163 Zenbakia 2002-04-19 / 2002-04-26

Gaiak

El Concierto Económico de 2002. El fin de una guerra

ALONSO OLEA, Eduardo

El Concierto Económico de 2002. El fin de una guerra El Concierto Económico de 2002. El fin de una guerra Eduardo J. Alonso Olea Un día capicúa fue el que nos tocó vivir la renovación del Concierto. No la versión definitiva, puesto que ahora hay que poder letra a la música con un texto definitivo y su tramitación parlamentaria, pero por lo menos parece que la música ya suena con armonía. Aquel 20 de febrero de 2002 podría pasar a la historia, a la pequeña historia del País Vasco, como el último de la Segunda Guerra Carlista. El régimen especial tributario del País Vasco, determinado hace ya 124 años con carácter provisional por Canovas del Castillo hasta que el régimen común tuviera antecedentes para comenzar a aplicarse en el país, es ya definitivo. Ya hay un Concierto Económico y sin un plazo de caducidad. No por primera vez, pues ya fue indefinido en 1887, pero sí esperemos que por vez definitiva y que, sobre todo, no vuelva a servir de arma arrojadiza entre unos y otros, y que lo sea para el desarrollo del país. Ha sido una negociación extraña, con elementos comunes a otros procesos negociadores, pero también con aspectos novedosos. Desde luego sí ha sido sorprendente la rapidez con que, una vez que la Sra. Vicelehendakari hizo manifiesto el desistimiento de la peliaguda cuestión europea, ha sido posible el acuerdo. Quizás han sido los hados que han favorecido que este día capicúa perfecto el Sr. Ministro de Hacienda volviera en avión de Canarias para dignarse hablar con la Sra. Vicelehendakari. Quizás era, al fin y al cabo, una discusión en que ya no se sabía de qué se discutía por el mero afán de discutir. También han influido las presiones económicas o las posiciones políticas del momento, sin duda, aunque el tiempo dirá, y dará ocasión, para que los investigadores escarbemos en los hechos que han desembocado en esta solución tras aparentemente dificultosa y, luego, tan fluida. Cuáles han sido los problemas de la negociación. Cuáles sus frenos. Pues han sidovarios, unos técnicos, los menos, y otros políticos, los más. Sin embargo, no hay que escandalizarse; el Concierto es, y siempre ha sido, una solución política a un problema de técnica tributaria, así que el terreno político es su marco de referencia, su ámbito de resolución. Encontramos, por un lado, a un negociador, el Estado materializado en un Gobierno sólidamente apoyado en una mayoría absoluta conseguida no ha mucho. No hay que olvidar, por otra parte, que el propio presidente Aznar contaba con cierta experiencia en estas lides, de cuando era un joven funcionario, allá por 1980, a las órdenes de Enrique Jiménez Reyna, el Secretario de Estado de Hacienda que hubiera debido de negociar el Concierto pero que dejó el cargo en verano. Por otra parte, el otro negociador, el Gobierno Vasco, en principio reforzado tras la victoria electoral del 13 de mayo, pese a las expectativas desmesuradas de otros contendientes políticos y mediáticos, no estaba exento de problemas. A priori tenía que conseguir la renovación de un régimen con problemas solucionados o enturbiados según se mire por los jueces en los últimos años, con un programa de máximos en una negociación que se sabía difícil. Los precedentes, como la modificación parcial de 1997 en la que Rodrigo Rato y Juan José Ibarretxe se habían entendido y conseguido un texto bastante satisfactorio era difícil de reeditar, aunque Ibarretxe ahora fuera el Lehendakari, por cuanto Rato ya no continuaba en el cargo y, sobre todo, porque la mayoría relativa de entonces, desde marzo de 2000, se había transmutado en absoluta. Además, la parte vasca no era tan uniforme como entonces; la Diputación Foral de Alava ahora estaba gobernada por el PP, partido en el Gobierno también en Madrid, así que siempre podría pensarse que la postura vasca a lo mejor, o a lo peor, no iba a ser tan monolítica como en otras ocasiones. En este tablero había unas fichas que mover. ¿Cuáles? Aquí encontramos constantes evidentes con otros procesos negociadores:un cupo, unos impuestos sujetos a acuerdo, un plazo de vigencia o garantías de financiación de servicios como la ertzaintza. Lo que pronto fue evidente es que la parte del Estado estaba dispuesta a una renovación del Concierto sin fijar una vigencia determinada. Este punto es importante porque, de hecho, no ha entrado en discusión. El plazo de vigencia, como es sabido, deriva de la situación de 1878 en que se previó un sistema provisional, hasta que hubiera bases estadísticas para que el Ministerio de Hacienda pudiera recaudar en las provincias. Si en 1887, en su primera renovación, se hizo sin fecha de caducidad, desde 1894, debido a la invariabilidad del cupo, se fijaron plazos de vigencia para poder actualizar la suma a pagar por las provincias y así, en cierta forma y grado, hacerlo variar en función de su evolución económica. Una vez que la parte tributaria (los impuestos) y la parte financiera (el cupo) del Concierto se separaron en 1981 no tenía demasiado sentido que el acuerdo tuviera definición temporal. Al fijarse un cupo renovable quinquenalmente, con ajustes anuales, en función de la evolución presupuestaria del Estado, no había riesgo, como en el acuerdo original de 1878, de que se "fosilizara" el cupo, así que, como indicamos, el "plazo de vigencia" había perdido gran parte de su sentido. Los impuestos constituían otro elemento tradicionalmente sujeto a controversia, pero en esta ocasión se suponía que no iba a serlo tanto en la medida en que ya desde 1981, con las modificaciones de 1986 y de 1997, se habían ido incorporando cada vez más impuestos del Estado, que al mismo tiempo ha perdido tributos en beneficio de la Unión Europea (v. gr. las aduanas) o por el propio proceso de liberalización económica (los monopolios fiscales) quedando, prácticamente, reducidas las posibilidades de ampliación a las cotizaciones de la seguridad social que por la parte vasca parece que no se ambicionaba y poco más. Sólo quedaba el nuevo impuesto sobre los combustibles,un nuevo tributo finalista no exento, por otra parte, de polémica en territorio común. Uno de los problemas que surgió en la negociación fue el correspondiente a la financiación de la ertzaintza. No es este el sitio de detallarlo, pero digamos que el cupo se calcula considerando la participación del País Vasco en los servicios que le proporciona el Estado en su favor o en el de sus ciudadanos. Las competencias asumidas por la autonomía se financian directamente a través de los tributos concertados; pues bien, Osakidetza y la Ertzaintza entran en el calculo pero más tarde, sujetos a otras bases de calculo. El problema es que si aumentaba la dotación de la policía autónoma aumentaba el descuento del cupo. Tampoco es la primera vez que el Concierto coincide o se hace coincidir con el tema de la financiación de la Ertzaintza, ya ocurrió en 1981. En la negociación del Concierto también ha habido elementos externos a su funcionamiento estricto. Precisamente a fines de noviembre de 2001, cuando se estaba en pleno proceso de negociación, y con varios temas atascados, o casi, surgió una oportunidad de firma del acuerdo, que se vio obstaculizada no tanto, o no solo, por estos temas problemáticos (cupo, conglomerados empresariales, Europa...) sino también por la discusión parlamentaria de la Ley de equilibrio presupuestario. El hecho es que la Comunidad Foral navarra, que mantiene un régimen económico igualmente peculiar como es bien conocido, había conseguido introducir durante esta tramitación parlamentaria su excepción a la norma. Cuando la parte vasca intentó en el Senado presentar una enmienda con igual objetivo, teniendo en cuenta las similitudes de los sistemas de concierto y de convenio, el PP, con su mayoría absoluta, la rechazó. No era un buen momento para firmas. Como indicamos, este elemento, no intrínseco al Concierto, fue otro que ayudó a bloquear y a desestabilizar el acuerdo. A partir de aquí, la tozudez de unos y de otros, hizo el resto. El Gobierno, a la tercera,y sin esperar el plazo de 31 de diciembre prorrogó el Concierto por un año al ver que no había acuerdo con la parte vasca. Desde aquí, el desencuentro se hizo patente. La situación se desbloqueó de forma, incluso, sorpresiva cuando una comisión vasca volvió a Madrid el 20 de febrero a presentar el texto de su última oferta, pero con poca expectativa de nada. El Ministro, por su parte, tenía organizado un viaje a Canarias. La Vicelehendakai acudió a Madrid, por contraste con otras muchas e importantes reuniones en que se había quedado en Vitoria. Según pasó la tarde los temas se fueron desbloqueando y, finalmente, a última hora de la tarde el acuerdo era completo, o casi a falta de alguna pequeña cuestión técnica de redacción. Esa noche ya había Concierto, por fin. Es pronto todavía para saber los detalles nimios que a veces señalan como tantas veces lo han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso, pero de momento digamos que la necesidad de que el régimen mantuviera una estabilidad que esa prórroga anual no le brindaba y cuyo coste no estaban dispuestos a sumir por mucho tiempo ninguna de las partes, haya pesado lo suyo. Influencias políticas, empresariales, mediáticas y seguro de que otras clases, lo explicarán en el futuro. A primeros de marzo, con la formalidad correspondiente, la Comisión Mixta de Cupo llegó al acuerdo definitivo del texto. Ahora sólo falta completar el trámite parlamentario. Eduardo J. Alonso Olea, Dpto. Historia Contemporánea. UPV EHU Euskonews & Media 163.zbk (2002 / 4 / 19 26) Eusko Ikaskuntzaren Web Orria