Intervención del profesor William A. Douglass en el Congreso Mundial de Colectividades Vascas 1999
William A. Douglass

Lehendakari Ibarretxe, distinguidos oficiales, señoras y señores. Por segunda vez tengo el honor y el privilegio de estar presente en el acto inaugural del Congreso de las Colectividades Vascas en el Mundo, no como vasco ni como delegado de una de las múltiples asociaciones vascas de una diáspora extendida en cuatro continentes, sino más bien como observador y analizador de su formación histórica, su expresión contemporánea y, cara al porvenir, un amigo – laguna – del esfuerzo de mantener una proyección internacional de la identidad vasca. Así que más que agente activo en este procedimiento, con voto en sus deliberaciones, aporto una visión externa, basada en mis experiencias de más de tres décadas estudiando la diáspora vasca tanto en el oeste americano como en Australia y varios países de Latinoamérica. Otra dimensión que aporto es cierto conocimiento de la literatura académica sobre el mantenimiento de la etnicidad definida en torno a su país de origen entre los diversos grupos de inmigrantes que, con sus movimientos, han contribuido mucho a la configuración tanto económica y política como social y cultural del mundo que habitamos.

Cuando me tocó hablar aquí en el Congreso anterior, bajo el titulo "Nora Goaz?" subrayé las dificultades que militan tanto a largo como a corto plazo contra el mantenimiento de la identidad colectiva y orientación hacia su país de origen de cualquier grupo inmigrante. Los problemas y retos son demasiado conocidos—sobre todo para los delegados presentes hoy aquí que se enfrentan con ellos diariamente pero sin perder la fe en el valor del mantenimiento de algo que es más que una mera memoria de los sacrificios de los antepasados inmigrantes y de sus raíces en la Tierra Madre. Creo que no hace falta repasar las dificultades de nuevo. Incluso creo que es justo y necesario notar algunos éxitos.

Gracias al primer congreso ha aumentado la aportación de recursos del Gobierno Vasco dedicados a relaciones con la diáspora. Entre los muchos resultados que son fruto del mismo, cabe destacar la implementación del programa de asistencia y préstamos a asociaciones vascas de la diáspora deseosas de alquilar o, incluso, adquirir un local en donde centrar sus actividades; cabe destacar también la propuesta de legislación que facilita ciertos derechos de ciudadanías aquí a los emigrados y sus descendientes; un tercer resultado importante es la recepción por parte de la diáspora de emisiones regulares de Euskal Telebista por satélite. Evidentemente, semejante activismo tiene sus efectos positivos y son de celebrar. Suponen una fundación sobre la cual se pueden edificar nuevas estructuras e iniciativas. Es decir, ha habido progreso. El reto para este congreso es saber cómo consolidarlo. En un sentido profundo "Nora goaz?" debería convertirse en lema de todos los congresos de este tipo, porque, más que una pregunta que admite una contestación, esa pregunta hace resaltar la realidad de que mantener la presencia vasca global como expresión de una herencia de las varias emigraciones vascas es siempre una obra en progreso y no una realización en términos seguros y absolutos. Dicho de otra manera, trabajar en pro del mantenimiento de la cultura vasca, sobre todo en situaciones de diáspora, parece ser una condena perpetua dado que los factores que militan en contra están siempre presentes y siempre mudándose según las nuevas circunstancias.

Quisiera mencionar tres temas que, a mi modo de ver, merecerían consideración en las deliberaciones de este congreso. Primero, creo que tanto este evento como el esfuerzo continuo por parte de Eusko Jaurlaritza de fomentar enlaces entre Euskadi y su diáspora, es fundamentalmente un proceso político. Como cualquier proceso político no es ni perfecto ni consensuado cien por cien. Siempre hay críticas y enmiendas, y eso es bueno. Así que en un espíritu constructivo quisiera subrayar dos áreas de la política sobre diáspora en donde se puede mejorar. Por la parte organizativa de las iniciativas, o sea, Eusko Jaurlaritza, creo que convendría una iniciativa formal con respecto a Navarra y ciertas instituciones de Iparralde en la posible creación de una política común diaspórica. Hasta ahora, y por razones obvias, la inmensa mayoría del esfuerzo, y sobre todo, su financiación, viene de Eusko Jaurlaritza. Pero también es cierto que el perfil demográfico de la inmensa mayoría de las colectividades vascas en el mundo transciende a los tres componentes de la Comunidad Autónoma Vasca actual. Así que – mayor o menor según la situación – para algunos de la diáspora vasca las iniciativas actuales plantean cierta confusión sobre la agenda política y cultural tanto en el nuevo mundo como en el viejo. Con mayor participación de Navarra e Iparralde en tareas comunes se evitarían en gran parte estas susceptibilidades.

También creo que toca a las delegaciones del congreso desarrollar una política colectiva diaspórica frente a las instituciones políticas de aquí con el propósito de evitar roces e ineficiencias creados por agendas particulares. Hay que tener en cuenta que, aunque hayan aumentado, los recursos son muy limitados. En la política democrática siempre existe la tentación de repartir los beneficios en partes más o menos iguales, o por lo menos dar algo a todos. Pero la realidad es que cada colectividad representada en este congreso es idiosincrática en muchos sentidos, con sus propias potencialidades y limitaciones. Así que gran parte de la responsabilidad viene a ser la prioritación de peticiones, programas e iniciativas tanto en términos de cada colectividad como en el conjunto de la agenda diaspórica común de todos. Por ejemplo, hay programas como la emisión de programación de Euskal Telebista que pueden afectar a toda la diáspora vasca a nivel de estados-naciones y continentes, pero cuando se trata del esfuerzo de mantener la lengua hay enorme variedad de una colectividad a otra. Tiene más sentido concentrar los recursos en los ambientes más favorables al éxito que en desperdiciarlos en nombre de la igualdad.

También se debería de tomar en cuenta las carencias actuales y las futuras necesidades de las nuevas diásporas vascas en formación. Me refiero al hecho de que prácticamente se ha parado la emigración vasca transatlántica y las colectividades vascas de ultramar se están envejeciendo. En cambio, hay un notable dinamismo de migración vasca aquí en Europa. Dos de los destinos más destacados dentro del estado Español son Madrid y Barcelona. También, dadas las nuevas configuraciones y posibilidades dentro de la Unión Europea, los vascos de Londres acaban de lograr la masa crítica suficiente como para constituirse en asociación. No es difícil pensar en futuras colectividades vascas significativas en lugares como Roma y Milán, Estrasburgo y Bruselas, Berlín y Copenhague. O sea, hay una gran europeización de la diáspora vasca en vías de formación. A fin de cuentas, la persistencia de la iniciativa política diaspórica, objeto de una constante evaluación por parte del electorado y las entidades de aquí, dependerá de la percepción de sus éxitos. Así que un triunfo en Buenos Aires beneficiará a Boise, un fracaso en San Francisco caerá también sobre Sydney.

Mi segundo punto se refiere más a la cultura que a la política. Creo que es importante incrementar (porque no está del todo ausente) la atención al fomento de la autoconciencia vasca de las diversas colectividades de la diáspora. Es decir, una orientación de los vascos de la diáspora hacia la Tierra Madre, tanto de los inmigrantes mismos y, cada vez más, de los descendientes de antiguas colonias vascas privadas ya de "renovación" por falta de inmigraciones recientes o contemporáneas, informaría siempre una parte importante de la identidad diaspórica vasca—pero sólo una parte. Además esta información suele ser inevitablemente fragmentada y anacrónica, basada en una transferencia de los inmigrantes a sus descendientes sobre lo vasco que es siempre muy parcial—una visión de un mundo vasco que, dados los cambios de aquí, ni existe ya.

Sin embargo estos mismos descendientes tienen entre sus manos otra realidad vasca que es muy suya. Me refiero a sus propias tradiciones y actuaciones en sus países natales. En parte con ayuda de Eusko Jaurlaritza y en parte por iniciativas propias en la diáspora, tenemos ya mucho más materia sobre lo que es ser vasco con guión, o sea vasco-argentino, por ejemplo, que hace diez años. En este sentido los países donde se ha hecho más progreso son la Argentina, Chile, Uruguay, México y Estados Unidos. Pero aún en cada uno de ellos estamos en los comienzos cuando consideramos la enorme potencialidad de documentar las historias de colonias vascas particulares en períodos específicos, y sus asociacionismos, y sin olvidarnos de la importancia de las biografías construidas tanto de los archivos como de fuentes orales.

Por un lado, urge intelectualmente hacer esta labor, porque las fuentes se pierden con el tiempo. Pero por otro, y éste es el punto clave, cada uno de esos estudios contribuye a la formación autóctona de una identidad vasco-argentina o vasco-australiana, facilitando el conocimiento concreto para retener un orgullo étnico que a la vez motivará a futuras generaciones a sentirse parte de un algo histórico importante. Es la sustancia necesaria para la creación y mantenimiento de una tradición que, complementada por una orientación hacia la Tierra Madre, puede servir de base para un porvenir de las diversas identidades vascas diaspóricas. Dicho de otra manera, sin semejante sustancia que informara al futuro descendiente de vascos de Buenos Aires de lo que es ser vasco-argentino más que un vasco genérico, dudo que la identidad vasca persista en la Argentina. En cambio, creo que cuando mi persona está informada tanto por mi argentinismo como por mi vasco-argentinismo, y con mi vasquismo genérico como elemento cultural intersticial, tengo configuración que puede ser potente y motivadora de una parte de mi autopercepción y actuación, si no cotidiana al menos esporádica.

Y, por último, quisiera hacer contar un nuevo elemento que va a influir fundamentalmente en la formación del vasco del porvenir tanto aquí como en la diáspora. Acabamos de conmemorar el medio milenio colombino. Ahora, cara al nuevo milenio, la humanidad está explorando otro mundo del cual, como Colón, tenemos rumores pero pocas precisiones. Me refiero al ciberespacio donde, con el Internet, se está creando un verdadero supermercado de productos identitarios. Aún ahora el rango de las alternativas que reclaman la atención y el poco tiempo de que dispone cada ser humano es enorme y crece en términos geométricos.

Vivimos en un mundo, o mejor dicho, en múltiples mundos en formación, y el proceso involucrará sobre todo a la juventud, o sea, precisamente aquel sector de la población que tendrá la última palabra sobre la persistencia, o no, de la identidad vasca. Son los consumidores de los productos en el supermercado microelectrónico y cada vez más ese consumo será idiosincrático. Eso quiere decir que cada vez más el individuo está potencializado por las nuevas tecnologías y que depende menos de los esfuerzos colectivos. No es difícil concebir un mundo próximo en el cual cada individuo será arquitecto (o no) de su propia identidad vasca y su expresión, sentado delante de la pantalla de su ordenadora que le facilita acceder (o no) a todo una serie de estimulantes étnicos. Si quiere aprender euskara, conocer su genealogía, la historia de su caserío y pueblo de origen, o cualquier aspecto del cuerpo del conocimiento enciclopédico sobre temas vascos los podría averiguar sin salirse de casa. También hay que tener en cuenta las posibles realidades virtuales que prometen terminar tanto con el distanciamiento espacial como temporal. Un vasco-australiano de Sydney podrá efectuar un viaje virtual a la Tierra Madre sin salir de casa y experimentar lo que son las fiestas de San Fermín sin tener que esperar a julio.

El punto clave es que todas estas posibilidades y tantas más estarán en competición con un sin fin de alternativas. Así que desde ahora conviene pensar en cómo crear alternativas vascas en el mercado de imágenes que atraerán a la juventud de mañana. Mejor dicho, tenemos que prever qué medios y consejos les podemos facilitar para que tengan oportunidad de configurar su propia persona vasca en un mundo cada vez más dominado por la interactividad entre individuos y la tecnología, y en el cual el ser humano deja de ser actor pasivo para convertirse en agente activo. Estará en juego nada menos que el porvenir de la identidad vasca tanto aquí como en la diáspora, sin olvidarnos de las nuevas realidades vascas que existirán en el ciberespacio más que en los términos geográficos de la Tierra Madre y sus diásporas. Eskerrik Asko.


Momento en el que el profesor Douglass fue galardonado con la distinción "Lagun Onari".


William A. Douglass, antropólogo y profesor de Estudios Vascos en la Universidad de Reno
Fotografías: Del libro "Euskadi munduan eraikitzen. Congreso Mundial de Colectividades Vascas 1999"

Euskonews & Media 72.zbk (2000 / 3 / 24-31)


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