publicación creada por ex alumnos de la escuela Nº 3 José M. Estrada de la ciudad bonaerense de Merlo.

Al año siguiente Urondo escribe La Pericholi de tan solo veinte página que narra en forma de poemas y en lenguaje irónico las andanzas de Micaela Villegas, amante de Manuel de Amat y Vinent virrey del Perú durante el periodo colonial español. Las numerosas relaciones en los diversos campos del arte despierta el interés de la Universidad Nacional del Litoral hacia su persona. Urondo no tarda en ser convocado para ocupar el puesto de Director de la Sección Arte Contemporáneo, cargo que no duda en aceptar.

Desde ese puesto jerárquico, Paco encara una intensa labor acercando la cultura a los sectores populares e intentando que el arte, en lo posible, tome distancia de cualquier provecho económico-comercial. Absorbido en los diferentes proyectos que va gestando y poniendo en marcha, Paco recibe la noticia del nacimiento del segundo hijo, Javier, pero a partir de ahí, la relación entre los esposos comienza a resquebrajarse. Graciela le reprocha las largas ausencias fuera del hogar.

Finalmente la pareja decide separarse a comienzo de 1960. Urondo abandona su cargo como director en la sección de Arte Contemporáneo. Se instala nuevamente en Buenos Aires, no obstante la producción poética no se detiene. En 1961 publica un nuevo libro Lugares donde reúne poemas escritos entre 1956 y 1957. Al año siguiente conoce a Zulema Katz, una joven actriz proveniente de Santa Fe que tenía un hijo de un matrimonio anterior. Los dos alquilan una vieja casona en el barrio porteño de San Telmo. La amplísima vivienda no tarda en convertirse en refugio de amigos y desconocidos del ambiente artístico y cultural. Allí se habla de filosofía, literatura y, sobre todo, de política a causa de una realidad que se va tornando inhóspita y agresiva de la mano de los gobiernos autoritarios de turno.

Durante esa época Urondo, lentamente, entra en un proceso de conexión con el ámbito de la política pero por fuera de los partidos tradicionales. Lo conmueve la muerte del joven poeta peruano Javier Heraud, asesinado por la policía en la selva al formar parte de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional del Perú. “No importa, ya las van a pagar a todas; aunque no sea lo más importante cobrarles, vengarse… pero las van a pagar”.

En 1963, publica Nombres, en el que reúne todos los poemas escritos entre 1956 y1959. Para el escritor Pedro Orgambide, el que años más tarde terminaría exiliado en México, “Urondo entra en una poesía más abierta, más amplia, con una temática donde cabe la política y el amor, la ciudad, patria y el mundo”. Por su parte, el poeta y ensayista Horacio Salas observa en el libro una base poética “despojada totalmente de artificios retóricos, una poesía que utiliza las palabras cotidianas con la misma sencillez de un diálogo entre amigos”.

Durante la década del ’60 Urondo se sumerge en un periodo de intenso vértigo cultural y de infatigable labor artística y que va más allá de la poesía. Géneros como el cine, televisión, teatro, ensayo, narrativa lo tiene de protagonista. En el mundo cinematográfico debuta como coguionista en la película Pajarito Gómez. Luego hará la adaptación del cuento Noche terrible de Roberto Arlt. De manera paralela, la vinculación de Paco con el cine da como resultado unas series de notas periodísticas suyas analizando los distintos periodos del cine argentino, algunas de ellas publicadas en la revista Leoplan.

La televisión es por aquellos años otros de los espacios donde Urondo despliega su talento. Escribe libretos para diversos ciclos, Teleteatro para la hora del té, Buenos Aires insólitos, Historia de jóvenes y adapta tres clásicos de la literatura universal: Madame Bovary, Rojo y Negro y Los Maias.

A los 36 años, incursiona en la narrativa al publicar su primer libro de cuentos Todo eso formado por tres relatos. Al año siguiente da a conocer Al Tacto, texto situado entre lo narrativo y lo poético y que cosecha enormes elogios en la crítica especializada. De manera casi simultánea, en 1967, la prestigiosa editorial rosarina Biblioteca Popular Constancio Vigil saca a la luz Del otro lado, contiendo poemas escritos entre 1960 y 1965. En ese mismo año, Paco sorprende el ambiente poético con un riguroso y profundo ensayo titulado Veinte años de poesía argentina 1940-1960.

En el año 1969, plagado de revueltas y estallidos sociales contra la dictadura militar del general Ongania, Urondo termina de escribir su nueva obra de teatro, Archivo General de Indias, que se estrena tres años después en el Teatro del Centro una vez retornada la democracia al país. En Archivo… el autor repasa en forma fragmentada la historia de América Latina a partir de 1492, especialmente centrada en los movimientos revolucionarios y en las luchas populares por la liberación de América de los distintos imperios dominantes.

El abuelo paterno de Paco Urondo, Juan Francisco, provenía de Isaba.

Quiero denunciar…

El triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, causó un fuerte impacto en vastos sectores políticos, sociales y culturales en América Latina. Paco Urondo desde un primer momento se siente atraído por la causa cubana y pasa a la acción con continuas declaraciones a favor de la revolución encabezada por Fidel Castro. Se adhiere a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), formada en 1962 y realiza varios viajes a la isla, “territorio firme de América” como lo deja asentado en su poema Habana Libre. Viajes que le permite establecer relaciones directas con el ambiente cultural y político de la isla. Años después, la muerte del Che Guevara en Bolivia lo impacta enormemente. A escasos días de haber ocurrido el asesinato del líder revolucionario, la dirección de la revista cubana Casa de las Américas le pide un texto en homenaje al guerrillero heroico en el cual Paco volcaría el dolor y bronca por la pérdida hacia quien considera: “su hermano mayor”: No hay serenidad en sus palabras: “Siento bronca, mucha bronca, mucha rabia, tristeza, ganas de llorar o de gritar como un burro perdido en la sierra. Es mi hermano mayor, el único que me quedaba y lo seguía, claro que lo seguía…”. Después larga una frase de una terrible premonición: “Yo pienso que si él ha muerto así, nosotros, hombres de su generación, también terminaremos de mala manera, derrotados o con un balazo trapero y con los ojos bien abiertos…”.

Urondo comienza a militar en Malena (Movimiento de Liberación Nacional) en 1968 y es invitado a colaborar en el periódico de la CGT de los argentinos dirigido por Rodolfo Walsh. Abandona el grupo encabezadopor Ismael Viñas y se vincula con el núcleo fundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) -que terminaría fusionándose con la organización político-militar Montoneros-, a la que también pasaría a formar parte. El fuerte compromiso político- militante del poeta, irremediablemente derivó en la ruptura con Zulema Katz porque la militancia y la política habían pasado a ser preferenciales en las actividades de Paco. Su vida social fue cambiando y no tarda en tomar distancia con todo lo que tiene que ver con el mundo artístico y bohemio. Un mundo donde sí estaba plenamente insertada Zulema como actriz de cine, teatro y televisión.

Cuando Jacobo Tirmeman funda La Opinión a principios de los ’70, Paco Urondo pasa a formar parte del selecto grupo de periodistas que conforman la redacción del diario. Para entonces va dando forma a una novela donde se propone narrar las historias de aquellos héroes anónimos durante la etapa revolucionaria que comienza tras la caída del gobierno peronista y que culmina en el Cordobazo, insurrección popular ocurrida en mayo de 1969 en la capital de Córdoba. Libro que se publicaría en 1973 con el título de Los pasos previos. Cortázar daría su opinión sobre el texto: “Pertenece al tipo de novela muy abierta y en la que el espléndido poeta que es Urondo se turna sin esfuerzo ni violencia con los dones de narrador; libro documental si los hay…”.

Urondo inicia una nueva relación sentimental, esta vez con Lidia Ángela Mazzaferro militante de la FAR, organización en la cual ya estaba integrada su hija Claudia. Al mismo tiempo acepta la propuesta de Ediciones de la Flor de reunir todas sus obras en un solo libro bajo el nombre Todos los poemas 1950-1970.

En la madrugada del miércoles 14 de febrero de 1973, cuando transcurría lo últimos días del gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse, Lidia y Paco caen detenidos juntos a otros compañeros del FAR durante un procedimiento militar llevado a cabo en una casa en Tortuguitas, provincia de Buenos Aires. De inmediato se despliega una intensa campaña para pedir por su liberación en la que participan el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), la Sociedad Argentina de Escritores y personalidades políticas, intelectuales y artísticas. En los muros de la ciudad de Buenos Aires aparecen pegados afiches con el retrato de Urondo portando alas pidiendo por su libertad.

Los detenidos pasan unos días en una comisaría y luego son trasladados a la Cárcel de Devoto. A un paso de llevarse a cabo las elecciones y con ellas el fin de la dictadura, Paco escribe desde su celda “Pronto saldré en libertad porque así lo ha determinado el pueblo y el General Perón, el futuro presidente del gobierno popular”. También explica el compromiso suyo con la poesía y la política: “Poética en griego quiere decir acción, en este sentido no creo que haya demasiadas diferencias entre la poesía y la política… por la poesía, por la necesidad de usar las palabras en toda su precisión y significación he llegado al tipo de militancia que actualmente hago”.

En la prisión su creatividad poética es un manantial inagotable. “Del otro lado de la reja está la realidad/ de este lado la reja también está la realidad/ la única irreal es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien/ si pertenece al mundo de los vivos/ al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías/ o al mundo de la vigilia, al de explotación o/ de la producción…”.

En las primeras horas del 26 de mayo de 1973, dos meses después de celebrarse las elecciones que consagró presidente a Héctor Campora del Partido Justicialista, todos los presos políticos fueron liberados. Una muchedumbre ansiosa y exultante se agolpa en las inmediaciones de la cárcel de Devoto en un día histórico. Un amigo de Urondo, el escritor y periodista Miguel Bonasso, narra el momento: “Escoltados por la muchedumbre que no para de aplaudir, con sus bolsos al hombro como conscriptos en día de franco, los combatientes abandonan Devoto en fila india. Divisamos a Paco que está preso desde febrero. Se me hace un nudo en la garganta al ver mi compadre, el camarada euskaldun y bestia… cuando lo abrazo, lo siento frágil, digno de ser protegido por todos nosotros. Como los otros combatientes”.

Trascurrido apenas dos semanas de su salida de la cárcel, Paco tiene la inmensa alegría de ser abuelo por primera vez. Acaba de venir al mundo Sebastián hijo del matrimonio de Claudia Urondo y Mario Koncurat. Urondo no se detiene, continúa escribiendo y militando desde su ideología peronista al llegar a la conclusión que es la única fuerza política capacitada, por el enorme apoyo popular, de llevar adelante una transformación en Argentina: “No se puede pensar en un proceso revolucionario sin el peronismo”.

En agosto de 1973, da a conocer un nuevo libro: La patria fusilada basado en entrevistas a los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew ocurrida 22 de agosto de 1972 donde son asesinados 16 militantes peronistas y de izquierda en las celdas de la Base aeronaval Almirante Zar. Los 60.000 ejemplares de la primera edición se agotan rápidamente.

A mediado de ese año es nombrado decano de la Dirección del Departamento de Letras dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cargo que tiene que abandonar a los cuatro meses al renunciar el rector Rodolfo Puiggrós por las presiones de sectores conservadores en el ámbito de la educación. Hay indignación frente a los objetivos planteados por Puiggrós: “Debemos de lograr una revolución cultural desde los mismos cimientos y exterminar el colonialismo intelectual”.

Las acciones propias de la militancia cargada de riesgos y el tiempo que le asume su imparable producción poética no son obstáculos para que Urondo continuara ejerciendo esa seducción innata tan característica en su personalidad. A pesar de la convivencia con Lilia Mazzaferro, comienza otra relación amorosa con una periodista del diario Noticia del cual forma parte como secretario de redacción. Se trata de Alicia Cora Raboy, militante del peronismo combativo y dieciocho años más joven que Paco. El 28 de junio de 1975 nace la hija de ambos, Ángela, que por hallarse en plena clandestinidad y por cuestiones de seguridad, no pudieron reconocerla legalmente. Un mes después, Urondo redacta su testamento donde reconoce a Ángela como única heredera de todo cuanto ha escrito “Mis bienes no son otros que los derechos de autor provenientes de las obra literarias”.

El adiós

El golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, marca el inicio de una escala represiva sobre la población sin parangón en la historia del país. Las tres fuerzas armadas, las distintas fuerzas de seguridad y los grupos parapoliciales de diversas índoles se lanzan a una feroz y encarnizada cacería sobre activistas y opositores. Los secuestros, detenciones y ejecuciones son el agrio pan de cada día.

En el momento del derrocamiento del gobierno de Isabel Martínez de Perón Paco, que ya había haber dejado el staff del diario Noticia, pasa a ser parte del equipo de periodistas de la revista Informaciones, una publicación cercana a la izquierda peronista que tuvo muy corta vida por las condiciones de clandestinidad imperantes. En mayo de 1976 la conducción de Montoneros le ordena a Urondo viajar a Mendoza para reorganizar a los militantes muy golpeados por la represión. La misión conlleva un alto riesgo y el propio Urondo es consciente del peligro, no obstante acata la decisión pese a las serias discrepancias que tiene con la conducción. El poeta militante junto con un grupo de oficiales no están de acuerdo con la estrategia que lleva Montoneros, convencidos que por ese camino van a una inevitable derrota.

Su hermana Beatriz cuenta que el padre le ofreció dinero a Paco para que se marchara del país y así salvarse. “No soy de los que se van” dice que respondió, además me dio muchas recomendaciones para que cuidara a nuestros padres y a los hijos”. También tiene un encuentro Graciela Murúa, su primera mujer. Ella percibe enseguida que algo malo iba a sucederle. Años más tarde confesaría: “Estaba preocupado, los ojos siempre vivaces lo tenía como apagados. Me cuenta que debe ir a Mendoza, justamente allí donde habíamos vivido, que no fuera identificado era algo imposible. A Paco lo mandaron al muere”.

Días antes de viajar a Mendoza, Urondo organiza algunos encuentros para despedirse de los amigos. Sentía que podía ser la última vez que compartiera una comida y unos vasos de vino con ellos.

Al arribar a Mendoza no encuentra el apoyo logístico que se le había prometido. Días después llega su compañera Alicia con la hija de ambos y alquilan una casa. Se aproxima el 28 de junio, fecha del primer cumpleaños de Ángela, ambos están ilusionados. Durante las noches se afanan por amarse hasta que en las faldas de las montañas se asoma la siniestra claridad de otro día.

El 17 de junio de 1976, por la tarde, Urondo y Alicia asisten a una cita de control de montoneros en el departamento de Guaymallén, a cinco kilómetros del centro de Mendoza. La pareja, junto a la beba se traslada en un coche y en el camino se incorpora otra militante Renné Haualli, apodada “La turca”. En la proximidad de la cita, Paco comienza a sospechar que la zona está vigilada por policías camuflados. Intuye que la cita está “envenenada”, algo que confirma la “turca” cuando ve un automóvil particular con policías en el interior y a un compañero que había sido secuestrado días antes. Emprenden la huida, se inicia un tiroteo y son acorralados. Paco es alcanzado por varios disparos y rematado con un tiro en la cabeza, Renné logra huir con la ayuda de un vecino pero Alicia con la hija en los brazos es capturada. Hasta el día de hoy continua desaparecida, en cambio la pequeña Ángela, semanas después, logra ser recuperada por familiares.

Renné Hualli, que logró sobrevivir al accionar del Terrorismo de Estado, evaluaría que Paco eligió ofrecerse como blanco para sus perseguidores para que ellas pudieran escapar: “Paco detuvo el coche en plena persecución y nos confesó que se sentía mal porque había tomado la pastilla (cianuro) y que tratáramos de escapar a pie, más bien nos obligó a salir”.

Los restos, luego de infinitos contratiempos, pueden al fin ser recuperados por su hermana Beatriz y llevado a la bóveda de la familia en el viejo cementerio de Merlo, con la condición impuesta por el ejército que no debería ser registrado como Francisco Urondo. Cuando los pocos familiares están dando el último adiós al poeta, en un operativo audaz y altamente riesgoso, un grupo de amigo y militantes bajan de un autobús y colocan una placa con la siguiente inscripción: “Compañero Paco Urondo, ¡Presente!”.

Cuando se van, en el lugar sobrevuela por un tiempo, entre cipreses y tumbas, el eco triste y nervioso de los versos que un compañero había recitado a las apuradas. Precisamente aquel poema de Paco que nos dice y nos confirma:

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe…

FUENTES

Anguita Eduardo y Caparrós Martín, La voluntad, tomo I y II, Sello Booket, Bs As, 2007.
Urondo Paco, La Patria Fusilada, Edición digital (2007) El Ortiba, www.elortiba.org
Urondo Paco, Todos los cuento, Editora Adriana Hidalgo, Bs As, 2011
Urondo Paco, Obras periodística, Editora Adriana Hidalgo, Bs As, 2012
Montanaro Pablo, Francisco Urondo, la palabra en acción, Homo Sapiens Ediciones, Rosario, 2003.
Urondo Beatriz y Amato Germán, Hermano, Paco Urondo, Editorial Nuestra América, Bs As, 2007
Colección Antológica de Poesía Social, Entre los poetas míos, Francisco Urondo, Biblioteca virtual Omealfa.
Francisco Urondo, Poemas de batalla, Seix Barral, Biblioteca Breve, Bs As, 1998