501 Zenbakia 2009-09-25 / 2009-10-02

Gaiak

Morokil y aixe

AGUIRRE SORONDO, Antxon



Goizean behin nik ekarriko esnea zure amari, amatxok gero egingo deutsa aixa semetxoari

(“Actto para la Noche Buena”. Pedro Ignacio de Barrutia. XVIII)

Gachas con miel a todos saben bien.

(Refrán popular)

No hay duda de que la primera forma de consumo de granos por parte de nuestros lejanos antepasados, fueron crudos, tal y como se los proporcionaba la naturaleza. Posteriormente descubrieron que moliéndolos con piedras podían transformarlos en harina, la cual consumirían cruda, o disolviéndola en agua. Cuando lograron dominar el fuego calentarían dicha papilla, y al domesticar los animales, introdujeron la variante de disolver la harina en leche.

Estamos pues ante las formas más primitivas del consumo de cereales, en forma de papillas o gachas. Morokil

Se entiende como morokil, en castellano polenta (del latín pulte, puré o papilla), a una crema o papilla espesa que se confeccionaba con harina de maíz cocida con agua y sal, y que a la hora de comer se añadía leche caliente. En algunas casas se hacía con harina y leche en lugar de agua. Era de más categoría (recordar que incluso la leche se auto-racionaba en los caseríos) pero también más rica. Algunos la endulzaban con miel.

Para prepararla se ponía un recipiente con agua y un poco de sal al fuego y se iba añadiendo la harina poco a poco con una mano, mientras con la otra se batía para evitar que se formaran grumos. Se le suele dejar hasta que hierva, ya que tiene que engordar y quedar como una papilla, tras lo cual se retiraba del fuego, para ponerlo en una fuente. Se sirve fría, aunque algunos la consumían en una taza, añadiendo según los gustos, agua o leche caliente.

En algunas zonas de la península con la harina (generalmente de maíz) y agua de miel se hacían “hormigos” y sopas de harina con leche caliente y, si no había medios, con agua. En algunas casas se añadía un poco de aceite. A veces antes se tostaba la harina en una sartén.

Solían cocer unas remolachas azucareras de las que se cultivaban para la fábrica de azúcar para usar su agua para hacer los “hormigos”.

Era un alimento típico de los desayunos y cenas.

Foto: jlastras. Aixe

En otras zonas llaman aia y en castellano gacha o farineta. Es igual que en el caso antes citado, pero con harina de trigo y azúcar. Se considera un postre de mayor valor que el anterior, por lo que se hacía para los domingos, en este caso con leche. Se ponía en un cazo la leche, la harina (cuidado con que no se formaran grumos, como hemos explicado en el caso anterior) y el azúcar y se dejaba hervir, tras lo cual a fuego bajo se tenía otra media hora. Cuando estaba fría se adornaba con canela por encima. Proporciones: para cada litros de leche, 60 gr. de harina y 300 gr. de azúcar.

En algunas poblaciones de la península hacen las gachas con harina cocida con agua y sal, que a veces aderezan con leche, miel u otros aliños.

Como curiosidad diremos que los romanos eran tan aficionados a ellas, que incluso en aquellas fechas se les insultaba llamándoles “comedores de gachas”, y es que en Roma la harina era de tan mala calidad que no permitía hacer la panificación, por lo que su consumo era haciendo platos semi-líquidos, como la mola salsa o la puls, hoy popularizada como polenta (gachas de harina de maíz).1

En la zona montañosa de Italia aún se consume una papilla confeccionada con harina de castañas. Proporciones: ½ kg. de harina de castaña; 1 litro de agua y una pizca de sal. Se le considera un alimento muy energético.

1 FLANDRIN, Jean-Louis y Máximo MONTANARI. Ob.Cit. P. 210.