172 Zenbakia 2002-06-21 / 2002-06-28

Gaiak

La sexualidad y el proceso de modernización de la sociedad vasca (1900-1936)

ARESTI ESTEBAN, Nerea

La sexualidad y el proceso de modernización de la sociedad vasca (1900 1936) La sexualidad y el proceso de modernización de la sociedad vasca (1900 1936) Nerea Aresti En la sociedad vasca tradicional, los modelos de comportamiento sexual para hombres y mujeres gozaban de una estabilidad notable. Sin embargo, los años veinte y treinta del pasado siglo fueron un período de incertidumbre en las relaciones de género. Los hombres y mujeres de entonces vieron tambalear los pilares de una ética sexual tradicional y aparentemente inalterable. En este marco de transformaciones se dieron cita diferentes proyectos de cambio, entre los cuales los médicos y profesionales liberales jugaron un papel de primer orden. Desde las filas del liberalismo progresista, ciertos sectores profesionales de las clases medias mostraron su empeño en acelerar un proceso ya en marcha de modernización de las relaciones de género y de secularización de los ideales sexuales. Los nuevos reformadores de la ética sexual intentaron alterar el orden de cosas reinante hasta entonces, y redefinir la frontera entre lo que era aceptable y rechazable en las relaciones entre los sexos. Lemas tales como "¡Sé cauto, no casto!" reflejaban el espíritu de aquellos intentos transformadores. Los modernos moralistas estaban proponiendo la sustitución de los dictados de la Iglesia Católica, que tenían en la castidad su más emblemática expresión, por un nuevo ideal de moderación y control racional de los impulsos sexuales. A la idea de reprimir el instinto sexual en aras de un ideal de pureza basado en la abstinencia, sustituyó un modelo de autocontrol por la razón, dentro de los márgenes socialmente aceptables. La sexualidad dejó de ser un concepto esencialmente negativo, para pasar a ser un impulso domesticable y aceptable dentro de los límites de la "normalidad". Del mismo modo que sucedería en otros países, los reformadores de la moral sexual se vieron enfrentados a una realidad social heterogénea, en la que convivíanunas culturas y hábitos sexuales dispares. En el País Vasco, y particularmente en el ámbito rural, el peso de las prescripciones religiosas seguía siendo muy importante. Además, la percepción de hombres y mujeres de lo que era posible y aconsejable en el terreno de la sexualidad difería profundamente. Aunque en términos generales la religión había ido perdiendo su capacidad ancestral para regir la vida íntima de las gentes, el declive de la autoridad eclesiástica fue un fenómeno determinado por la cuestión de género. Muchos más hombres que mujeres, sobre todo en las ciudades, habían roto las cadenas que unían su experiencia sexual a las normas eclesiásticas. La ciudad de Bilbao y su entorno industrial se había convertido en el paradigma de esta crisis. Si bien es cierto que aquellos ideólogos liberales plantearon la necesidad de cambios importantes, ellos no deseaban revolucionar las relaciones entre los sexos, por lo que el nuevo proyecto fue respetuoso con la supremacía masculina. Así, los defensores de una nueva moral sexual debieron elaborar un doble proyecto que, a la vez que modernizaba y secularizaba la sexualidad femenina, ofreciera una solución a lo que ellos consideraban el impulso sexual incontrolado de los hombres, que ni respetaba los mandatos de la Iglesia ni respondía a las nuevas restricciones científico médicas. El relajamiento relativo de la moral católica y la progresiva implantación de una moral laica más moderna, tuvieron un efecto contradictorio sobre la vida de las mujeres y sus relaciones con los hombres. Por un lado, la preocupación por enderezar el comportamiento masculino y la lucha contra la doble moral sexual tuvieron repercusiones sin duda positivas sobre las mujeres. Los promotores del movimiento de reforma sexual estaban determinados a combatir lo que consideraban moneda corriente entre la población masculina: la poligamia, el "amor mercenario" y el "hábito de aventura". Con este fin, los reformadores de la ética sexual masculina se propusieronconvencer a los hombres de que la verdadera varonía se basaba en la disciplina y en la capacidad para controlar, con rigor extremo, "la llamada de los instintos animales". Por otro lado, el debilitamiento del concepto de castidad alivió el peso de un mandato que sólo ellas soportaban. Pero además, el nuevo ideal de moderación renovó los deberes sexuales de las mujeres para con sus maridos, creando un nuevo modelo de "mujer sexual" que no siempre se tradujo en una mayor capacidad de las mujeres para decidir sobre su propia sexualidad. En la versión secularizada del deber conyugal, las mujeres perdían parte de su poder para decidir sobre la frecuencia y oportunidad de las relaciones amorosas con sus maridos. "No olviden las mujeres que esto no es un consejo", amenazaba el téologo progresista Torrubiano Ripoll, "sino un deber gravísimo". Sólo así se evitaría que el hombre recurriera al adulterio o a la prostitución. Las mujeres obtenían un derecho, el de ser reconocidas como seres sexuales, y eran privadas a su vez de determinados mecanismos de poder en la toma diaria de decisiones. Eran las consecuencias contradictorias de un proceso de modernización de los modelos de comportamiento sexual que tardaría varias décadas en obtener el beneplácito social, pero que acabaron por imponerse en amplios sectores de la población vasca. Nerea Aresti, UPV Euskonews & Media 172.zbk (2002 / 6 / 21 28) Euskomedia: Euskal Kultur Informazio Zerbitzua Eusko Ikaskuntzaren Web Orria