687 Zenbakia 2014-07-02 / 2014-08-06

Gaiak

Ateak Zabalduz / Abriendo Puertas / Ouvrand des Portes

GUTIÉRREZ, Juan Miguel



Hace tiempo que inicié a través de la herramienta comunicativa que mejor domino, el audiovisual y dentro de él, más en concreto el documental de creación, un acercamiento a grupos humanos que son perfectamente desconocidos para la inmensa mayoría de la gente que los contempla.

Fruto de este desconocimiento surge el recelo, la desconfianza, los prejuicios hacia la opción de vida que representan. Ante mi cámara han pasado grupos humanos de gran altura y dignidad pero que a causa de los prejuicios con que la sociedad los mira y cataloga tienen mala fama o simplemente son relegados al ostracismo, dadas sus opciones de vida al margen de los cauces establecidos.

Mis películas empatizan, valgan estos humildes ejemplos, con los músicos que tocan en nuestras calles “Isiltasun Kalea” (2006), con los que fueron habitantes de pueblos abandonados “Bozes Lexanas” (2005), los africanos y los tópicos que se asocian a su situación socio política “Motema na ngai” (2008), las víctimas por la contaminación por amianto “La Plaza de la Música” (2010) o los presos comunes en sus problemas de reinserción social “Mur-mur” (2012).

“Ateak Zabalduz” es un largo metraje documental que pretende, como su mismo título indica, abrir puertas a la mente ante la realidad del mundo OKUPA, un movimiento que influyó poderosamente en las décadas de los 70 y 80 del pasado siglo entre jóvenes inconformistas que luchaban por nociones tan básicas para el desarrollo humano y social como son el ecologismo, el antimilitarismo, el autoritarismo, etc. potenciando valores como la solidaridad, el pacifismo, el respeto a la madre tierra, la autogestión, el derecho a techo, en una lucha decidida contra el capitalismo y las ideologías totalitarias.

ATEAK ZABALDUZ / ABRIENDO PUERTAS - Trailer from Zazpi T'erdi on Vimeo.

Estas opciones han perdurado en el tiempo y hoy en día lejos de haberse agotado se presentan con más fuerza que antes potenciadas por las crisis económicas que lastran a las capas más débiles de nuestro tejido social. Hoy en día la okupación de una vivienda no es sólo una cuestión ideológica de lucha contra la propiedad privada, sino una solución práctica a un problema social, particularmente acuciante para los jóvenes.

Las nuevas tendencias que promueven la okupación han perdido por lo tanto, en muchos casos la ideología que sustentaba a los pioneros y se han convertido soluciones prácticas sin excesiva carga ideológica que las sustente.

Antes y hoy sin embargo, los prejuicios ante estas opciones de vida persisten. Las primeras imágenes que nos vienen a la mente son las de jóvenes airados derribando con furiosas patadas las puertas de las casas que van a ocupar, policías que cargan con violencia, casas que los okupas decoran con grafitis de una estética fuera de los cánones del gusto dominante. El fantasma de la droga y la asocialidad planea asimismo sobre esas casas que son consideradas como centros de consumo cuando no de distribución.

Cuando yo me acerque con mente abierta y deseo de saber a estos colectivos me he encontrado con una realidad diametralmente opuesta a lo que mi generación consideraba como características esenciales de estos colectivos.

Seleccioné dos pueblos pequeños de Oarsoaldea: Lezo y Oiartzun y en ellos encontré 6 casas okupadas: Txerrimuño y Lobato Etxea en Lezo, Minas de Arditurri, Goiko Eskola, Mosa y Urkabe Baita en Oiartzun. Algunas de ellas llevaban 30 años de okupación y actividad, otras habían nacido en el curso de los últimos 5 años. Me acerqué a ellos, les seguí en su día a día, me senté en una mesa para que me contaran sus experiencias, sus motivos, sus perspectivas de futuro. Me abrieron con generosidad las puertas de sus vidas, no a patadas sino con delicadeza. Decidí explicar al mundo que me rodea, a través del documental, cómo son, qué pretenden, qué testimonio dan a nuestra sociedad, cómo manejan la utopía para cambiar el mundo. Descubrí asimismo que no era un movimiento monolítico. Eran muy distintas unas de otras y, aunque existiera una afinidad afectiva evidente entre todos, estaban muy lejos de ser homogéneas en actividades o estrategias. Me quedé entusiasmado con su estética manifestada en los grafitis con que decoran sus casas o en la música y poesía que crean. Decidí explicar al mundo que me rodea, a través del documental, cómo son, qué pretenden, qué testimonio dan a nuestra sociedad, cómo manejan la utopía para cambiar el mundo.

Foto: www.ateakzabalduz.com

Una barrera ideológica y afectiva estaba cayendo ante mí. Entendí sus motivos, descubrí que los postulados que defendían eran ideologías que ya existieron hace años y que creíamos olvidadas por la historia, arrastradas por la dinámica vencedores-vencidos. No habían desaparecido y renacían con fuerza a través de estos jóvenes que las hacían suyas. Ideologías de corte libertario, anarquista, perfectamente encarnadas en la realidad socio política de Euskal Herria.

En este sentido me apetece finalizar estas líneas recordando una doble anécdota que afecta por un lado al rodaje y, por otro a un visionado del documental.

Durante una de mis conversaciones grabadas para el documental una comunicante me contó fuera de cámara una anécdota ligada al personaje de la conocida miliciana anarquista Casilda Hernáez. Esta mujer estableció, durante la Guerra Civil española, su grupo de guerrilla en Peñas de Aya. Cuentan que, ya mayor y con la cabeza algo perdida, que le acercaron al paraje donde luchó y vivió. Al reconocer el lugar, visiblemente emocionada preguntó: ¿Dónde están los míos?

Esta anécdota cierra el documental y así se la proyecté en un preestreno a los habitantes de las seis casas que habían participado en él. Al terminar la proyección una persona que había vivido en Minas de Arditurri recordó emocionada la figura de una viejecita que un buen día se acercó a la casa okupada y les regaló unas mantas. Era la miliciana Kaxilda que por fin, reconocía a “los suyos”.