529 Zenbakia 2010-04-23 / 2010-04-30

Gaiak

Los Oraá vizcaínos en el siglo XIX

PÉREZ DE LABORDA, Alberto



La familia Oraá empieza a documentarse en Zumárraga, en Guipúzcoa, en el siglo XV en una gran casería, así se llama en la documentación antigua al conjunto de edificios grandes y pequeños que hoy diríamos llegan a formar un caserío en su conjunto, que pronto se separó en dos ramas aunque siempre hayan tenido mucha relación entre ellas, la de Oraá yuso, los de abajo, Oraazpikoa, y los Oraá suso, los de arriba, Oraagoikoa; y allí siguen, en el barrio de Aramburu, ambos caseríos.

En el XIV Symposium sobre Bilbao celebrado recientemente se pasa revista a dos de los personajes de esta gran familia que colaboraron con su trabajo al desarrollo industrial y social del Bilbao del siglo XIX, Juan Angel de Oraá Ochoa de Yara y José Manuel de Oraá Aizquivel. Juan Angel, nacido en Zalduendo de donde era su madre, y con un padre nacido en Zumárraga, casó al final del siglo XVIII con María Francisca Burgoa y Ruiz de Velasco, viuda del mercader Pablo Acha Abendaño, y por ello muy relacionada con el comercio de la villa. Juan Angel desempeñó un papel importante en el comercio de la villa, en especial con las mercancías que provenían de las Indias —azúcar y cacao principalmente—, unas tierras que él conocía bien porque había estado en Caracas durante seis años antes de llegar a Bilbao. Demostró su hidalguía ante el concejo y consulado de Bilbao, por lo que participó activamente en el comercio de la villa, no solo como mercader sino también como hombre bueno en pleitos habidos entre sus convecinos y en la tasación de averías para las compañías de seguros. Falleció en Bilbao mediado el siglo XIX; solo tuvo dos hijas, y una de ellas falleció soltera, por lo que su descendencia fue escasa y residente en Madrid por lo que se puede decir que esta rama familiar ha desaparecido de Vizcaya con el paso del tiempo.

Escudo de Oraa, conservado en el museo de San Telmo de Donostia-San Sebastián.

Por el contrario son numerosos los Oraá que viven en la actualidad en Vizcaya y que son descendientes de José Manuel de Oraá Aizquivel, un ingeniero industrial nacido en Ichaso, un pueblecito cercano a Zumárraga de donde era su madre, que llegó a Bilbao para ejercer su profesión en el momento en que empezaba la gran expansión industrial de la segunda mitad del siglo XIX. Hijo de un notario, su posición económica le permitió ir al Real Colegio de Vergara para hacer sus primeros estudios, y a Madrid para hacer la carrera de ingeniero industrial, de donde marchó a Bilbao para participar en el desarrollo económico y social de la villa. Sus trabajos se desarrollaron principalmente en las minas de La Arboleda pertenecientes a la familia Ibarra, en el proyecto del ferrocarril de vía estrecha que desde Bilbao llega ahora a León y al que habitualmente se llama Ferrocarril de la Robla y en planteamientos urbanísticos que colaboraron en el encauzamiento de la margen izquierda de la ría que dieron lugar a rencillas entre los ayuntamientos de Santurce o Portugalete. Estos planos se conservan como si estuviesen recién hechos, con el clásico color azul muy intenso del ferroprusiato, en el archivo de la diputación de Vizcaya, en el archivo histórico del BBVA de Zamudio —donde se conserva numerosa documentación del Ferrocarril de La Robla—, y en la Farmacia Oraá de Santurce cuyos titulares son descendientes directos de Félix, el hijo pequeño de José Manuel de Oraá Aizquivel.

José Manuel casó en Zumárraga en 1870 con María Ignacia Mendía para formar una gran familia ya que tuvieron no menos de doce hijos, más alguno que se quedó por el camino; los primeros hijos nacieron en Zumárraga y los últimos en Santurce donde establecieron su residencia de una forma definitiva después de haber pasado por Portugalete y Baracaldo. Y sería en Santurce donde habrían de morir tanto José Manuel, en 1906, como María Ignacia, en 1908.

Los descendientes de esta pareja, José Manuel y María Ignacia, han participado con fuerza en el desarrollo industrial y empresarial de Vizcaya. El mayor, José Manuel de Oraá Mendía, abogado, terminaría siendo duque de la Victoria como heredero del título concedido por don Carlos a las hijas de don Tomás de Zumalacárregui, era síndico de la bolsa de Bilbao en los años 1917-1919 en lo momentos difíciles posteriores a la primera guerra europea —lo que le causó graves preocupaciones—, vivió casi cien años entregado al trabajo, a su numerosa familia y al ejercicio de prácticas piadosas. Félix Oraá Mendía, ingeniero industrial por la escuela de Bilbao, ejerció su profesión en los Altos Hornos de Vergara, de donde pronto pasó a los de Vizcaya de donde llegó a ser director técnico. Habría de casar con María Dolores San Martín Sota, de una importante familia encartada; su descendencia es abundante, al igual que la de su hermano José Manuel, y al contrario de su hermano Félix, el pequeño, que se hizo farmacéutico en Santiago de Compostela y estableció en Santurce una Farmacia Oraá que todavía esta regentada por sus descendientes. Los descendientes de hermanos Oraá Mendía han ido formado, a caballo entre los siglos XIX y XX, unas familias —Gondra, Delclaux, Moyúa, Sanz, Zubeldia— que se han relacionado con el mundo empresarial y financiero del Bilbao del último siglo.

Varios de los hijos de José Manuel y María Ignacia acudieron a la llamada de Dios y dos se hicieron sacerdotes y tres hijas profesaron en la por entonces recién creada congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón. Estos dos hijos sacerdotes tienen una particularidad, que no es corriente, que ambos tienen una calle a su nombre pero en diferentes ciudades y provincias. Antonino de Oraá tiene una calle en Zumárraga, donde nació, y Jenaro en Santurce, donde fue muchos años párroco de Santurce y promotor de la procesión de la Virgen del Carmen que da comienzo con la partida de la Virgen del muelle en el que hay un monumento en cuya base hay un medallón con su efigie.