Aproximación sociológica a los hábitos de lectura de la juventud vasca
Mari Jose Olaziregi Alustiza

Tras haber permanecido varios años en un instituto de bachillerato como profesora de Lengua y Literatura Vasca, constaté que nuestros alumnos leían con poco entusiasmo los títulos que les recomendábamos en euskara. Es por ello que decidí realizar un estudio sociológico sobre los hábitos de lectura entre los estudiantes de Enseñanzas Medias. Dicho estudio se enmarcaba dentro de la parte empírica de mi tesis doctoral Literatura y Lectura. De las estrategias textuales a la sociología en el universo literario de Bernardo Atxaga (1997) y abordaba un tema que hasta la fecha no había sido estudiado en el panorama de la Literatura Vasca. Por lo tanto, nuestro estudio trataba de dilucidar los hábitos de lectura de nuestros estudiantes euskaldunes y nos iba a permitir obtener sus impresiones sobre las lecturas y programas de Literatura Vasca y Castellana.

El estudio comenzó en el curso 1989-1990 con una encuesta dirigida a estudiantes de Enseñanzas Medias de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra. Se realizaron un total de 3.000 encuestas en una población total de 22.897 alumnos de 14-18 años que estudiaban íntegramente en euskara. El número de encuestas realizadas en un total de 52 centros quizás era excesivo, pero dada la dificultad que entrañaba obtener una tipología definitiva de lectores, se decidió, para mayor fiabilidad, efectuar un número elevado de encuestas.

Tal y como hemos subrayado en las consideraciones sociológicas que preceden a nuestro estudio, los jóvenes son los que con más frecuencia leen. El índice de lectura es muy alto entre los 16 y 24 años y decrece, de forma manifiesta, a partir de los 40. No obstante, hay fluctuaciones grandes en el hábito lector, fluctuaciones que vienen determinadas con el inicio o final de las diferentes etapas educativas. Después de comprobar que la finalización de la Enseñanza Secundaria Obligatoria incide negativamente en el hábito lector de muchos adolescentes, en nuestro estudio quisimos estudiar la evolución de este hábito tras la finalización del bachillerato o la formación profesional.

Es por ello que la primera encuesta vino a ser completada por una segunda (también autoadministrada) en 1994 y aunque la muestra a la que iba dirigida era la misma, los alumnos tenían entonces 18-22 años y la mayoría de ellos realizaba estudios universitarios. Tanto la encuesta de 1990 como la de 1994, querían obtener información sobre los hábitos de lectura (en euskara y castellano), gustos literarios y opiniones sobre la Literatura Vasca y su enseñanza. Sin embargo, en la que realizamos en junio de 1994, el planteamiento fue más amplio. En este caso, junto con los datos referentes a la frecuencia de la lectura y a los gustos literarios, se trataba de obtener datos sobre las diferentes actividades de ocio, así como sobre las actitudes sociales y éticas que se correlacionaban con el hábito lector. Completamos nuestras aproximaciones cuantitativas de 1990 y 1994 con una más cualitativa en 1996. Esta última consistió en la realización de 16 entrevistas en profundidad sobre la lectura de Bernardo Atxaga. El hecho de que el conocido escritor vasco fuera el autor preferido y más leído por los jóvenes encuestados, tanto en 1990 como en 1994, nos animó a profundizar en esa experiencia lectora tan gratificante para ellos.

Hechas estas precisiones, resumiremos las conclusiones más relevantes de nuestros estudios. Comenzaremos constatando el descenso de la frecuencia de lectura con el aumento de la edad. Todos los alumnos encuestados leían con menos frecuencia en 1994 que en 1990. Este descenso era palpable, sobre todo, en la lectura de libros en euskara, y podemos afirmar que en 1994 leían más literatura en castellano que en euskara. Entre las variables que más diferencias marcaban, estaban, la edad (los más jóvenes, es decir, los de 18 años, leían más), el sexo (las mujeres eran más lectoras) y los estudios universitarios (los que estudiaban una carrera leían más). En cuanto a estos últimos diremos que no se apreciaban diferencias en la frecuencia de la lectura entre los alumnos de letras y los de ciencias, aunque sí es subrayable el hecho de que la proporción de los que nunca leían era mayor entre los de letras.

Era notoria la presencia de best-sellers en el ranking de obras leídas durante el verano de 1994. También habría que señalar que las emociones que inducían las lecturas en un idioma u otro no eran similares. Las lecturas en castellano impactaban más al lector, haciéndole copartícipe de sentimientos y vivencias fuertes. Este hecho es comprensible si tenemos en cuenta que detrás de la lectura de un libro en euskera, excepto en casos como el de Bernardo Atxaga (que era el autor preferido y más leído con diferencia), había una recomendación escolar. La crítica tenía poco protagonismo como inductora a la lectura, y la mayoría de las veces, sobre todo en castellano, era la opinión de los amigos la que se tenía en cuenta a la hora de elegir un título.

También pudimos constatar que, aunque con la edad perduraba el gusto hacia las novelas de misterio y aventuras (sobre todo entre los menos lectores), había una clara preferencia hacia novelas de temática más realista, apreciándose una clara evolución hacia novelas de contenido social (sobre todo entre estudiantes universitarios). En este sentido, es destacable que las novelas de aventuras resulten entre las más apreciadas, tanto en la encuesta llevada a cabo cuando los entrevistados tenían entre 14 y 18 años, como cuando contaban con 18-22 años. En la lista de 1990, aparecían escritores cuyos relatos recogen fundamentalmente acciones estrictamente fantásticas para superar riesgos, tales como J. Verne, J.R.R. Tolkien o M. Ende. En cambio, en el ranking de 1.994, aparecían autores de novelas de aventuras más reales que cuentan peripecias existenciales que transcurren en un ambiente relativamente cercano en el tiempo para el lector, como Mahmoody, P. Read o Mushew. Es un hecho destacable que, en la mayoría de las novelas de aventuras preferidas, la peripecia del protagonista tuviera un final feliz.

Dentro de los factores que impulsaban la elección de uno u otro libro, los inductores eran los mismos en las encuestas de 1.990 y 1.994: la opinión de la gente (88 %), el título (72 %) y el autor (71 %). En los resultados de la encuesta de 1994, quedaba patente el objetivo "formativo" de muchas lecturas literarias.

Uno de los aspectos más interesantes que permitió vislumbrar la encuesta de 1994 fue el de las actitudes sociales y éticas correlacionadas con el hábito lector. Los más lectores tenían actitudes éticas más tolerantes y mostraban menos rechazo a vivir cerca de grupos marginados como el de los dogradictos, gitanos o ex-presos. Por otra parte, cabría subrayar las diferencias que se daban en las características socio-morales, según el sexo de los lectores. Si las chicas más lectoras eran más religiosas, maternales o tolerantes con los grupos marginados, los chicos más lectores mostraban actitudes contrarias. Pero aún hay más, en el caso de ellos, los más lectores eran más individualistas y ambiciosos económicamente, ambición e individualismo que no se vislumbraba entre las chicas más lectoras. Estas últimas mostraban una mayor tendencia a acudir a asociaciones de ocio y participaban más en actividades que tenían lugar fuera de casa.

En este apresurado repaso, hemos tratado de indicar, muy brevemente, algunas de las conclusiones que hemos podido obtener de nuestro estudio sociológico sobre la lectura de los jóvenes vascos. Al igual que en muchos diagnósticos que en la actualidad se hacen sobre el tema, ha quedado patente la necesidad de fomentar un enfoque más lúdico y placentero de la actividad lectora en nuestras clases de literatura. El hecho de que la lectura decaiga de forma muy ostensible fuera de las aulas nos denota la percepción poco atractiva que tienen de ella los jóvenes lectores. Este dato, junto con la escasa difusión e información de las novedades literarias en euskera hacen que el lector joven euskaldun se encuentre un tanto "sólo" ante futuras opciones literarias. Hace tiempo que venimos reclamando un plantemiento serio de dinamización de la lectura que en el caso de la literatura escrita en euskera pasaría por encontrar aliados fuera de las aulas con el fin de lograr una normalización de la vida literaria euskaldun.


Mari Jose Olaziregi Alustiza, Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación UPV/EHU
Fotografías: Están publicadas en la Guía de la Universidad de Deusto 1999/2000 y página web de la Ikastola de Laudio

Euskonews & Media 88.zbk (2000 / 7 / 21-28)


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