249 Zenbakia 2004-04-02 / 2004-04-16

KOSMOpolita

Francisco Igartua Rovira: "He tenido una vida muy agitada, y no me he integrado en ningún sitio"

VELEZ DE MENDIZABAL AZKARRAGA, Josemari

Francisco Igartua Rovira: "He tenido una vida muy agitada, y no me he integrado en ningún sitio" Josemari Velez de Mendizabal

Jatorrizko bertsioa euskaraz

Desde que nació en el pueblo Aija de los Andes (1923-09-05), la vida de Francisco Igartua Rovira ha sido muy movida, a veces voluntariamente y -muchas- dependiendo de la situación política de cada momento. Este americano con procedencia en Oñate me ha acogido en su enésimo viaje a Euskal Herria en el caserío "Berotegi" del barrio Goribar de Oñate, donde nació su padre. Agradable y rico conversador, ha sido un verdadero placer poder entrevistar a Igartua cara a cara, aún conociendo sus obras de antemano. ¿Cómo surgió en usted el acercamiento a Euskal Herria? De imprevisto. Aunque sabíamos que nuestro padre era vasco, después de que muriese perdimos el rastro de nuestra familia. A raíz de su muerte en 1931, mi madre intercambió algunas cartas con la hermana de él. Pero a raíz de la guerra española se perdió todo contacto. Mi hermana vivía en Italia, y en 1951 marchó a Barcelona, para visitar a la familia de mi madre, y aprender cerámica. Estando allí se le ocurrió acercarse a San Sebastián, donde vivía un tío nuestro. Ramón Rovira, era director del Banco Santander, y a raíz de él supo mi hermana que la tía que se escribía con mi madre, Juanita Igartua, era la ama de llaves de la familia Churruca. Mi madre había muerto para entonces, y nosotros asumimos la responsabilidad de estrechar lazos con la familia. Y así hasta hoy. ¿Cómo y cuándo se fue su padre a Perú? Después de finalizar el servicio militar, alrededor de 1908. Le llamó un tío que él tenía en El Callao, para casarle con una hija suya. Por lo visto pasó unos cuantos meses en un terrible viaje y para cuando llegó a su destino, encontró al tío loco, puesto que su hija había huido con un peruano. Por lo tanto, mi padre tuvo que empezar sin ninguna ayuda con su nueva vida, y además sin saber casi nada de español.

Se marchó junto a otros vascos a las tierras de San Damián de los Andes, con la intención de plantar árboles frutales. Trabajaron duro, pero fracasaron, ya que el proyecto anunciado por el Gobierno de la construcción de un camino hasta el lugar prometido, no se realizó, y los gastos eran demasiado altos para hacer frente a la explotación. Por desgracia mi padre murió al poco tiempo, cuando yo aún era un niño. Para entonces vivíamos en El Callao, mi madre y nosotros, tres hermanos y hermanas. Con la desaparición de mi padre nos trasladamos a Santiago de Chile, esperando un futuro mejor. Entonces recordará poco sobre su padre... Casi nada. Eso quiere decir que me venía de lejos el sentimiento de ser vasco, era superficial. Como rareza, cuando nos mudamos a Santiago de Chile, tuve que convalidar los estudios cursados en El Callao en la escuela de los maristas de Santiago. Y por lo visto, el fraile que trabajaba con los exámenes era vasco, ya que las dos preguntas que me hizo en matemáticas fueron, ¡dónde se encontraba el Golfo de Bizkaia y cuáles eran las provincias vascas! Francisco Igartua junto a su hijo. ¿Cuándo regresó a Perú? Era momento de comenzar en la universidad, 1940. Se me ocurrió ir a la Universidad Católica de Lima, para cursar estudios de derecho. Pero al mismo tiempo de empezar, se me fueron las ganas de convertirme en abogado, y continué por el camino de las letras... Pero también dejé aquello, y decidí dedicarme al periodismo, mi verdadera vocación. Empecé en el periódico "Jornada", escribiendo crónicas nocturnas de la ciudad. También trabajé en "La Prensa". Por lo que sabemos, pronto siguió su camino con signo propio... Sí, así es. En 1950 creé la revista Oiga. Trabajábamos sobre información general y sobre todo críticas políticas. Me dieron el premio de la cárcel, y la deportación. Me enviaron a Panamá, pero me fui a un congreso de escritores que se celebraba en Chile y allí Curcio Malaparte y Camilo José Cela de por mediose le pidió mi regreso al Gobierno peruano. Dos escritores me acompañaron hasta Lima y me refugié en el periódico "El Comercio", hasta que me autorizaron quedarme en Perú.

Entonces di cuerpo junto a Doris Gibson, a la revista "Caretas", pero en 1963 decidí volver a publicar "Oiga", y lo hice. La primera etapa de la nueva temporada duró cinco años, ya que en 1968 lo cerró el Gobierno por unos cuantos meses. Pero la persecución sufrida en 1974 me llevó a emigrar a México.

Con la ayuda de Garcia Urteaga del "Euskal Etxea" de México, y gracias a Vicente Laskurain, que era consejero del presidente mexicano Echevarria, pude comenzar a trabajar en el periódico "El Sol", como director del suplemento cultural. Permanecí cuatro años en México.

Volví a Perú en 1978, y pude seguir con la revista "Oiga". Llegué a tener setenta trabajadores. Fue un gran esfuerzo, pero mereció la pena. El momento crítico empezó con Fujimori, y sufrí una gran presión, y en 1995 cerré la revista para siempre. Por lo que me han contado, usted se siente un cristiano progresista, y eso se refleja en las publicaciones que ha llevado a cabo... Estudié con los maristas de Santiago de Chile, y superé la entrada en el noviciado. Es muy cercana a mí la teoría de la teología de liberación, y he meditado mucho sobre ello. Así que no es difícil encontrar el reflejo del espíritu de aquello en mi obra. Igartua en el caserio "Berotegi". ¿Es verdad que desde 1951 viene anualmente a Euskal Herria? Y más a menudo también. Muchas veces he venido dos veces al año. Por mi trabajo periodístico me invitaban a menudo a Europa. Moscú, Berlín, Praga... Los he visitado muchas veces, y siempre hacía una parada en el caserío "Berotegi" de Oñate. Para mí, era una gran oportunidad de volver a mis raíces. Todavía hoy, sigo con esa tradición. Tengo muchos amigos en Euskal Herria. Y por lo que sé, muchas veces ha traído a amigos desde Perú... ¡Sí! La última vez vinimos un grupo de amigos, y los traje hasta el caserío "Berotegi", a comer huevos con chorizo frito. En una de aquellas visitas conoció a un hermano suyo, ¿no es así? Sí, así es. Mi padre, antes de emprender el viaje hacia Perú, dejó embarazada a una chica de Vera de Bidasoa. Unos cuantos años después, reconoció a aquel hijo por medio del consulado de El Callao. Pero nosotros no nos enteramos. Al morir la madre de aquel chico, el hijo encontró entre papeles la declaración de nuestro padre, y comenzó con la búsqueda, para poder saber si tenía parientes en Perú. El consulado de El Callao se puso en contacto conmigo, y entonces me enteré de la historia.

Nos conocimos en una visita que hice a San Sebastián sobre 1980. Fue emocionante... La primera vez que nos encontramos mi hermano me habló en euskara... pensando que yo también lo sabía. Una vez dejada la preocupación del trabajo diario, ¿cuál es su nuevo trabajo literario? Mire: después de cerrar el "Oiga" en 1995, empecé a escribir mis memorias, y los publiqué en dos tomos. El primero lo titulé "Siempre un extraño", ya que mi vida ha sido muy agitada, y no me he integrado en ninguna parte. Pude presentar el libro en la Universidad de Deusto. En el segundo, "Huellas de un destierro", expliqué la estancia de México.

Más tarde, en 1999, publiqué "Reflexiones sobre molinos de viento", un ensayo, con la selección de los artículos de años de trabajo. Y por último, hace dos años, publiqué "La Tina, y otros cuentos".

Por otro lado, cada semana me publican un artículo, normalmente sobre temas políticos, en el periódico "El Correo" de Lima. Podemos comparar la contribución literaria de su cuñado Alfredo Bryce Echenique con la suya... No, de ninguna manera. Alfredo es hermano de mi mujer, y tenemos buena relación. Por lo que sabemos, la procedencia de los Etxenike está en el Baztan. Alguna vez que Alfredo ha venido a Donostia, se ha quedado en casa de la "tía Juanita" como dice él, en casa de la hermana de mi padre. Pero la dirección en la que han ido nuestras obras literarias han sido diferentes... Su trabajo le ha ocasionado disgustos, ¿no es así? Sí, pero muchas veces los disgustos se han convertido en alegrías. Me han condenado por jugar limpio conmigo y con mi entorno. Y eso, cómo no, significa reputación. El no equivocarme en mi camino me ha proporcionado el reconocimiento. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Lima me dio "La medalla de Oro de Lima". Y el Gobierno de Chile, me premió con "La Orden de Gabriela Mistral". Éste último me lo dieron en 1991, pero la entrega no se pudo llevar a cabo hasta la caída de Fujimori, y el acto tuvo lugar en la embajada de Chile en Lima. ¿Cómo es la relación que tiene con Euskal Herria en Lima? Sobre todo por medio de Euskal Etxea. Nos reunimos dos veces por semana, los martes y jueves. Los martes además, hacemos unas reuniones muy interesantes, ya que nos juntamos con políticos no vascos, de Perú y del extranjero. Esta tradición le ha proporcionado una nueva dimensión a la tarea de Euskal Etxea. Francisco Igartua acompañado por su hermana. Según su experiencia, ¿cómo juzgaría el conflicto vasco? Es una situación muy difícil. El elemento más perjudicial es la violencia de ETA. Conozco el grupo desde hace mucho, aunque superficialmente. Estando en México, los responsables de "El Sol" me mandaron a España a hacer unos reportajes, cuando Franco estaba a punto de morir. Entré desde Francia, y gracias a la ayuda de unos amigos, llegué hasta unos responsables de ETA, y recogí algunos testimonios. Me quedé sorprendido. En mi ignorancia, pensé que después de la muerte de Franco aquella locura terminaría. Me equivoqué.

Sin ETA, Euskal Herria sería capaz de hacer frente a los habituales ataques españoles, y los derechos de nuestro pueblo serían reconocidos en todo el mundo. Pero con ETA, las opinión del mundo se vuelve en nuestra contra. Creo que los miembros de ETA son víctimas de su propia violencia. Y eso es muy grave, ya que podríamos encontrarnos ante un círculo sin salida. ¿Y qué piensa sobre la situación de Sudamérica? Es una situación terrible. Se me escapan las razones. En una época pensé que el centro del problema era la falta de educación. Está claro, Bolivia, Ecuador, Perú...y hasta Venezuela son muy pobres en cuanto a formación personal se refiere. Pero ahora, Argentina está en el ojo degradante del huracán, y los argentinos, para hacerse a una idea, tienen más premios Nobel que la propia España. ¿Entonces? Si no es por la carencia de educación, ¿cuál es la razón de ese proceso de desintegración?

Los robos, la corrupción... en una medida o en otra, son pecados universales. ¿Qué está pasando entonces en América del Sur? Se ha impuesto la desmoralización de los civiles, y se están dando verdaderas aberraciones. Por ejemplo, en Perú se habla de la supuesta vuelta de Fujimori; por lo visto el 30% de la población le daría el voto. ¿Es que estamos locos? O en Argentina... Por lo que he oído, el futbolista Maradona sería líder en una coalición para el gobierno. En Bolivia, el grupo de los indígenas podría completar el próximo gobierno. ¡Una locura! De momento parece que el único que se salva es Chile... La situación de Chile es diferente. Los chilenos hicieron una revolución en la educación en el siglo XIX, por medio de Andrés Bello. Los chilenos sienten profundamente el espíritu de nación, y se agarran a ello más que a cualquier otra cosa. Aún más, las dictaduras de Argentina y Chile son diferentes. Pinochet, con toda su crueldad, tenía como meta Chile. En cambio Videla y los otros defendían sus intereses. Yo creo que, abajo del río Valdivia, el famoso Arauco, al no poder ser conquistado por los españoles, hizo aparecer la conciencia chilena, hizo posible el verdadero mestizaje, y eso, a la larga ha reforzado al pueblo chileno. Tenga en cuenta, que aunque parezca mentira, es en Chile donde más mestizaje existe. Pero cuidado, el efecto dominó puede atrapar también a Chile. ¿Cuál es el color del futuro para Sudamérica? Negro, muy negro. Como se puede leer en "Siete ensayos sobre la realidad peruana" del pionero del socialismo latinoamericano José Carlos Mariategi, la solución estaría en la unión latinoamericana. Pero, las corporaciones internacionales de comercio no darán ni una oportunidad a esa idea. Francisco Igartua Rovira

Francisco Igartua Rovira nació en el pueblo peruano Aija el 5 de septiembre de 1923. Después de realizar los primeros estudios en El Callao, se fue junto a su viuda madre a Santiago de Chile, donde cursó los estudios hasta la Universidad. Empezó con los estudios de grado superior en la Universidad Católica de Lima, pero los abandonó antes de terminarlos, y se agarró a la que verdaderamente era su pasión, el periodismo, en el periódico "Jornada". En 1950 creó el semanal "Oiga", y los contenidos de la revista le condujeron a la primera deportación que sufrió a lo largo de su vida. Al volver de nuevo a Perú, fundó la revista "Caretas", pero en 1963 comenzó a publicarse de nuevo "Oiga". En 1974 volvieron a cerrarle el semanal y tuvo que escapar a México. Dirigió durante cuatro años el suplemento cultural del periódico mexicano "El Sol", hasta que regresó a Perú. En 1995 la revista "Oiga" cerró sus puertas para siempre por presiones directas del gobierno de Fujimori. Hoy en día publica sus artículos -bien políticos, bien sociales- cada sábado en el periódico "Correo" de Lima.

. En 1995 comenzó a publicar sus memorias, y lo hizo en dos tomos: Siempre un extraño y Huellas de un destierro. Cuatro años más tarde publicó el libro-ensayo Reflexiones sobre molinos de viento, con la selección de artículos de años de trabajo, y en el 2000 publicó La Tina y otros cuentos.

. De todos los galardones recibidos a lo largo de su vida, hay que mencionar La medalla de Lima y el recibido por el gobierno chileno La Orden Gabriela Mistral.

. Está casado con la hermana del famoso escritor Clementina Bryce Echenique, y tiene dos hijos-hijas. Vive en Lima, y desde 1951 por lo menos, viene cada año a Euskal Herria, a Berotegi, caserío natal de su padre. Menu KOSMOPOLITA Aurreko Aleetan Inicio > EM 249 > Kosmopolita -->

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